
La larga espera de la adopción
Pese a la nueva ley, los trámites siguen siendo largos. Antes de caer en la tentación de buscar atajos contraproducentes, hay que armarse de paciencia y prepararse para la llegada del hijo
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Mónica está embarazada, pero no puede ser la mamá del bebe que lleva dentro. Tiene otros cinco hijos, que duermen con ella en la única pieza de su casilla tucumana, y sabe que no hay lugar ni comida para uno más. Supone que engendró a este crío con José, su último novio, que partió el mes último a la zafra. Y aunque guarda en su pecho una pizca de ilusión, tiene vivo el recuerdo de otros hombres que le prometieron un regreso que nunca se concretó. Además, esto tampoco cambiaría las cosas. No quiere hacerse cargo de otra maternidad.
A pesar de todo, Mónica le apuesta a la vida. Alguna amiga ya le habló de una mujer del pueblo, que por 200 pesos le saca el embarazo de encima. Pero prefiere dejarlo nacer. Por eso, eligió entregar el niño que vendrá a una familia que lo quiera.
En su porteña casa de Caballito, Ana y Ernesto esperan que un día el juez los llame por teléfono para anunciarles que nació su hijo. Tienen todo preparado. Ya pasaron dos años desde que empezaron a recorrer juzgados, luego de comprobar que la biología traicionó su deseo de ser padres. Todo parece fácil. Sin embargo, es probable que pasen muchos años antes de que ese chico pueda ser, realmente, el hijo de este matrimonio.
La burocracia invade el aparato judicial argentino. Las idas y venidas de papeles con múltiples sellados complican los trámites más simples y dejan sin salida los juicios que requieren una decisión original. La adopción no escapa a las generales de la ley y pueden pasar más de diez años desde que alguien la elige como camino a la paternidad hasta que obtiene el documento nacional de identidad de ese hijo, que llegará luego de pasear por los juzgados del país.
"Armar la carpeta con todos los documentos y papeles exigidos lleva más de un mes. Luego empieza el peregrinaje por los juzgados, porque si te anotás sólo en el que corresponde a tu domicilio, la espera es interminable", comenta Teresa Zucchi de Bailone, mamá adoptiva desde hace dos años. Y Jorge, su marido, agrega: "Es muy difícil armar la carpeta. En todos lados se demoran los trámites, siempre falta algo. Se pierde tiempo y dinero, esperando un hijo que tarda tres años en llegar".
La carpeta de la que hablan Jorge y Teresa resume la vida y las expectativas de los futuros adoptantes. Para iniciarla hay que recurrir a los juzgados locales, que son del fuero civil o penal según la provincia. En la Capital Federal la arma el Consejo Nacional del Menor y la Familia.
"Contiene certificados de salud, trabajo e ingresos; una fotocopia de la escritura de la propiedad o el contrato de alquiler, un informe socioambiental hecho por una asistente social que visita a los adoptantes en su hogar, y un informe psicológico que evalúa la capacidad para ejercer la parentalidad", enumera Beatriz Gelman, directora de la fundación Adoptare, una de las instituciones privadas a las que recurre la gente para ganar tiempo y agilizar los trámites.
"Nuestra existencia responde a una situación política de descuido. Las instituciones públicas no tienen la infraestructura ni los medios ni los recursos para contener adecuadamente a las familias adoptantes", observa Graciela Lipski, ex integrante del equipo de adopción del Hospital de Niños, que también dirige esta fundación, creada hace diez años.
¿Por qué tantas demoras? La jueza Marta del Rosario Mattera, a cargo del Juzgado Nacional en lo Civil Nº 77, expresa: "Hay mucha más demanda que oferta. Todo el mundo quiere bebes. La gente que acepta chiquitos más grandes o con algún problema de salud no espera tanto".
Aun así, los trámites son largos y muchos chicos dejan de ser bebes antes de poder ser adoptados.
