
La otra vida de Maradona
Por momentos, confía en que se recuperará, aunque el proceso sea muy duro. Otras veces, dice que no necesita estar mucho mejor de lo que está ahora. La Revista pasó varios días en La Habana con el mayor futbolista del mundo, conviviendo con sus contrastes y sus sueños
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-Pienso que a la droga hay que... hay que... estamos hablando de milagros, ¿no?... pienso que hay que hacerla desaparecer, porque es una porquería... Pero la droga mueve mucha plata y el mundo se mueve con plata y sin sentimientos... Muchos de los que dicen: “¡Miren a Maradona, cómo toma droga!” son los que hacen la vista gorda para que la droga pase por los aeropuertos...
-Ahora, Diego, ¿también es un milagro hacerla desaparecer de tu vida, de aquí en adelante?
-No, que yo salga definitivamente de la droga no es un milagro, no... Pero es dura, es dura... Es dura, pero uno tiene la ilusión de poder vivir como estoy viviendo este momento.
-Este presente, estar mejor del corazón, un poco más delgado, para vos está bien. Pero, ¿es suficiente?
-Mirá, este presente... Que quede claro que yo estoy hablando de drogas porque vos me preguntás... Pero yo sé que esto no sirve de nada para nadie... Porque de la nota que escribas vos van a agarrar esta parte, querrán saber si Maradona volvió a tomar droga en Cuba o no, pero nadie se va ocupar real y seriamente de la cuestión: no querrán saber si se dio el chico de la villa con el poxirrán ni van a bajar los índices de drogadicción en la Argentina...Yo soy una vía de escape, una cortina de humo para los que dejan pasar la droga y se llenan los bolsillos de plata... Una distracción, ¿entendés? Como decía el Flaco Menotti del fútbol, es distracción: Rivelino miraba para la derecha y mandaba el pase para la izquierda... Todos se iban para un lado y por el otro entraba el compañero solito, ¿entendés?
Se entiende, sí, la metáfora. Sobre todo cuando Diego Armando Maradona habla con su voz recuperada, tan distinta de aquel graznido que partía de su garganta no hace mucho, cuando su elección de vida lo había puesto mano a mano con la muerte. Está en La Habana cuando dice esto, pero nadie sería capaz de asegurar que todavía seguirá allí cuando lo lea. Ojalá. Porque él está decidiendo cómo y dónde continuará su historia, cuál será el próximo capítulo de su vida de novela.
Pero por ahora, entonces, está aquí, en el Complejo de Salud La Pradera, bastante alejado del típico malecón que se asoma al Caribe y más cercano a una de las tantas residencias habaneras de Fidel Castro, en plena barriada de Siboney, al lado nomás de Miramar. Uno puede transponer libremente la entrada, enmarcada por dos columnas con faroles encima, y doblar a la derecha, donde se levanta el hotel spa. Pero si se intenta avanzar y girar hacia la izquierda, el trámite se complica. Un par de custodios vestidos con pantalones verdes y camisas blancas cortan el paso y amablemente solicitan identificación.
Al fondo están las dos casas que ocupa el grupo Maradona: la 1, donde se alojan Guillermo Cóppola y los visitantes, y la 2, donde viven Diego y Claudia. No hay detalles de lujo. El pasto de los jardines, seco y amarillento, refleja el sufrimiento de una tierra que hace tres años no recibe la lluvia que necesita. Las construcciones son simples y rústicas, aunque cómodas y confortables.
En la casa número 2 sí se advierten algunas diferencias. En uno de los jardines laterales, el gigantesco plato negro de una antena satelital apunta hacia el cielo. En el balcón flamea una bandera argentina. Debajo, una improvisada cancha de fútbol-tenis, marcada y también bautizada: Maradona mandó a escribir, sobre la pared, La Bombonerita.
Más abajo, frente a la casa 1, está apostado el inconfundiblemente protocolar Mercedes-Benz negro, con chapa roja NH 0024. Como todo lo demás -las casas, el tratamiento, los empleados, la comida-, Fidel lo puso a disposición del grupo, con el fiel Alfredo al volante. Acostumbrado como está a viajar hasta el aeropuerto a recoger primeros ministros y dignatarios, ahora recorre seguido el mismo camino en busca de lo más preciado que llega desde la Argentina: diarios y revistas para el grupo ávido de noticias criollas, pero también ropa y juguetes para las decenas de atentos cubanos que se han convertido en el entorno local.
Ya dentro de la casa 2, los detalles de confort tienen que ver con la buena voluntad de Canal 13, Telefé y Torneos y Competencias: cada uno de ellos le hizo llegar a Maradona el respectivo decodificador que le permite ver, como si estuviera en Devoto ("Del lado de afuera", dirá él), la televisión argentina, en tres aparatos que son la principal decoración del living: un monitor profesional, un Samsung de 21 pulgadas y un gigantesco Sony de 38, regalo de la producción de Sorpresa y 1/2. Allí, frente a los televisores, Maradona pasa buena parte de sus horas.
