
Libres de humo: el desafío de dejar de fumar
Los efectos devastadores del cigarrillo sobre la salud están bien demostrados. Hay tratamientos que ayudan a dejarlo, pero no están al alcance de todos los bolsillos. En esta nota, pistas para abandonarlo y el testimonio de quienes lograron decirle NO al hábito
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Mark Twain lo tenía claro: "Dejar de fumar es fácil. Lo hice un millón de veces". Su afirmación, a mitad camino entre la ironía y la realidad, no hace más que reflejar la dramática situación que se le impone a la gran mayoría de los fumadores cada vez que intentan abandonar el hábito. La respuesta a la razón por la que es tan difícil dejar de fumar tiene un nombre: nicotina.
"Es una droga tan adictiva como la cocaína o la heroína", dice un informe de la Asociación Americana del Cáncer. Esto significa que, más allá del ritual de tomar un cigarrillo, buscar con qué encenderlo, inhalar el humo y expulsarlo –una rutina, en principio, psicológica– también existe una poderosa dependencia física, que varía de persona a persona y que puede volver muy difícil dejar de fumar.
Sin embargo, nunca –jamás– es tarde para hacerlo. Y cuantas más veces se lo intente, más cerca se está del éxito.
"Los tratamientos actuales facilitan el desafío gracias al control del síndrome de abstinencia (la dependencia física) y a un conjunto de estrategias basadas en cambios de hábitos y de conducta. Pero no es fácil: la mayoría consigue dejar sólo después de varios años e intentos", dice el doctor Gustavo Zabert, médico –ex fumador– a cargo de la Cátedra de Medicina y Cirugía de la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional del Comahue (Neuquén), donde coordina el Servicio de Cesación de Adicciones.
La doctora Verónica Schoj, médica de familia e integrante del Grupo Antitabaquismo del Hospital Italiano (Grantahi), asegura que la terapia de reemplazo o sustitutiva de la nicotina (parches, sprays, chicles, tabletas sublinguales y chupetines, aunque en nuestro país se dispone solamente de parches) y los fármacos "son sólo un aspecto de los tratamientos, y no el más importante, que es la firme motivación de la persona, decisión que se debe apuntalar y apoyar".
La doctora Schoj dice que a la hora de subir la escarpada montaña del abandono tabáquico lo más importante son las estrategias psicosociales, "un conjunto de sugerencias que van desde saber cómo manejar los momentos críticos de compulsión hasta aprender a no mentirse con actitudes falsamente «superadas», como dejar cigarrillos a mano", aclara, y agrega que en términos generales la mitad de los fumadores consigue, aunque sea al cabo de varios años e intentos, dejar su adicción.
"Si bien se toman herramientas que provienen de distintas corrientes de la psicología –agrega Schoj–, esto no significa que haya que hacer psicoterapia para dejar de fumar. Cualquier integrante del equipo de salud puede ofrecer este asesoramiento, siempre y cuando tenga entrenamiento."
En este sentido, señala el doctor Gustavo Zabert, nuestro país tiene un particular déficit: la bajísima proporción de médicos entrenados en tratamientos antitabáquicos. "Los estudios demuestran que el 50% de los fumadores de nuestro país está considerando dejar y que, entre éstos, la mitad querría intentarlo el mes siguiente. Pero faltan profesionales capacitados para ayudarlos: sólo el 30% de los médicos reconoce haber recibido entrenamiento formal en la materia, y de éstos únicamente la mitad cree que aconsejar a sus pacientes para que dejen de fumar es realmente efectivo. Es que debe de ser difícil recomendar algo que uno mismo no es capaz de llevar adelante: "Fuma al menos el 34% de los médicos de nuestro país –señala, preocupado, Zabert– y existen pruebas de que los médicos fumadores evidencian una menor actitud de intervención contra el tabaquismo, relativizan los efectos del fumar y minimizan los beneficios de dejar".
El problema se ve también entre los futuros médicos. "En muy pocas facultades de medicina está prohibido fumar", comenta la doctora Verónica Schoj, al tiempo que el doctor Gustavo Zabert recuerda que en todos aquellos países donde las medidas contra el tabaquismo fueron exitosas los primeros en "colgar los botines" fueron los médicos y los maestros, por aquello de que ambos pretenden enseñarnos, unos desde el consultorio y otros desde las aulas, a dar el ejemplo.
