
Letizia Ortiz y Felipe de Borbón: una boda diferente
La España que aún llora sus muertos del 11-M espera el casamiento del príncipe de Asturias y la joven periodista. Mientras la Casa Real intenta adaptar al clima reinante los preparativos para el enlace –que será el 22 de mayo–, la futura princesa despierta controversias y toma obligadas lecciones de protocolo
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MADRID.- El comienzo del milenio desató fiebre matrimonial entre los herederos de varias casas reales europeas y, en todos los casos, con su cuota de controversia. Empezó Haakon de Noruega y su boda con Mette Marit. Siguió Guillermo Alejandro de Holanda con la argentina Máxima Zorreguieta. Luego, Federico de Dinamarca con la australiana Mary Donaldson.
Y, ahora, toca el esperado turno de Felipe de Borbón, el heredero español -ex soltero empedernido- con la asturiana Letizia Ortiz. Pocas bodas fueron tan ansiadas como ésta en su tierra, donde desde hace años el sueño esquivo era ver casado a Don Felipe, como se le dice al príncipe, de 36 años. Sin embargo, todo ha cambiado. El dolor por los atentados del 11-M marcó ya esta boda, prevista para el 22 de mayo y con la que se estrena para casamientos la madrileña catedral de La Almudena. El príncipe -y toda España- llega, naturalmente, con el corazón herido. Al cierre de esta edición, de hecho, seguían las modificaciones del programa original, con la cancelación de varios actos festivos por respeto al luto.
Una vez más en las bodas reales, una cosa parece ser el cuento de hadas y otra, la realidad de todos los días. Porque, aun antes de los atentados terroristas del 11-M, si algo aprendió Letizia Ortiz Rocasolano en sus apenas cinco meses de prometida oficial de Felipe de Borbón es que no es fácil convertirse en futura princesa de Asturias.
Hasta los españoles se dan cuenta. "¡Toma guapa!, ¡te hará falta!", le dijo una mujer al entregarle una medallita de su santo. Fue durante el primer acto popular en el que la joven acompañó al príncipe. De hecho, su toma de contacto con los españoles se maneja con mucha cautela. La estrategia elegida parece ser la de ir despacio, con menos riesgos.
Plebeya y de carácter
¿Por qué tanto cuidado? Al estudiar el perfil de Letizia, la Casa Real vio muchos rasgos atractivos -de 31 años, asturiana, mona, periodista e independiente desde muy joven- que dan aire de modernidad a la corona. Pero le inquietó la reacción popular a su condición de divorciada y de agnóstica. Y luego, a lo que se fue sabiendo: que en los últimos seis años se le conocieron otras dos relaciones de convivencia también fracasadas, y mucho más importantes de lo que se quiso mostrar. Que carga con una reputación en entredicho y que hasta sus ex compañeros de trabajo la recuerdan como muy ambiciosa; tanto, que muchos hablaban de ella como "Ficticia" en lugar de Letizia.
Siempre hay malas lenguas, claro. Y España, que había esperado durante años la noticia, se alegró al saber que su príncipe, de 36 años, por fin se casaba. "Y muy enamorado", según él mismo dijo. Los sondeos revelaron enorme popularidad y aceptación de la futura princesa. Desde entonces, aquellos sondeos de emergencia no se repitieron y las apariciones de Letizia se dosificaron. Nadie quería correr riesgos en su proceso de incorporación a la familia real.
Hoy, la joven vive en el Palacio de la Zarzuela, la residencia real, donde hay control hasta sobre lo que come. Poco se sabe de ella; el gradualismo elegido parece ser muy distinto de lo que hizo la corona de Holanda con la argentina Máxima Zorreguieta, que pasó semanas en gira por todos los rincones del país. Eso no ocurre con Letizia. Ni mucho menos.
Aquí no hay aún una letiziamanía, pero sí, naturalmente, la joven acapara miradas curiosas y expresiones de afecto. En todo este tiempo, Letizia aprendió varias cosas para morigerar su modo. Entre las obvias: a caminar detrás del príncipe, a no tener pelo (ya no se lo toca todo el tiempo en gesto sensual), a tener piernas (redujo mucho el uso de pantalones). A no dirigirse al rey en público salvo que él lo haga primero y, lejos de su incontinencia verbal inicial, a no decir públicamente mucho más de lo justo, apenas poco más que "hola" y "gracias".
