
La familia espiritual
La reedición actualizada del best seller mundial Peoplemaking El arte de crear una familia (Del Nuevo Extremo), publicado originalmente en 1972, refuerza la vigencia de los conceptos de su autora –Virginia Satir– y ayuda a repensar los vínculos familiares
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Quince años atrás nadie, salvo las personas relacionadas con la religión, hubiera pensado que fuera adecuado tratar la espiritualidad fuera de un contexto religioso. Tal vez todavía haya quien considere que la espiritualidad es un asunto ingenuo o irrelevante para la vida. Para mí se trata de nuestra conexión con el universo y es esencial para nuestra existencia, y, por lo tanto, determina nuestro contexto terapéutico.
Mis ideas y comprensión personales sobre la espiritualidad comenzaron cuando era niña, durante mi infancia en una granja de vacas lecheras de Wisconsin. Por todas partes veía cosas que crecían. Muy pronto comprendí que el crecimiento era el despliegue de la fuerza de la vida, una manifestación del espíritu. Observaba las minúsculas semillas que plantaba y las veía crecer hasta ser grandes plantas. De los huevos salían pollitos y, de la barriga de una cerda, nacían cerditos. Luego, vi nacer a mis hermanos. Qué maravilla. Era algo maravilloso y fantástico. Sentía el misterio, la emoción y la grandiosidad. Todavía hoy conservo todos esos sentimientos de asombro y creo que me sirvieron de guía para encontrar formas de ayudar a crecer a las personas.
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La reverencia que me inspira la vida nació muy temprano en mí. No hubo ninguna planta que creciera mejor porque yo se lo pidiera ni porque la amenazara con represalias. Las plantas únicamente crecían cuando se reunían las condiciones correctas y recibían los cuidados adecuados, lo que, para mí, incluye quererlas y hablarles. Determinar el lugar y el alimento adecuados para las plantas (así como para las personas) es materia de investigación y observación constantes.
Todos irrumpimos en forma de brote en un árbol espiritual universal. Ese árbol nos une a todos los seres humanos a travésde sus raíces. Todos podemos aprender a convertirnos en líderes sabios que amen, cuiden y alimenten la valiosa vida que nos fue concedida.
Cuando recibimos alimento, podemos ser personas capaces de alimentar a los demás. Por esta razón, recomiendo que en toda comunidad se disponga de una «sala de abrazos» en la que las personas puedan encontrarse para recibir alimento espiritual y psicológico. Por suerte, hay iglesias que emprendieron acciones en este sentido y que reservan un espacio para la relajación y las relaciones personales.
Generar estos planteos de afecto y cristalizar el reconocimiento interior (lo que llamo el conocimiento hasta el tuétano) es la manifestación de que somos seres espirituales con forma humana. He aquí la esencia de la espiritualidad. La manera en que apliquemos nuestra esencia espiritual será un reflejo del valor que otorgamos a la vida.
La creación de la vida deriva de un poder mucho mayor que el nuestro. El reto de ser completamente humanos consiste en estar abiertos a ese poder al que designamos con tan diversos nombres, siendo Dios uno de los más extendidos, y a entrar en contacto con él. Creo que una vida próspera depende de nuestra capacidad de establecer y aceptar una relación con nuestra fuerza vital.
Las conexiones físicas con nuestra espiritualidad están a salvo en nuestras semillas humanas. Tan sólo cuando se unen un óvulo y un espermatozoide se completa una semilla humana capaz de convertirse en un ser humano. Un óvulo y un espermatozoide por sí solos no son más que silos de almacenaje que aguardan el gran encuentro. Para mí, las semillas y el nacimiento son espiritualidad en acción.
Cuando tiene lugar la unión entre un óvulo y un espermatozoide, se produce un acontecimiento maravilloso. Se libera una poderosa energía y se comienza a preparar un nuevo ser humano (singular, que no es la réplica exacta de ningún otro que haya existido antes) que llegará a la tierra. Siempre que intento detenerme a comprender cómo puede ser que ese pequeño embrión humano pueda terminar dando lugar a algo tan grande, complicado y de múltiples facetas como una persona, me siento abrumada.
Es más, esa pequeña semilla contiene todos los ingredientes que guardan los intrincados sistemas que conforman a un ser humano vivo, que respira. La fuerza vital no sólo se ocupa del crecimiento de cada una de las semillas, sino que canaliza la energía para que cada una de las partes reciba lo que necesita.
¿No es un milagro? Es preciso que descubramos maneras de querer, disfrutar, alimentar y utilizar de manera efectiva este milagro. Tu nacimiento, el mío, el nacimiento de cualquiera es un acontecimiento espiritual y un motivo de alegría.
Naturalmente, es preciso que procuremos el contexto más rico posible para que cada niño pueda crecer y llegar a ser plenamente humano. Aún no hemos arribado a este punto. Para muchos, el milagro del nacimiento está eclipsado por las penosas condiciones en que nacen los niños. Sin embargo, cuando aceptamos el hecho de que todos los niños contienen los ingredientes necesarios para ser un milagro «andante que despierta», tenemos las bases para una conducta positiva a escala mundial. Desde luego, la familia es el primer lugar en que ocurre. Lentamente, vamos avanzando hacia este tipo de reverencia por la vida.
Inmersos en el esfuerzo por cambiar de conducta, es muy fácil que destruyamos el espíritu, y, así, mutilemos el cuerpo y embotemos la mente. Se trata de un planteo que, en gran medida, es consecuencia de igualar el valor de una persona con la naturaleza de su conducta. En cambio, si tenemos presente que la conducta es algo que se aprende, podremos honrar el espíritu y fomentar conductas más positivas.
La curación, la vida y la espiritualidad consisten en reconocer el poder del espíritu. Hay muchos que apoyan la espiritualidad de la boca para fuera, sin vivirla de verdad. En cambio, los efectivos programas de Alcohólicos Anónimos se erigen sobre la premisa de que, cuando un individuo acepta y afronta su poder superior, hace un llamado a su fuerza vital y se inicia el proceso de curación. Literalmente, hay miles de personas que han transformado su vida de agonía en alegría y se han convertido en seres humanos distintos al adaptar su vida a esta filosofía. Ningún otro planteo consiguió tanto. (...)
Virginia Satir (1916-1988) fue una figura clave en el desarrollo de la terapia familiar. Trabajó como directora de formación en el Mental Research Institute en Palo Alto y en el Esalen Institute de Estados Unidos.