-A veces no es exclusivamente culpa del Juzgado. Por lo general llegan las progenitoras solas. Cuando están decididas y firman la entrega en adopción, no hay problemas. Si se trata de una menor de edad, debe firmar un representante legal. Esto demora un poco, pero conseguida la firma del padre o la madre el tema queda resuelto. El problema es con las situaciones indefinidas, con las mujeres que no quieren el chico para ellas, pero tampoco están dispuestas a dárselo a otro. Aquí sí, hay juzgados que esperan demasiado antes de resolver el caso. No es necesario que transcurra tanto tiempo. Si la mujer no firma la entrega pero tampoco muestra interés por saber si el niño está vivo o muerto, es evidente que incurrió en abandono y el chico está en condiciones de ser adoptado.
-¿Y cuando se trata de abandonos en la vía pública?
-Es más complicado, porque el juicio de privación de patria potestad alarga los plazos. Es un juicio ordinario, en el que hay que citar a esa persona que uno está buscando y no aparece por ningún lado. La ley no recoge algo que la doctrina viene pidiendo, la declaración de estado de adoptabilidad, que consiste en constatar el abandono y declarar que el chico puede ser adoptado sin necesidad de iniciar juicio.
Algo imposible cuando el Estado le quita un chico a sus progenitores, por maltrato, insatisfacción de necesidades básicas u otras causas penales. En esos casos el juicio se alarga y a los padres adoptivos les toca esperar.
En algunas provincias, como la de Buenos Aires, funciona un listado único que reúne a los aspirantes de todos los juzgados. En otras, cada juzgado maneja su propia lista. Y hay casos, como la Capital Federal, en los que se recurre a los listados del Consejo Nacional del Menor y la Familia o las instituciones privadas. La ley 24.779, sancionada en 1997, prevé la organización de un listado único en todo el país, pero todavía no se concretó. Mientras tanto, los papás envían su carpeta a todos los juzgados y cada seis meses llaman por teléfono, para saber si siguen esperando o si tienen ya un hijo.
Oficiales o privadas, las instituciones coinciden en que el bebe llega más rápido desde el interior que desde la Capital Federal o el Gran Buenos Aires. Y hacia allí van muchas veces los papás y mamás, en busca de una gestante que les quiera entregar su hijo. No se proponen comprarlo ni robarlo. Quieren presentarse ante un juez y adoptar legalmente a ese chico. Pero no todos están de acuerdo con esta estrategia.
"Puede generar situaciones muy complicadas, que incluyen el chantaje hacia los padres que recibieron el bebe", dice la doctora Mattera. Y María Ester Benchuya, jefa del departamento Adopciones del Consejo Nacional del Menor y la Familia, advierte: "Este tipo de entrega se presta a confusiones. Lo saludable es que en cada adopción participe un equipo interdisciplinario. ¿Quién puede afirmar que una mujer que no está en condiciones de asumir su maternidad es la persona idónea para elegir los padres de ese bebe?" La venta de chicos juega a las escondidas con los adoptantes cansados de esperar, y la psicóloga Daniela Traverso advierte: "Una situación de abandono o de maltrato es reversible con un buen proceso de adopción, aunque el chico haya llegado a la familia a la edad de 4 o 5 años. Pero la ilegalidad deja huellas irreversibles".
De la nueva legislación se esperaba que acelerara los tiempos e impidiera el tráfico de niños y la apropiación ilegítima de los recién nacidos. Todo hacía pensar que entonces aumentarían significativamente los índices de adopción legal en el país. Sin embargo, eso no sucedió.
"En la Argentina no hay estadísticas nacionales sobre adopción. Pero de acuerdo con nuestra experiencia, no podemos afirmar que hayan aumentado demasiado. La ley tiene modificaciones importantes, pero la ejecución se dificulta", observa María Ester Benchuya, que resume las innovaciones de la ley: "Uno de los puntos más novedosos es que el adoptante tiene que tener cinco años de residencia en el país. Esto evita que alguien venga por quince días y se vaya con un chico. Otro aspecto fundamental es que no existe más la entrega por acta notarial, ante escribano. Ahora sólo los jueces entregan en adopción. Y otro punto importantísimo es el derecho del adoptado a conocer su realidad biológica. Los padres están obligados a informarle sobre su origen y, a partir de los 18 años, él puede acceder al expediente de su adopción".
