
La revancha de los rollers
Fueron populares en los 90, pero habían quedado olvidados en el fondo del placard; ahora copan otra vez las calles y desafían el liderazgo de la bici y el running
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La llamaban, ella sentía que la llamaban desde el rincón más recóndito del placard, ahí donde van a parar las cosas que ya no se usan, pero que por el beneficio de la duda -tal vez algún día, quizá, quién sabe- no han sido aún desechados ni regalados. Estaban ahí, hasta que Josefina Priesca, de 34 años, asesora de productos generales para Mapfre y madre de tres niños, los vio. Y se los probó. Y volvió a sentir esa sensación que experimentaba cuando salía a rollear, hace más de una década.
Los roller, ese símbolo de los noventa que a comienzos del nuevo milenio desapareció como casi todo lo que había nacido al calor de aquella década, hoy tienen su revancha, y han ganado las calles de la ciudad, de los barrios privados y de los paseos costeros que se llenan de patinadores de todos los niveles dispuestos a disputar mano a mano, pierna a pierna, el lugar de liderazgo al running y a la bici.
"Nunca los quise regalar ni vender. Los tenía en el placard, pero sabía que algún día iba a volver a usarlos", cuenta Josefina, creadora junto con Guadalupe Salas de a Rollear en Rincón, un proyecto que nació de la necesidad de ellas de volver a las pistas, pero sobre todo de la convicción de que los rollers volvieron para quedarse. Con el lema Anotate, buscá tus patines y animate apunta a las nostálgicas de los noventa, que como ella tenían los rollers en el fondo del placard.
"Me mudé a Rincón de Milberg, en Tigre, y a los cuatro meses de mi primer hijo sentí la necesidad de salir a rollear. Empecé sola y más tarde se sumó Guadalupe -cuenta Josefina-. Salíamos de noche, después de acostar a nuestros hijos. La gente nos veía y nos paraba. Empezamos a notar que había un interés creciente y mandamos un mail ( arollearenrincon@outlook.com.ar ) a los vecinos del barrio para invitarlos a sumarse a una master class con un profesor, Martín Pollón. El primer sábado se anotaron diez personas. A la otra clase ya eran el doble y ahora somos 34, entre principiantes y avanzadas", cuenta Josefina, que logró la autorización municipal para cerrar el bulevar y realizar la clase, que tiene un costo de 60 pesos y se hace sábado por medio.
Pablo García, ingeniero informático de 29 años, era un patinador solitario y esporádico, de esos que también tenían guardado su par de rollers en el fondo de un armario. Hasta que un día, en plena calle, se cruzó con un grupo grande de patinadores, averiguó quiénes eran y se enganchó. Hoy integra Patín en Línea ( patinenlinea.org ), una comunidad de amantes de los rollers que organiza salidas grupales y gratuitas por distintos puntos de la ciudad.
Para García, la cuestión social y grupal es una de las claves del resurgimiento de los patines de cuatro ruedas alineadas. Ya no es un patinador solitario, sino grupos de patinadores los que toman las calles y se deslizan por el asfalto, tratando de no entorpecer el tránsito y diferenciándose, así, de la propuesta de Masa Crítica, que busca ganar las calles con las bicicletas. "Mucha gente se engancha con los rollers por lo social; yo mismo retomé al ver pasar ese grupo de patinadores. Todos estamos en la misma; queremos hacer ejercicio al aire libre y divertirnos sin molestar o molestando lo menos posible a los demás."
García coordina, junto con Daniel Prieto y cuatro personas más, El Rinconcito, el grupo de principiantes de Patín en Línea. Los miércoles, a la 18, y los sábados, desde las 15, nuevos patinadores se reúnen en el Dique 4 de Puerto Madero para aprender a rollear. Hay muchas caras conocidas y otras tantas nuevas. La rotación es alta y permanente. "El Rinconcito es el espacio para los principiantes, personas que han patinado alguna vez o jamás se subieron a un par de patines en su vida –comenta–. Hay gente de todas las edades; personas que jamás patinaron y que sacan los patines que se acaban de comprar de la caja. Y otros que se nota que desempolvaron sus rollers y retoman."
Durante la primera hora se explica lo básico: cómo pararse, cómo frenar (hay tres tipos de frenado) y cómo caerse, algo que, inevitablemente, tarde o temprano, sucederá. Por eso es importante llevar siempre casco, coderas y rodilleras. Y después, los que se animan, salen a dar una vuelta por las calles de Puerto Madero. Una vez al mes, se enseñan cuestiones más avanzadas y mantenimiento del patín: cómo limpiarlos y lubricarlos para que duren más.
