Las figus, ese juego de antaño que sobrevive en el siglo XXI
Siguen fascinando a una generación de niños que prácticamente desestima el entretenimiento analógico
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Hace dos semanas, Tomás completó el segundo álbum de figuritas del año. Los dos de fútbol. Y los dos en tiempo récord: fue de los primeros de su clase en llenar el de la Champions League y el primero en conseguir las 452 figuritas del de Copa América Centenario, torneo que empezó ayer en los Estados Unidos y donde la Argentina vuelve a asomar como favorita. Aunque llenar el álbum ya no tiene premio -una creencia que, a decir verdad, quedó más del lado del mito popular que de la realidad- juntar figuritas sigue siendo de los poquísimos pasatiempos que han logrado trascender varias generaciones, ya que abuelos, padres y nietos han juntado y coleccionado figuritas en su infancia. Pero su principal logro, acaso, es que sigue fascinando a una generación que nació en pleno auge del entretenimiento digital y que prácticamente desestima los juegos analógicos. Sin duda, ese grado de fanatismo que los chicos siguen experimentando cada vez que abren un sobre sigue tan vigente como hace 50 años. ¿Cuál es, entonces, la clave de su supervivencia?
Según María Regina Öfel , psicopedagoga y directora del Instituto de Investigación y Formación en Juego, en tiempos donde niños y grandes buscan más bien la gratificación inmediata, "una de las fascinaciones que provoca juntar figuritas es precisamente el ir poco a pocoLos chicos se las ingenian para ir encontrando estrategias para pedir más «"figus»" a padres y familiares. Si bien el objetivo final es llenar el álbum, lo que en parte responde a la necesidad de consumo actual, lo que actúa como verdadero «gancho», es ir llenándolo poco a poco, buscando la forma de conseguir las difíciles y sacarse de encima las «"repe» ,"en el intercambio con sus pares –dice la también especialista en psicología educacional–. Recuerdo que atendía a un niño cuyo padre le compraba de a 50 paquetes por vez como para que llenara el álbum enseguida y fuera así el primero en el aula en haberlo completado. Pero esto no era atrapante para el chico porque se perdía de intercambiar las figuritas con sus amiguitos, de ir poco a poco", cuenta Öfel, para quien juntar figuritas se puede considerar un "juego tradicional" al igual que la soga, la mancha, el elástico, la rayuela o la payana. "Estos juegos se van transmitiendo de generación en generación en forma oral. Todos ellos continúan, más allá de la era digital, aunque bien pueden ir tomando otros formatos, estilos , y materiales –sostiene–. Las figuritas, de hecho, antes eran muy diferentes, venían en planchas; luego se les agregó el álbum y ahora son autoadhesivas", describe la especialista.
"Como es una actividad que combina lo lúdico con el coleccionismo, no pasa de moda. Y al ser un pasatiempo que muchos padres y abuelos disfrutaron, son ellos mismos quienes transmiten a sus hijos y nietos el interés por completar un álbum", opina Nicolás Sallustro, gerente de comercialización y desarrollo de Panini Argentina, la empresa que comercializa varios de los álbumes que invaden el mercado, incluido el de la Copa América Centenario.
A pesar de que para muchos padres los $ 9 o $ 10 que cuesta cada sobre implican un esfuerzo en su economía, muchos adultos siguen fogoneando esta pasión por las "figus". No sólo porque conocen esa expectativa muchas veces exagerada que desborda al chico que está por abrir el paquete –una sensación que ellos seguramente experimentaron alguna vez–, sino también porque muchos destacan que gracias a las "figus" su hijo aprende los números e incluso dónde queda un país de África o Asia. "Con el álbum del Mundial anterior, Manu se enganchó con las banderas, y las pintaba y decía de qué país era cada una. Hoy ve una bandera y sabe de qué país es y todo gracias a al dichoso álbum", destaca Julia, su mamá, que ya no ofrece resistencia cada vez que sale un nuevo álbum: corre a comprarlo.
Sin duda, todo juego conlleva un aprendizaje o una enseñanza. Para algunos, incluso, el álbum de figuritas es un instrumento didáctico que ayuda a aprender números y a mantener la concentración. "Juntar lfiguritas tiene su parte productiva. Los chicos reconocen el número, pegan la figurita, llevan el conteo. En algunos casos, como las del Mundial, o éestas de la Copa América, hasta sirven para aprender las banderas de un país y adónde queda. Y es un momento lindo para compartir en familia", opina Rita Martini, psicopedagoga con posgrado en neuropsicología infantil del aprendizaje y creadora de Atir - Aprender jugando, una línea de cartas didácticas.
