La gran adicción de los solteros

Amanda Jot
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2 de noviembre de 2018  • 11:57

Empiezo a arrepentirme de haber recomendado alguna vez las aplicaciones de citas como estrategia para superar crisis y rupturas amorosas. Las últimas amigas que siguieron al pie de la letra el consejo, ya presentan los mismos síntomas que todos aquellos que se someten a la experiencia de buscar amor "en línea": adicción (en principio, al teléfono), ansiedad (apenas pasan al chat, el " match" deja de contestar mensajes o lo hace semanas después), bajón de autoestima (les piden más fotos de cuerpo entero para confirmar que sean delgadas/os), desazón (cuando empiezan a recibir imágenes de desnudos por WhatsApp) y frustración (si pasan al plano real, la persona no era como esperaban, y el sexo mucho menos). Debut y despedida para quienes eligen no prestarse a ese juego perverso que impone el mercado de la soledad.

Al mismo ritmo que crece en usuarios y facturación millonaria, la industria de los encuentros virtuales parece fracasar, no solo en su promesa inicial de conseguir pareja, sino también en el de ser un recurso para obtener la "obligada" cuota de sexo casual. Hay excepciones, claro, pero mientras el 80% de los perfiles registrados dice buscar amor, el 80% confiesa no haberlo conseguido por ese medio, confirma una encuesta mencionada en un interesante documental producido por HBO y estrenado en septiembre pasado, que bien podría hacer tambalear al floreciente sector en un futuro muy próximo.

Swiped: Hooking Up in Digital Age es una investigación de la periodista y escritora norteamericana Nancy Jo Sales que vuelve a indagar en el impacto de las redes sociales en las cuestiones de género , y en el cambio que generaron las aplicaciones en la forma de conocerse: el simple acto de deslizar el dedo (o swipear) está minando nuestra capacidad para establecer conexiones reales y duraderas con las personas. La autora ya había publicado en 2015 un artículo en la revista Vanity Fair sobre su propia experiencia en Tinder y en el que pronosticaba el "apocalipsis" (tal fue el título de la nota) que la herramienta creada por Jonathan Badeen provocaría en los vínculos humanos. De hecho, hace poco alguien, en una conversación sobre el tema, me recordó que ya existe una generación sexualmente activa que no conoce otra forma de crear y gestionar citas románticas, y cuyo criterio selectivo no se guía por las preferencias ni los gustos del (o la) candidato, sino por la foto.

Para revertir algunos de esos vicios, en los últimos meses las principales plataformas desarrollaron atajos en sintonía con los cambios de paradigma impulsados por las recientes reivindicaciones sociales, por ejemplo, ahora en la mayoría de las apps es la mujer quien toma la iniciativa del diálogo luego del match. Otras permiten agregar más información personal a los perfiles con el fin de estimular contactos menos superficiales, pero en cualquier caso el efecto sobre las emociones sigue siendo el mismo, recuerda el documental. Una de las consecuencias más negativas es que las aplicaciones generan es una peligrosa adicción o dependencia del like, trampa en la que caen todos, desde jóvenes hasta adultos. "Cuando dos usuarios se gustan, cuando hacen match, salen lucecitas y, por lo visto, eso engancha. La posibilidad de una recompensa, en este caso la carne, excita algo más que el miembro. El fenómeno, sin rodeos, se relaciona directamente con las tragaperras. Te hacen sentir que puedes ligar a todas horas. Es la lógica del consumismo aplicada a las relaciones" revela uno de los tantos testimonios recogidos por la autora.

Las conclusiones de la investigación cobran más credibilidad gracias a que el material incluye entrevistas con reconocidos académicos y expertos de importantes institutos de investigación científica y universidades de EEUU, también CEOS de las grandes empresas del sector y usuarios, la mayoría jóvenes de más de 20 años que han naturalizado la idea de gozar mediante juegos de realidad virtual y robots sexuales. En fin, habrá que verlo para volver a confiar en único "celestino" efectivo: uno mismo.

Por: Amanda Jot

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