
La dupla de moda
Los fotógrafos Luciana Val y Franco Musso, socios en el trabajo y en la vida, con su talento conquistaron las mejores revistas europeas. Una historia que se inició con un carrito de cafetero, pasó por las pasarelas y llegó a París
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Muchos recordarán la historia de Franco Musso, el modelo argentino que antes de triunfar en las pasarelas europeas vendía café por las calles porteñas con el tradicional carrito con termos. Cómo olvidarlo. Lo que no tiene bien en claro el ex modelo, ahora en sus 40 y devenido talentoso fotógrafo de moda en dupla con su mujer, Luciana Val, es quién descubrió el aviso para trabajar de cafetero. "¿Fuiste vos Luciana la que encontró el aviso, no?" "No me acuerdo", le responde su mujer, de flequillo rosado y anteojos vintage. Conversamos en el jardín del fondo del estudio que tienen en Villa Pueyrredón, lleno de vida, plantas, arbustos y una gatita que están domesticando que aterriza sobre la mesa como en paracaídas y luego intenta escurrirse.
No sería un detalle menor quién encontró el aviso de cafetero para los Val-Musso, como así los conocen las prestigiosas revistas que los contratan, como Vogue y Numéro, o firmas de lujo para publicitar sus productos, como Dior, Chanel, Saint Laurent, Givenchy, Fendi. Porque si Franco no hubiese empujado su carrito con termos por Bulnes, saliendo del Abasto, hasta llegar a Palermo, por Güemes hasta Scalabrini Ortiz, no se hubiese cruzado con Santiago Sáez, el cliente que lo eligió como modelo para sus campañas gráficas.
"A mí me gustaba callejear. Vendía sábanas, puerta a puerta. Luciana justo vio el aviso. Yo me quería poner un puesto de garrapiñada", se ríe Franco con una cuota de ironía.
¿Pero desde qué edad se conocen?
Luciana: Nos conocimos en la Escuela de Bellas Artes, de Belgrano. Yo tenía 19; él, 16.
¿Y ya a esas edades empezaron a salir?
Franco: Empezamos a salir al año. Nos conocimos en una fiesta de fin de año. Yo siempre fui grande; ella, chiquita. Yo era tan adulto en esa época y después me quedé en los 16.
¿Y callejeaste mucho?
F: Sí. Vendí café tres o cuatro años. Justo pasaba por la puerta de Santiago Sáez, de Ona Saez, y empecé a hacer campañas para él. Trabajé dos años, cuatro campañas en total. Pero mi trabajo era el de cafetero, eso me lo tomé como una changa. En la última campaña conocí a Daniel Rossi, un modelo que había hecho un video con Madonna y una campaña de Dolce & Gabbana, un loco de atar, pero lindo, que me recomendó que me anotara en una agencia. Así que me acerqué a su agencia un viernes, y ese mismo lunes un scouting de afuera me seleccionó y al mes me llevaron a París. Tenía 22 años.
¿Cuáles fueron tus primeros trabajos como modelo?
F: Lo primero que hice fue un desfile de Issey Miyaki en París, con exclusividad. El cagazo de mi vida. Hice campaña de Gucci, Versace. La temporada siguiente fui a Milán. La vida nos cambió de blanco a negro. Cuando estaba en el departamento de modelos, Luciana se puso a hacer fotos de portfolios. La agencia le pasaba los chicos nuevos que necesitaban fotos. Por otro lado trabajaba como niñera, con los hijos de una booker. Bueno, no cuidaba niños, eran unos demonios terribles.
L: Además de cuidarlos, tenía que enseñarles español y a dibujar.
¿Cómo se llevaban con la lengua francesa?
F: No. Olvidate. Cero. Fuimos kamikazes, no hablábamos francés ni inglés. Nada. No sé cómo hacíamos, porque teníamos amigos y todo.

?¿Cuánto anduviste por las pasarelas?
Fue raro. Porque estuvimos yendo y viniendo de Buenos Aires. Y después con la crisis de 2001 nos instalamos en París. Yo quería dejar de desfilar en ese momento y empezar con la fotografía haciendo imágenes de producto. Ahí seguí trabajando de modelo para bancarnos. En un momento allá era fotógrafo y acá en Buenos Aires, modelo. Venía con UFO. En 2003 dejé de trabajar como modelo.