Mitos y verdades
Schoj afirma que existen algunas estrategias clave para poner en marcha, antes, durante y después de la última pitada. "Antes hay que pensar principalmente en dos cuestiones –explica–. Una, anotar las razones por las que se decide dejar de fumar. Aconsejamos que sean motivos más positivos que negativos. Dejar porque uno o alguien conocido se enfermó no suele dar mucho resultado: la motivación se diluye a medida que el miedo cesa. La segunda cuestión es establecer un Día D. Está demostrado que la posibilidad de éxito aumenta cuatro veces cuando se fija un día determinado que cuando se disminuye paulatinamente la cantidad."
¿Qué hacer después, una vez que el cigarrillo ya no nos acompaña a cada paso? "Hay varios secretos –añade Schoj–. No guardarlos ni en la cartera, ni en la guantera ni en el bolsillo. El adicto «necesita» tener cerca la sustancia de la que depende. Puede que el fumador se sienta más tranquilo con el cigarrillo cerca, pero también de ese modo lo esté desafiando: «Te tengo cerca, pero no te necesito…» Todas éstas son excusas, y también son trampas. Lo que tiene que hacer es tirar los cigarrillos a la basura y evitar la primera pitada. Siempre."
Según la doctora Schoj, es cierto que cuando se deja de fumar el metabolismo basal (la usina que regula el gasto de calorías que utilizamos para vivir) trabaja más aliviado y entonces la balanza sube. "Pero no son más de 2 a 4 kilos –asegura–. Y generalmente se bajan después. Quien engorda más es porque no regula su alimentación y no hace actividad física, otro aliado importantísimo contra el cigarrillo."
Recordar que los momentos críticos o gatillo "duran poco" es importante durante el período de abstinencia, como también evitar los ambientes con fumadores, porque "la tentación existe", dice Schoj.
Cajita de útiles
El doctor Gustavo Zabert añade que existen parches de 10, 20 y 30 cm2 que aportan 17, 36 y 54 mg respectivamente de nicotina, y que van aplicándose de mayor a menor (según el número de cigarrillos que fuma cada persona) y siempre y cuando se haya dejado de fumar. "En la Argentina teníamos chicles, pero se discontinuó la comercialización, aunque se consiguen en Uruguay. No hay spray nasal, ni inhalador, ni caramelos ni tabletas sublinguales."
En cuanto a los fármacos no nicotínicos, los especialistas mencionan el bupropión (el de mayor eficacia hasta la actualidad), la nortriptilina (aunque el disponible está asociado en el mercado a otro fármaco no indicado para el tabaquismo) y la clonidina (antihipertensivo, con especial indicación en mujeres embarazadas).
"El resto de los métodos que se promocionan, como el acetato de plata del Llame ya…, la auriculoterapia o la hipnosis no tienen evidencia científica", agrega Zabert.
Sobre algunos fármacos en desarrollo, como una vacuna antitabáquica (Nic Vac) que capturaría la nicotina antes de que llegue al cerebro, es una opción interesante, según Zabert. "Pero está en etapa de experimentación temprana, hay pocas evidencias y mucha prensa." Otros dos fármacos, rimonabant y varenicline, que actuarían sobre la cascada neuroquímica que regula las conductas adictivas, "podrían ser más promisorios porque las investigaciones están más adelantadas, pero no hay nada concreto", afirma Verónica Schoj, al tiempo que añade: "Lo importante es concentrarnos en lo que sí tenemos y está demostrado. Y el tratamiento de elección para dejar de fumar es la palabra. Nada reemplaza a la decisión firme de la persona: en todo el mundo, la gran mayoría de los que dejan de fumar lo hacen sin ayuda farmacológica."
Entre la hipnosis y el láser
Hace más de 20 años, el doctor Carlos Capdevila escribió un libro que, parafraseando a Winston Churchill, tituló Humor, placer y lágrimas. El texto, que luego se llamó Cómo dejar de fumar, lleva ya seis ediciones.
Capdevila, uno de los fundadores del Cemic, asegura que una de las claves de su manual radica en que "informa sin asustar".
