
La revolución silenciosa en Valle de Uco que cambió la forma de entender el vino argentino
La bodega Zuccardi Valle de Uco y su vino Concreto cumplen diez años y cuentan una sola historia: la de una búsqueda que transformó la manera de interpretar el vino en Argentina
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Ubicada en Finca Piedra Infinita, en Paraje Altamira, la bodega Zuccardi Valle de Uco fue inaugurada en 2016, aunque su origen se remonta varios años antes. La plantación del viñedo comenzó en 2009, impulsada por la convicción de Sebastián Zuccardi y su equipo de que el futuro de los grandes vinos argentinos estaba en comprender el territorio, sus suelos y sus particularidades. Esa exploración reveló una extraordinaria diversidad de paisajes y perfiles dentro del Valle de Uco, y generó una necesidad específica: construir una bodega capaz de interpretar esa extraordinaria gama de perfiles dentro de cada finca y parcela específica.
Pero antes incluso de que la bodega estuviera terminada, ya había nacido uno de los vinos más emblemáticos surgido de esa visión.

Concreto fue elaborado por primera vez en la cosecha 2014. Sebastián Zuccardi suele definirlo como “el vino que cambió mi vida”, porque representó mucho más que una nueva etiqueta dentro del portafolio de la familia. Fue la prueba de que era posible elaborar un Malbec diferente, centrado en el lugar de origen antes que en las decisiones de elaboración.
En aquellos años, gran parte de los vinos argentinos de alta gama respondían a un modelo dominante: cosechas tardías, alta concentración y una marcada influencia de la madera. Sebastián Zuccardi entendía que ese paradigma tendía a uniformar los vinos y a ocultar los matices de cada región. La pregunta que comenzó a guiar su trabajo era otra: ¿cómo lograr que el vino hablara más del lugar de donde proviene que de las técnicas utilizadas para elaborarlo?
La respuesta apareció en dos elementos fundamentales: los suelos calcáreos del Valle de Uco y el concreto como el material elegido para las vasijas de fermentación y posterior guarda de los vinos.

Concreto: un material que enamora
Mientras profundizaba la exploración de zonas como Paraje Altamira y Gualtallary, Zuccardi comenzó a experimentar con fermentaciones y crianzas en recipientes de concreto desnudo, sin cobertura de epoxi. El material, utilizado históricamente en Mendoza antes de la llegada masiva de las barricas de roble, permitía una microoxigenación natural sin aportar aromas externos al vino. La intención era preservar frescura, tensión y pureza, evitando que la madera se convirtiera en protagonista.
“Nos enamoramos del concreto”, ha dicho Zuccardi al recordar aquellos años de investigación.
Concreto nació precisamente para demostrar esa idea. Elaborado a partir de parcelas pedregosas de Paraje Altamira y, más recientemente, complementado con componentes provenientes de Gualtallary, fue concebido como una definición del Malbec del Valle de Uco. No como la expresión de un viñedo específico, sino como la síntesis de una región y de una manera de entender el vino.
Con el tiempo, ese vino terminó convirtiéndose en mucho más que un experimento exitoso. Fue el punto de partida conceptual sobre el que se construyó toda la filosofía de Zuccardi Valle de Uco.

La bodega inaugurada en 2016 fue diseñada alrededor de las mismas ideas que habían dado origen a Concreto: micro vinificaciones, recipientes de concreto, mínima intervención y máxima atención al viñedo. Cada detalle arquitectónico y enológico responde a un principio central: los grandes vinos nacen en el viñedo y la función de la bodega es interpretar con precisión lo que el lugar tiene para decir.
No es casualidad que, durante esta década, Zuccardi Valle de Uco se haya convertido en una de las bodegas más reconocidas del mundo. Fue elegida durante tres años consecutivos como World’s Best Vineyard e ingresó en 2022 al Hall of Fame de ese ranking internacional. Además, los vinos elaborados allí han recibido numerosas calificaciones perfectas de la crítica internacional.
Para Sebastián Zuccardi esos reconocimientos son la consecuencia de una búsqueda más profunda: comprender cada año un poco mejor el paisaje en el que trabajan.
Esa filosofía también explica por qué Concreto sigue siendo una pieza central dentro del proyecto. Después de once añadas consecutivas, el vino mantiene prácticamente intactos los principios con los que fue concebido. Los cambios han sido mínimos. Lo esencial sigue siendo la interpretación del viñedo, la elección precisa del momento de cosecha, reflejar las particularidades climáticas que marcaron cada año de cosecha y la búsqueda de una expresión auténtica del Valle de Uco.

A diez años de la inauguración de la bodega y a diez años del nacimiento de Concreto, ambas historias confirman la vigencia de una misma convicción: que la identidad de un vino no se construye en la bodega, sino que nace en el paisaje. En Zuccardi Valle de Uco, el concreto no fue simplemente un material de elaboración. Fue la herramienta que permitió volver a poner el foco donde todo comienza: en el viñedo, en el suelo y en la expresión de un lugar único al pie de la Cordillera de los Andes.
Beber con moderación prohibida la venta a menores de 18 años.
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