
Karina Mazzocco: la maja vestida
Retrato de una actriz que recorrió sin pausa un camino que la llevó a incursionar en poco tiempo en la televisión, la radio, el teatro de revistas y el cine
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Habla con tranquilidad desde el comedor de su casa en Parque Chas, remodelada por ella y su marido, Ignacio Fonda. Nada en el ambiente hace referencia a una mujer que hace seis años se impuso en la pantalla chica con D a 2, un programa explosivo, donde ella, la conductora, hablaba de sexo sin tapujos y sin sonrojarse.
Al referirse a su primera experiencia de televisión, hay un dejo de resignación en la voz: “Sé que aunque me esfuerce en decir que yo no solamente puedo hablar de sexo, o no solamente soy una mujer sexy, hay una imagen muy fuerte construida a mi alrededor”. Y reflexiona: “Creo que la tengo que aceptar y relajarme porque vivo de esto. Pero hay cosas que me hacen mucha gracia como, por ejemplo, que una mujer me diga: Firmale un autógrafo a mi marido, que está muerto con vos. Hay un punto en donde yo no puedo creer que esté pasando eso”.
Lejos quedaron aquellos tiempos en que Karina se ponía el uniforme todos los días para asistir al primario en el Divino Corazón, de las monjas Esclavas del Corazón de Jesús, y después al secundario en el Sagrado Corazón, de las hermanas carmelitas. Lejos quedó, también, para su padre, la imagen de la menor de sus tres hijos, la pequeña, la mimada.
En el camino, se sumaron y archivaron dos años de licenciatura en Relaciones Internacionales, y un título de decoradora de interiores.
Convertida en modelo publicitaria, se presentó a un casting para D a 2. Y rápidamente comenzó su carrera en la pantalla chica, en la grande, y sobre las tablas del teatro de revistas.
“No siento que haya sido vedette, de hecho me negué con las plumas. No hubo manera...” Se refiere al espectáculo que protagonizó este verano junto a Miguel Angel Cherruti y Nito Artaza. “Nos tocaron los meses en que renunciaba un funcionario todos los días y había una renovación constante del libreto. La situación política, por desgracia, se parece demasiado a un show revisteril.” Comenzó estudiando actuación con Alberto Ure, siguió con Georgina Barbarossa, pasó a la clase de Cristina Moreira, en el Cervantes, y actualmente es alumna de Alejandro Robino. “En esto hay que laburar. Hay quienes nacen con un don, pero confían demasiado en él, en cambio hay otros que empiezan siendo una madera, pero trabajan y trabajan. No sé quién termina siendo mejor actor”, afirma. Para la próxima experiencia en el teatro, le gustaría protagonizar un musical a la vieja usanza, y con mucho glamour.
Su paso por la radio, con un programa llamado La Telaraña le despertó el gusto por el radioteatro, un género casi olvidado. “Mi abuela, y también mi mamá me contaron que, en otros tiempos, se paraba la ciudad para escuchar los culebrones. Me parece que es algo que puede volver. Nosotros lo probamos, y nos fue muy bien. Lo nuestro era ficción erótica. Ahora estamos por mudarnos de radio, con un formato en vivo. Tendría también un poco de actualidad, pero no mucha. Lo enfocaríamos más hacia lo que estamos necesitando, que es pasarla bien y desenchufarnos.” Sus trabajos en televisión incluyen Marte y Venus, Todos al diván, fue la presentadora de los Oscar 2000 y de los Martín Fierro 2001. Este año llegó un nuevo desafío: formar parte del elenco de Grandiosas, junto a Laura Oliva y Fanny Mandelbaum. “De un lado la tengo a Fanny, que es la voz del compromiso social, y del otro lado a Laura, que es una maravilla con el humor. Y yo estoy en el medio. A veces me animo con un chiste y a veces me animo con una denuncia.” Y declara, con un dejo de enojo disimulado con una sonrisa: “Hace unos días, nos hicieron una nota a las tres, a Laura, Fanny y a mí. Y en las preguntas, Dios mío, no sabés cómo se leía entre líneas el prejuicio de la periodista. Había un tipo de pregunta para Laura, otro para Fanny y a mí me preguntaban si hacía gimnasia... Pero, bueno... cosas que pasan”.
Pronto se podrá ver a Karina Mazzocco cantando boleros. Inaugura así su primer papel dramático en cine. Se trata de Sueños atómicos, dirigida por Omar Quiroga. “Es un documental sobre los años en que la Argentina se transformó en refugio de los nazis. Nuestro nuestro país también tuvo un gran sueño atómico en la isla Huemul. Se gastaron millones de dólares y, cuando hicieron la primera detonación, fue como un chasquibum. Un fraude.
“En la película, algunas escenas están a cargo de actores profesionales. A mí me tocó encarnar a una polaca que logra escaparse de un campo de concentración. Llega a la Argentina y trabaja en un burdel donde canta boleros. Entonces canto un bolerito precioso, nada pretencioso, pero muy lindo. En el futuro, le gustaría volver a conducir un programa de televisión con temática sexual, “pero de otra manera, con un camino andado. Creo que es un gran servicio para la comunidad, porque falta información, y sobran prejuicios”. Y agrega otra salvedad, quizás una expresión de deseos: “Creo que me falta experimentar muchas cosas... tal vez tenga que ser madre para volver a hablar de sexo”.






