
La importancia de enseñar el valor del tiempo
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En esta época del año solemos encontrar chicos que no quieren volver al colegio y se angustian por el fin de las vacaciones. ¿Y por qué un niño tendría esta sensación, si la escuela es un lugar de encuentro con amigos, donde se crece como persona y se aprenden saberes para la vida? La primera respuesta podría ser que se aburre. Y si bien el aburrimiento es una parte necesaria para inspirar la creatividad, también es cierto que los contenidos y metodologías escolares tal vez deberían adaptarse para ser más acordes al momento generacional actual.
Los niños de hoy, por ejemplo, crecen con múltiples atractivos que manejan con naturalidad y en simultáneo, y a veces en las escuelas lo que se les propone es un mismo estímulo unifocal durante mucho tiempo (el pizarrón y el maestro), algo que lleva inevitablemente a la pérdida de interés.
En este sentido, es fundamental trabajar en el valor del tiempo, enseñándoles que no todo es "ya" ni se consigue fácil. Esta generación debe aprender a dilatar sus objetivos, porque los adultos sabemos que lo que verdaderamente vale en la vida, cuesta.
La gran lección es la importancia de la paciencia, los procesos, la construcción y el crecimiento. Rápido no es sinónimo de mejor. En el marco de una sociedad desbordada por antivalores que instaura el exitismo y el resultadismo, la escuela debe reforzar la educación en valores: empatía, solidaridad, respeto, esfuerzo y compromiso, claves que idealmente se enseñan en el seno familiar. Para ello, es fundamental que el docente centre su función en establecer un vínculo afectivo positivo con cada alumno, teniendo la gran posibilidad de dejar una huella esperanzadora en su autoestima.
Hacia esta época también surge el dilema de los chicos que deben rendir materias. En esta sociedad que fomenta la "cultura del zafar" y la procrastinación, el adolescente posterga el estudio durante el año y llega a último momento a apagar el incendio. A esta altura, como padres no tiene sentido reprocharle lo que no hizo, sino aprovechar la oportunidad de atravesar esta experiencia con inteligencia. Podemos acompañar en la organización, dejando claro que nuestro amor no depende de una nota. Pero también podemos enseñar que cada vez más las situaciones vitales los pondrán a ellos como protagonistas, pasando a depender de sus propias acciones el alcance de sus objetivos. De eso se trata crecer, de ganar autonomía. En ese camino, bien vale compartir un dato feliz: rendir en febrero también puede ser un buen aprendizaje para la vida.