Acostado sobre los almohadones beige floreados del sillón de mimbre y control remoto en mano, se convierte en un ecléctico gerente de programación: fútbol, fútbol, fútbol de cualquier tipo y color; noticieros, uno detrás del otro; la NBA, si es con sus admirados Duncan y Robinson, de San Antonio Spurs, mejor; películas, Discovery Channel...
"Me encanta Discovery, me encanta", dice, con el control apuntando al televisor, como amenazándolo, y la vista clavada en un documental sobre los efectos especiales en el cine. Cuando el programa termina, baja el control, se tapa con una frazada y se deja ganar por el sueño. El zumbido del aire acondicionado se soporta porque de otra manera no sería posible estar: afuera, a esta hora de la siesta, el ambiente es un horno encendido.
Al lado, muy cerca, sentada en otro de los sillones del living, Claudia Roxana Villafañe de Maradona teje. Su vista apenas se aparta de la aguja que, al crochet, va terminando el cuadrado número treinta de una colcha que lleva más de doscientos. Mira de reojo cuando la respiración de su marido se hace más fuerte y ni siquiera le presta atención al televisor, mucho menos si hay un programa de chimentos -Telepasillo- en la pantalla. Falta todavía para Calientes, donde actúa su hija Dalma, y eso sí que le llevará toda la atención.
Cuando ya Diego no necesita que nadie vigile su sueño, ella tiene tiempo para dedicarse de lleno a algo que la apasiona. Sentada frente a su laptop Compaq, se comunica con el mundo. Mail para saber cómo marcha la página oficial en Internet de Maradona, que está bajo su responsabilidad desde que le vendió los derechos a su amigo Marcelo Simonian, de Dodici Producciones. Mail para el brasileño Careca, para el italiano Ferrara, para los grandes futbolistas que se quieran sumar al emprendimiento. Y si no es mail, teléfono; su agenda palmtop color último modelo sería la envidia de cualquier periodista.
Pero también, y más que nada, hay chateo con sus hijas. Horas frente a esa computadora, en las que pega el grito que al fin despierta a Diego.
-¡Pa, vení, está Dalma!
-¡¿Dónde, ma, dónde?!
-¡Acá, en la compu...!
-Ah...
Es de noche, ahora. Atrás ha quedado una cena de lo más agradable, preparada por el cocinero exclusivo de la casa, Rodolfo Chacón, y servida con amabilidad extrema por el mayordomo, Eduardo Carbonell. Son muy jóvenes, los dos. En la mesa aparece siempre un plato de frutas como entrada: naranja, pomelo y también mango. Al lado, una fuente gigante de ensalada. Enseguida, papas al horno, o al plomo, o a algo... "¿Sabés cómo las prepara Chacón?", pregunta Diego para responder él mismo: "Primero las hierve, después las mete dentro de una media y les pega contra la mesada... Ense-guida otro golpe, pero de horno... Espero que no use las medias mías, porque..." En la cabecera se sienta Guillermo Cóppola, celular siempre a mano, y a uno de los lados Diego y Claudia, juntos. Los platos que siguen pueden ser pollo sin piel, conejo y hasta ranas. De postre, suele aparecer el viejo y querido vigilante, fresco y batata. Mucha de la comida ha llegado de la Argentina. Para beber, jugo de piña, de pomelo, de lo que se le ocurra a Carbonell, que los prepara en una vieja licuadora con estrépito terrible, en el piso del comedor, enchufándola a un transformador. Pregunta: "¿Está bien rico, veldá...?" El mismo Carbonell, acabada la cena, acerca otra jarra de piña hasta el living, donde Maradona ya ha encendido uno de sus Cohiba Robusto, a 9 pesos el ejemplar. Martalina Pérez le toma la presión, como tantas veces durante el día, comprueba que haya cumplido con la medicación, y se retira a la habitación del fondo, donde todos ellos -Eduardo, Rodolfo, Alfredo, Martalina y también Clarita y Mirna, las mucamas- esperan, dispuestos ante cualquier llamado. El pita, exhala el humo sin tragar, como se debe, y escucha la pregunta, sereno...
-¿Le tenés miedo a la muerte? -Sí... Sí, sí, le tengo mucho miedo a la muerte... Pero como estuve casi muerto y no me di cuenta, ahora entiendo que en la muerte, por ahí, uno se va y listo... No hay una preparación para eso, ¿no?
-La viste de cerca... -Estuve prácticamente muerto... Por hache o por be, estuve muerto.
-¿Y cómo estás hoy? -Bueno, mi estado de salud es bueno... Y no quiero estar mejor tampoco.
-A la pucha, ¿cómo es eso? -Sí, que creo que para la vida que quiero hacer no necesito estar mejor. O sea, no necesito estar... esteee... diez puntos físicamente, no tengo que jugar, no tengo que... No creo que sea importante...
