
La vianda escolar, el infierno tan temido
A medida que crecen y ganan independencia, los chicos se niegan a acatar los tiempos y las reglas del comedor
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"El comedor es lo menos. Quiero llevar vianda." Así, con esas palabras, se le plantó Gastón, alumno de 4° grado, a su mamá Leticia Labbé. La sorpresa fue grande porque hasta no hace mucho, ella recordaba que su hijo ponderaba el menú que le ofrecían en el colegio. "¿Habrán modificado algo en la comida?", pensó Leticia. Nada de eso. La cosa no pasaba por lo que le servían, sino por la socialización. Gastón se quedaba sentado esperando el primer plato mientras sus amiguitos ya correteaban por el patio mucho antes de que él probara bocado. O sea, "lo menos". Renata Silva, que va a segundo grado, sólo acepta quedarse en el comedor si va con vianda. ¿Por qué? Porque todas sus amigas llevan la comida desde casa y así se sientan juntas. La socialización, otra vez.
A medida que los chicos crecen y van ganando independencia, los padres ingresan en el universo tan temido de la vianda. Porque lo que antes implicaba desentenderse, hoy obliga a ocuparse y a tener que armar la dichosa vianda por la noche o por la mañana, a las apuradas, antes de ir al colegio.
Las periodistas Ingrid Beck y Paula Rodríguez, autoras de la serie Guía (inútil) para madres primerizas (Sudamericana),hablan del tema en la tercera entrega: La batalla escolar. Con su habitual acidez, las autoras no dudan en comparar la vianda con "el infierno". "Porque no te alcanza para pagar el comedor, porque te alcanza pero tu hijito se niega a comer allí con la pertinencia y la voluntad que le faltan para hacer los deberes, porque no te gusta el menú escolar, porque te da culpa y querés que lleve la comida de mami, por la razón que sea, junto con la mochila y los útiles, y el bolsito de natación, tu bombón cargará esa valijita térmica que hasta hace cinco minutos no sabías que existía", resumen con una buena dosis de sarcasmo en sus páginas.
Como no podía ser de otra manera, el asunto "vianda escolar" también es tratado con humor en el Facebook de Según Roxi, la página oficial de la exitosa serie que habla del lado B de la maternidad y que saltó este año de la Web al cable -se emite por el canal Lifetime todos los sábados, a las 23-. Antes de empezar el ciclo lectivo 2015, Roxi, la mamá de Clarita, reflexiona: "Me siento un ser humano intelectual, volitiva y emocionalmente incapacitado para hacer una vianda". Las réplicas a ese comentario se multiplicaron. ¿Algunos ejemplos? El de Naty Hernández que confesaba: "En febrero en plenas vacaciones escribí una lista con 16 opciones de vianda tratando de incluir carne y pescado una vez por semana, evitando los prefritos y... a casi 48 horas de la primera vianda del año ya estoy mirando con cariño las patitas y evaluando la posibilidad de enviar mi lista a la rotisería de la esquina y que ellos se hagan cargo". Y los comentarios siguen.
Hasta no hace mucho, Cinthia, la mamá de Renata, estaba en ese grupo de sufridas madrugadoras que preparaban la vianda a las apuradas, antes de salir temprano para la escuela. Pero ya no. "Era tanto el estrés de pensar a las 6 de la mañana qué le armaba con lo que había en la heladera que renuncié a la vianda -admite-. Aunque me corte el día, prefiero ir a buscarla o que alguien lo haga por mí y que coma en casa antes que tener que armarle la vianda. Porque así come lo que hay al mediodía y caliente. Lo que más me molestaba es que en el colegio no hay microondas y no te calientan la comida, entonces tenía que pensar en hacerle algo que pudiera comer frío, como empanadas o sándwiches. En verano todo bien, pero en invierno era un problema." Por eso, un poco en broma, un poco en serio, muchas madres cuando empiezan la búsqueda del colegio de sus hijos incluyen en la lista de preguntas importantes si hay microondas.
Lo cierto es que Cinthia presentó su renuncia indeclinable cuando Renata le pidió llevar "sopa como la que toman sus amigas en un termito". El termito es nada menos que un accesorio de acero inoxidable con dos o tres recipientes internos que mantiene la temperatura por 5 horas mediante un depósito de agua caliente. Justo las horas que transcurren entre que se deja al chico en el colegio y la hora del almuerzo. "Es un accesorio para camping, pero como ahora en los colegios no te calientan más la comida se volvió popular en las escuelas. El problema es que es muy pesado, y además sale más de 600 pesos y no tenía ganas de hacer ese gasto", cuenta Cinthia. El otro problema, advierten los nutricionistas respecto de estos termos, es que la comida que se mantiene caliente por tantas horas pierde todo valor nutricional cuando es consumida.
A Leticia, la mamá de Gastón, no le molesta preparar la vianda. Todas las noches arma algo con lo que sobró de la cena o saca del freezer algunas empanadas o tartas que va preparando en la semana. "La clave es no entrar en pánico -dice-. Y si todo falla, siempre hay un buen sándwich comprado en un quiosco que te salva, o mismo un delivery de confianza que puede alcanzarle la comida calentita al mediodía."
