Las mil y una noches. Frivolidad, famosos y lluvia de dólares: así eran las fiesta de Scarpa en Punta del Este en los 90
De visita en Uruguay, el empresario brasileño Gilberto Scarpa revive anécdotas de “La noche de los sueños”, la fiesta de los 4 millones de dólares que quiere llevar a Netflix
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Desde hacía un tiempo, el magnate brasileño Gilberto Scarpa le venía diciendo a Mariano Mores que quería hacer una fiesta que incluyera una banda de 120 músicos. El maestro le respondía una y otra vez:
—-¡Estás loco! ¡Las grandes orquestas de los años 40 , 50 y 60 no pasaban de los 30 músicos y vos querés poner 120! ¿Dónde vamos a ensayar? ¡Solamente en el Colón, en Buenos Aires!
El punto más alto de La noche de los sueños, una fiesta que puso a Punta del Este en el ojo de la atención mundial en el verano de 1996 (la noticia se difundió en más de cien países), fue el instante en el que el compositor de Cafetín de Buenos Aires presentó un arreglo hecho especialmente para los anfitriones: Scarpa y su esposa Henriqueta, quienes celebraban sus 20 años de casados.

Scarpa, que llegó a tener 15 empresas y 5.000 empleados a su cargo, ya había hecho otras glamorosas fiestas en Punta del Este (nababescas, dirían los brasileños), pero ninguna como aquella que se hizo en su mansión, La Pinduca, del barrio Beverly Hills.
Pelé, los actores Antonio Banderas y su esposa Melanie Griffith, Catherine Deneuve, Gina Lollobrigida y Margaux Hemingway (nieta del escritor) estaban entre los invitados. “La noche de los sueños costó 4 millones de dólares”, dice Scarpa a El País en charla desde Brasil. “Estuve dos años organizando la fiesta y fui personalmente a hablar con las personalidades invitadas de Europa y Estados Unidos. De las 654 personas que participaron, 100 eran de estas procedencias”, agrega.
Por los salones de La Pinduca también cruzó la nobleza, entre ellos la princesa (y diseñadora de moda belga-estadounidense) Diane von Fürstenberg y la condesa Gunilla Gräfin von Bismarck, nieta del excanciller alemán Oton Von Bismarck. También estuvo la “realeza” argentina: desde Mirtha Legrand a Franco Macri y su hijo Mauricio, futuro presidente de los argentinos. Y figuras uruguayas de distintos ámbitos, entre ellas los expresidentes Jorge Pacheco Areco y Jorge Batlle. Las relaciones públicas estuvieron a cargo de Alfredo Etchegaray.

Ser VIP por una noche
En los primeros días de enero de 1996, Punta del Este estaba entrando en ebullición con el inicio del verano. Nadie hablaba de otra cosa que no fuera la fiesta, hecho que fue agriamente criticado por el periodista argentino Bernardo Neustadt, que todos los años acostumbraba a hacer un balance de la realidad rioplatense en los programas de TV que cubrían la temporada.
La lista de invitados pasó a ser una obsesión para el jet set y los medios: famosos, políticos, diplomáticos y sobre todo periodistas trataban de obtener un pase para la fiesta. El encargado de prensa, Jorge Ordeix, llegó a recibir amenazas de una revista brasileña que reclamaba invitaciones y una familia patricia de Buenos Aires lo llamó tres veces para ofrecerle una generosa “recompensa” a cambio de entradas. Incluso algunos fueron muy ingeniosos para colarse, como un matrimonio que se acreditó como periodistas (él como camarógrafo y ella como reportera) y concurrió sin cámaras ni micrófonos; eso sí, luciendo sus mejores galas. “Tuve que firmar 100 contratos en Uruguay con personas que hicieron distintas cosas. La prensa dijo que la fiesta costó US$ 2 millones, pero la verdad es que costó cuatro”, asegura Scarpa.

Amor por Punta del Este
En 1985, Scarpa veraneó por primera vez en Punta del Este y se hospedó junto a familiares y amigos en el hoy desaparecido Hotel San Rafael. “Me encantó el lugar. Yo tenía además un primo que estaba casado con una argentina y que tenía una casa ahí”, recuerda.
Después de alquilar distintas propiedades en los veranos siguientes, compró La Pinduca, un chalet que albergó sus fiestas y -con ellas- ayudó a impulsar el prestigio de Beverly Hills como barrio top. La mansión de dos plantas está edificada sobre un terreno de 5 mil metros cuadrados y será sede el próximo 24 de agosto de una fiesta con motivo de La Noche de la Nostalgia, en la que estará presente Scarpa, aunque ya no como dueño de la propiedad.


