Julieta Zylberberg: "No está bueno guiarse sólo por lo popular"

Comenzó a lucirse de la mano de Hugo Midón y en el inolvidable “Magazine For Fai”. Alimentó a su bebe en el motorhome durante el rodaje de “Relatos salvajes”. Atravesada desde siempre por la actuación, hoy es una figura televisiva en horario central. Sólo aclara: “Soy distinta en la tele que en la vida”
Victoria Pérez Zabala
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9 de octubre de 2016  

Crédito: Martín Lucesole

Con el celular entre manos, Julieta Zylberberg advierte: “Tenemos sólo cinco minutos”. Al entrar en el café esos cinco minutos se convierten en más de una hora. En una de estas tardes de comienzo de primavera, los ojos verdes de Julieta miran a través de una ventana hacia las mesas vacías de la vereda. Es la mirada que grandes directores eligieron para contar una historia. Esa mirada, habitada por tantos personajes, parece ya no pertenecerle por completo.

La directora Ana Katz la presentó con suaves ojeras de madre reciente en Mi amiga del parque. Damián Szifrón la prefirió para encarnar a una moza tentada por la venganza, a la par de Rita Cortese, para uno de sus Relatos salvajes. Daniel Burman la elegió para interpretar a una chica muda por mandato religioso en El rey del Once, donde cautivó al protagonista Alan Sabbagh con su presencia enigmática. Diego Lerman nos mostró a una preceptora de gesto severo y rodete inmaculado en La mirada invisible.

“Siempre me convocan para cosas muy distintas. Es una bendición. Se interesan en distintas facetas mías. Hay actores que tienen talento para todo, pero siempre los prefieren para una sola cosa”, dice, y en su manera de hablar se percibe la frescura de quien no tiene miedo a equivocarse.

Julieta se mueve con un aire relajado que genera inmediata empatía a su alrededor. La única prueba de timidez está en su risa. Aparece cada tanto, porque es una mujer alegre, como una explosión corta y contenida. Con naturalidad puede pasar de hablar de los grandes temas de la humanidad, como la muerte, el amor y los hijos, a sus ganas de actuar en una película de acción, como Uma Thurman en Kill Bill.

“Es tan cortita la vida, tan limitada en algún punto... Uno elige un camino, elige gente, una manera de ser como persona. El milagro de poder vivir muchas vidas a la vez te lo da la actuación. Podés vivir muchas vidas en una.”

Todo comenzó como un juego. A los 7 años, parada frente a un espejo, observaba su cara bañada en lágrimas después de un reto. Arriba de unos tacos, disfrazada todo el día, su papá las filmaba, a ella y a sus dos hermanas mayores, en rol de conductoras de radio o como protagonistas de obras de teatro. Lo que para otros chicos era diversión para ella era un destino.

Julieta no pertenecía al ambiente artístico: su papá tenía una ferretería y su mamá trabajaba en una casa de muebles. La llevaban al cine, pero hasta ahí llegaba el impulso; el resto, todo el resto, vino de Julieta. El mundo se detenía cuando Juana Molina aparecía en pantalla y con devoción imitaba a cada uno de los personajes de Juana y sus hermanas. Ese juego devino en un deseo cada vez más intenso: Julieta quería actuar. A los 8 años la anotaron en la escuela de Hugo Midón y ahí encontró a la mentora que le enseñó a disfrutar, otra vez como un juego, de la actuación.

Crédito: Martín Lucesole

¿Qué importancia tuvo en tu vida la profesora de teatro Nora Moseinco?

Toda la importancia. La considero mi maestra. La conocí en lo de Hugo (Midón) y después me llevó a Magazine For Fai, donde era directora de actores. Seguí estudiando con ella bastantes años. Es importante cómo te lo presentan: esto es actuar. El primer contacto marca tu relación con el trabajo. Cómo te lo vas a tomar a lo largo de tu vida. En ese sentido, sigue siendo esencial tener una buena relación con mi trabajo. Lo disfruto de verdad. Es alegría, diversión, búsqueda; no lo puedo concebir de otra manera. No importa que sea comedia o drama. Tengo una relación sana y sigo teniendo la misma desde los diez años hasta ahora.

A los 12 años empezaste en Magazine For Fai, junto con Mex Urtizberea. ¿Qué aprendiste de esa experiencia?

Como primer trabajo fue increíble. Me marcó un camino por cómo se hacía: el ensayo, el juego, la improvisación. Fue fundacional para mí. Sigo pensando que no hay actuación sin relación con el otro, sin escuchar, sin responder. Más allá de que uno haga algo más o menos histriónico. Quizá cuando era más chica hacía más eso. Ahora me interesan otras cosas. Justamente, para mantenerme despierta y activa en la búsqueda. Necesito explorar como actriz.

