La madre del silencio

Humildísima maestra, desgarrada por la violación y el asesinato de su hija María Soledad, caminando en silencio Ada Morales modificó una historia que parecía devorada por la impunidad. Sin depender de los aniversarios, más allá y más acá del silencio, hagamos memoria escuchando su dolor reflexivo
(0)
10 de octubre de 2010  

Ella habrá gritado hasta el alarido, pero al alarido se lo llevó el viento. A veces, muchas veces, viento es sinónimo de impunidad. Otro eufemismo patrio. El 8 de setiembre de 1990 fue vista por última vez, viva; dos días después la encontraron en las afueras de la ciudad de Catamarca unos obreros de Vialidad. Ellos no sabían que se llamaba María Soledad Morales. Desnuda, violada, mutilada; estaba quieta.

¿Por qué insistir con el pasado, si pasaron dos décadas y el aniversario fue hace algunas semanas? Precisamente por eso: porque no siempre debemos movernos al compás de los aniversarios. Y porque hacer memoria no es, como se dice, retroceder, quedarse empantanado en una ciénaga: la memoria alumbra, es aprendizaje; la memoria semilla un futuro diferente.

Conocí a Ada Rizzardo de Morales, la mamá de María Soledad, a 9 años de esa tragedia consumada por unos hijos del poder. Por entonces yo estaba escribiendo Madre argentina hay una sola. Ada Morales y Marta Pelloni, una monja brava y comprometida de cuajo con la intemperie, ya habían minado los cimientos de los dueños de vidas y haciendas. Salieron a la calle una y otra vez, en silencio. Pero hay silencios y silencios. Está el silencio del miedo, el de la indiferencia cómplice, aquel silencio que no era salud de los años en los que se violaba la vida y se violaba la muerte. Y está el silencio activo, sembrador de conciencias; lo enseñaron estas mujeres: armadas hasta los dientes con ese silencio consiguieron lo imposible, y algo más: la capital de los argentinos dejó de ser Buenos Aires. ¿Por qué? Ya va, ya va.

Tercer sábado de marzo de 1999. Voy a conversar con Ada Morales:

Maestra, humildísima, habitante de uno de esos sitios en donde nadie se animaría a decir que Dios es argentino, Ada Morales sufrió el desgarramiento de su vida con la violación múltiple y el asesinato de su hija apenas mujer. Desde su insoportable dolor, con tenacidad y furia que no necesitó gritos, empezó a buscar la imposible verdad en una provincia en donde feudo, mafia, política y poder constituían, desde siempre, un amasijo de opresión imposible de enfrentar. Esta mujer estaba cambiando no sólo la historia insolada de Catamarca, sino la historia histérica y desentendida de la Argentina exitista y frenéticamente banal.

Escuchémosla

–... Ando a las corridas porque mi papi está internado, tiene 73 años, parece que lo ha alcanzado el cansancio de vivir... Volviendo para la casa he visto camiones del partido del presidente Menem que ha venido a apoyar a la gente del malvivir que quiso esconder el crimen de Sole. Regalan cajas. Encima de que somos muy pobres nos quieren sacar lo único que tenemos, la dignidad. Pero no nos podrán comprar el orgullo de ser honestos. Con las Marchas del Silencio aprendimos a gritar y volteamos a la corrupción y al miedo. Con la querida monjita Pelloni y con miles, sólo con silencio, a ellos, los poderosos de siempre, los hicimos esconder en la cárcel de sus mansiones repletas de lujos y podredumbre.

... Mi Sole querida pudo haberse librado de todo lo que le hicieron a su cuerpito porque casi se me muere en el vientre, a los ocho meses, cuando tuve una neumonía, pero nos salvó una médica... ¿Cuál era su nombre? Ay, cuánto daría por recordarlo... María Soledad nació el 12 de septiembre de 1972; eran las siete de la tarde. Muy hermoso el parto. Ese día era asueto porque había llegado Agustín Lanusse, presidente de facto. Sole pesó tres kilos ochocientos. Vino con mucho cabello, su frente tenía vellito... De mi pecho tomó tres meses y después mamadera y purecitos de zapallo y esas cosas. Sole, al año justo caminó. La estoy viendo: se me dio por sacarla de la cuna, la dejé a la orilla de mi cama y cuando menos pensé daba unos pasitos. Para esos días ya no tenía vellito en la frente y era de lo más linda, como fue siendo siempre, hasta que le mortificaron el cuerpo y la mataron.