La espera es larga y, al menos por ahora, el embarazo adoptivo dura dos o tres años. "Mientras tanto se puede aprovechar el tiempo y recibir preparados al hijo. Hay que trabajar y no sentarse a esperar", aconseja Aurora Martínez, coordinadora del Foro de Adopción de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, que una vez por mes reúne a 150 adoptantes y futuros adoptantes.
En todas las instituciones se ofrece apoyo psicológico y jurídico. Los cursos, seminarios y grupos de reflexión son una red de contención que se extiende más allá de la llegada del bebe. "En Adoptare trabajamos con grupos de papás en proceso de crianza, con padres que adoptan hijos mayores y con adoptantes individuales", comenta Graciela Lipski, que revela: "Creció mucho el número de mujeres adoptantes solas, y ellas suelen aceptar hijos un poco más grandes".
A la hora de adoptar, la ley no establece diferencias entre las personas solas o los matrimonios. Tampoco se lo impide a los homosexuales. Pero en la práctica, los bebes son entregados a matrimonios cuya edad no supera los 45 años. Las parejas mayores y las personas solas acceden a chicos de más de 2 años o con algún problema de salud. Y los homosexuales siguen esperando. Los jueces pueden elegir a quién le entregan el hijo y todos los jugadores conocen las reglas no escritas, cuando entran en el partido de la adopción.
Además de la lentitud judicial, el enojo de los adoptantes pasa por la investigación a la que son sometidos. ¿Por qué les preguntan cuánto ganan? ¿Por qué les hacen un psicodiagnóstico? ¿A qué se debe la visita de esa asistente social que evalúa su casa? ¿Acaso en el terreno biológico la mujer no queda embarazada sin que nadie le pregunte nada? Es cierto, pero la concepción biológica pertenece a la intimidad de las parejas y la adopción es una acto público, con intervención del Estado, que tiene la obligación de cuidar los intereses del menor.
"La situación socioeconómica tiene poco que ver. No se les exigen grandes recursos, alcanza con que tengan lo mínimo indispensable para sostener a un bebe. En este juzgado hemos entregado chicos a padres que acababan de perder su empleo", precisa la doctora Mattera.
La consulta al pediatra puede ser antes de la adopción. Incluso es aconsejable. "Así como los papás biológicos pueden hacer una consulta prenatal para hablar de sus miedos, fantasías o angustias, los papás adoptivos también pueden hacerla. Porque los chicos no vienen con manual", dice la pediatra Liliana Ortega, mamá de una hija adoptiva y un hijo biológico.
El temor a las dificultades de aprendizaje y los problemas de conducta escolar también aparecen. Ortega aclara: "En los veinte años que tengo de pediatra he visto muchos chicos, de familias biológicas y adoptivas, y no puedo aceptar que los hijos adoptivos tengan más problemas de aprendizaje o conducta que los biológicos".
Cuando la esperanza empieza a debilitarse. Cuando el hijo dejó de ser una posibilidad para convertirse en utopía. Un día suena el teléfono y desde un juzgado lejano anuncian que hay un hijo esperando a sus papás. "Acabábamos de llegar de nuestras vacaciones y nos sorprendió una llamada desde el Juzgado de Mercedes, avisándonos que había nacido Alejo. La abogada me explicó que su progenitora era insana y me preguntó si estábamos dispuestos a recibirlo. Entonces le dije que eso no nos importaba. Era nuestro hijo y lo íbamos a querer igual, pasara lo que pasara", cuenta emocionada Teresa Zucchi de Bailone. Habían esperado más de dos años ese día y no les alcanzaban las manos para agarrar un bolso y viajar a Corrientes.
Desde entonces, pasaron otros dos años. Alejo todavía no tiene el DNI nuevo. "Eso complica su inscripción en el club, la obra social, el colegio. En todos lados nos piden papeles que todavía no tenemos", dice Jorge, su padre. Pero nadie duda cuál es su familia y Teresa sonríe cuando piensa en la famosa pregunta: Mamá, ¿yo estuve en tu panza? "Le diré que no. Que otra mujer, a la cual le estoy muy agradecida, lo llevó dentro suyo para que yo pudiera ser su mamá."