La directora Lucrecia Martel fue la primera en advertir su potencial. Más allá del histrionismo que desbordaba en Magazine For Fai, la imaginó en un rol dramático y le propuso sumergirse en el universo adolescente, húmedo y místico de La niña santa, en aquellos baños termales del antiguo Hotel Termas de Salta, para acompañar a la protagonista en la búsqueda de una vocación.

¿Cómo recordás tu primera participación en cine en La niña santa?

Estábamos lookeadas como de 16, pero María (Alché) y yo teníamos 20. Fue la primera película que hice. Fue lo mejor para mí. Lucrecia es un ser superior. Hay personas, a las que te vas cruzando en la vida, que te abren universos. Uno va probando cosas distintas.

Así como puede habitar vidas ajenas, Julieta Zylberberg puede desplazarse con soltura por varios mundos: en televisión ( Culpable de este amor, Aquí no hay quien viva, Enséñame a vivir, Los únicos, entre otros) y en cine ( Cara de queso, Géminis, Un novio para mi mujer, Extraños en la noche, entre otras).

Dirigida por Claudio Tolcachir, junto con Norma Aleandro y Mercedes Morán, se destacó como una adolescente rebelde en Agosto: Condado de Osage. Otro gran director de teatro, Sergio Renán, la guió en Un enemigo del pueblo, la adaptación de la obra de Henrik Ibsen. El recorrido de Julieta es tan extenso como variado.

Con Juan Minujín en Locoxvos, la sitcom que protagoniza en horario central por Telefé
Con Juan Minujín en Locoxvos, la sitcom que protagoniza en horario central por Telefé

Uno de los papeles televisivos quizá más recordados le llegó en 2013 cuando formó parte del elenco de Farsantes (Pol-ka). La ubicaron junto con su pareja en la vida real, Esteban Lamothe, y la química entre ambos era palpable en aquellas escenas de peleas histéricas que revitalizaban el programa. El cine también los reunió en El 5 de Talleres, de Adrián Biniez (el mismo director de Gigante), pero esta vez como una pareja estable: él un jugador de fútbol a punto de retirarse y ella su fiel mujer que lo ayuda a imaginar otras posibles ocupaciones.

¿Cómo es crecer profesionalmente a la par de alguien que está en tu ambiente y se dedica a lo mismo?

Estuvo y está re-bueno. Nos conocemos hace ya 10 años, así que pasaron muchísimas cosas. Nos pudimos acompañar. Es un logro ( risas). Uno entiende el trabajo del otro. Nos ayudamos. No estamos hablando todo del tiempo de nuestro trabajo. Nos parece un plomo. Si estás 10 horas grabando y llegás y seguís hablando, es un embole. Nos consultamos; nos damos consejos. Conocemos la misma gente y tenemos un criterio similar. Le sacamos el jugo a eso.

¿Qué recordás de La mirada invisible, tu primer protagónico en cine, y la construcción del personaje, esa preceptora obsesiva?

Fue muy especial porque había que llevar al cine el pensamiento de esta preceptora María Teresa. Un pensamiento permanente. Fue un desafío muy interesante. Me pareció hermoso. Se puede percibir todo el torbellino que atraviesa el personaje en la mirada y el gesto. La actuación tiene que estar habitada. Si pensás, se ve.

Alguna vez dijiste que no te gustaba la actuación muy marcada.

Cuando te dicen que natural es lo mejor. Cuando un actor te rompe el corazón, me parece lo mejor. Valoro eso más que la cantidad de voces o si le sale bien hacer de rengo. Claro que también disfruto de lo histriónico, pero cuando está cargado de verdad.

¿A qué actores les reconocés esta habilidad?

Por ejemplo, Mark Ruffalo en Foxcatcher. Él hace de un luchador de un deporte dificilísimo y la composisión es tremenda. Pensás que es un luchador de toda la vida y, encima, es muy sensible. Tiene un gesto muy amable. O me encanta el actor Jesse Eisenberg, en Café Society, la última de Woody Allen. Es un pibe muy verdadero, que no tiene Hollywood encima, no se le ve.

O tu compañero Alan Sabbagh en El rey del Once, de Daniel Burman...

Es lo mejor. Alan es un gran ejemplo. Es tan poco actor que es un actor impresionante.

¿En qué películas sentís que lograste esto? ¿De cuál estás especialmente orgullosa?

En Mi amiga del parque, de Ana Katz. Fue muy especial para mí. El tema era algo que me involucraba directamente, que lo sentía en carne propia. Además, soy muy amiga de Ana, y era algo que compartíamos en la vida real con nuestros hijos.