-¿Qué es lo que no creés que sea importante? -No creo que sea importante... eee... estar mejor. O sea, todo el mundo quiere estar mejor cada día, pero antes me preocupaba más por el hecho de que jugaba al fútbol... Pero ahora, no; ahora no juego más. Ahora tengo que cuidarme solamente para jugar los partidos ahí en Tortuguitas, con los muchachos... Esa es mi próxima meta.
-¿Y a la vida? ¿Le tenés miedo como decís que le tenés a la muerte? -No, no, a la vida no le tengo miedo. Cuando uno tiene hijos, lo que tiene miedo es que se vayan ellos. Y por ahí soy egoísta, porque digo: "Me muero yo, ¿y qué?" Daría cualquier cosa porque no les pase nada a mis hijas, pero creo que es un egoísmo lógico, de padre...
-Diego, incluso cuando estás mal, decís que estás bien. ¿Qué significa eso? ¿No saber perder? -No creo que porque yo diga que estoy bien y el de enfrente me vea mal, tenga que ser un perdedor en la vida. ¿Sabés lo que pasa? Los que se hacen esa pregunta sobre mí son perdedores... Creen que la vida es un juego de ganar y perder... Y si no sos como Maradona, tenés que matar a Maradona. Y si no sos como el Che Guevara, tenés que decir mentiras sobre el Che Guevara. Y si tu hija no sale como la Sabatini, es una frustrada... Me parece que estamos, a mi modo de ver, equivocados: esto no es ganar y perder. Creo que es la vida y hay que vivirla, cada uno a su manera. Todos con los mismos miedos, con las mismas preocupaciones, pero sin trasladarle esos miedos y esas preocupaciones a otro, a alguien que le va bien... Yo, si hablamos en términos futbolísticos, ya no juego más: entonces, no puedo hablar de ganar y de perder...
-Pero, Diego, no hablamos de fútbol, hablamos de la vida... -¿De ganar o perder en la vida? ¿Y quién lo determina? Acá no hay una una tabla de posiciones. Nadie lo decide, nadie puede decir: "Está ganando el padre de Miriam, que vive en Castelar, que hizo todas las cosas bien, no salió de noche, no fumó, no...", ¿me entendés? Me parece que no se trata de ganar o perder. Al contrario... Como la felicidad, es un momento, pasa, se va, vuelve... Pasa por la sonrisa de tu hija, por un beso de tu mujer, porque gane Boca... Pasa y se va... Cambia todo el tiempo.
-En estos tiempos, desde enero para acá, ¿empezaste a valorar otras cosas que antes no valorabas? -No, no, no... Eee... Por supuesto que te cambia el saber que estuviste muerto y ahora seguís viviendo...
-¿En qué te cambia? -En que por ahí hice las cosas demasiado mal... Pero no es que yo lo hice a propósito. Nadie quiere morir... Que le pregunten a alguien a ver si quiere morir, a ver... Hasta los que van a la silla eléctrica les agarra el miedo. Y hacen barbaridades para que los condenen a la silla eléctrica. Quiero decir que están conscientes, que saben lo que hicieron y hasta ellos, los condenados a muerte, no quieren morir, ¿eh?
-Lo que vos viviste en enero, ¿fue la situación límite de tu vida? -Sí, sí. Porque nunca antes había estado muerto... Pero ya te digo: a la muerte uno le tiene miedo, pero no te das cuenta cuando viene.
Una aureola de transpiración se le va dibujando debajo de las axilas, oscureciendo su remera Adidas verde musgo. El televisor está encendido, pero con el volumen bajo. "Dale, seguí", me dice, porque sabe que hay preguntas que vienen en lista, son algunas que mandó a hacer gente que lo conoce, pero que jamás lo vio ni estuvo con él, gente que tiene muchas dudas sobre su conducta...
-¿No sentís que con lo que te hiciste defraudaste a mucha gente que te idolatra? -No, no, no... Yo puedo defraudar a Dalma y a Gianinna, nada más...
-Bueno, no es poca cosa... -Mirá, como tengo el amor incondicional de mis hijas, no creo que haya defraudado a nadie. Mi vieja sigue siendo mi vieja, mi viejo sigue siendo mi viejo... Le regalé al fútbol sólo algo de lo que tenía y le podría haber regalado más, sí... Pero no quise, me bastó con esto. Yo jugué para divertir a la gente, en cada partido.
-Bueno, pero bien que disfrutaste que te eligieran el deportista del siglo en la Argentina. -¡Y cómo no! Pero siento que me eligió la gente, eso siento... ¿Por qué se armó tanto lío, si no? Porque para la gente, para la mayoría, no para los anunciantes, era más importante que el premio me lo dieran a mí y no a otro, ¿entendés? ¡Para la gente!
-¿Pensás que esa misma gente algún día te va a olvidar? -Sí, sí... No sé si olvidar, pero sí reemplazar. Todo se renueva. Los chicos quieren hoy el autógrafo de Romagnoli, de Riquelme, de Saviola, no sé si el mío...