El tema es que muchos colegios prohibieron esa última opción. "En el de Renata ya no permiten el delivery, que para muchas era una solución porque incluso era más barato que el menú del comedor", cuenta Cinthia. El costo de un menú escolar en las escuelas privadas porteñas parte de los $ 70 y puede superar los 90 pesos por día. En algunos colegios de zona norte la tarifa trepa a los 110 pesos.
Muchas madres se quejan de que los colegios, con la falta de microondas para calentar la comida y la prohibición del delivery, desalientan las opciones que no sean comer el menú del comedor. Pero sus quejas son acalladas por el temor. "Muchas creen que es mejor no decir nada porque temen que terminen también prohibiendo la vianda. Y aunque sea un incordio ocuparse del tema, para algunas que no pueden pagar el comedor es una solución", explica Cinthia.
"A mí me llegaron a pedir en un colegio $ 1800 por mes, por chico, sólo de comedor -cuenta Ana Yáñez, mamá de tres hijos de 5, 10 y 13 años-. Y era un costo fijo, es decir que si el nene no va una semana porque está enfermo tenés que pagarlo igual. También me pasó de pagar un día el comedor y me cobraron 100 pesos por unos moñitos con una manzana de postre. Para mí la vianda es una buena alternativa que la resuelvo a la noche mientras preparo la cena. Aunque suene políticamente incorrecto, la clave es darles algo rico, que les encante comer. No algo sano. Yo pongo patitas, fideos, pizza, milanesas, salchichas... Ese consejo me lo dio una amiga vegetariana que le armaba a su hija una vianda con cosas supersanas y saludables, y un día la llamaron del colegio para contarle que la nena le pedía a los compañeritos que le convidaran patitas."
Ya lo advierten Beck y Rodríguez en su libro: "El arte de la vianda no se le da bien a cualquiera: no es lo mismo ser una buena empaquetadora de sobras que una brillante experta en catering, con un menú de siete pasos equilibrado en nutrientes y sabores. Lo que es común a todas es que en algún lugar del cerebro deberá figurar la planificación de la vianda".
La experiencia también le enseñó a Ana a no excederse con las cantidades. "No convienen preparar de más. Los chicos quieren comer rápido para irse a jugar y en algunos colegios los obligan a comerse todo, a no dejar nada. Uno de mis hijos se quejó: 'Ma, me pusiste mucha comida y me perdí de jugar'. La realidad es que la mayoría de las veces comen tres bocados."
La "tercera vía"
Como para casi todos los órdenes de la vida social, en el tema comida escolar existe una tercera vía que consiste en contratar un servicio de viandas que resulta ser más económico que el comedor. Eugenia Bauzá es chef y la persona detrás del emprendimiento Mise en place (nombre francés que alude a la organización y disposición de los elementos antes de cocinar).
"Con mi ex socio empezamos a ofrecer el servicio porque sus hermanos chiquitos estaban cansados de la comida del comedor y sus padres no querían ocuparse siempre de la vianda -resume Eugenia-. Ofrecemos un pack de 5 viandas semanales que se pueden freezar y comer en el mismo recipiente, porque muchos papás nos dijeron que en el colegio no les dan platos."
Las cinco viandas cuestas 220 pesos, e incluyen fruta de postre. "Los que recurren a este servicio lo hacen porque están cansados de cocinar, pero otros porque no están de acuerdo con el menú del comedor. Lo que más cuestionan es que les dan muchas harinas, pocas verduras y postres calóricos y con poco valor nutricional", describe Eugenia. La mala noticia, dicen las madres que tienen hijos más grandes, es que esto no se termina en la secundaria. "Ahí el problema es que quieren salir a comer fuera del colegio todos los días de la semana y empieza la lucha por ver cuánta plata le das", advierte Ana, que tiene un hijo de 13 años. Por eso, el mensaje de las madres que ya pasaron por la etapa de escuela primaria es el de no quejarse tanto de la famosa vianda . "Al final una la termina extrañando", reflexiona Ana.
La realidad es que aunque no goza ni del afecto ni de la simpatía de la madre moderna, algunas mujeres reconocen que sienten satisfacción al ver el tupper vacío a la vuelta. Y esa satisfacción hasta puede transformarse en felicidad cuando el hijo le dice: "Ma, la milanesa que me hiciste hoy estaba riquísima".
Pros y contras del mediodía
Comedor
Es el elegido por los padres que buscan desentenderse de la comida del mediodía. Muchos de ellos depositan en el comedor escolar la esperanza de que el niño incorpore más alimentos. Las desventajas son el costo y acatar el menú
Vianda
La opción más económica, que permite elegir lo que el hijo va a comer. Pero implica ocuparse y muchas veces el no tener cómo calentar la comida es una limitación
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Bob Dylan: “Un hombre es un éxito si se levanta por la mañana y hace lo que quiere hacer”
3Sigmund Freud, psicoanalista: “Las emociones no se pueden evitar. Son una parte esencial de nuestra existencia y tienen un propósito importante en la vida”
4Fue a tirar basura a un contenedor, pensó que había encontrado un oso de peluche blanco pero algo llamó su atención: “Estaba respirando”



