
Juntos para enfrentar los desafíos que se plantean al dejar de fumar
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La decisión de dejar de fumar fue de los dos, pero yo estaba más convencido que ella. Antes, cuando todavía no estábamos en pareja, habíamos intentado dejar de fumar cada uno por separado; mi mujer había estado nueve meses sin fumar y yo, seis.
Con dos meses de anticipación fijé fecha: le propuse que el 18 de noviembre -lunes, obviamente- sería el gran día. Todos los que han pasado por esta experiencia entenderán lo duro que es: no hay consuelo, cambia todo. Pero nuestra experiencia muestra que existe una gran diferencia entre dejar solo y sin ayuda y hacerlo con tu pareja, y también con ayuda profesional.
Antes de emprender el intento visitamos a la doctora Marta Angueira en el hospital Muñiz. Marta dirige un programa gratuito donde no sólo asisten a los pacientes desde la medicación, sino también desde el apoyo psicológico y humano.
Hoy, ya hace ya dos años, cuatro meses y 20 días que no fumamos, y tanto mi mujer como yo estamos convencidos de que fue la decisión más difícil que nos costó tomar en la vida. Como aspectos negativos recuerdo el primer año: esa angustia que no se tapa con nada. Llegar a tu casa y tener que ver a tu mujer que está en la misma que vos, muchas peleas provocadas por el mal humor de la abstinencia, no saber dónde guardar la ansiedad, descargarte con el otro.
Hay equipo
Hay que remarla mucho. Cuando se abre la famosa cortina de humo que tapaba el cigarrillo, en ese momento conocés verdaderamente al otro. Además, nosotros fuimos bastante arriesgados: dejamos de fumar a los tres meses de estar de novios. Pensábamos entonces que si pasábamos esos meses, nada nos iba a separar.
Aspectos positivos de encarar un cambio como este hay miles. Como, por ejemplo, sentir que hay equipo: vos y tu pareja contra el cigarrillo, los fumadores, los quioscos. Los meses son batallas y ganarlas con la persona que amás tiene una satisfacción muy grande.
Nunca se me pasó por la cabeza volver a fumar sin consultarlo con ella; siempre lo vimos como una traición, un acto de infidelidad.
Las imágenes del proceso son muchas. Estar trabajando de mal humor sintiendo que el cigarrillo es una extensión de tu brazo y que no podés vivir sin él (sencillamente no podés), y te empezás a convencer de que tenés que ir al quiosco porque preferís que te agarre alguna enfermedad a tener que pasar tanta angustia. Y en ese momento pensás que tu mujer está en la misma que vos; eso ayuda a pasar los dos minutos de locura y seguir viviendo. En definitiva, creo que dejar de fumar con mi mujer es la prueba viviente de que ella me hace bien y yo le hago bien a ella.
El autor es ex fumador
Tomás Calvano
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