-... -Bueno, por ahí conmigo no se da tanto... Pero yo lo veo con el Beto Alonso, con Bochini... El Bocha pasa hoy por la calle y no lo conocen todos, y a mí me da bronca... Pero tengo que aceptar que los chicos viven de reemplazo en reemplazo.
-Generás odios y amores, pero siempre hay admiradores, ¿por qué pensás que, pese a todo lo que te pasó, continúa esa devoción por vos? ¿Alguna vez lo pensaste? -Se da porque... porque yo siempre defendí a la gente.
-¿Te parece que es eso? -¡Sí, sí, sí! Estoy seguro. Yo defendí siempre al pueblo. A mí no me han comprado. Me han ofrecido cargos y no los he aceptado, no le metí la mano en el bolsillo a la gente, traté de hacerlos sonreír en una cancha, me peleé con Grondona, me peleé con Macri. La gente se siente identificada porque lo que ellos piensan yo lo puedo decir en un micrófono. La voz del pueblo, puede ser que yo sea la voz del pueblo futbolístico...
-¿Vos no creés que hay algo en tu actitud que genera que nadie se atreva a decirte que no a nada, a ponerte límites? -No. No creo que nadie tenga que ponerle límites a nadie... Esta pregunta es como aquella del periodista que entrevista a alguien a quien se le murió un familiar y le dice: "¿Cómo estás?" Me parece totalmente fuera de lugar...
-Pero pensá que viene alguien que te quiere mucho y te dice: "Diego, no hagas esto porque te hace mal". -No, pero, eee... Yo tengo a mi viejo para que me diga eso, y estoy orgulloso de él. Yo no creo que nadie pueda decirme lo que tengo que hacer. Y si esto suena soberbio, bueno, seré soberbio. Pero no creo que en nuestro país nadie tenga la dignidad, primero la dignidad y después el valor y los h..... de decirme las cosas en la cara... Porque somos un país... estamos como estamos porque somos como somos.
"Somos un país...", dice desde Cuba, donde un batallón de médicos revolotea permanentemente a su alrededor, aun cuando él no se dé cuenta. Cada 48 horas, el mismísimo Fidel Castro recibe un informe por escrito de su estado de salud, de su evolución, también de sus recaídas. Desde el 18 de enero, cuando llegó a La Habana obnubilado por los sedantes y casi irreconocible, y hasta dos meses después, experimentó una mejoría en su problema cardiovascular que asombró a los médicos. "Maradona llegó aquí con el 28% de su corazón funcionando normalmente y ya llegó al 90%", dijeron en una de las escasas oportunidades que arriesgaron una declaración. Luego, el estado del paciente ingresó en una meseta, "algo lógico y esperable", según los especialistas. No ver números ni cifras ni exámenes ni nada que reflejara saltos asombrosos en su mejoría cambió el humor de Maradona. Y así, el lunes 27 de marzo, se dio una coincidencia que pudo haber cambiado el rumbo de esta historia: los médicos, por considerar que una etapa del tratamiento estaba cumplida y para la siguiente hacían falta otras condiciones, pretendían que Maradona regresara a Buenos Aires; Maradona, por considerar que ya era tiempo, había tomado la decisión de regresar a la Argentina. El martes 28 de marzo se produjo la reunión, en el living de la casa número 2, entre el doctor Pedro Llerena, director del centro, y Maradona. Duró muy poco...
-Yo me quería ir de acá, sí, por el hecho de que vino el doctor a hablarme en una forma que... como que no me gustó la forma en que vino... Entonces agarré y, como soy leche hervida, salté y le dije: "Muchas gracias por todo, no los voy a molestar más, me vuelvo a Buenos Aires". Es ahí donde aparece él, Guillermo, Guillermo Cóppola, el diablo, el nefasto, para calmar las aguas, y hacernos entender a todos qué es lo que más nos conviene... Esa es la ayuda de la que yo hablo, y la que vale.
-¿Sentís que no te han ayudado lo suficiente? -Nadie ayuda a nadie...
-Bueno, Diego, pero vos pedís que te ayuden... -Yo sé a quién pedirle ayuda.
-¿Y a quién se la pedís? -Yo le pido ayuda a Guillermo, a mis familiares, porque sé que ellos me quieren... Yo no le puedo pedir ayuda a alguien que dice que va a ayudarme y después sale hablando en los diarios por el hecho de que yo soy Maradona. Porque ayudar a Maradona es fácil, total Maradona les va a pagar, ¿me entendés? Yo me fui a Europa a ver a un profesor Banks, Van, o algo así (se refiere al doctor Harutyan Arto Van), que era el mejor de todos... Nos gastamos con Guillermo 60.000 dólares, porque se lo había prometido a Dalmita... Y a los dos días, cuando me levanto a la mañana y prendo al televisor, me lo encuentro al famoso profesor Van dando una conferencia de prensa. Lo encaré y le dije: "¿Cómo es el tema, maestro, todavía no me sacó sangre y ya le está contando todo a los periodistas?" ¿Y sabés qué me contestó? "Discúlpeme, no soporté la presión de los medios, todos querían saber..." ¡Mirá vos! A él lo superó, en 48 horas, la misma presión que yo soportaba desde hacía 20 años... "Al fin, soy más profesor que usted", le dije.