El libro pasa cuidadosa revista a los daños que el tabaquismo inflige al organismo: diversos tipos de cáncer, patologías cardiovasculares, osteoporosis, úlcera péptida y otros. "La primera edición del libro incluía también como método de ayuda la inducción a hipnosis –recuerda el médico–, pero el problema es que no contamos con buenos hipnotizadores. Ahora hay otras alternativas: parches, algunos antidepresivos como el bupropión y también la fluoxetina."
El doctor Capdevila considera que el láser y la acupuntura son de gran ayuda. "Es que estimulan el hipotálamo, zona del cerebro vinculada con el control de la conducta adictiva. De todos modos, lo principal es siempre la voluntad de abandonar el cigarrillo. La propia motivación nunca puede faltar."
¿Una guerra perdida?
A mediados de noviembre del año pasado, la Argentina perdió una oportunidad histórica: como el Senado de la Nación no ratificó su adhesión al Plan Global Antitabaco (un convenio entre 192 naciones), el país quedó fuera de la posibilidad de disponer de apoyo técnico y financiero para diseñar e instrumentar estrategias nacionales y regionales de sustitución de los cultivos de tabaco, además de perder el acceso a la implementación de un conjunto de medidas para disminuir la proporción de fumadores que, según cifras del Ministerio de Salud, asciende al 33,5% de la población (aunque la encuesta 2004 la Secretaría de Prevención de la Drogadicción y la Lucha Contra el Narcotráfico –Sedronar– indica que los que fuman son el 37,5 por ciento).
¿Qué panorama enfrenta un fumador que busca ayuda para dejar el cigarrillo? Según el nivel de adicción y de motivación (ver recuadro), además del tratamiento conductual se indican sustitutos de la nicotina y fármacos.
"El costo aproximado de dos meses de parches y un fármaco es de unos $ 500", dice la doctora Verónica Schoj. Si bien un fumador de un atado diario a un promedio de 3 pesos por día gasta unos $ 100 en un mes, existe una brecha económica que no todos pueden costear. Fumar, además, genera un enorme costo al sistema de salud, que, según fuentes oficiales, alcanza los 12 millones de pesos diarios. Pese a este impacto y al enorme ahorro que genera el abandono tabáquico, no existe ninguna ley en nuestro país que obligue a las empresas de medicina prepaga y obras sociales a incluir programas de cesación en su cobertura.
En diciembre pasado, la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS, que controla el funcionamiento de las obras sociales) anunció un programa que, con el sugerente nombre de Nofaso buscaba beneficiar a la población fumadora comprendida dentro del seguro de salud con la cobertura de hasta dos tratamientos de cesación tabáquica por año, con provisión de fármacos, parches y apoyo terapéutico. Pero el programa, finalmente, no se aplicó.
El doctor Juan Carlos Biani, gerente de control prestacional de la SSS, dijo a la Revista que la iniciativa iba a financiarse con el Fondo Solidario de Redistribución, "700 a 800 millones de pesos al año destinados a cubrir patologías de alto costo y baja incidencia –explicó–. Pero hubo discusiones acerca de destinar ese fondo para financiar estrategias que pueden obedecer más al marketing de los laboratorios que a pruebas científicas inobjetables: es que faltan acuerdos indiscutibles acerca de la eficacia del parche de nicotina, que funciona en niveles muy bajos y cuya eficacia clínica no está bien demostrada. Además, nadie duda de que hay que hacer prevención del tabaquismo, pero cuando se intenta llevar esto al Congreso están los lobbies de la industria tabacalera preocupados por la posible desocupación de 30.000 familias, sin tener en cuenta que el Estado gasta más de cinco veces de lo que recauda por el daño que causa el tabaco."
El cardiólogo Jorge Tartaglione, jefe de Prevención y Calidad de Vida del hospital Churruca, que ofrece atención al personal de la Policía Federal y a sus familiares, coordina allí talleres especializados. Tartaglione dice que no es sencillo abordar la problemática del tabaquismo en la policía –donde cerca del 60% del personal es adicto al tabaco–, pero que cuando además del tratamiento conductual se aplican parches de nicotina y fármacos en los casos en que están indicados "siete de cada diez logra dejar; en cambio, la cifra se reduce a la mitad si no se accede a esos recursos. Por eso sería de gran importancia alcanzar la cobertura de sustitutos de la nicotina y fármacos –asegura el médico–. El tabaquismo está lleno de paradojas: Ginés (González García, ministro de Salud) hace grandes alardes pero no hace nada para que el cigarrillo sea considerado una adicción, igual que la cocaína".