¿De dónde vengo?
Tarde o temprano el hijo adoptado pregunta por quienes lo engendraron. Desde hace cinco años, en la Argentina la búsqueda de origen crece en forma sostenida. Hasta 1994, el Consejo Nacional del Menor y la Familia recibía alrededor de 15 consultas anuales; en 1996, el número ascendió a 40, y el año último llegó a 109. "Básicamente, la gente viene por tres motivos: algunos sólo quieren tener información, otros buscan algún documento que se perdió en el camino y otros quieren reencontrarse con un hermano biológico cuya existencia conocen", resume María Ester Benchuya, que agrega: "Es más frecuente que busquen hermanos. A los progenitores se los busca menos".
Las madres sustitutas
Sólo en el mejor de los casos, el bebe sale del hospital a la casa de sus papás adoptivos. Muchas veces, la mayoría, los papeles no están en regla o hay un juicio de patria potestad en el camino. Entonces un hogar de tránsito lo recibe hasta que el juez decida su adopción o la restitución a sus progenitores.
Las familias sustitutas llevan un registro escrito con la fecha en la que empezó a gatear, sus primeras palabras, su primer chichón. "Mi segunda hija es adoptada y fuimos a buscarla a un hogar. Era una gorda sonriente, vivía feliz. Eso mismo es lo que queremos para estos chicos", expresa María Angélica Gutiérrez de Pinto, socia fundadora de Familias de Esperanza, asociación que tiene a su cargo 30 bebes, derivados por los Juzgados de Menores 1, 2 y 3 de San Isidro.
Con pañales donados, algún cochecito prestado y muchas ganas de dar amor, estas familias saben que un día el bebe se irá. Aunque muchas veces su permanencia en la casa se prolonga por más de un año, esto no les da derecho a adoptarlo. Lo alimentan y lo bañan, lo miman y lo retan, pero recuerdan siempre que no es un hijo ni un hermano. "Cuando empezás a verlo como un hijo tuyo, lo mejor que podés hacer es pedir que lo cambien de familia, antes de que la situación se vuelva insostenible", dice Cristina Grande de Biagini, mamá sustituta.
"Yo la hice mamá"
Liliana Ortega adoptó a Canela hace siete años. Desde el primer día le habló a su hija de la emoción que le produce recordar el momento en que el juez se la entregó a ella y a su papá, que habían viajado a buscarla. "La verdad la rodeó siempre. Nunca le hablamos con eufemismos. Pero igual, a los 3 años me preguntó si había estado en mi panza. Le expliqué que yo tenía un problema en la bolsita que tienen las mujeres para estar embarazadas. Le dije que había estado en la panza de otra señora, que la cuidó, la albergó dentro suyo y le avisó al juez que no podía ser mamá. Le dije que el día de su llegada fue el más feliz de nuestras vidas. No pude evitar llorar, porque gracias a ella habíamos formado una familia y porque ella me hizo mamá. Entonces vimos juntas el video del día que fuimos a buscarla. Se vio a sí misma, bebita, en los brazos de toda la familia, y vio cómo pasaba a pertenecer a esta historia, sin descalificar su historia anterior." Poco tiempo después, Liliana quedó embarazada y tuvo que contarle a Canela que tendría un hermanito, nacido de su panza. "Ya estábamos anotados para adoptar otro hijo, habíamos ido los tres juntos al Juzgado. La única que fantaseaba con la posibilidad de que pudiera quedar embarazada fue Canela. Así que cuando nos enteramos, estábamos más sorprendidos nosotros que ella. El hecho de que su hermano haya estado dentro mío no le genera conflictos. Ella está muy segura de su filiación. Cuando se pelea con Julián, que ahora tiene 5 años, él le dice: No toques a mamá. Y ella responde: ¡Ja! La que la hizo mamá fui yo".