La noche de los sueños
La más surrealista de todas sus reuniones fue Las mil y una noches (1994), en la que Scarpa (que llegó a ser el mayor empresario del sector de botellas pet en su país) recibió a sus 250 invitados vestido de Aladín. Pero en el verano de 1996 celebró su fiesta máxima con 1.000 invitados. La carpa transparente con piso de cristal sobre la piscina la trajeron en camiones de Brasil y el montaje tardó 40 días, a un costo de medio millón de dólares. Hasta las flores llegaron desde el exterior. Se sirvió champagne Cristal y la vajilla estaba grabada en oro con las iniciales de Scarpa y su esposa.
Y entre tanto famoso, hubo ausencias notorias. Tres días antes de La noche de los sueños, un representante del mejor jugador de fútbol argentino fue a ver a Scarpa.
—Maradona tiene muchas ganas de venir a su fiesta. Pero esa misma noche tiene que jugar con Boca Juniors en Mar del Plata - le dijo.
Para poder asegurar su presencia, el manager (que no era Guillermo Coppola) hizo tres pedidos: en primer lugar, que se le facilitara un avión, porque el partido terminaba a las 12 de la noche y no iba a poder salir hacia Punta del Este antes de la una y media de la madrugada. En el libro Gilberto Scarpa, la otra cara de las fiestas, publicado a fines de los 90, se señala que el astro argentino pretendía también que se lo recibiera con una música elegida por él, porque quería llegar bailando. Y, al parecer, algún billetillo en pago por su presencia. Finalmente, tanto pedido y la agenda ajustada del crack terminaron por hacer que la cosa no cuadrara.
Entre las muchas historias tras bambalinas, Gilberto contó una anécdota sobre el rey Pelé. Un día de 1995, el astro brasileño lo buscó de improviso en su casa y le dijo que tenía una “oferta” de la familia Kennedy, de Estados Unidos, para tener “lo que quisiera” y convertirse en presidente de Brasil, con el apoyo de aquel poderoso clan. El tricampeón mundial quería ser presidente, sí, pero no de Brasil, sino de la FIFA. Ese fue el motivo por el que desestimó el apoyo.

El sueño de la serie propia
El vínculo del millonario (hoy retirado y de 84 años) con Punta del Este continúa. Además de la fiesta de la nostalgia, que tendrá lugar en La Pinduca el 24 de este mes, el brasileño viene recolectando apoyos para la serie de Netflix (Don Scarpa) con la que sueña desde hace más de una década. Hace un par de semanas, fue recibido por el ministro de Turismo, Tabaré Viera; el intendente de Maldonado, Enrique Antía; y el director departamental de Cultura, Jorge Céspedes. Las autoridades municipales manifestaron su apoyo a la iniciativa, lo cual representaría un aporte económico. “Si saliera todo bien con esta serie, con certeza volveré a Punta del Este a vivir para siempre”, dijo Scarpa a Domingo.

La fiesta de casamiento, 20 años después de la boda...
Hace días, de visita en Uruguay, Gilberto Scarpa recordó aquellos años dorados en una entrevista con El País.
—¿Cómo recuerda los años ‘90 en Punta del Este? ¿Qué le genera revivirlos en virtud del proyecto de serie sobre su vida y su familia?
—Los recuerdo con mucho cariño. Los años ‘90 fueron espectaculares. Hicimos aquella fiesta con repercusión mundial; salió en la prensa de más de 100 países. Ahora que pasó el tiempo, surgió esta iniciativa de revivir aquellos veranos y en especial la fiesta que todo el mundo recuerda.
—¿Cómo surgió la idea de la mega fiesta en 1996?
—La organizamos con mucho tiempo de anticipación. Mi mujer de entonces era segunda mujer y en ese tiempo no existía el divorcio en Brasil. Ella quería casarse de blanco. Yo le prometí que cuando cumpliéramos 20 años juntos, íbamos a hacer una gran fiesta en Punta del Este y ella estaría de blanco y llena de joyas. Así fue.

—¿Con qué anécdota se queda de esa noche?
—En mi libro sobre las fiestas, de los que vendí más de 100.000 ejemplares, conté muchas anécdotas. Entre ellas conté de una señora muy conocida argentina que entró bailando y bailó toda la noche. En cierto momento bailaba cerca de una mesa donde había dos brasileños: un diplomático y otro un empresario muy importante. Al parecer, uno de los dos le tocó la cola a esta mujer en cuestión. Aunque ella no sabía quién había sido, ella se dio vuelta y le pegó una cachetada a cada uno.
—¿Cómo encontró Punta del Este en su regreso recientemente?
—Hermosísima. Las calles limpias, vi orden en las calles, algo que en aquella época no era tan así. Me encanta el modo de proceder de los uruguayos.
—¿En qué momento dejó de venir a Punta del Este y se desprendió de su casa de Beverly Hills?
—Con el divorcio en 2000 de mi mujer vendí la casa. Hoy el propietario es Daniel Helal Caruso, que me recibió con mucho cariño. En estos años he ido algunas veces a Punta del Este. Con la pandemia había dejado de ir hasta ahora.
—¿Cómo es su día a día en el presente? ¿Sigue disfrutando de las fiestas?
—En este momento estoy “calvo”, como decimos en Brasil. Vendí todas mis empresas y estoy jubilado. Para ocupar el tiempo, en estos años escribí toda la serie y estoy muy entusiasmado con la idea de realizarla. Vivo bien, tranquilo y feliz
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