
Lago Puelo: refugio de duendes
En el noroeste de Chubut, este parque nacional que parece extraído de un cuento de hadas sorprende con su magia y su generosa vegetación. Algo similar ocurre con su vecino, el Parque Nacional Los Alerces. Aquí, sus secretos
1 minuto de lectura'
Había una vez un parque nacional que tenía, como todos, flora y fauna características. Como algunos, tenía un lago y especies en vía de extinción. Como ninguno, tenía duendes. Suena a comienzo de un cuento para niños, pero para ciertos habitantes de la zona de Lago Puelo, dicen, es pura realidad.
Antes de empezar el viaje que llevará a un grupo de periodistas al noroeste de la provincia de Chubut, en la Secretaría de Turismo de la Nación un guardaparques provincial de la administración de Parques Nacionales, Rafael Taubenschlag, habla del clima, con lluvias por cierto, del recorrido y de los duendes:
-No se extrañen si la gente les cuenta que habla con duendes o si los chicos juegan con ellos. Por allá es así. Ustedes verán.
Con o sin duendes, el contingente parte en un avión presurizado de misticismo.
El Parque Nacional Lago Puelo es muy pequeño, tanto que en sus comienzos, allá por 1937, fue sólo un anexo de su vecino, Los Alerces. Pero en 1971 ganó su independencia. Tiene un microclima particular y se diferencia de otros, también en la zona cordillerana, porque alberga especies de la selva valdiviana chilena -el límite está apenas a 9 kilómetros- que se cuelan, por aquí y sin trámites de aduana, en la Argentina.
Los guardaparques Félix Vidox y Horacio Apesguía señalan esas especies: el tique, el ulmo, el olivillo, el avellano. Caminan por el Bosque de las Sombras, sobre listones de madera de coihue. Es un circuito corto, de cuatrocientos metros, y elevado porque va sobre el agua, el ámbito donde se desarrollan pitras y arrayanes. También es un circuito oscuro, donde la luz se fil- € tra poco y nada, bien opuesto al camino que lleva al Mirador del Lago, tan luminoso, que es mejor usar anteojos.
Lago Puelo tiene varios senderos de trekking de distinta dificultad: desde un paseo hasta el ascenso al cerro Plataforma, que toma unos tres días. En la Playa del Francés, los veraneantes toman sol y se bañan gustosos porque el agua es templada.
En el parque hay dos especies de esas que casi no quedan, que son para cuidar: el pudu, un ciervo enano que cuando está de humor se deja ver, y el huemul, del que según cálculos de los guardaparques sólo quedan dos o tres.
En un vértice del lago, se levanta una pared vertical, de unos treinta metros. Está ahí, silenciosa y vigilante desde quién sabe cuándo, hasta que a unos jóvenes deportistas, Matías Sierra y Matías Verge, que cambiaron Buenos Aires por el Sur, se les ocurrió que era ideal para practicar rappel. Tuvieron razón. Para comprobarlo, nada mejor que animarse a bajar, colgado de sogas, con casco, guantes mosquetones de seguridad y mucho, muchísimo coraje.
Matías Sierra, que se ganó el apodo de Castor por sus generosas paletas blancas, ajusta el equipo y dicta las coordenadas.
-Primero, las piernas tienen que estar abiertas, a la misma distancia que los hombros; segundo, para frenar, la mano atrás de la cola; para avanzar la mano hacia la derecha; tercero, el cuerpo despegado de la pared, sentado en el aire. Así.
Durante los primeros metros, hasta sentirse cómodo en una silla imaginaria y dando saltitos por una pared, conviene posar la vista sólo en la concentración. Eso sí, a medio camino, si el que está colgado de sogas no miró a su alrededor, Matías se lo recuerda: "Pará, date vuelta, mirá el lago". Entonces, pasa como en el teatro, cuando se abre el telón y aparece una esmerada escenografía de colores brillantes. Sólo que por aquí los ingredientes son naturales. Y hay olor a hierbas salvajes, y una brisa suave agita radales y cipreses. El sol, hace rato que lo taparon las nubes, pero igual un rayo misterioso ilumina el lago. De los duendes, ni noticias. Salvo los de cerámica, plástico, madera y todos los que venden los artesanos en la feria del pueblo.
Para saber más:
- Casa de Chubut en Buenos Aires. Sarmiento 1171, 4383-7458.
Datos útiles
- Cómo llegar: en vuelo desde Buenos Aires hasta Esquel, por Aerolíneas Argentinas, desde $ 600.
En ómnibus, a partir de $ 90, ida.
- Pque. Nac. Los Alerces: entrada, $ 6; (02945) 471020. Hay campings, hosterías y un refugio. Los senderos de trekking tienen diversos grados de dificultad. Esquel es la ciudad más cercana: una doble en el hotel Sol del Sur cuesta 90 pesos.
- Pque. Nac. Lago Puelo: entrada, $ 6; (02944) 499232. Navegación de una hora, $ 10. Hay camping y refugio. Está a 4 km de la localidad de Lago Puelo, con buena oferta de cabañas.
- Aventura: la bajada de rappel, $ 25 (descubriailinco@hotmail.com). Cecilia Benegas ofrece cabalgatas (cecibengas@hotmail.com)
El otro señor de los anillos
Froddo no tiene nada que ver. Ni Tolkien. Este señor de los anillos es el nombre cariñoso para un árbol que los mapuches llamaron lahuán -que significa viejo, añoso- y que los colonizadores, al confundirlo con el alerce europeo, bautizaron alerce. Hoy se lo conoce como alerce cordillerano y es la especie más antigua de la Argentina.
Este señor de los anillos es una conífera y crece un milímetro por año, aproximadamente. Si se hace un corte transversal en el tronco es posible contar cuántos años tiene por medio de los aros o anillos que se forman en la madera. En el centro de interpretación del Parque Nacional Los Alerces, por ejemplo, hay una rodaja de setecientos años. Perteneció a un alerce que estuvo en el parque cuando Colón llegó a América. Estuvo ahí, creciendo a su ritmo, hasta que los pobladores llegaron un día y lo talaron. Hace tiempo que los alerces están protegidos, y son la estrella de este parque nacional que lleva su nombre. Incluso hay un sendero, al que se llega luego de navegar media hora en un catamarán por el lago Menéndez, que conduce a un alerzal milenario. Le dicen El Abuelo.
El circuito, de unos dos kilómetros, transcurre por la selva valdiviana, donde llueve unos cuatro mil milímetros al año, así que los borceguíes impermeables son el calzado ideal.
En el camino se ven algunas de las cien especies de aves que viven en el parque.
Entre ellas, cauquenes, pájaros carpinteros y el rojo y gordo chucao, que parece un perro, por la docilidad. Según se cuenta en la zona, el chucao tiene dos tipos de canto. Uno para augurar buena suerte; y el otro, mala. Los pobladores saben reconocerlos, y parece que antiguamente hasta llevaban a sus mujeres al bosque, engañadas, poco antes de casarse. Se quedaban un rato y veían qué les anunciaba el chucao. Según el veredicto, procedían o no.
En el final del sendero, protegido por un cerco de madera, está El Abuelo, que tiene 2600 años, 57 metros de altura y 2,20 de diámetro. El tronco es rojizo y son necesarios siete pares de brazos para rodearlo.