... Cuando Sole andaba por los dos añitos, me nombraron maestra en La Majada, en una casa escuela. Solita era completamente feliz, no tenía idea de las cosas que pasaban en el mundo. La directora, Ana Navarro de Casa, era una señora de lo más buena y, lo que es la vida, resultó la mamá de Mario Casa, el oficial que estos años sacó a la luz el encubrimiento de la policía... Pasó algo en la escuelita y lo estoy viendo: ya entrada la noche aparece, muy cerca de la cuna de Sole, un alacrán. Nos arreglábamos con la luz del farol, desesperadas buscamos un hacha y lo liquidamos al bicho. Y Solita desde la cuna ha visto todo y después ha dicho a media lengua: "Yo me asusté de miedo"... Pobrecita mi Sole, cuando tanto le ofendieron el cuerpo se habrá asustado de miedo tanto, tanto. Sole tan sola...

... A Sole le hicieron eso el sábado 8 de septiembre del 90. El viernes a la mañana la acompañé hasta el colectivo. A la tarde estuvo pero volvió al colegio; con sus compañeras tenía que preparar todo para la fiesta de la noche. "Prendele mami el fuego al calefón, me baño a la vuelta." Después me dice: "Tengo mucho dolor de cabeza". Siento un escalofrío: "Hija, no vaya. Pero si usted está con dolor de cabeza". Y me contesta: "Mamá, van a decir mirá, Soledad, la que más necesita, no vino a trabajar para recaudar los fondos". Y ella se fue a la fiesta; antes me avisó que se quedaría en la casa de su compañera Marisa. Pero no sé, ese viernes algo me tuvo sin sosiego...

... El sábado seguí con malestar en mi corazón. A las cuatro de la tarde del sábado 8 yo estaba lavando en la pileta y me recorrió un escalofrío insoportable. Ahí sentí la voz de Sole: "¡Mami!" Ese mami, no sé, era un llamado desesperado o una despedida. Lo escuché tan claro... dejé el lavado, fui a las piezas, caminé alrededor de la casa, pensé que Sole me estaba haciendo una broma. Mami. Porque a veces ella se escondía, ¿vio? La busqué "¡Sole! ¡Sooole!"... y bueno, estuvo su voz, porque su voz estuvo, pero mi hija no estaba. Desesperada le hablé a Elías: "Mirá, la Sole no vuelve, algo le ha pasado a mi hija". "Pero no -me dice Elías-, no pensés mal, ya la va a traer la familia donde se quedó anoche." Y así han pasado las horas y a cada colectivo me lo comía con la mirada. Mientras, para no enloquecerme, planché su ropa y la puse ordenadita sobre la mesa para que ella la acomode a su gusto cuando venga. Pero llega la noche del sábado y mi esposo va a la casa de Marisa y no encuentra a nadie en la casa. Todo cerrado, con llave. Elías esperó, pero nada. Al volver me dijo: "Seguro que mañana la familia de Marisa va a traer a la Sole y van pedir disculpas". Y yo le dije: "A Soledad le pasó algo malo".

... Al otro día a la mañana tampoco regresó. Ella tenía una libretita con teléfonos de las compañeras. Con Elías empezamos a llamar. Una compañera nos dice que no, que Sole no fue a la casa de Marisa, que como a las tres y media de la mañana les dijo: "Chicas, me siento mal, me quiero ir a mi casa"... Aparte de esto nos cuenta que Tula había pasado antes por la fiesta, y le había estado hablando a Sole en la puerta...

