
La experiencia Ladoucette
Una vez que Bertrand precisó cuál era el paladar mayoritario argentino del champagne, el consumo interno se elevó exponencialmente. Piense wen esto, saque conclusiones
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El barón Jean de Vogué, presidente de Moët & Chandon de Francia, visitó la Argentina hacia fines del ’55, invitado por Bertrand de Ladoucette, su cuñado, que vivía en Buenos Aires. Sentía curiosidad por el país donde unos cuantos militares cejijuntos habían derrocado al hombre fuerte de Argentina, su tocayo Jean Peron. Miró los muros ametrallados de la Casa Rosada y del cercano Ministerio de Economía. Había soldados en la puerta. "El ministro, ¿fue fusilado o algo así?" preguntó. "No -dijo Ladoucette-. Cuando los tiros, el ministro estaba esquiando en Suiza." Eran, le explicó, los recovecos subtropicales de la nunca-pasa-nadidad local. "No crea demasiado en lo que vea, ni mucho menos en lo que oiga", fue el consejo que le dio la gente bien de la ciudad. Así que De Vogué jugó polo en las estancias, comió asado de novillo en carritos perentorios junto a un río medio turbio con tamaño de mar, y escuchó los rumores coliqueos circulantes. Coliqueos eran, mayormente, los nativos.
Pero observó que en cada mesa de los restaurantes populares había copas de vino, a las cuales se agregaban cubitos de hielo y chijetes de soda. "Consumo anual, noventa litros por cabeza", informó Ladoucette. ¿Un vino blanco helado con burbujas?, pensó el otro. Era un sparkling, en otras palabras. "Qué gran mercado para el champagne", dijo. Su anfitrión estaba feliz de que lo hubiese descubierto por las suyas. Sólo para eso lo había invitado a Buenos Aires.
Según los tangos de la guardia vieja, junto con las minas retrecheras y el caviar, el champagne era la dieta cotidiana de los bacanes con gomina. Fuera de algunas pocas marcas locales, el descorche era sobre todo de Pommery francés, bastante caro e importado. ¿Por qué no champanizar acá?
Cuatro años después, eso empezó a hacer Chandon en Mendoza. Pero precedida por un largo, inteligente estudio de mercado que reveló, de manera inequívoca, el perfil del paladar argentino mayoritario en el área vinos. No sólo espumantes, sino también tranquilos. Somos, se sabía, herederos genéticos del paladar mediterráneo, pero mucho más del envuelto y aterciopelado peninsular italiano que del seco, complejo de las Galias francesas. El dulzor es nuestra índole. Pero no dulzor de gustos dulces, sino de sensaciones acariciantes. Tal es la verdad de la milanesa que develó la investigación de Ladoucette. Sus champagnes iniciales de los años 60 fueron por eso de vino blanco base con acidez moderada (sin tartárico agregado) y etiqueta extra brut pero paladar tirando a demi-sec. Gracias a lo cual hicieron capote. El blablá estaba en la botella; la seducción, en el champagne, dentro de ella.
Ladoucette no se largó a vender champagne seco, ersatz francés, que a la tercera copa más bien empalaga al argentino, sino champaña mendocino, fácil y largo de tomar, toda la botella entre dos, que fue adoptado con gran beneplácito por la mayoría. Tanto, que dejó de consumirse ocasional, celebratorio (casamientos, divorcios) para incorporarse al cada día nuestro de la mesa. Casi reemplazó al whisky como aperitivo y en el after six; levantó exponencial el consumo en la Argentina, ubicándola novena en el ranking mundial.
Recortes
Vinos y bistro
Por Luigi Bosca, en el Faena Hotel
El restaurante El Bistro del Faena Hotel + Universe, acompañado por la bodega Luigi Bosca, ofrecerá un sofisticado menú de cuatro pasos y una cata vertical del elegante Finca Los Nobles Cabernet Bouchet, cosechas 1996, 1999, 2002 y 2004. Desde el 18 y hasta el 22 de este mes, el renombrado chef de El Bistro, Mariano Cid de la Paz, creará un menú degustación, con técnicas y procedimientos culinarios contemporáneos, para acompañar diferentes añadas del exquisito Cabernet Bouchet de Finca Los Nobles, un tinto vigoroso y robusto. Con el asesoramiento del sommelier Aldo Graziani, se podrán descubrir los vinos en sus distintas cosechas y comparar la evolución de éstos a través de los años.
Espumante patagónico
Bodega NQN presenta la nueva añada de su Malma Cuvée reserva Extra Brut
Con un nuevo packaging, este año el espumante llevará tapón y bozal. Elaborado con el tradicional método champenoise, compuesto por pinot noir (75%) y chardonnay (25 %), y con una producción total de 20.000 botellas, se trata de un espumante fresco y elegante, de color amarillo intenso con tonos dorados, y burbujas pequeñas y persistentes. En su aroma se destacan frutos rojos y cítricos, acompañados con notas de tostado y nuez debido al contacto del vino con las lías.
www.bodeganqn.com.ar
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1.- Competencia: luego de la operación Chandon en la Argentina, la casa Piper Hiedseik de Reims intentó aquí con el Henri Piper, bien ácido y francés. Insistió bastante pero fracasó.
2.- Clave del éxito: la acidez. Paladar amable vende más. El seco, cítrico, foráneo, menos. Por eso se ven poco los espumantes de Bianchi, Cavas Extreme, Terra Reserve, Nieto Senetiner Extra Brut
3.- Predilectos: Extra Toso Cuvée Reserve, Chandon Extra Brut, Montchenot Nature, Baron B. Rosé, Rutini Brut Nature, el nuevo Rosé de Norton, el Finca Flichman, el María de Codorniú.






