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Las plantas generalmente están fijas en el suelo, a merced de lo que ocurra, sin poder escapar. ¿Pero su margen de acción es tan escaso como parece? Mediante complejos mecanismos, monitorean permanentemente el ambiente y son capaces de acercarse a estímulos positivos para su vida o alejarse de elementos negativos. Hay ejemplos extremos y casos más imperceptibles, pero todas las plantas se mueven, claro que a su manera.
Por ejemplo, en la mayoría de los casos, los tallos tienden a escapar de la fuerza de gravedad creciendo hacia arriba (en los estolones, que son los tallos que corren paralelos a la tierra, no tienen este mecanismo, son indiferentes) y las raíces hacia abajo, hacia el centro de la Tierra. Esto es fácil de comprobar porque sin importar cómo caiga una semilla en el suelo al momento de sembrarla, al germinar, el tallo de la plántula crecerá hacia arriba y las raíces crecerán hacia abajo.

Los estímulos que desencadenan los movimientos varían: pueden ser la gravedad, la luz, el agua, la temperatura, diversas sustancias. Para cada estímulo hay sensores específicos que provocan una señal que se va amplificando hasta llegar al lugar de respuesta, donde se produce la acción de la planta.
- Los movimientos de las plantas se clasifican en tropismos o nastías. En los tropismos hay un definido acercamiento o alejamiento a un estímulo. Si hay un acercamiento, es positivo, y si hay un alejamiento o un escape, es negativo. Las nastías son movimientos que no suelen responder direccionalmente al estímulo y generalmente son transitorios, por ejemplo cuando se pliegan las hojas.

Las raíces
Las raíces tienen sensores de la gravedad que se hallan dentro de algunas células en su extremo. Las raíces pueden buscar otros elementos que necesitan, como el agua. Así son capaces de detectar, por ejemplo, una cañería subterránea perforada y dirigirse a esa fuente de agua.
También cuando, por falta de humedad en las capas superiores del suelo, crecen hacia las profundidades en su busca. Por esto es mejor regar profusamente menos veces que hacer repetidos riegos superficiales: si las raíces encuentran siempre el sustrato húmedo a su alrededor, crecen poco por no necesitarlo y están más expuestas a los cambios repentinos de la parte superior del suelo, cuya evaporación es más intensa.
Las correcciones de dirección se producen porque en un sector del órgano un lado crece más que el otro, lo que permite la curvatura. Así, las raíces pueden evitar obstáculos que interfieren en su camino con su crecimiento diferencial. Evaden, por ejemplo, piedras y bases de construcciones que pudieran encontrar en su camino.
Los tallos

El crecimiento diferencial está gobernado por las auxinas, las primeras hormonas vegetales que fueron identificadas y cuyos efectos fueron descubiertos por Darwin en experimentos relacionados al movimiento hacia la luz, conocido como fototropismo.
El fototropismo es positivo cuando los tallos, las hojas, inclusive órganos reproductivos buscan la luz. Un ejemplo típico podemos encontrarlo en las plantas de interior que, cultivadas cerca de una ventana (iluminación unidireccional), tenderán a alargar y curvar sus tallos hacia el vidrio, como una manera de moverse hacia lo que necesitan.
Los tallos de algunas plantas tienen fototropismo negativo, ocurre en la fase juvenil de muchas trepadoras como la Monstera deliciosa. En principio buscan la sombra, porque así encontrarán fácilmente el tronco del árbol que las llevará a las alturas. Una vez encontrado el soporte, el fototropismo será positivo para emprender la escalada hacia la luz. Los girasoles tienen movimientos que privilegian su exposición plena al sol, cambian en el día de posición en su búsqueda mientras están creciendo.
Las hojas
Las hojas de muchas leguminosas tienen notables movimientos propios. Es común ver que las hojas compuestas se plieguen si el clima está seco, si falta agua, como una manera de reducir la superficie de transpiración. En el abrir y cerrar actúan unas estructuras que se encuentran en la base de la hoja y de sus particiones, los folíolos, llamadas pulvínulos.

Se presentan generalmente como estructuras cilíndricas, donde una parte tiene células que se contraen porque pierden agua (células motoras flexoras) y paralelamente otra parte tiene células motoras extensoras, que se agrandan porque se hidratan cuando les llega la señal apropiada. Los pulvínulos actúan como una articulación.
Este mecanismo de plegamiento de hojas se activa en muchas leguminosas, como la Albizia julibrissin (acacia de Constantinopla) o la Leucaena leucocephala, y también en plantas de otras familias botánicas como los Oxalis, cuando cae la tarde y pasan la noche en una intrigante "posición de sueño".

Las gramíneas tienen otra manera de defenderse de la falta de agua, en vez de estructuras como los pulvínulos en su epidermis tienen unas células grandes, que "sienten" el estado hídrico de las plantas antes que las otras. Al detectar que entra menos agua por las raíces que la que sale por transpiración, rápidamente se ponen flácidas, lo que provoca el acartuchamiento de las hojas, la reducción de la superficie expuesta a la pérdida de humedad.

La Mimosa pudica es también llamada sensitiva y es originaria del norte de Sudamérica. Aquí, el mecanismo de plegamiento de folíolos tiene sus particularidades: es desencadenado por el contacto físico de las plantas con un agente externo, como podrían ser nuestros dedos. Su inmediata y corrediza respuesta es un mecanismo de defensa que busca asustar y disuadir a los insectos. Basta tocar algunos folíolos para que en segundos se plieguen y no solo eso, si es intenso ese estímulo, el movimiento se extiende a lo largo de la hoja a gran velocidad. Si la sensible respuesta al tacto se da al segundo, pasan unos minutos hasta que las hojas recuperan la posición inicial. Ante muchas repeticiones, el ardid deja de funcionar temporariamente, parece ser que esto protege a la planta de una costosa pérdida de energía cuando, por ejemplo, se ven envueltas en una tormenta que las golpea con viento, gotas o granizo que no paran de excitarlas.
Plantas en movimiento

Entre las trepadoras están las enredaderas, cuyos tallos abrazan soportes para sostenerse, los zarcillos (órgano que utilizan para sujetarse) también actúan de esa manera y muchas veces los mismos pecíolos (apéndice de la hoja donde se une al tallo). Tienen movimientos imperceptibles por su lentitud, y van tanteando en el espacio donde anclarse. Una vez encontrado, se aferran y después el cambio de curvatura se hace permanente. Hay otros ejemplos de movimientos como el de las flores, que se abren y se cierran de acuerdo con el momento del día en que sus polinizadores están más activos y responden a sus ritmos circadianos.
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