El año pasado, Julieta expuso su maternidad en primer plano y sin filtros. En Mi amiga del parque explora y sufre como Liz, una madre primeriza y desorientada, todos esos estados que incluyen soledad, cansancio, angustia y locura. El personaje de Zylberberg busca, a veces en la plaza, otras veces en personas un tanto confundidas, un modelo de madre que le sirva mientras va construyendo uno propio.

¿Cuántos años tenía tu hijo, Luis Ernesto, entonces?

Un año y medio. En ese momento, mi vida era un caos total.

Crédito: Martín Lucesole

A los cuatro meses de ser mamá empezaste a trabajar en la película El 5 de Talleres. ¿Te gusta o te agota el papel de mujer orquesta?

Ahora no concibo ser de otra manera. Me gusta mucho mi trabajo y me gusta estar con mi hijo. No me gustaría sólo estar con mi hijo o sólo trabajar. El primer año de Luis trabajé como nunca en mi vida. Hice Relatos salvajes, después El 5 de Talleres y Farsantes, con Esteban [Lamothe, su novio]. Y Luis que no dormía. Fue un caos. Me dejó dada vuelta. Fue un delirio. Con el próximo hijo me voy a tomar un par de meses más. En ese momento, no era consciente de la demanda emocional y física que era el nacimiento de un primer hijo.

¿En algún momento de tu carrera pensaste: esto no es para mí?

Una vez. Estaba estudiando con un profesor que no supo relacionarse bien conmigo. O yo no encajaba mucho con su estilo. Sufrí bastante. En ese momento tenía 18 años y me angustiaba, no empatizaba. Después me fui y listo. Para trabajar tengo que sentirme cómoda.

Los actores son personas muy sensibles. ¿Hay que ponerle un límite a esa sensibilidad?

A mí me pasa que si tengo muchas escenas de llorar o si estoy todo el día a los gritos con escenas intensas, quedo agotada. En esos días de un compromiso emocional tan fuerte llego a mi casa vacía.

¿Qué pensaste cuando te llegó la propuesta de Relatos salvajes?

Dije que sí sin siquiera leer el guión. Moría por trabajar por Szifrón y con todo ese grupo. Después cuando lo leí pensé: esto es una bomba. Szifrón es un sol, el cielo. Es un gran director, una bestia. Es obsesivo, pero a mí me gustan los obsesivos. Hay actores a los que les molesta si los marcan mucho. Si confío en la mirada del director, no me importa que me haga hacer la escena 90 veces. Lo único que me molesta es no poder confiar en la mirada del director.

Esa confianza es importante también tenerla con el actor que te acompaña ¿no?

Sí, totalmente. Si te toca un actor que actúa solo, te mata. Es lo peor. El que hace el show por separado. Capaz le va rebien, pero… Ni te mira. Puedo hacerlo igual. Voy y hago mi gracia. Creo que es mejor siempre hacerlo de otra manera.

¿Qué anécdota podés contar sobre la filmación de Relatos salvajes?

Iba a grabar con mi bebe muy chiquito. Hacía un frío tremendo y lo tenía en el motorhome hecho una bolita caliente. Cuando filmamos la parte de la muerte del comensal, yo quedé embadurnada en sangre. Fueron ocho horas de filmación. Iba así toda pegajosa y ensangrentada a darle de comer a mi hijo y le dejaba la cara toda llena de miel roja.

Durante mucho tiempo catalogada como joven promesa, a los 33 años Julieta se asoma a la popularidad a partir de Loco por vos, la sitcom que la instala en la pantalla de Telefé en horario central junto a Juan Minujín, con un promedio de 14 puntos de rating. Luego de muchos papeles secundarios en televisión, la actriz encarna el personaje que allá por los 90 hizo Helen Hunt junto con Paul Reiser en Mad About You.

En Loco por vos sos Natalia, una mujer ocurrente, inquieta y bastante estresada por su trabajo. ¿Hasta qué punto te sentís identificada?

El programa es universal. Los problemas del amor y la convivencia son muy universales. Entonces, si bien nada que ver con el personaje, hay cosas en las que me puedo reconocer.

Por ejemplo, en ese capítulo en el que tu personaje dice: No puedo soportar que no me quieran. Quiero que todos me quieran. ¿Te pasa?

Un poco sí ( risas). Me gusta sentirme querida. Soy de estar generalmente de buen humor. Cada tanto me voy a negro, me oscurezco, por supuesto. Después de mucho psicoanálisis ( más risas), intento generar buen clima. A veces la gente, apenas me conoce, piensa que soy mala onda. En realidad soy tímida. Me pasa no bien entro en un lugar.

¿Creés que hacer terapia es útil para un actor?

