
La elegida
En un año cambió de vida: dejó su Córdoba natal por las pasarelas de Nueva York y París. Esta es la historia de Magda Laguinge, que a los 19 años ya conquistó al mundo
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Ahí estaba ella, con 1.78 metros y una belleza exótica frente al diseñador Marc Jacobs, pope de la moda y director artístico de Louis Vuitton. Un perfecto desconocido hasta entonces para la cordobesa Magda Laguinge, que daba sus primeros pasos en el mundo del modelaje. En la entrevista, él le dijo que suspendiera sus viajes porque sería la encargada de abrir su pasarela en Nueva York. Pero ella se enteró de la buena noticia en cuotas: recién llegaba a la Gran Manzana y apenas hablaba inglés.
Así se abrió una puerta impensable. Un antes y un después. En sólo un año, la modelo de 19 años, de la agencia Look 1, hizo campañas para Louis Vuitton, desfiló para Chanel y Balenciaga, viajó por Berlín, China y Tokio, y hoy conoce París y Nueva York como la palma de su mano.
Asegura que nada sería posible sin el apoyo de sus padres –ambos licenciados en Ciencias Políticas– y sus seis hermanos. Heredó la altura de su papá y la cara de su mamá. "Ellos confian en mí y son mi referente y mi cable a tierra", dice. Muy católica, siempre la acompaña un rosario que le trajo su papá de Tierra Santa.
Cuando viaja está en permanente en contacto con ellos, por mail, teléfono y Skype. Y vuelve con las valijas llenas de regalos: tés, tazas y abanicos de Oriente, chocolates de Alemania y golosinas de cada rincón del mundo.

¿Cómo es trabajar en el mundo de la moda europea y en Estados Unidos?
Las marcas en el exterior son más burocráticas, metódicas y organizadas; en la Argentina, más relajadas. Afuera son muy profesionales y dejan todo para hacer una carrera, van a fondo. Si querés hacer las cosas bien tenés que sacrificar mucho.
¿Y vos qué sacrificaste?
Me fui a vivir sola a otro país, sin conocer el idioma. Dejé mis estudios de Ciencias Económicas, aunque no me arrepiento. Son riesgos. Dejé de ver a mi familia y a mis amigas. No estoy en sus cumpleaños, me pierdo casamientos, comuniones…
¿Qué amás de tu profesión?
Es una oportunidad para crecer. Es un trabajo que me posibilita llegar a lo que quiero: ser una buena modelo. Y hacer otras cosas, que se abran otras puertas.
¿Cómo te cuidás?
Como de todo, pero sano. Me ayuda mucho la genética, pero hay que cuidarse porque tenés que respetar ciertas medidas, no un peso. Hago ejercicios todos los días, y como me da pereza meterme en el gimnasio para hacer cinta, camino mucho por las ciudades que visito. También hago aparatos. Desayuno un café con leche, tostadas con queso y yogur con cereales. No como fritos, pero sí me doy gustos. Fui a una nutricionista que me ayudó a comer bien. Cada vez que regreso a Córdoba disfruto de las tartas dulces que prepara mi mamá, y de los asados de mi papá.
¿Qué te incomoda de la moda?
Como soy católica, no hago desnudos. Además, no me sentiría cómoda. Respeto esa tendencia pero no me sumo.
Durante la producción de moda de la Revista responde con buen humor a las sugerencias del fotógrafo Urko Suaya y se divierte con las propuestas de estilismo. Al finalizar, sorprende con su look: tapado de piel heredado, borcegos y camisa de París, sombrero de Nueva York y chaleco de su bisabuela. Con el mismo estilo se pasea por las calles de Córdoba y baila en las discos de la Gran Manzana, los mismos lugares que frecuentan Leonardo Di Caprio y Beyoncé.
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