
Leth y el cine con obstáculos
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No a cualquiera Lars von Trier le puso los puntos. Jørgen Leth, que había sido su maestro, venía trabajando en cine con sus propias restricciones, autolimitándose a tal punto que no lo sorprendió que su ex alumno -talentoso, original, provocador- le planteara un gran desafío.
En su corto "Motion Picture", de 1970, Leth colocó al tenista Torben Ulrich en el lugar de "ejemplo", y registró su comportamiento dentro y fuera de la cancha, con un extraño movimiento de cámara fotográfica, que no hacía ningún esfuerzo por seguir al jugador. En "New Scenes From America" profundizó esta idea de obstáculos: la cámara no debía moverse en absoluto, no podía realizar ningún paneo ni tampoco un zoom. La limitación es, para él, "algo bueno para el arte en general".
Con su permanente vocación por experimentar no es extraño que Von Trier lo siguiera tan de cerca. Pero no fueron esos films los que más influyeron en él, sino el corto "El hombre perfecto" ("The Perfect Human", de 1967), que obsesionó al director de "Bailarina en la oscuridad", a tal punto de convertirse años más tarde en la base de "Las 5 obstrucciones" (2003), película que se presenta el jueves próximo en video y DVD.
El film -que pudo verse en el Festival de Mar del Plata de 2004, pero no logró estrenarse en el circuito comercial- es una combinación de documental, ensayo y ficción. Von Trier le propone a su mentor (y amigo) volver a filmar el corto de cinco maneras diferentes, según limitaciones que le va planteando en el transcurso del proyecto.
Leth es quien decide qué y cómo filmar en cada caso, siempre respondiendo a las obstrucciones, que no discuten entre ellos, pero sí analizan. A esta parte documental se suma la exposición de las dificultades que va teniendo para filmar, por ejemplo, en calles cubanas con tomas que no deben exceder el medio segundo; o en Bombay, con una cena exquisita y discutible frente a una población de bajísimos recursos. Las ficciones se van intercalando entre charlas repletas de ideas, reflexiones y momentos de frustración. Son encuentros donde se discute lo existencial y que ambos disfrutan, sobre todo Von Trier, que mucho sabe de limitaciones. Como padre del (para muchos polémico) Dogma 95, impuso restricciones por todos los frentes. Y no fue un juego, sino un aporte. En este caso no quedan dudas.