¿Te interesó más la fotografía?
F: Nunca me interesó el modelaje, que es distinto. Lo más interesante del modelaje era aprender fotografía. El resto era bastante aburrido. Siempre estuve acostumbrado a laburar, y un modelo no trabaja mucho, Y cuando es el partenaire, hace tres fotos y está todo el día esperando los cambios de ropa. Era un trabajo bien pago, pero sentía que no hacía nada.
¿Y cómo aprendieron esta profesión?
F: Prueba y error. Muchos rollos de fotos.
L: Todo muy autodidacta. Cuando empezamos no había Internet. No podías ver un tutorial en YouTube. Cuando más aprendimos fue un poco antes de mudamos a París. Nos internábamos en bibliotecas a estudiar de manera autodidacta. ¿Cómo está hecho esto? ¿Cómo está iluminado? La luz está puesta así. Pura observación.
¿Cómo se complementan?
L: En general, en lo que uno es bueno, el otro no tanto. Yo soy malísima con todo lo técnico. Me cuesta mucho el manejo de la tecnología, de las cámaras o de las luces. Y a él le encanta armar, desarmar, en dos minutos entiende cómo funciona todo.
F: Ella es fantástica para los colores, para las composiciones en vivo, el maquillaje, el color en todo sentido. Es que ella pintaba y yo hacía escultura. De ahí que yo soy más morfológico y ella más pictórica.

L: Y Franco tiene mayor sensibilidad para la iluminación.
F: Para dirigir una modelo, es mejor ella que yo. A veces me gusta sacar fotos y que ella esté dirigiendo. Por lo general empieza ella, porque me gusta hacer todas las correcciones de luz.
L: Nosotros trabajamos mucho en las escenografías. Las diseñamos nosotros y muchas veces las realizamos. Franco tiene ojo para la perspectiva, los espacios, los volúmenes. Yo veo más chato, más bidimensional. Estoy más con el tema del color, sea para el make up, la paleta de colores para una serie de fotos, como para el retoque.
¿Cómo es trabajar para revistas de moda del exterior?
L: Nada es totalmente bueno ni malo. Uno idealiza sobre cómo se trabaja en el exterior. Allá hay mucha presión, exigencia y la competencia es mayor. Las revistas más comerciales, Cosmopolitan, Elle, son las que mayor presupuesto ofrecen para hacer notas y mejor pagan a los fotógrafos por colaboración. Son las que más recursos dan para una producción, ya sea para ir a una playa, lo que fuera. Todo lo que represente prestigio, como Vogue, son las que menos recursos ofrecen porque saben que quien colabora a partir de estar en esas plataformas logrará tener mejores trabajos.
F: Todo tu fee se va en la producción. Lo que te pagan se gasta. No podés vivir de hacer revistas Vogue.
L: Vogue Paris e Italia son las que tienen menos presupuesto. Pero Vogue Turquía, Alemania y España generalmente tienen un gran presupuesto para producir cosas. Lo mismo Numéro Paris, que tiene un presupuesto pequeño para cubrir las cosas, pero Numéro Tokio, Rusia, China, tienen un presupuesto que alcanza para todo.
F: Con Vogue Turquía nos fuimos a Uruguay, con modelos de Nueva York, por ejemplo.
¿Con qué se pueden delirar si les dan un buen presupuesto? ¿Viajan? ¿Buscan nuevos escenarios?
F: No somos muy de viajar, sino de construir en estudio. Y nos podemos delirar con el set designer.
?¿Cuánto le cuesta a una revista hacer una producción de moda?
L: De unos 4000, 5000 a 10.000 euros. En París, una producción razonable, sin ningún delirio, pero sin hacer una foto contra una pared blanca, cuesta unos 15.000 euros. Que para la Argentina parece mucho, pero allá tampoco es tanto, por los valores de las cosas, los estudios, las luces. En París y en Nueva York los fotógrafos alquilamos todo. El estudio que tenemos nosotros acá es un lujo. Estudios de estas dimensiones siempre se alquilan. Ningún fotógrafo allá tiene su propio estudio. A veces hacemos fotos en Londres, Italia o en Nueva York, entonces se alquila.