Pero a pesar de sus muchas bondades, Martini es crítica acerca de ciertos "atajos" que padres y niños toman para llenar el álbum y que antes no existían: "Hay madres que por las redes sociales intentan conseguir la figurita que le falta al chico o van al quiosco y la compran, como si no pudieran aceptar el no poder llenar el álbum –sostiene–. Antes era muy difícil completarlo; por eso existían el premio. Hoy, en cambio, esa magia se perdió con el servicio de álbum lleno que te ofrece la misma empresa. Ya no hay figurita difícil porque la que te falta se puede comprar".
A través de las figuritas, también, los chicos aprenden a negociar. Entre los códigos no escritos, están los que establecen un valor diferente para cada "figu". La estrella del equipo o esa que todos saben que es especial (puede ser la Copa, por ejemplo, si es un álbum de fútbol) equivalen a dos o tres de las otras, sin discusión. Otro código siempre vigente y que suele desatar la euforia de quien la consigue es abrir el sobre y encontrarse con la figurita número uno.
Si en el pilón de "repes" está la primera cromo del álbum, entonces, esa pila cotiza en alza y empiezan los ofrecimientos desesperados en los patios del recreo, donde suelen producirse los intercambios: "Te la cambio por la que quieras" o "Te doy 10 de las mías" suelen ser las frases más escuchadas. En la negociación hasta puede entrar la merienda del día o alguna tentadora golosina que el interesado esté dispuesto a entregar como parte de pago. Finalmente, el trato se cerrará, como corresponde, con el que haya acercado la mejor o más tentadora oferta.
"Muchas veces pasa que los padres les compran cinco paquetes con cinco figuritas adentro (o sea, 25 figuritas en total) y el hijo vuelve a la tarde de la escuela con sólo siete. La madre se enoja porque piensa que las perdió pero lo que pasó es que el niño cambió con el compañero de clase la «difícil de conseguir» por tres o cuatro más fáciles. Y así con otras. Los chicos establecen, de este modo, códigos de negociación entre ellos, en los que los adultos quedan fuera, y que les permiten un intercambio muy rico", destaca Öfel.
Mientras cambian figuritas a la salida del colegio, Pablo, Gastón, Juan, Bautista y Tomás despliegan sus "repes". No hace falta tener el álbum a mano: saben perfectamente cuáles tienen y cuáles no. "¡Me tocó las 116, completé la página!", dice eufórico Tomás, que, como sabe que a Pablo le falta la 244 y él la tiene repetida dos veces, se la regala "porque total ya la tengo". Está claro que la socialización y la búsqueda de aceptación dentro de un grupo de pertenencia también son motivos que explican el furor aún vigente por este pasatiempo de antaño. "Muchas veces los chicos coleccionan el álbum porque quieren simplemente la experiencia de la mayoría de sus compañeros de ir llenando el álbum, cambiar, jugar con las figuritas y ayudar a un amigo con esa figurita que está buscando", asegura Sallustro..
A pesar del avance de lo digital, el álbum y las figuritas como objetos físicos han logrado sobrevivir., Lospese a que hubo intentos por virtualizar este pasatiempo, con la posibilidad de registrarse en una página web y a través de un código recibir "paquetes", intercambiar figuritas con otros usuarios y hasta integrar un grupo de coleccionistas, no han prosperado. El primer álbum virtual que lanzó Panini fue para el Mundial de Sudáfrica 2010. Y repitió la experiencia en el de Brasil 2014. Pero claramente no han tenido el éxito de las versiones en papel. "No diría que los álbumes digitales han fracasado, pero podemos afirmar que las figuritas físicas tienen un atractivo que la pantalla no tiene –reconoce Sallustro–. El hábitat natural de las figuritas es el patio del colegio. Allí los chicos juegan unos con otros, cara a cara, y es donde la esa actividad se transforma en el tema de interés."
Mucho más categórica, Öfel sostiene que en la versión digital "se pierde absolutamente todo este intercambio mano a mano, en el recreo, debajo del banco, la negociación, el disfrute de andar con la pila de figuritas en el bolsillo, en la mano, medirse con el otro para ver quién tiene más… mirar el álbum con los compañeros y compararlo. Obviamente, el álbum digital no puede prosperar".
Sin embargo, en los últimos tiempos surgió un mix entre lo virtual y el papel que sí parece funcionar. "Hemos aprovechado la tecnología para darles un valor agregado a las colecciones físicas. Desde códigos únicos en los sobres para obtener beneficios online hasta aplicaciones que ofrecen una realidad aumentada –describe Sallustro –. Pero aun así el sustento está en las figuritas de papel."
De hecho, la mamá de Tomás reconoce que ese aporte de lo digital fue el que impidió llenar el álbum de la Champions. La única figurita que le falta es la de su propio hijo. Jamás entendió cómo bajar el link para tomarle la foto lookeado como un jugador, imprimirla y pegarla en la última página. Para ella, ésa es, sin dudas, la figurita difícil.
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