La heroína de toga y guantes de encaje que hizo del mundo un lugar más justo

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24 de septiembre de 2020  

A Ruth Bader Ginsburg nadie podría haberle dicho que el mérito no existe. Al final de sus días, cuando ya se había convertido en un ícono de la cultura popular norteamericana y el retrato de su rostro adornaba tazas, remeras y posters, solía lamentar que su madre -una inmigrante judía que formó un modesto hogar en Brooklyn y siempre impulsó a su hija a continuar sus estudios- no hubiera vivido en un tiempo en que las mujeres podían aspirar a un sueño y alcanzarlo. "Siempre recé para ser todo aquello que ella no pudo", decía. Y efectivamente lo logró sin contar para ello con otra cosa que sus méritos.

Cuando se conoció su muerte, a los 87 años, la semana pasada, las escalinatas del imponente edificio neoclásico de la Corte Suprema, en Washington, se colmaron en minutos de flores y de velas, dejadas por miles de mujeres y hombres de a pie agradecidos por las batallas legales que libró, muy a menudo en minoría, para convertir a su país en un lugar más justo e igualitario ante la ley.

Graduada en los años cincuenta en dos universidades -Cornell y Harvard-, forjó una impresionante carrera que sembró de hitos desde temprano. Como fundadora de la rama femenina de la Unión Americana por las Libertades Civiles, lideró exitosamente casos fundamentales ante el máximo tribunal, como el llamado Reed vs. Reed, que en 1971 llevó a que se dictaminara por primera vez que tratar a una mujer diferente de un hombre violaba la Constitución. Bill Clinton, en los 90, la nominó para la Corte Suprema, donde solo una mujer se había sentado antes.

Lejos de los extremismos, adoptó una postura centrista, pero cuando el tribunal se tornó más conservador buscó el equilibrio asumiendo una posición fuertemente liberal. "I dissent" (disiento) se convirtió en su frase icónica. "Los disensos le hablan al futuro -explicaba-. No se trata de decir que mis colegas están equivocados. Los mayores disensos se convierten en opiniones de la Corte y, con el tiempo, su visión se convierte en la visión dominante".

Cuando la Corte anuló la política de solo hombres para las fuerzas armadas, Bader Ginsburg alegó que ninguna ley o política debe negar a las mujeres "la plena ciudadanía, la misma oportunidad de aspirar, lograr, participar y contribuir a la sociedad en función de sus talentos y capacidades individuales". También estuvo del lado de la mayoría cuando el tribunal legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo en todo el país.

Conocida como "Notorious RBG", un apodo puesto por un estudiante de derecho y que alude al nombre del célebre rapero Notorious BIG, fue una mujer elegantísima, famosa por sus guantes de encaje y los jabots que usaba sobre el cuello de sus togas, lo que contribuyó a que su imagen se convirtiera en un ícono pop al tiempo que crecía su popularidad, en especial en tiempos de Trump, donde era vista como un contrapeso fundamental. Precisamente, sus admiradores temen que ahora, si el presidente insiste en acelerar la nominación de su reemplazo, el desequilibrio entre conservadores y liberales -Trump ya designó en su presidencia a dos miembros- lleve a la revisión de fallos históricos, como el de Roe vs. Wade, que en 1973 legalizó la práctica del aborto.

Alguna vez le preguntaron cuándo habría suficientes mujeres en la Corte Suprema. "Cuando haya nueve -respondió-. Cuando digo esto las personas quedan impactadas, pero ha habido nueve hombres y nunca nadie lo ha cuestionado". Solía insistir en que "las mujeres pertenecen a todos los lugares donde se toman decisiones" y afirmaba que no pedía favores para su género. "Todo lo que pido de nuestros compañeros es que quiten sus pies de nuestros cuellos". Jamás imaginó que se convertiría en un faro para tantas personas en su país y en el mundo. "Solo intento hacer bien mi trabajo -decía con humildad en su último tiempo, cuando su cuerpo se reducía pero su figuraba se agigantaba-. Solamente hago lo mejor que puedo".

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