En muchos hospitales públicos hay programas antitabáquicos (ver para dejar de fumar) o instituciones decanas como Lalcec, que comenzó con sus grupos en 1978. Pero falta un registro de obras sociales y empresas de medicina prepaga con programas para dejar de fumar. La Revista consultó en OSDE, Osecac, Osperyh y Galeno, donde manifestaron que no se cubren estos programas, ni parches ni medicación. En el Hospital Alemán existe un programa (arancelado) para los socios, y en el Hospital Británico un médico del Servicio de Neumonología se especializa en tabaquismo. En el Hospital Italiano funciona un programa que ofrece tratamientos a socios y a no socios, "abonando un coseguro de $ 50 si se pertenece al Plan de Salud –informó una recepcionista–. Si se es paciente privado, dos consultas de $ 40 cada una más $ 190 por cada uno de los seis módulos". Parches y fármacos tienen descuento en la farmacia del hospital.
Por su parte, el doctor Andrés Leibovich, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud del Ministerio de Salud, señaló que "la voluntad política de luchar contra el tabaquismo está, pero nos faltan leyes. Y este vacío legal es vergonzoso. Si fuera por mí, hubiera ratificado el convenio antitabaco, promulgado la ley nacional y tendría disponible el tratamiento para quien lo necesite. El Ministerio tiene su página web, un 0800, programas que informan a todos, pero no la potestad de cubrir tratamientos. Que la gente deje de fumar sería un gran ahorro para el sistema de salud, pero, ¿quién se hace cargo?"
Para dejar de fumar:
http://www.chaupucho.lalcec.org.ar
http://www.msal.gov.ar/htm/site_tabaco
http://www.uata.org.ar/
Sofía Neiman: detrás de la nube blanca
Yo venía pensándolo hacía bastante, pero creo que el clic fue cuando iba a La Plata en mi auto con una amiga y, como quería fumar, pero también conversar, y no nos escuchábamos, cerré la ventanilla y enseguida todo fue una nube blanca… Entonces me dije: «Esta es mi vida; un velo blanco, algo que no puedo atravesar, qué horror». A los pocos días dije que iba a dejar de fumar. Mis amigas, hiperfumadoras como yo, se murieron de risa, pero encendí mi último cigarrillo hace más de 15 meses. Y no volví a fumar."
La RRPP Sofía Neiman habla tranquila: ya no tiene miedo de las disfonías ni de que su voz suene como "un rallador". Ahora su piel está más linda, siente menos cansancio y –paradójicamente– está menos ansiosa y más paciente que cuando fumaba. Haber dejado el cigarrillo es posiblemente la experiencia más movilizante de su vida. Dice que comenzó a fumar de adolescente, que lo abandonó durante los embarazos porque le daba asco, pero que jamás pudo conformarse con 4 o 5 por día. "Si no, seguiría fumando –dice–. Pero lo mío es compulsivo: todo o nada. Así que no fumo."
Disfruta de sus carteras pequeñas, que antes le resultaban imposibles –llaves, documentos, encendedor y al menos dos atados de cigarrillos no entran en cualquier espacio, y eran su equipaje obligado–, y quiere que sus hijos le den todos los besos que antes le escatimaban. "Justificadamente, me decían qué olor a faso, vieja, y se alejaban", recuerda. Ahora intenta dominar el período de abstinencia con mucho chicle y ejercicio físico, y reconoce que, si bien tomó una sesión con un médico que le aplicó un disparo de láser, "la verdadera decisión la tomé y la sostuve yo; el láser fue un símbolo, y es más: tenía que volver para una nueva aplicación y no volví".
Después de tantos años de encontrar en el cigarrillo un compañero infaltable que, admite, la hacía sentir "tan fuerte como la armada Brancaleone", hoy se siente "todopoderosa", pero desde un lugar diferente: "Es que si fui capaz de esto, siento que también podré cualquier otra cosa que me proponga".
Soledad Silveyra: mamá es un ejemplo
Fumadora desde los 13, el cigarrillo fue durante 40 años la sombra infaltable en la vida de Soledad Silveyra. Pero un día, concretamente el 11 de agosto del año pasado, la conocida actriz dijo basta.
