
KEVIN KLINE
"Todos me preguntan lo mismo" Después de muchos años como buen comediante de segundo plano, saltó a la celebridad por su papel de profesor gay en Es o no es. El punto clave de la película es el beso en la boca que le da Tom Selleck
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N UEVA YORK.- El año que se fue ha sido definitivamente bueno para Kevin Kline, un actor que cae instantáneamente simpático. Es o no es , la comedia en la que interpretó a un profesor de escuela secundaria que un tanto tardíamente y de modo asaz aleatorio descubre su homosexualidad, fue uno de los más grandes éxitos de la temporada veraniega en los Estados Unidos. Y aunque Tormenta de hielo , la otra película que el año último lo tuvo como protagonista, no haya recaudado tanto, ese film -del prestigioso Ang Lee- lo ha ubicado en la lista de los posibles aspirantes a llevarse un Oscar en marzo, por su trabajo como un típico esposo de un suburbio neoyorquino que en los años setenta vive un romance ilícito con una mujer encarnada por Sigourney Weaver.
Nacido hace cincuenta años en St. Louis, hijo de un músico judío que se consolaba por su fracaso artístico vendiendo discos y de una madre católica que logró enviarlo a una escuela de monjes benedictinos, Kevin Kline supo desde niño que su vida estaría fuertemente influida por el arte. Y aunque en un primer momento pensó que lo suyo iba por el lado de la música, cuando ya cursaba la Universidad se dio cuenta de su error y se anotó en el departamento de teatro, librando al mundo de los trinos de un violinista pésimo.
Egresado de la famosa escuela Juilliard, viajó cuatro años por todo el territorio norteamericano junto a la compañía teatral del notable actor John Houseman. En 1976, decidió asentarse y ganar algo de dinero trabajando en una telenovela, Buscando el mañana . Rápidamente cambió los sets televisivos por los escenarios de Broadway, donde en poco tiempo se transformó en una verdadera sensación: se llevó sendos premios Tony por En el siglo XX y Los piratas de Penzance .
En 1982 logró llegar con un papel protagónico a la pantalla grande, debutando nada menos que junto a Meryl Streep en Momento de decisión . Y aunque durante un buen tiempo fue considerado un promisorio actor dramático, su trabajo en Los enredos de Wanda , con ese matón tan contundente como divertido, lo hizo merecedor del Oscar al mejor actor de reparto. Desde entonces, ha venido intercalando dramas y comedias, demostrando una particular sensibilidad hacia las propuestas del director Lawrence Kasdan, con el que ha trabajado en cinco oportunidades.
Casado con la actriz Phoebe Cates, Kline es, además, uno de los pocos actores que a pesar de su carácter de estrella cinematográfica se hace tiempo para trabajar en el teatro, al que considera sin vueltas como su primer amor.
-¿Sos muy selectivo con los guiones que recibís?Porque a pesar de que en 1997 te vimos en dos películas, hacía mucho tiempo que no aparecías en una pantalla grande...
-No siento que esté obligado a trabajar sin parar. Ya no estamos gobernados por los estudios, como ocurría en la década del cuarenta. Si nos ofrecen trabajo y nos gusta, lo hacemos, pero no estamos obligados a trabajar por el trabajo en sí. Ya no funciona de esa manera. Cada actor elige entre los guiones que le envían, y eso es lo que yo hago...
-Pero hay actores que hacen seis películas en dos años, y ése no es precisamente tu ritmo...
-Es cierto. Pero yo hice tres películas durante 1997, algo bastante inusual para mí. Yo suelo dejar pasar un año entre película y película.Pero me encanta trabajar. Soy un consumado workaholic .
-Y siempre te dejás un ratito para trabajar en el teatro.
-Sí, claro, pero no puedo hacerlo con la frecuencia que a mí me gustaría. No he hecho un año entero en Broadway desde que empecé a hacer films. Pero antes, hice suficientes temporadas en Broadway como para darme el lujo de trabajar tres meses por una película y ganar suficiente dinero como para no preocuparme por mi subsistencia durante un largo tiempo. Quizá por eso la idea de hacer teatro por un año no me resulta ya tan atractiva. De todos modos, quiero destacar que me gusta hacer teatro, y por eso mantengo mi asociación con el teatro Joseph Papp, de Nueva York, porque puedo hacer los grandes clásicos por tres meses y después irme a mi casa. Para poder hacer Shakespeare en Broadway y que deje ganancias, tenés que tener la obra en cartel durante dos años, solamente para recuperar los costos, porque no estás hablando de una obra con dos personajes, sino de un montón de actores sobre el escenario. Y yo odio la inestabilidad económica a la que te sometés cuando sos un actor de teatro. Estás a merced del crítico de The New York Times, y todo depende de que diga que es una obra que todos deben ver o que es una obra que se puede olvidar. En el Papp, que es un teatro público, siempre trabajás a función llena, y no tenés que preocuparte por la parte económica.
