
“La calle es nuestra”, los grafitis como respuesta a los atentados en París
Los artistas adoptaron el espacio público como un lienzo para manifestarse contra la violencia en una ciudad conmocionada
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PARÍS.– En la plaza de la República, sobre una pared de 12 metros de largo y 2,5 de altura, cerca del monumento rodeado por las velas y las flores dejadas por miles de parisinos, se lee Fluctuat nec mergitur en letras blancas sobre fondo negro. Esta expresión en latín, que se traduce "(el barco) es batido por las olas, pero no hundido", lema de la capital francesa desde hace siglos, fue dibujada por el colectivo de grafiteros Grim Team al día siguiente de los atentados que golpearon a esta ciudad el viernes 13. Desde entonces, se convirtió espontáneamente en el eslogan de resistencia al terrorismo en las calles parisinas y en las redes sociales.
Frente a la prohibición de manifestarse masivamente por razones de seguridad, en el marco del estado de urgencia decretado en este país durante tres meses, los parisinos decidieron reapropiarse de sus calles a través de las artes gráficas y de la creatividad. En vez de banderolas y carteles, son las paredes las que se convirtieron en transmisoras de lo que la ciudad tiene para decir. Espontáneamente o a través de la convocatoria lanzada implícitamente por el grafitero parisino Goin, que dibujó una Marianne, figura alegórica de la república francesa, con un rodillo de pintura en la mano y el hashtag #SprayForParis, los dibujos y los grafitis se multiplican en todas las calles del este de París. No queda una sola pared en blanco. Los colores dan vida y dinamizan zonas por momentos silenciosas y apagadas desde la tragedia. Ya sea con las palabras "Peace and love" o con dibujos de personas en tamaño humano y riendo, el mensaje es el mismo y se repite: las calles son nuestras, la ciudad es nuestra. Pese al shock, al enojo y a la tristeza, los parisinos se muestran de pie.
"No somos policías, no somos bomberos, no somos médicos. Lo que sabemos hacer es pintar. Quisimos dar lo que podíamos con nuestras herramientas: los aerosoles. Es nuestra manera de decir que no tenemos miedo, que vamos a salir a la calle porque éstas son nuestras calles y no de los terroristas. En parte, hacerlo fue también una terapia. Éstos son los barrios donde crecimos, amamos a nuestra ciudad y conocemos a las víctimas. Podríamos haber sido nosotros", explica a la nacion uno de los miembros de Grim Team, Marc Aurèle Vecchione, que desde hace años tiene tatuado el lema de París en su brazo. Hoy cuarentones y profesionales de distintos sectores, este grupo de nueve amigos parisinos forma parte de la primera generación de grafiteros que solía salir a escribir por las paredes en los años 80, época en la que la tradición de los grafitis se forja en París. Las grandes obras de construcción que se inician en ese entonces, como el Pompidou, algunas zonas de Les Halles, la pirámide del Louvre o el museo Orsay, convertirán a esta capital en una hoja en blanco, y los grafiteros se acostumbrarán a vestir con su arte todos esos espacios en mutación y, por ende, efímeros.

Para pintar el lema de París, primera imagen que les vino a la cabeza horas después de la carnicería humana que habían visto por televisión, el colectivo Grim Team eligió dos lugares emblemáticos y muy cercanos a los atentados: la plaza de la República el sábado al mediodía y, dos días más tarde, un gran paredón frente al canal Saint Martin, cerca del restaurante Le Petit Cambodge y del bar Le Carillon, una de las esquinas atacadas. Durante el tiempo que duró la realización de estos dibujos, la policía, que hace años los detenía y los perseguía, esta vez, les guiñaba el ojo. Y la alcaldesa de París tuiteó la foto en su cuenta y alentó el gesto de los grafiteros.
"El lema de París tiene un sentido. Es un lema de marino, y para nosotros París es un barco en el que estamos todos juntos. Para nosotros, que nos reivindicamos como parisinos, ésta es la ciudad que nos une en nuestras diferencias. Como el fútbol. Los terroristas se equivocaron: tiraron contra todos, y ahora nos atañe a todos. Ya nadie, incluso el más idiota, puede apoyarlos. No hay nada que entender. El lema es unificador y es un mensaje fuerte para los agresores: pensaron que nos habíamos hundido, pero es sólo una ola. Nosotros resistimos en la tormenta", argumenta Marc Orèle, conocido como Orel entre los grafiteros.
En algunas paredes, las huellas de los atentados contra la revista satírica Charlie Hebdo y el supermercado kosher comparten el espacio con estas nuevas creaciones. Los viejos homenajes hacen lugar a los nuevos. Pero algo diferencia a ambas respuestas gráficas. "Nuestros dibujos se volvieron más serios, más oscuros, más verdaderos. Durante estos meses, mientras la sociedad debatía sobre lo sucedido en enero, nosotros nos volvimos más ciudadanos, más comprometidos. Yo, por ejemplo, dejé de hacer caricaturas y cómics y ahora entré en el meollo del asunto", confiesa el artista callejero Combo, de 28 años, en diálogo con la nacion. Al día siguiente de los atentados, Combo sintió que París estaba de pie. A través de las redes sociales, pidió que los parisinos le enviaran fotos de ellos de pie. Creó sus dibujos en blanco y negro tomando esas imágenes como modelo y, con la ayuda de gente que voluntariamente se ofrecía, empezó a pegarlos en los alrededores de la plaza de la República y del bulevar Voltaire (donde está la sala de conciertos Bataclan). El resultado –figuras a escala humana, riendo y pasándolo bien, con las que todos se identifican–, bajo el título "Paris encore debout" (París de nuevo de pie) es impresionante. "El objetivo de esta manifestación gráfica es decir que las calles son nuestras y que las recuperamos. Retomamos el terreno con afiches en tamaño real y caras de la gente que vive en estas calles. Quisimos levantar la cabeza y decir que estamos vivos. Ahora vamos a empezar a denunciar el estado de urgencia y sus excesos. La calle es nuestra verdadera libertad. Los franceses se quejan todo el tiempo, y eso se ve ahora en las paredes", añade Combo. Para este artista que viajó por el mundo, París es la mejor escena para los grafitis: la más reactiva, la más joven, la más fresca. Es lo que se ve hoy, luego de los atentados, con todas las paredes pintadas en la ciudad y un mensaje unívoco para los terroristas: "París es nuestra".

Así como luego de los atentados de enero el Tratado sobre la tolerancia de Voltaire vio crecer sus ventas, esta vez el libro elegido es París era una fiesta, de Ernest Hemingway, convertido en un símbolo del estilo de vida de esta capital. De 10 ejemplares vendidos por día se pasó a 500, y hasta 1500, lo que provocó una rotura de stock en las librerías. Según los informes, la editorial Gallimard reimprimió 20.000 ejemplares. En música, "Imagine", de John Lennon, pasó del puesto 10 al 2 de las canciones más escuchadas y bajadas.
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