Aparece poco, pero gradualmente se incorpora a actividades oficiales. Y la prensa española comenzó a perder la paciencia si no se muestra a la altura. Algo así ocurrió, por ejemplo, cuando acompañó a la reina Sofía en su visita a los heridos en los atentados de Madrid.
"Al final, la reina tuvo que consolarla a ella. No se entiende, porque se supone que es una periodista curtida en coberturas de tragedias. Y porque, a los cuatro días, se estaba probando el traje de novia. ¿Era necesario eso?, ¿frivolidad?, ¿falta de sensibilidad?", se preguntaba Jaime Peñafiel, uno de los expertos en temas reales más seguidos en España.
Mucho se conjetura sobre lo que ocurre con ella en privado. "Hay dificultades de aceptación", dicen quienes afirman conocer el cerrado mundo de La Zarzuela. Pero lo cierto es que, en público al menos, la reina se desvive por mostrar sintonía con su futura nuera. Y hasta le sonríe cuando ésta, en uno de su desbordes de temperamento, gesticula con el dedo en pleno rostro de su futura y real suegra. "Se que aprenderé con la ayuda de la reina", dijo la propia Letizia más de una vez. En eso está, y avanza con prudencia.
Letizia no era exactamente lo que esperaban los padres del novio. Pero, al parecer, esta vez el enamorado Felipe se puso firme y hasta amenazó con renunciar a la corona si su novia no era aceptada, según afirmó Pilar Urbano, biógrafa de la reina Sofía. Con 36 años y tres relaciones frustradas, la corona no quería exponer a su heredero a un nuevo fracaso sentimental. Para eso, la táctica fue la política de "hechos consumados": se anunció el compromiso con Letizia tras haber mantenido el breve noviazgo en secreto. El objetivo de preservar a la joven de la opinión pública durante ese proceso se logró con creces.
El segundo objetivo fue impedir que se filtraran fotos y relatos del pasado de Letizia. La peor pesadilla para la Casa Real era una imagen de la joven vestida de novia para su anterior casamiento con el escritor y profesor de lengua Alonso Guerrero.
"Pueden estar tranquilos, de mis cajones no saldrá nada", dijo el ex marido, con sus novelas rescatadas del olvido y catapultadas como best sellers. Sobre todo la titulada El hombre abreviado, en la que cuenta la historia de un escritor enfrentado a la separación de su mujer. Muchos creyeron ver allí una biografía de su ruptura con la futura princesa, a quien, justamente, le dedicó el libro: "Para Letizia".
El otro blanco del "operativo control" fue el Ayuntamiento, donde se celebró la boda civil. Su ex titular Manuel Jesús Román cuenta que cuando ésta se celebró los novios "llevaban ocho años juntos" y que les gustaba ir a bares por el pueblo. Cualquiera podría tener una imagen de aquellos días, pero sigue sin aparecer.
Una cuestión de fe
Lo único que se coló hasta ahora es un desnudo que un pintor cubano residente en México realizó inspirándose en Letizia. "Sólo tomé su cara", aseguró Waldo Saavedra. Se conocieron cuando la joven cursó estudios en el país azteca. "Fuimos amigos", respondió el artista cuando se le preguntó si habían sido amantes. "Pero, ¿quién no se enamoraría de Leti?", añadió.
El casamiento real será católico, y aquí se presentó el otro problema: Letizia es agnóstica y, según prelados que la trataron, "fría en cuestiones de fe". Se montó entonces un tercer operativo, esta vez para que la joven recuperara, en rápidas lecciones, "el tiempo religiosamente perdido" y se convirtiera en una "mujer de convicciones católicas", según se indicó. La tarea de catequizar a Letizia se encomendó al ex obispo castrense José Manuel Estepa, de reconocido método.
El temperamento de Letizia ha aflorado tras su permanente sonrisa, como cuando mandó callar al príncipe con un "déjame terminar" cuando éste intentaba frenar su verborragia en la presentación oficial. Tanta disposición para tomar las riendas no pasó inadvertida. Ella saludaba a los demás periodistas -sus antiguos colegas- mientras el príncipe hablaba de la continuidad de la dinastía. Sin embargo, desde entonces su vida cambió más de lo que ella esperaba.