-Bueno, Diego, pero si hay alguien diferente de eso que acabás de contar, es esta gente. Acá, el director de la clínica cobra 18 dólares por mes de salario y ni siquiera se lo tenés que pagar vos... Además, son increíblemente discretos. -Claro, claro, por eso... Cuando yo hablo de la dignidad de Cuba, hablo porque lo veo, porque lo conozco, porque lo siento... Porque lo he vivido cada vez que vine... Y mirá que vine cuando estaba en la cresta de la ola, campeón del mundo, y también ahora, cuando estoy en la mala.
-¿Creés que ellos te pueden ayudar todavía más, vas a dejar que lo hagan? -Sí, sí, seguro... Pero no puedo dejar de ser yo cuando viene un médico a hablarme. Estoy en un proceso de readaptación... Re-a-dap-ta-ción...¿Quién tiene derecho a decirme que no puedo ir a bailar, eh? Yo salgo con mi mujer... Pero por el hecho de salir no puede ser que todos empiecen a decir: "Uh, mirá como está..." Ya estoy un poco cansado de toda esa historia de que la gente quiere adivinar, que "ya está de joda otra vez" y ésas cosas... Aunque, claro, a mi mujer la incluyen también. Y yo te aseguro, al que diga que Claudia toma algo, le rompo la boca...
-Bueno, también la gente se pregunta cómo Claudia soporta a Diego... ¿Por qué lo soporta? -Yo la elegí a ella y ella me eligió a mí... Y yo por Claudia mato, mato... Que ella haya dicho una vez, en uno de mis peores momentos, "sin él me muero", como lo dijo, para mí significa amor eterno. Maradona sin Claudia, no es Maradona...
-¿Nadie tiene derecho a decirte, si te ve bailando en el Habana Bar: Diego, esto te hace mal? -Nos ponemos a hablar de los demás y no nos fijamos en nosotros, y esto es muy argentino. Ponemos la cara de buenitos y después elegimos a Aldo Rico como intendente. Después me dicen contradictorio a mí... Yo tengo mis locuras, pero un país no debe ser loco, ni contradictorio... Dejen que Maradona, que es loco, sea contradictorio.
-Diego, ¿cuál es tu objetivo al estar acá? -El objetivo mío es la tranquilidad de Cuba, es no meterme en la conferencia de prensa constante que es la Argentina.
Lo que aquel famoso médico armenio al que Diego hace referencia había dicho, en 1996, era tan preciso como indiscreto: "Lo que quiere Maradona es convertirse en un padre modelo. Y su problema son las ganas de drogarse: es demasiado débil para resistir esas ganas".
Lo que estos médicos cubanos dicen, en el 2000, suena más cauto aunque igualmente certero. El psiquiatra Ricardo González Menéndez obliga a leer entre líneas: "Cuando Diego Armando decida, de-ci-da, concluir un tratamiento adecuado, y tome la decisión definitiva de no consumir más drogas, lo logrará... Ahora está apreciando que ha mejorado mucho en lo cardiovascular... Y el peligro de eso es pensar que ya ha superado el problema".
-Diego, vos siempre decís que no sos un ejemplo. Sin embargo, lo que te pasó en Punta del Este terminó siendo ejemplar... Lo que puede hacer la droga en un ser humano. -Puede ser. Pero lo de Punta del Este no fue un problema de drogas en sí mismo... Fue un mejunje que hice, medicándome solo... Algo bravo, más si tenés droga encima, que traés de arrastre.
-Cuando estás drogado, ¿sos consciente de vos mismo? -Sí, sí, claro. Por eso no salgo a la calle cuando estoy así... El que dice que me vio zarpado, miente. No lo hice en Punta del Este ni siquiera cuando me pasó lo peor...
-¿Y ahora, acá, cómo lo llevás? -Bien, bien... Aburrido porque esto lleva tiempo... Toda la vida viví a mi manera, como dice la canción, y voy a morir a mi manera.
-Antes o después. -No, no, después... Después... Lo que no quiero es ser una carga para mis hijas o terminar, como siempre le digo a Gianinna, en un geriátrico.
-¿Qué cosas aprendiste y qué cosas perdiste por la droga? -Perdí estar mucho más tiempo con mis hijas. Y puede ser que haya perdido la posibilidad de haberle dado a la gente un poco más de caños, un poco más de sombreros. Pero no me arrepiento porque hice mi vida como quise. Y si no hubiera cometido tantos errores, hubiera sido el más grande, ja, ja, ja...
-¿Estás esperando que te diga: "Pero, si sos el más grande"? -No, no, en serio: de cuidarme más, hubiera sido el más grande...