Y aunque ella no creyó que podría pasar siquiera algunas horas sin recurrir a esa "muleta", ya lleva varios meses peleando contra el hábito que la condujo hacia un diagnóstico que la preocupa y la puso de pie para enfrentarlo: enfisema pulmonar.
"Es maravilloso darse cuenta de que se puede ejercer la voluntad –dice, emocionada–. Esto significa mucho después de 4 décadas de fumadora."
Así como antes el atado y el encendedor la acompañaban a todas partes, ahora no da un paso si no se lleva su botellita de agua mineral. "Pido disculpas en los restaurantes, pero es mi gran aliada: lo que antes era una pitada ahora es un sorbo de agua", confiesa.
¿Qué método usó para dejar de fumar? "Primero, y básicamente, la decisión. Pero hice un curso de tres días con un señor que se llama Rolando y que vive en Acassuso, un ex fumador y todo un personaje. El nos recomienda no contar nada del curso, no porque exista algo oculto, sino porque considera que es interesante que el fumador se encuentre, de lleno, con su situación."
Solita también se ayuda con un fármaco habitualmente indicado en estos casos (el bupropión) y con técnicas que facilitan manejar la ansiedad, aunque admite que un elemento que también colabora en su abstinencia son las muchas horas que pasa trabajando y el hecho de terminar cada día agotada.
Asegura que del mundo nuevo que descubrió en su vida libre de humo lo que más la impresiona es son los olores. "Es increíble cómo se sienten. Disfruto del olor de una flor, de las sábanas limpias, y también reconozco que el olor a cigarrillo me produce mucho rechazo. Los olores, para mí, eran un mundo postergado."
Tal como explican los especialistas en el tema, cada vez que Solita tiene ganas de fumar, experimenta ese deseo como "un zarpazo", que al cabo de algunos minutos pasa y permite seguir adelante con el objetivo mayor.
Prudente, sabe que todavía no puede definirse como una ex fumadora, pero sí disfruta de una nueva etapa en la que puede mirarse al espejo y congratularse. "Siempre me di con un caño, para el cacheteo con Solita –bromea–. Pero ahora estoy bien conmigo, y me lo puedo decir yo misma. Mis hijos están sorprendidos. Fuman los dos, pero especialmente el mayor es muy cuidadoso: no lo hace en lugares cerrados, como el auto… Siento que mamá, para ellos, ya no es un desastre. Esta vez, mamá les pudo brindar un buen ejemplo…"
Enrique Vedoya: pacto con la vida
Empezó a fumar a los 15, quizá 16. Le robaba cigarrillos a su padre. Era la época de los americanos cortos, de tabaco bien comprimido, sin filtro. Cuando hizo el servicio militar, en el Sur, decidió pasarse a los negros. "Fumaba un atado y medio –recuerda hoy Enrique Vedoya, productor agropecuario, 55 años–. Creo que los rubios eran demasiado livianos, no les sentía el gusto; entonces busqué algo más fuerte. En esa época fumaba todo el mundo, estaba bien visto…"
Durante mucho tiempo, fumar no le impidió dedicarse activamente a los deportes. "Pero durante un verano, hace 6 años, en Cariló, jugué un partido de paddle y después me bañé en el mar. Era un día de calor, pero al día siguiente tenía 40° de fiebre, estaba muy mal, y la temperatura no bajaba. Entonces mi mujer me cargó en el auto y me trajo para Buenos Aires. Tenía una infección pulmonar muy fuerte. Estuve 10 días con antibióticos y, por primera vez, durante esos días dejé de fumar, algo que jamás había hecho cuando me engripaba o estaba enfermo."
Al cabo del tratamiento, cuando Enrique Vedoya fue al sanatorio con nuevas radiografías de sus pulmones, la misma médica que lo había revisado y le había dado el alta le abrió la puerta a un nuevo desafío. "Fue una conversación muy amable, nada agresiva, sin tonos serios o imposiciones –recuerda hoy–. Simplemente, mirando las radiografías, me dijo: y ya que lleva 10 días sin fumar, ¿por qué no aprovecha y deja? Le va a venir muy bien…"
De esto han pasado más de seis años. Nunca más encendió un cigarrillo. "No tuve síndrome de abstinencia ni enormes ganas de fumar –recuerda Vedoya–. Pero aumenté 10 kilos. Se ve que toda mi ansiedad la canalicé con la comida: me devoré todos los caramelos sugus del mundo... De todas maneras, sigo haciendo deportes y moviéndome mucho. Y ya no tengo fatiga, ni dolores de cabeza ni agotamiento al levantarme."