No necesariamente. Creo que para las personas, en general, es una herramienta buenísima. Actuar en sí mismo es terapéutico.

¿La religión es importante en tu vida?

No soy nada religiosa. Me parece importante la espiritualidad de uno. Las cuestiones místicas son más interesantes. Me gustaría ser creyente, porque siento que la gente que lo es tiene algo en qué apoyarse. Igualmente, los fanatismos tampoco me gustan en ninguna religión. La verdad es que cuando me metí a hacer El rey del Once entré un poco en contacto porque hacía de una chica religiosa.

¿Cómo vivís este salto como protagonista a la pantalla de Telefe en horario central, esta aproximación a la popularidad?

Es la primera vez que me dan lugar en un espacio tan importante. Lo disfruté un montón. Si le sigue yendo bien, la idea es que haya una segunda temporada. Lo bueno de ser protagonista es tener la ventaja de contar todas las cosas vos. Está un poco a tu cargo. Podés contar la historia a tu gusto.

¿Te da un poco de vértigo?

Sí, un poco sí. Igual soy distinta en la tele que en la vida. Tengo como un don. No me reconocen tanto. Eso me juega a favor. Tampoco soy muy de circular. La exposición y estar en boca de la gente no me copa mucho. Después, que te saluden y te saquen fotos está bien. No tengo rollo. La gente es muy respetuosa conmigo. Quizás pasa por el tipo de actor que uno es.

¿Qué significa el éxito y el fracaso en tu vida?

Siento que fracasé si sufrí en un trabajo, si la pasé mal. En cambio, hay ciertos trabajos en los que sentís una elevación. Para mí, el éxito es acceder a lugares de mucha profundidad. Poder tocar ciertas fibras invisibles que uno lleva adentro. Siento que la búsqueda en Mi amiga del parque fue buenísima. Es un trabajo muy exorcizante, ¿no? Y, claro, el éxito también es que le vaya bien a las cosas que uno hace.

Hoy, ¿por dónde pasa tu búsqueda?

Es muy importante tener en claro lo que uno elige. Por qué uno elige algo. No está bueno sólo guiarse por lo popular o por estar en el horario central. Este programa Locoxvos es un proyecto muy lindo. Si le va bien, es una gloria. Pero no es que después de esto quiero hacer una novela, la que pinte en el mismo horario. Me gusta cuando digo que no a algo y acierto.

¿Qué tenés ganas de probar?

Ahora estoy haciendo algo muy distinto. Es un drama policial en el que acompaño al personaje de Joaquín Furriel en la búsqueda de su hija. Terminé de grabar Locoxvos y me llamaron para hacer este policial. Fue buenísimo, porque si me tocara hacer otra comedia, sentiría que no tengo nada para dar. Como cuando comés salado, dulce, salado, dulce: hay que ir alternando.

En la mesa están los restos de budín de limón –que no puede terminar porque “es una bestialidad”– y su celular, siempre a mano. Al otro lado del teléfono una voz le dicta la dirección donde la esperan para grabar. Julieta se para y se pone una chaqueta marrón con flecos que se mueven tan apurados como ella. “Me divierte hacer de todo”, dice, y se sube al auto. Se dirige a Balvanera, donde, en breve, ofrecerá su mirada para que la habite un nuevo personaje.

Crédito: Martín Lucesole

1983

Nace en Palermo el 4 de marzo

1991

A los 8 años empieza a estudiar teatro en la escuela de Hugo Midón

1995

Comienza su carrera televisiva en Magazine For Fai, semillero del cual surgieron otros talentos: Martín Piroyansky, Julián Kartún, Violeta Urtizberea y Martín Slipak

2003

Logra una primera participación en cine de la mano de Lucrecia Martel en La niña santa

2006

Actúa en Cara de queso, escrita y dirigida por Ariel Winograd

2010

Tiene su primer protagónico en cine en La mirada invisible, de Diego Lerman

2012

Nace su hijo, Luis Ernesto, fruto de la relación con Esteban Lamothe

2013

Un gran año: Relatos salvajes y El 5 de Talleres, en cine, y su personaje televisivo en Farsantes

El futuro

La veremos en El jardín de bronce, un thriller policial para HBO protagonizado por Joaquín Furriel, basado en la novela homónima de Gustavo Malajovich, con Norma Aleandro, Luis Luque, Gerardo Romano y Alan Sabbagh.

Asistentes de producción: Camila Pepa y Lucia Calatroni. Asistente de fotografía: Ezequiel Yrurtia. Maquilló: Agus Caparra para Frumboli estudio con productos Lancome. Peinó: Gabriel León para bside hair. agradecimientos: nous etudions, salman, blackmamba, paruolo

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