-¿Qué te da el teatro que no te da el cine?
-El lenguaje, porque se utiliza en un nivel diferente. Cada vez que he vuelto al teatro desde que empecé mi carrera cinematográfica, ha sido para hacer Shakespeare, Bernard Shaw y Chejov. No encontrás ese tipo de textos en el cine. Los guiones son mucho menos literarios. Todo está más conectado con el lenguaje popular.
-Al escucharte, suena como que te tomás tu trabajo muy seriamente y, sin embargo cuando uno te ve en una comedia da la sensación de que la estás pasando muy bien.
-Es que la estoy pasando muy bien. Yo también la pasé muy bien en Momento de decisión , que no era precisamente una comedia. Disfruto mucho actuando. Eso es todo. Yo tenía un profesor de teatro que siempre me decía que si cuando actuaba se notaba que estaba trabajando era porque estaba haciendo un mal trabajo.
-Hablando de Es o no es, ¿cómo fue el tener que interpretar a un personaje homosexual que niega su homosexualidad?
-Esa fue la atracción y el desafío de este personaje. El conscientemente niega una parte de sí mismo, porque supone que si eso se sabe va a perder el apoyo de su comunidad y de su familia. En este film, no está muy claro si mi personaje es homosexual o no hasta que el personaje de Tom Selleck lo besa. Por lo que yo entiendo, eso es algo que no ocurre muy a menudo. La gente homosexual siente esa inclinación desde una edad muy temprana, muchas veces en la adolescencia y otras en la niñez. Pero él niega ante sí mismo ese aspecto suyo. Muchas veces no nos atrevemos a aceptar cosas que tengan que ver con nuestra sexualidad o con otros elementos de nuestra vida, y en este sentido creo que el público se identifica con la resistencia de este personaje a aceptar que es diferente.
-¿Cómo fue el beso con Tom Selleck?
-Veamos... Nadie me había preguntado eso antes... excepto en los últimos dos días, en los que me han preguntado lo mismo un millón de veces. ¿Qué respuesta daré?¿La divertida? ¿La intelectual y elaborada? Digamos que estuvo bien, aunque hubiera preferido que hubiera quedado como la gran sorpresa de la película y, lamentablemente, ya todo el mundo, aunque no haya visto el film, sabe que Tom y yo nos besamos... Yo leí todo sobre El juego de las lágrimas y sobre la gran sorpresa que tenía la película. Y aunque nadie me dijo cuál era, ya fui a ver ese film predispuesto. Y cuando la gran sorpresa fue que ella era él, todo lo que había leído terminó por arruinar mi experiencia viendo la película...
-¿Te lanzás a bailar en tu casa apenas escuchás música, de la misma manera en que lo hace tu personaje?
-¡Oh!, no. Soy muy tímido en una pista de baile. Soy de los que apenas se atreven a moverse. Por eso, para que esta película funcionara, yo tuve que pedir que me subieran el volumen al máximo y concentrarme mucho en lo que le pasaba a este personaje para liberarme, de la misma manera en que lo hace él. Hay una escena parecida en Te amaré hasta matarte , donde mi personaje se pone a bailar descaradamente en público. Algo que yo nunca me atrevería a hacer.
-En Es o no es, el personaje de Matt Dillon te da su Oscar. Y yo me pregunto cómo fue para vos recibir el Oscar cuando lo ganaste por Los enredos de Wanda.
-Una verdadera sorpresa. No lo esperaba. Estuve a punto de no ir a la ceremonia, porque estaba ensayando para Te amaré hasta matarte y tenía que practicar mi acento italiano. Fue una de esas noches en que yo pensaba que tendría que haber estado en mi casa practicando mi acento en lugar de estar allí con toda esa gente, porque empezábamos a filmar en cinco días. Pero Larry Kasdan iba a la ceremonia y no podía dejarlo solo. Es más, en febrero de ese año nadie predecía que yo iba a salir nominado. Ni yo me lo esperaba. Alguien me llamó desde Los Angeles para contarme que me habían nominado y me llevó unos minutos darme cuenta de lo que me estaban diciendo.
-¿Cómo cambió tu carrera a partir de ese Oscar?
-No demasiado. Cambió cuando se estrenó Los enredos de Wanda , porque a partir de allí me empezaron a enviar guiones de mejor calidad que los que recibía hasta entonces.
-¿Y la paternidad? ¿Te ha cambiado como persona?
-Me ha cambiado totalmente. Cambió mi vida para siempre. Tuve que separar el trabajo de mi vida privada por primera vez. Antes, el trabajo era mi vida. Pero cuando tenés una familia todo cambia, porque una esposa puede entender que te tenés que ir a trabajar. Un hijo no entiende. A la larga lo entenderá, pero es diferente. Tenés que ser padre a tiempo completo...






