
La religión de la montaña
Un concienzudo trabajo que realizan los deportistas de la Organización Hacia la Aventura
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Cuando se desvanecían los años 80, cuatro argentinos que todavía no alcanzaban a cumplir los 20 imaginaron una odisea irrepetible: salir de viaje para acariciar las paredes del Mont Blanc y trepar hasta la cumbre sería como tocar el cielo con las manos.
Los días que siguieron los acercaron hasta su objetivo. Estaban preparados y preparándose para guardar íntimamente el último gran paso de la escalada. El escenario natural era el deseado; la aventura seguía su curso.
Sin embargo, las ganas, las garras, la juventud y -también- la desesperación no fueron suficientes para hacerle frente a una avalancha que se llevó a dos de ellos. La capacitación y el entrenamiento tampoco le alcanzaron a Roberto Aliverti para auxiliar al tercero de sus compañeros. "Si hoy pasara lo mismo, no tardaría nada en salvarlo", dice.
En ese momento, la vida le costó a Roberto más de 60 fracturas, dolor físico, emocional, enojo. Haberle conocido la cara a la impotencia es lo que más lamenta; así se advierte en el relato de entonces que ahora entrega en cómodas cuotas mientras cuenta el espíritu de la Organización Hacia la Aventura.
Desde hace poco más de diez años, en este "club sin cuota social ni políticas internas" se practica la religión de la montaña. Claro está que no se trata de una escuela -aunque se pueda aprender a escalar- ni de una agencia de viajes -a pesar de que se programen escapadas-. Más bien es un grupo de amigos, abierto, democrático (las decisiones se resuelven en asamblea), coordinado por siete instructores respetuosos de las normas de seguridad y de los ritmos personales.
La sede pública de la OHA está situada en una pequeña terraza de un gran gimnasio, en pleno barrio de Almagro. El muro de entrenamiento, al aire libre, como la montaña. Allí se trabaja invierno y verano, cuando el sol apura y también si llueve, para "aprender las diferencias entre escalar en roca y jugar en la montaña".
Desde la cumbre de la pared artificial (menos vistosa que funcional) chorrea un grito de socorro y el simulacro de rescate no tarda en ponerse en marcha. "Están representando la caída en una grieta -explica Roberto, mientras le suplica a la salamandra que no se resista a dar calor-. Es para ejercitar salvatajes y primeros auxilios." Y la ronda de mates tibios sigue girando, entre ejercicios y máximas que el líder de la organización no permite ignorar.
"Por seguridad, únicamente permitimos el uso de nuestros equipos, que mantenemos en buen estado y renovamos periódicamente; en los viajes nos divertimos, pero sobre todo aprendemos, cocinamos comida piola -no pura polenta y arroz- y hablamos de la vida alrededor del fogón".
La filosofía de la montaña que sobrevuela la OHA tampoco admite restricciones para bolsillos flacos. Sí, es cierto que las clases son aranceladas y las salidas -aunque económicas- tienen un costo. Pero hay otras reglas inquebrantables que hablan de solidaridad.
"No puede ser que si a alguien le faltan $ 100 no pueda hacer un curso o que por $ 50 de menos se quede sin viajar", aseguran. Sin embargo, y a prueba de esos piolas que nunca faltan, vale aclarar que estas licencias tampoco permiten abusos. "Acá no entran quienes buscan algo gratis. " La pertenencia, al menos, se paga con ganas, esfuerzo, entrenamiento, respeto y buena onda. "Marcela no tiene un mango pero cae todos los fines de semana con una torta", ejemplifica Roberto con un dejo de emoción.
El setenta por ciento de los que llegan a este lugar por primera vez no conoce ni las nociones básicas de la escalada deportiva y quiere saber de qué se trata.
¿Cuánto dura el curso?, ¿cuánto cuesta? son preguntas frecuentes que reciben respuestas inusuales. Aquí no suenan alarmas que marcan el tiempo del aprendizaje; hay exigencias, objetivos para cumplir tan rápido como cada persona pueda (todos pagan el mismo precio) y exámenes que rendir a fin de mes (aun de física, porque el rompimiento de fuerzas es una constante de la montaña). El otro treinta por ciento que golpea a la puerta de estos aventureros lo hace para especializarse, por ejemplo, para encarar el Aconcagua.
Sin hacer alarde de sus bondades, la Organización Hacia la Aventura persigue un objetivo social definido: dar una inyección de concientización y respeto por la naturaleza. Quizá la experiencia áspera que, de alguna manera, inspiró a la OHA, sirva también para confiar a ciegas en las máximas y objetivos de este grupo de montañistas. Premisas que parecen utópicas y son ciertas, basadas en la seguridad, la capacitación y la preparación física.
A veces cuesta creerlo, pero hay gente que hace las cosas Bien (con B mayúscula).
Qué, cómo, cuándo, dónde
Informes: por teléfono, al 4943-6145 o vía e-mail a ohaciudad.com.ar. La sede pública de la Organización Hacia la Aventura está situadada en Rivadavia 4053, tercer piso.
Cursos : actualmente se dictan los de escalada en muro ($ 50); escalada en roca y escalada en roca niveles 1 y 2 ($ 160, cada uno). Todos los meses se realizan viajes educativos.
También se puede tomar la instrucción anual montañismo y trekking, dividida en cuatro módulos ($ 160, por unidad). Una vez finalizada cada etapa se viaja a la montaña.
Prácticas recreativas: generalmente, quienes toman la escalada deportiva como un pasatiempo frecuentan el muro los sábados, de 9 a 19. El abono mensual de $ 25 permite asistir una vez a la semana, en días por convenir con los instructores.
Además... los integrantes de la OHA tienen acceso gratuito a la mapoteca y biblioteca de la sede de la calle México y al muro de la sucursal de Rivadavia y Yapeyú.