... Ay, mi hijita... Nunca me trajo malas notas, sólo en tercer año se llevó matemática y después la aprobó. Me decía Sole últimamente, pobrecita, que por la situación económica nuestra iba a ser maestra jardinera, porque era una carrera corta. Y que con su sueldo iba a ayudarnos a terminar el techo de la cocina. Otra vez me dijo: "Mami, las mamás de mis compañeras trabajan afuera y andan bien arregladas y yo no quiero que te hagás bruta estando nada más que en la casa. Yo quiero, mami, que volvás a enseñar ahora que las mellizas están más grandes".

Como si fuera un ave

... Yo sé que cuando uno sueña no puede tocar a las personas que quiere. Pero me conformo con eso, con acostarme a dormir y soñar a Sole, con verla de lejos. Pero los sueños tienen otra cosa fea: uno se los olvida en cuanto se levanta. Y es tan triste olvidarse de lo que uno más quiere... Pero hay un sueño que se me quedó... yo la veía a mi hija a lo lejos, bajaba por una senda muy verde y ella venía y me llamaba ¡mami, mami! Y yo corría y cuando estaba para abrazarla ella se daba vuelta y se me iba y yo por más que corría ya no la alcanzaba... Ella se iba así, envuelta en un largo manto blanco; casi no tocaba el piso con sus pies; volaba como si fuera un ave. Y ahí quedé yo, viéndola irse volando volando... Dicen que los sueños tienen un significado. ¿Qué significará ese sueño? Por favor, que alguien me lo explique.

... No he parado de luchar para que se sepa toda la verdad y se juzgue y castigue a todos los culpables. Pero confieso que se me han caído los brazos dos o tres veces. A Sole la mataron cuando le faltaban cuatro días para cumplir los 18. Tengo tres hijos más y sin embargo, qué vergüenza, qué floja, he dicho yo no sigo más, porque estaba saturada por el engaño y la mentira... Esos días tuve que arrimarme a la ayuda de una psicóloga. Yo, mamá desesperada por una hija muerta y encima todos los días ensuciada por el mal decir de cierta gente, necesitaba a mi mamá. Pero, sabe, yo no tengo mamita. Cuarenta y nueve años tenía la mami cuando se murió. Y ella me falta. Hay momentos en que uno no puede vivir sin mamá.

... Han pasado años desde que Sole no volvió ni a las cuatro de la tarde ni a ninguna hora. No me acostumbro. Extraño cuando ella me pedía que le hiciera ñoquis. La mamá de Elías, mi suegra, me enseñó a hacerlos, pero como yo tengo la mano pesada los rompía. Por eso yo los amasaba y Sole los pasaba por el tenedor. Juntarnos a comer en familia los domingos es toda la fiesta que tenemos. Porque nosotros todavía no conocemos lo que llaman vacaciones. Pero eso no nos aflige. ¿Qué puede afligirnos comparado con el dolor de la mesa que está siempre sin Sole?

... Dos de los culpables ya fueron a la cárcel. Falta juzgar y castigar a los otros que la violaron también, y a los que encubrieron el crimen, y a los médicos del famoso sanatorio donde la atendieron. Hay que seguir investigando. No dejaré de luchar. ¿La pena de muerte? Eso no. ¡Nunca! Dios nos ha dado la vida y no podemos pedir eso. Se me ocurre que, si hubiera esa ley, la pena de muerte va a ser sólo para los pobres, los que no pueden pagarse un buen abogado. Cárcel sí. A mí no me gusta cuando este presidente sale a pedir la pena de muerte. Ni me gusta cuando viene a comprarnos el alma y el corazón regalándonos cosas. Yo creo en el Silencio de las Marchas. Los desarma a los malvados, les quema los billetes que usan para comprar la dignidad. Nuestro silencio se escucha aquí y se escucha muy lejos.