A su nombre llegan decenas de cartas por día. Claudia las abre, una por una, y las responde, con una foto autografiada de Diego. También hay por allí una gigantesca mano tallada en madera, regalo de los suegros de Cóppola: es su mano, la mano de Dios, la del gol a los ingleses.
-En algún momento de tu vida, en estos 40 años, ¿sentiste que no hubieras querido ser Maradona? -No, no, no... Primero, por el apellido de mi viejo. Ni en las malas, ni en los peores momentos, sentí que el apellido Maradona era un peso.
-Ni cuando estuviste preso... -No, ni cuando caí preso. Aquella vez, las dos primeras que me vinieron a ver fueron Claudia y mi vieja... Una vez, en broma, Claudia me decía que me iba a sacar la llave de casa y que no me iba a dejar entrar más. Y mi vieja le contestó: "Mirá que la habitación del nene está intacta, ¿eh?" O sea, quiero decir que tan malo... tan malo no soy. Eso lo veo también en los ojos de mis hermanas, por cómo me quieren. Cincuenta años tiene la Ana y nos besamos en la boca, nos necesitamos... Siempre pregunto cómo está la Ana, cómo está la Kity, cómo está la Mary, cómo está la Caly... Yo compré una casa bien grande, porque Dios me dio la oportunidad, porque me dijo: "Acá van a poder estar todos..." Será también porque tenemos el recuerdo de una pieza así, más chica...
Con los brazos parece abarcar el living en el que estamos reunidos, no más de tres metros por tres.
-En una pieza así dormíamos ocho. Por eso cuando hablan... Yo no juzgo a la gente.
-¿Y cómo te juzgás vos? -¿Eh? Como un hombre que salió de la villa y se bancó lo que pudo bancarse y lo demás lo escupió. Me mandaron de Fiorito a París y querían que supiera todo... Pero que no me traten de ignorante, ¿entendés? Porque para mí, mi viejo, que no tiene primaria, secundaria, es el hombre más bueno del mundo, y ojalá hubiera muchos como él. Sin embargo, estos fenómenos que hicieron la facultad viven c...... a la gente.
Siempre hay una familia sustituta alrededor de los Maradona. Esta vez, les tocó a los Tedeschi, argentinos que viven en La Habana desde hace nueve años. El, Alfredo, camarógrafo de la agencia Reuters, inició su relación con Maradona de la peor manera: un puñetazo rompió el vidrio de su auto, en las afueras de un shopping, donde intentaban lograr una imagen de Diego de compras. Después de las disculpas, nació una relación que hace que su casa, Cercana a La Pradera, sea el punto de encuentro cuando la nostalgia exige un asado, un tango o una salida a navegar, eso desde la Marina Hemingway. Siempre hay alguien dispuesto a apoyarlo cuando el edificio parece desmoronarse.
-¿A quién recurriste en los momentos más difíciles? -Pensé en Dios, en mi Dios, en el único Dios... Yo a veces hablo con él, pero no le pido cosas, ¿eh? Le digo las cosas que me pasan. A veces me encierro en el baño y, y, y. Hablo... Pero no le pido cosas, me ha dado demasiado como para pedirle.
-¿Tu mayor frustración es no poder jugar al fútbol? -Sí, pero esto de que Maradona está así porque ya no juega, no me va... A mí, lo único que no se me ha pasado es mi pasión por el fútbol. En cualquier lado: en la cancha de Boca, en la de River, en mi quinta de Moreno. La pelota no me ha cansado nunca y no me va a cansar jamás.
-A propósito, cuando eras chico, ¿cómo te imaginabas a los 40 años, todavía jugador? -No, creí que no iba a llegar nunca, je... No, pero un hombre de 40 años no puede jugar más al fútbol al nivel que jugaba yo... Me gusta vivir de recuerdos, sí, pero no de jugadas. Prefiero las anécdotas con mis compañeros. No hay un solo jugador que hable mal de mí. Porque yo siempre los he tratado con respeto, como ellos a mí... Para mí eran todos Maradona, ¿entendés? Si yo ganaba diez, cada integrante del equipo tenía que ganar cinco... y eso era diez veces más de lo que pretendían. Siempre me lo agradecieron, eso.
-¿Y a los 60, cómo te imaginás? -Un viejo cho.., je, je... Si llego a los 60 hago una fiesta para 50.000 personas, je, je... No, me imagino viendo los videos con mis nietos. Pero parecido a mi viejo, seguro...
Claudia levanta apenas la vista de su tejido y dice: -Ya sos igual, pa...
-Je, yo no hablo de fisonomía, ma...
Las aureolas debajo de las axilas ya son gigantes. Diego siente que ha hablado demasiado, con el corazón en la mano. Escucha la última pregunta, simplemente una mano extendida, nada, una despedida.
-¿Qué te falta? -Seguir progresando en mi readaptación, con mi corazón y... y me falta, me falta... eee... trabajar en fútbol, que es lo que yo quiero.