Además del grupo de principiantes, que congrega unas cien personas por clase, Patín en Línea organiza salidas para más avanzados como el Patín Day, los sábados, que va de Puerto Madero al Rosedal de Palermo, y otro paseo dominguero que parte desde Belgrano y llega hasta Tigre. La vuelta puede ser en tren o patinando, para los que todavía tienen energía. Y también están los eventos especiales como el Mega Patín Day, que el año pasado convocó 1600 personas, o como el especial del Halloween, el próximo 9 de noviembre, en el que el desafío es salir a patinar disfrazado por las calles de Buenos Aires.
Guido Ferraiuolo tiene 28 años y es el hombre detrás de Buenos Aires Roller (www.buenosairesroller.com), un sitio desde donde se da difusión a esta actividad y consejos sobre dónde y qué patines comprar. En la Argentina, dice, se venden 240.000 pares anuales, lo que lo convierte en el cuarto mercado mundial, después de Estados Unidos, Alemania y Francia.
Los iniciados pueden conseguir un buen par por 1400 pesos. La recomendación general es hacer al menos esa primera inversión para no lamentarse después. "Hoy hay mucha oferta de rollers que van desde los muy malos hasta los excelentes. Mucha gente comete el error de comprar patines no muy buenos y dejan de patinar por eso. Les duelen los pies, se vence el plástico y abandonan", advierte Ferraiuolo.
De chico, Guido competía en patín carrera, y de grande, casi como si fuera un lugar natural, volvió a las pistas, a las calles. Los eventos masivos que coordina, como las carreras y maratones de patines, arrastran cada vez más gente. De la última, la Spring Roller, que se realizó el pasado 22 de septiembre, participaron unas 2500 personas.
Aburridos de correr
"Hoy rollear es un boom que resurgió de los años noventa. En un país donde el running es muy fuerte, el roller se presenta como una evolución –destaca Ferraiuolo–. En general, lo practica gente aburrida de correr, o que por el impacto negativo que puede llegar a tener el running en las articulaciones adoptó el patín como actividad física. Se quema el doble de calorías en el mismo tiempo y es más recreativo", afirma.
Para Priesca, que subraya la parte recreativa de las clases de a Rollear en Rincón, donde además de aprender se hacen juegos de equipo, el resurgimiento tiene que ver con un cambio de mentalidad: "En los noventa el boom fue porque el roller venía a reemplazar a los típicos patines de cuatro ruedas y fue la novedad. Ibas más rápido, no te lastimabas el pie... Pero hoy la gente lo elige porque tiene más conciencia de lo que es la actividad física. Busca la vida sana, el aire libre. Hay una necesidad de salir, de hacer deporte en grupo", analiza.
Lo social y cierto aburrimiento de salir a trotar motivaron a Viviana Acevedo a cambiar el trote por el roller. "Salía a correr todas las semanas y participaba de todas las maratones que se organizaban en la ciudad. Pero un día sentí que ya había agotado esa etapa, me había cansado –reconoce–. En el patín encontré otras cosas que no encontraba corriendo, como la parte social porque vamos todos juntos, charlando. En cambio, podés salir a correr en grupo, pero cada uno va a su ritmo, el running es más individual."
Otra de las cosas que destaca Viviana es la parte recreativa: "Con los rollers puedo recorrer toda la ciudad, te permiten hacer trechos más largos. Por ejemplo, disfruto mucho de ir a patinando hasta Tigre. Se puede ir más rápido y no es monótono como correr porque, si te aburrís de ir patinando recto, podés hacer otras cosas como slalom y saltos", dice la especialista en sistemas, de 44 años, que dejó el running como actividad secundaria o para los días lluviosos, cuando es imposible salir a patinar.
Hoy el roller es un universo casi femenino. "El 85% de los que salen a rollear son mujeres. Es casi un porcentaje invertido al del running, en el que el 70% de los corredores son hombres", dice Ferraiuolo.
"Hay un prejuicio –reconoce García–, tal vez porque se lo asocia con el patín artístico, que acá fue muy fuerte entre las chicas. Pero esto no tiene nada que ver. Los hombres que prueban no se bajan más de los patines y terminan dándome la razón."
De a poco, con eventos como las maratones o el surgimiento del estilo "patín agresivo", con saltos y piruetas bastante jugados, más hombres se animan a calzarse los patines: "La gente encontró en la maratón un objetivo: bajar su propio tiempo. Esto está bueno porque la actividad se hace más competitiva, algo que les interesa más a los hombres", opina Guido, que está preparando el 7 de diciembre un evento grande en Nordelta.
Lo cierto es que hoy los rollers están dispuestos a trascender más allá de la novedad –como ocurrió en los noventa– y las modas. "Volvieron para quedarse, estoy segura", dice Josefina, que finalmente se deshizo de sus viejos pares, que vendió a una alumna, pero sólo para comprarse unos nuevos, flamantes. Y claro, hoy ocupan un lugar de privilegio en su placard. Todo un símbolo de la revancha rollera.