Lo que es la vida

... Sabe, Sole tenía una manera de decir, repetía una frase de persona grande: "Mirá, mami, lo que es la vida"... A veces con su curso iban a pueblos muy pobres, porque siempre hay alguien más pobre que uno. Iban y entregaban ropitas, calzados, comida. Al volver, Sole me decía: "Yo me quejo porque me faltan algunas cosas y estos chicos andan descalzos y comen a veces y no se les escucha queja. Mirá, mami, lo que es la vida". La estoy escuchando decir eso. Ella hablando de la vida, y recién empezaba a vivir...

... A veces estoy, como se dice ahora, deprimida. No tengo aliento, flaqueo, siento vergüenza porque me pasa eso, y entonces lo que hago enseguida es conversar con Sole. Le cuento que tengo guardadas sus cosas, también los poemas que escribió. Le digo que ahí, donde ella sabe, tiene todo bien guardadito desde el 7 de septiembre aquel... De Sole ha quedado un arito de oro, perlita. Uno se lo llevó puesto en una de las orejas que le cortaron; el otro quedó aquí porque Sole había perdido la rosquita de atrás y no se lo puso. Entonces yo siempre vengo y toco ese arito suyo.

... A los poemas de Sole no dejo que nadie me los toque, porque el papel se gasta, se arruina más rápido que las personas. A veces, cuando estoy sola los leo en voz baja, pero no tan baja. Hay una hoja que tiene algo que no es un poema, es una frase: "Descubrimos cosas nuevas que nos cambian la existencia. A veces truncan trágicamente el vivir". Abajo su firma. El vivir. Ella lo presentía, qué cortito fue su vivir. Cómo la despedazaron hasta dejarla sin un solo latido. Y eso fue cuando a mí me vino el escalofrío y sentí su voz: "¡Mami mami!". Mi vida, ¿dónde estás, dónde estaba yo?

... Usted me ha preguntado recién qué haría yo si ahora mismo tuviera la posibilidad de estar de nuevo, un ratito, con Soledad. La abrazaría... Después, con mis manos pesadas, la agarraría de los hombros, le contaría cosas: "Sole, cuando estabas en mi vientre yo deseaba que vos fueras un varón porque vengo de una familia con seis hermanas mujeres"... Y la abrazaría de nuevo. Y después le besaría las manos, la cara, las orejitas, ay... y la apretaría contra mi corazón y al oído le diría: "Sole, la casa, tu casa, está como cuando vos estabas con nosotros. Todavía no pudimos techar la cocina que vos tanto anhelabas, pero ya lo haremos... Sole... Sole... sé que ya te tengo que soltar de mis brazos, pero antes quiero decirte una cosa más: perdón, Sole, te pido por no haberte dado la libertad que vos merecías, que vos necesitabas para ser una chica menos ingenua, menos inocente. Perdoname, hija".

Posdata

La capital de la mentada República Argentina, allá por el 1999, ya no era Buenos Aires. Era Catamarca.

Allí no había pampa húmeda, ni petróleo, ni industria, ni nada. Allí Dios no era argentino. Allí, justamente, había un puñadito de seres, ciertamente humanos, que se juntaban para marchar armados. De silencio.

Y la palabra del silencio descaretó a la mentira. Y la impunidad retrocedió con la cola entre las patas.

Y el poder malhabido se cagó encima y trató de huir y pisó lo que se hacía y resbaló y cayó de jeta y reptó hacia las cloacas.

Y el silencio alzó la palabra.

Y aquí la Vida empezó a tener algún sentido.

En medio de esa Vida, que siempre continúa, una madre desgajada de su criatura, en carne viva para siempre, no vociferó por pena de muerte y nos enseñó que la dignidad es la última cornisa de la condición humana. Prodigioso: esa Madre del Silencio tuvo el coraje de decirle a la hija tan violada: "Perdón, Sole, por no haberte dado la libertad que vos merecías... Perdoname, hija".

El autor es poeta, dramaturgo, cuentista, periodista, autor de una veintena de libros, entre otros: El último padre; De fútbol somos; Don Borges, saque su cuchillo porque...; Vincent, te espero desnuda al final del libro, Perfume de gol y la biografía Mercedes Sosa. La Negra.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?