Y no sólo porque ya no tiene contacto alguno con el empleo en TV, que quería conservar (sólo quince días después de anunciar que su desvinculación sería "gradual" el contrato se rescindió por completo), sino, sobre todo, por un creciente giro hacia otro modo personal, desconocido para ella, y más convencional.
Por ejemplo, acompañó al príncipe al santuario de Covadonga (una veneración similar a la de la Virgen de Luján en nuestro país) y luego, a la peregrinación del Cristo de Medinacelli (con una devoción similar a la de San Cayetano).
Lejos de aquel aire arrollador, Letizia exhibe ahora una recatada prudencia, al menos en público; como cuando se inclinó en una larga reverencia para besar el anillo de monseñor Rouco Varela. "Es el trabajo de domar a la fierecilla", dicen los más duros.
Letizia aprende hasta en horas extras su futuro papel de princesa. Y al novio se lo ve pletórico en el de príncipe enamorado. Juntos hacen suspirar a la España que llora su pena mientras busca un sueño que le alivie el alma.
- Para saber más
Después del 11-M
Madrid.- Los atentados del 11 de marzo llevaron a que Feli-pe y Letizia introdujeran cambios en la celebración de su casamiento. Por lo pronto, no será precedido por la estruen-dosa "despedida de solteros" que, con invitados de casas reales y amigos de los contrayentes, se suele celebrar dos días antes de la boda de un heredero.
No son fiestitas con los más íntimos. Años atrás, la despedi-da de las hermanas de Felipe -las infantas Elena y Cristina- llegaron a congregar a medio millar de personas, en prome-dio.También se suspendió la fiesta popular de celebración. El precedente más cercano, el de Máxima Zorreguieta y Gui-llermo Alejandro de Orange, transcurrió en el estadio del Ajax, con un show gratuito en el que brillaron los efectos especiales y las bromas a los contrayentes. La ceremonia religiosa será a las 12.30, en la catedral de La Almudena. Unas 1500 invitaciones ya comenzaron a despacharse; entre ellas, la cursada al presidente Néstor Kirchner y a su esposa, Cristina Fernández.
Detalles
- El casamiento: Letizia Ortiz y el príncipe Felipe de Asturias contraerán matrimonio, el 22 de mayo, en la catedral de Nuestra Señora de La Almudena, en Madrid.
- Regalos: entre los presentes que han recibido hasta este momento se encuentra un juego de café de plata de ley, estilo Luis XV, valuado en 24.000 euros. Cada pieza lleva grabadas la corona del príncipe de Asturias y las iniciales de la pareja. Además, les han obsequiado vajilla y cubertería en plata de 24 quilates para 40 comensales.
- Conmemoración: la Casa de la Moneda emitirá tres monedas conmemorativas del enlace matrimonial. Dos serán de plata y una de oro, y tendrán el anverso común, con la imagen de los reyes; en el reverso, con pequeñas variantes de diseño para cada una de las piezas, figurarán las imágenes de los novios.
- Restaurante: el restaurante madrileño Jockey ha sido el elegido por la Casa Real para ofrecer el almuerzo de la boda. El director del restaurante, que no adelantó detalles del menú, dijo que se está en contacto con la institución para "trabajar juntos", con el objetivo de que "todo salga bien".
- Donación: el espectáculo multimedia que el pueblo de Madrid iba a ofrecer a los novios el 17 de mayo, en la plaza de Oriente, como regalo de boda, fue suspendido debido a los atentados del 11 de marzo último.
El presupuesto que estaba previsto invertir se destinará a financiar el monumento a las víctimas.
El vestido
"Regio, marfilino y con una cola muy larga", así describió el diseñador Manuel Petergaz el vestido que Letizia Ortiz lucirá el día de su boda. "Tendrá un escote modesto", dijo. Parece que tendrá una falda con vuelo, mangas modernísimas y un velo imponente. En cuanto al tocado, el modisto apuesta por un recogido semi para lucir mejor el traje. Aunque no lo confirmó, Pertegaz prevé que Letizia decore su tocado con una diadema.





