
Crónicas ásperas y corrosivas del amor y sus derivados. El uso de las drogas como elixir extremo y una representación literal de una sociedad discriminada. Te contamos qué hay detrás de este ritmo de letras populares y prohibidas
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De la vereda opuesta al de los consagrados Daniel Agostini, Karina y El Polaco y a siglos de los legendarios Leo Mattioli, Rodrigo y Gilda, la "otra" cumbia suma cada vez más adeptos. Como Pibes Chorros, Guachín y Flor de Piedra, este estilo de una rústica poesía hoy brilla con sus máximos exponentes: Wachiturros, La Liga y Culisueltas.
Nacida de la marginalidad y de biografías y mentes oscuras, la "otra" cumbia, la cumbia villera, marginal o como se quiera llamar, logró su cometido: difundir un estilo de vida que hasta hace unos años sólo figuraba en las páginas de los diarios más sensacionalistas. Como el tango a principios del siglo pasado, este fenómeno traspasó los límites de su ámbito y se transformó en popular.
<b> El origen </b>
La cumbia villera nació en la Villa La Esperanza, donde un tal Pablo Lescano comenzaba a delinear al ya desaparecido grupo Flor de Piedra, nombre que alude a la droga en forma sólida. Este grupo tuvo un éxito inmediato gracias a su tema "Sos botón", el cual criticaba a un ex delincuente convertido en policía. Eran los últimos días del año 2000 y la discográfica Leader Music promocionaba por todas sus vías el surgimiento de la cumbia villera. En esa revolución musical, salieron grupos como Mala Fama, La Chala y Guachín. Todos híbridos de influencias reggae, hip-hop y suburbio.
La difusión de este género disparó de forma tal que no había pista de baile donde no se escucharan sus canciones. Y fue a principios de 2001 cuando un masivo número de agrupaciones dieron a luz este ritmo tan popular. Surgen así, Damas Gratis, con el ahora líder y vocalista Pablo Lescano, Eh Guacho, Corré Guachín, Altos Cumbieros, El Punga, La Tisa, Supermerca2 y Pibes Chorros. El fenómeno Wachiturro por ese entonces no existía, aunque la banda de Pablo Lescano ya irrumpía en clubes y fiestas de las altas esferas de la sociedad.
Por supuesto que este estilo de cumbia no suplió a la cumbia tradicional, pero sí la dejó en un segundo plano o en un nivel más superficial. Y artistas como "El Potro" Rodrigo, Antonio Ríos, Leo Mattioli, Daniel Agostini y Gladis "La Bomba Tucumana", quedaron algo relegados. La diferencia es que la cumbia tradicional le tiene un notable respeto al amor y a la mujer, y hace de las canciones regalos dedicables e inmortales. La cumbia más cruda, por su parte, describe al ser humano en su aspecto más despreciable. A la mujer como sinónimo de prostituta, al hombre como un laboratorio de químicos ambulatorio, al acto sexual como un trámite y al delincuente como un profesor que marca el camino a seguir.
El grupo Pibes Chorros logró posicionarse como paradigma de esta nueva expresión gracias a su hit "Llegamo' los pibes chorros", tema que dice: "Llegamos los pibes chorros / Queremos las manos de todos arriba / Porque al primero que se haga el ortiba por pancho y careta le vamos a dar / Aunque no nos quieran somo' delincuentes / Vamos de caño con antecedentes / Robamos blindados, locutorios y mercados / No nos cabe una, estamo' re jugados / Vendemos sustancia y autos choreamos / Hacemos de primera salideras en los bancos / Somos estafadores, piratas del asfalto / Todos nos conocen por los reyes del afano."
Pero la conjugación de la realidad con la villa no se limitaba sólo al aspecto socioeconómico, también aludía al amor y a su periferia. Su hit sentimental se llamaba "La lechera" y decía: "Dejate de joder y no te hagas la loca / Andá a enjuagarte bien la boca / Me diste un beso y casi me matás / De la baranda a leche que largás / No te hagas la nena de mamá / Porque ese olor a leche que sale de tu boca / La vaca no la da..."
Otro ícono musical de esta movida que pavimentó el camino que hoy transitan con hidalguía los Wachiturros, La Liga y Las Culisueltas fue la agrupación Damas Gratis, liderado por el mencionado Lescano, quien en su pecho lleva un tatuaje que dice: "100% Negro Cumbiero" . Sus temas también fueron sellos de vanguardia tropical, pero con la diferencia de que algunos temas trascendieron las calles de tierra de la villa y apuntaron al sector político. "Industria Argentina" fue muestra de ello: "Ay ay ay, qué risa que me da/ Te van a matar / Si la plata no está / Vendiste a la Argentina / Sos capaz de vender a tu mamá / Patacones, Quebrachos, Lecop / La puta que te parió / Devolvé la plata que te llevaste al exterior / Ay ay ay, Cavallo, Fernando / Que rata que sos / Políticos de porquería / Se robaron lo poco que quedaba en la Argentina."

Pero si existe algo que no puede objetarse, es que todos estos personajes que lucran con la intimidad de la gente más humilde, fueron siempre honestos y sinceros con su público y con ellos mismos, siendo todos oriundos de las villas; incluso luego de miles de discos vendidos y giras nacionales e internacionales viven allí. Saben qué cantan, lo hicieron y hasta lo siguen haciendo. Por ello no es extraña la portada de algún diario informa el arresto de un integrante de estos grupos por portación de armas, acoso sexual o abusos en general, como recientemente sucedió con DJ Memo, líder de Los Wachiturros quien ya estuvo preso por robo calificado. Al menos no es una política de marketing, sino su condición de vida cantada.
Y todo parece estar distorsionado en la poesía de estos filósofos de la vida apagada. Donde un romántico omite, ellos amplifican. A mediados del 2005, el grupo Yerba Brava sacudió la lírica musical con su exitoso tema "Pokemón": "Qué te hacés la linda vos Pokemón / Che papagayo, esta yerba está más brava que nunca / Che vos, ya no me llamés / Zarpada de fea, dejate de joder / En el baile todos dicen allá va cara de bagre / Sos un bagre igualito a tu madre / Sos un pescado / Que fea que sos…" Otro hit de Pibes Chorros cuenta la historia de una tal "Carolina": "Dale Carolina que no doy más / Siempre decís que estás con Andrés / Ese que viene una vez por mes".
Es que en el mundo de la cumbia hay letra para todo: "Mirá que loco que quedé / Del churro que me fumé / Desde que no estás conmigo / Todo el día tomo vino / Y no puedo dejar de fumanchear / Todo el día intoxicado / Es por tu amor / Mirá cómo me has dejado / Sino me mata la droga me mata tu amor" –dixit "El Churro Verde" de Pibes Chorros–. Otro ítem que no pasa por alto en su prosa son los atributos de los vecinos: "Esta es la historia de un muchacho / Que tenía una gran tripa / Y a las mujeres hacía suspirar / Andaba al palo todos los días / Y yo me moría de envidia / Yo quiero tener ese pedazo de tripa para poderla mojar / Los soplos de quena que las minas me harían / Meta soplar y soplar..." ("El pibe tripa" de Pibes Chorros).
Tildada de hacer apología a las malas costumbres, los autores de este estilo tan especial y personalizado de cumbia se defienden diciendo que sólo cuentan historias innegables. Tendencias (sub) urbanas de la Argentina globalizada y liberal.
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