Mi amigo el Che
Sobre la mesita de mimbre, en el centro del living, descansa el libro de Anderson sobre el Che, una de las biografías de Ernesto Guevara de la Serna. Vicky, la esposa de Alfredo Tedeschi, se lo prestó a Diego mientras su marido termina de editarle un video con imágenes históricas del argentino que más emociona a Maradona. Apoyada contra la pared, una imagen clásica de Guevara, en blanco y negro, como si fuera un cuadro. Y en el hombro derecho, por supuesto, el tatuaje: "Es una obra de arte este tatuaje, y eso que no está terminado, ¿eh?", dice. Ya ha contado la historia de su relación con él: "Yo estuve siete años en Italia y leí mucho, leí mucho del Che Guevara. Y, por ahí, aprendí lo que en este país no se enseña. Hoy por hoy, acá el Che Guevara es palabra prohibida, ¿entendés? A mí me fascinó que el tipo... Que hubo un argentino que se fue a luchar por otros seres humanos. Por los ideales, por los que nunca luchamos, ¿eh? El tipo peleó por lo que creía. Y hay otra cosa: yo fui la bandera del Napoli, un club de fútbol de Italia, siendo un argentino; pero el Che fue la bandera de muchos italianos en cualquier reclamo que hicieran... Había una huelga, porque habían echado a un compañero o por lo que sea, y la bandera que flameaba era la del Che; para mí, era como si tocaran el himno, me llenaba de orgullo. Pelear por algo que realmente vale, no sé si sirve para purificar el alma, pero sí ayuda a dignificarlo... Yo digo, estamos llenos de corruptos, estamos llenos de gente a la que realmente le han descubierto que nos robó, que nos hizo mal... y de este tipo nadie se ocupó... Pero, claro, tienen miedo de que los argentinos empiecen a hablar del Che. Le tienen miedo a un muerto". Eso, justamente, había dicho antes de conocer, aquí en Cuba, a varios de los hijos del Che. "Soy el ídolo de uno de ellos, no lo puedo creer."
La sombra de Cóppola
¿Quién no ha dicho alguna vez que Guillermo Cóppola es el culpable de todos los males de Maradona? Acostumbrado como está el hombre a cargar con esa imagen, jamás se le cruzó por la cabeza dejar a Diego, dejar La Habana. A pedido de los médicos y del paciente permanece allí desde el 18 de enero, con un intervalo de apenas cuatro días, cuando viajó a Buenos Aires. Cada día se levanta a las 7 de la mañana, corre seis kilómetros, conversa con los doctores y, vía celular, se mantiene en contacto constante con la Argentina. De él fue la idea de que Sorpresa y 1/2 fuera sorpresa completa, agregándole el capítulo del cumpleaños de Dalma.
De él habla Maradona: "Se acabó eso de representante y representado; a partir de ahora, somos socios en todo. Es mi amigo incondicional, es mi hermano, es mi viejo... Yo sé que todos le echan la culpa de lo que me pasa, pero que quede claro: jamás hice nada incitado por Cóppola. Nadie le pone el revólver en la cabeza a nadie y menos mi amigo me va a incitar a hacer algo que yo no quiera. Acá no se trata de disfrutar, por amistad, de las cosas feas; acá se disfrutan las cosas buenas, ¿me entendés? Quiero que la gente entienda esto. Es simple: cuando hago la macana yo, no le echen la culpa a Cóppola. Porque aparte de hacerlo quedar como Lucifer a Guillermo, me subestiman a mí, como que yo no sé decidir las cosas a los 40 años. Creen que Guillermo me trae la droga, que Guillermo... ¡Y él está siempre para cuidarme! Lo que él hace es ayudarme, no empujarme... No empujarme".
Como en los videos
-Diego, ¿te gusta volver a ver los viejos partidos tuyos? -¡No! No... Quizá con mis nietos... También, después de lo que me dijo Gianinna aquella vez, en 1995: "Pa, ¿cuándo vas a volver a jugar como en los videos?" Je, je, me mató la negrita, me cortó las piernas...
-Hoy por hoy, ¿quién es el número uno de la Argentina? -Y, puede ser Verón... Me parece que es el jugador más claro, con mayor personalidad... Yo al Burrito Ortega lo estoy esperando, y no explota.
-¿Y de los chicos que juegan en la Argentina? Saviola, Aimar... -Esos me encantan. Lástima que juegan en River ¿no?
-¿Hay similitudes entre Saviola y vos? -Saviola es Saviola. Tuve la gran oportunidad de decírselo: "Divertite, no le des bola a nadie..." Y me agradeció el pibe... Ya le estaban metiendo en la cabeza que era el nuevo Maradona. -No, no lo veo como yo... Je, mirá cómo te hace Claudia.
Claudia pone cara de sorprendida.
-¿Cómo le preguntás eso? ¿Vos viste a alguno que se parezca a él?
-No, pero... -Dejá, Arcucci, dejá... ¿Cómo va a aparecer otro Maradona?