Ahora, Buenos Aires los retiene un poco más. Pero no mucho, porque viajan seguido a Europa. La revista que más los llama es Vogue Italia. Y hay marcas, como una joyería italiana, que les mandan productos para ser fotografíados en su estudio, hoy base de operaciones. En tiempos globales, cuentan que hacen preproducción y postproducción en Buenos Aires. Que cuando están en París, Nueva York o Londres hacen fotos para Tokio.

¿Cuál fue el trabajo más importante que realizaron, que les haya servido de trampolín?
L: Un trabajo editorial para V Magazine y, en lo comercial, la campaña de joyas de Dior.
F: En realidad, lo que nos abrió las puertas fue haber ganado un festival internacional de fotografía Hyères, en el sur de Francia, el único que existe en Europa. Es de diseñadores de moda y fotografía, de ahí salieron Viktor & Rolf.
¿Con cuál foto concursaron?
FEran 10 fotos de trabajos personales, teníamos un portfolio nuevo. Cuando lo ganamos, cambió todo. Conseguimos agencia de fotografía, la de Katy Barker, que funciona en Londres, París y Nueva York. Tuvimos representación automática en los tres puntos más importantes. Y ahí empezamos a trabajar.
¿Te facilitó algo el hecho de haber sido modelo como fotógrafo?
F: No sirvió para nada. En lo más mínimo. No me abrió ninguna puerta ni de nada. Hacía siete años que conocía el mercado, sabía quién era quién hasta cierto punto. Sí fue interesante haber hecho fotos con el fotógrafo Richard Avedon, para Versace, aunque en esa época no era muy consciente de quién era, fue en el 97, tenía 22 años. Me dio la mano, yo no hablaba inglés.
¿Qué los tiene tan ocupados por estos días?
L: Además del trabajo habitual de editoriales y publicidad estamos preparando para el 22 de septiembre una muestra muy grande, Magia negra, con Pablo Ramírez en la Fundación Osde de Rosario, que después vendrá a Buenos Aires. Involucra la colaboración entre Pablo y nosotros desde fines de los 90 hasta 2000, antes de irnos a vivir a París, y cuando retomamos con él desde hace cinco años, a partir de las fotos de una serie de trajes inspirados en la película Alicia, de Tim Burton. A partir de ahí empezamos a fotografiar todas las temporadas de Pablo. También vamos a fotografiar una de las primeras colecciones que no habíamos hecho nosotros, y estamos con una serie de retratos de mujeres Ramírez, que lo inspiran a él y a nosotros también, en su mayoría actrices, aunque también hay periodistas, como Felisa Pinto, y también va a estar la madre de Pablo.
F Cristina Banegas, Cecilia Roth, Felisa Pinto, Malena Solda, Erica Rivas, Celeste Cid, Inés Estevez, Soledad Villamil, Carolina Peleretti, Julieta Vallina, Dolores Fonzi, Griselda Siciliani, María Onetto, Alejandra Radano, Sandra Ida, Julieta Cardinali, Leticia Bredice, Mercedes Morán, Lucila Gandolfo, Marilú Marini y Soledad Silveyra.
¡Cuántas!
L: Es que empezó todo muy tranquilo. Pablo hizo una lista con quienes viste. Y la hizo larga, por si algunas no podían venir. Y empezaron a confirmar todas. Además se iban enterando unas y otras, y se ofendían si no las llamaban. Y tuvimos que ampliar. Agregamos días de fotos, porque, claro, entre ellas se hablan, se conocen. ¿Pablo no me llamó? Es que Pablo viste a muchas actrices.
¿Cómo es trabajar con Pablo?
L: Con él fluye muy fácil el trabajo. Es casi telepático a veces. Es muy común que piense lo mismo y viceversa. Tenemos inspiraciones parecidas, íconos y cosas que nos gustan.
¿Qué grandes cosas tienen en común?
F: La fotografía de Hollywood, divas al estilo de George Hurrell, Horse.
L: También nos pasa que no vamos detrás de la moda, de tendencia, que las cosas cada 6 meses cambian. Tanto él como nosotros tenemos un estilo que perdura más en el tiempo. Tiene que ver más con el diseño y el estilo que con la tendencia.