El suicidio
Un día cualquiera, pleno de serenidad, antes de que la Argentina se conmoviera con la tragedia del futbolista Mirko Saric. La charla se profundiza sobre un tema común y nada corriente: la muerte.
-Diego, ¿en algún momento pensaste en suicidarte? -¡No, no, no! Lo único que no soy es c.... Al margen de la droga, creo que suicidarse es escaparse, es dejar a Dalma y a Gianinna, y por eso estoy contento de estar vivo...
-¿Nunca se te cruzó? ¿Ni en algún momento que hayas estado fuera de vos, por la droga? -No, no, no, eso te lo juro, chuick, chuick, por mis hijas.
Otro día, otro ánimo. La luz de la cámara se enciende. Escucha la pregunta...
-¿Qué opinás del suicidio de Saric? -El que se suicida es un c.....
Eso se vio por la televisión, eso generó un lógico rechazo, eso provocó la polémica, eso provocó su disculpa...
"A ver si se entiende de una vez lo que quise decir: estaba repitiendo palabras de los especialistas que me trataron a mí por lo mío y me enseñaron, quizá para cuidarme, que el suicidio es un acto de cobardía... Pero hablaba de lo que yo siento ante el suicidio, de lo que a mí me enseñaron... Hablaba de mí... Igual, lo único que me importa en esta historia es Saric y su familia, y si ellos me piden que yo les pida disculpas de rodillas, si les sirve para algo, lo hago..."
Cronología
Enero 5: un análisis de sangre revela la presencia de clorhidrato de cocaína.
Enero 7: el médico personal de Maradona, Alfredo Cahe, revela que su paciente corrió riesgo de muerte.
Enero 8: Maradona declara brevemente ante la jueza uruguaya Adriana de los Santos.
Enero 9: en medio de un caos, llega a Buenos Aires y queda internado en la clínica Fleni.
Enero 10: "Perdoname, vieja", le dijo a su madre, apenas la vio. A la noche, sufrió otra arritmia.
Enero 11: es trasladado a la clínica Sacre Coeur. Se sugiere un lugar en Toronto, Canadá, para internarlo.
Enero 12: los estudios revelan que sólo el 38% de su corazón funciona normalmente.
Enero 13: caminó sobre una cinta, jugó un cabeza con un enfermero, durante 40 minutos.
Enero 14: sin autorización médica, le otorga una entrevista al Canal Fox, a la madrugada.
Enero 15: acusan a un allegado de Maradona de pretender ingresar droga en la clínica.
Enero 17: Maradona parte a Cuba. Estados Unidos le negó la visa sanitaria solicitada.
Enero 18: es recibido en La Habana por el doctor Ordaz, compañero de lucha de Fidel Castro.
Enero 19: en Cuba aseguran que la primera etapa será el tratamiento de su corazón.
Enero 20: en Buenos Aires, el gobierno lanza la polémica campaña Maldita cocaína.
Enero 21: desde La Pradera, se anuncia que el tratamiento deberá ser muy largo.
Enero 22: gran día; recibe la visita de Fidel Castro y también de sus hijas, y festeja el cumpleaños 38 de Claudia. Se tiñe el pelo de rubio.
Enero 23: en Buenos Aires fallece la abuela de Claudia. Se especula con un viaje que no se concreta.
Enero 25: tiene un incidente con periodistas.
Enero 26: juega al fútbol con sus hijas, en los jardines de La Pradera.
Enero 27: es invitado por la federación de fútbol local para dar el puntapié inicial en la final del campeonato. Le pide a Fidel que lo deje participar de los actos públicos donde se reclama el regreso de Elián González.
Enero 30: el siquiatra Ricardo González Menéndez será el encargado de guiar su rehabilitación. Diego sale a navegar.
Febrero 2: en una entrevista con la revista Gente, confiesa: "Necesito que la gente me ayude a recuperarme".
Febrero 3: se cumple un mes de su descompostura. Camina tres kilómetros diarios.
Febrero 4: los estudios revelan que el corazón mejora cada día.
Febrero 5: se ofrece para dirigir a la selección cubana de fútbol.
Febrero 6: da el puntapié inicial en la final del torneo cubano.
Febrero 8: toda la familia acompaña a Diego en su dieta; desde que llegó, bajó 5 kilos.
Febrero 13: los médicos insisten en que debe quedarse mucho tiempo.
Febrero 19: comienza a correr.
Febrero 23: vio por TV el partido Inglaterra - Argentina y se enojó con Bielsa porque lo sacó a Batistuta: "Es el mejor que tenemos".
Marzo 15: en una entrevista con la revista Gente, declara: "Sé que ahora tengo que cambiar varias cosas en mi vida".
Marzo 27: les sugiere a los médicos que se puede volver a la Argentina. Al fin, se queda.
Abril 10: en una entrevista para Paf, por América, declara que "el que se suicida es un c.....", a causa de la tragedia del joven futbolista se Mirko Saric, de San Lorenzo de Almagro.