Vedoya asegura que se siente un ex fumador y que desde que dejó el cigarrillo puso en marcha algunas pequeñas rutinas. Por ejemplo, en su auto, que utiliza mucho para viajar, jamás se encendió un cigarrillo. "El cenicero está sin estrenar, y en el coche siempre hay olor a nuevo –bromea–. Lo único que conservo de mi época de fumador son los encendedores, que coleccioné durante muchos años. Los guardo porque son un recuerdo. Pero nada más."
Alejandro Dolina: fume o cante
Decídase: o fuma o canta."
Con una frialdad únicamente justificada porque apagó su último cigarrillo hace 10 años, Alejandro Dolina resta importancia a su logro y admite que en realidad fue la firmeza de su otorrinolaringólogo, el doctor Federico Ausgpach, la que lo llevó a decidir dejar el tabaco.
"Creo que como yo tenía más ganas de cantar que de fumar –recuerda–, tuve en cuenta su recomendación. Luego de esa advertencia del doctor Ausgpach me enfermé, tuve una gripe muy fuerte, que me dejó en cama algunos días, durante los cuales, desde luego, no fumé. Entonces, recordando su recomendación, cuando me levanté no volví al cigarrillo. ¿Cuánto fumaba? Cerca de un atado por día."
También en esta empresa Alejandro Dolina parece aplicar la misma sobriedad y mesura que lo caracterizan en su polifacética actividad, y dice que restó completo dramatismo al haber dejado de fumar.
"No hice una cosa de eso, no fue comentario diario, ni fui de compartirlo o de contar los días que hacía que no fumaba… Fue una decisión drástica, pero no una pieza de conversación, algo que algunas veces veo en otros y que creo que puede fastidiar… Nunca me molestó que fumaran al lado mío, no me molesta el olor o el sabor ni me produce ningunas ganas de fumar… Rara vez me tenté con la pitada de un habano, pero nunca más volví a fumar, no tuve reincidencias. Nunca extrañé el cigarrillo ni engordé nada: tal vez porque lo dejé en un momento de gran tristeza de mi vida y la malasangre es una buena dieta… Sé que para muchos es más difícil, que necesitan «hacer bandera» con que dejan de fumar, contarlo con todo detalle e ir mostrando cómo evolucionan… pero para mí no hubo ese antes y después.
"Y, sí, la verdad es que miento un poco cuando minimizo o digo que no me siento mejor. En realidad, y en todo lo que pasa por los fueyes, por ejemplo cantar, dejar el cigarrillo es bueno y se siente, aunque mi salud no pasó a ser la de un niño de 11 años… Nada cambió mágicamente, no dramatizo, nunca lo hice. Quizás, ahora que lo pienso, es porque el cigarrillo no significaba tanto en mi vida."
Luisina Brando: victoria propia
El 1° de mayo, Luisina Brando cumplió su octavo año sin fumar. "Hacía tiempo que lo tenía in mente –recuerda–. La mitad de los cigarrillos [que fumaba] no me convencían. Algunos eran gustosos, pero otros eran apoyos, importantísimos en ese momento, pero al dejar de fumar me di cuenta de que no les sentía tanto el gusto, ni siquiera a esos que me parecían imprescindibles. Más bien, estaba llevada por un eslabón de sensaciones…"
Según Luisina, una de las claves que explican la enorme dependencia psicológica que el fumar genera es que el cigarrillo nunca contradice. "Uno termina de hablar, y no tiene razón, ¿y entonces qué hace? Como adelante está el atado de cigarrillos, lo toma entre sus manos, juega con el celofán, saca uno y lo enciende, reafirmando su pensamiento o su bronca con el clic del encendedor. Acabás de tener otra conversación donde tenés toda la razón del mundo, entonces vas relajadamente hacia el atado con otro tempo, otro ritmo, agarrás el encendedor, lo encendés, jugar con él, lo ponés arriba de la mesa, girás en tu silla, te cruzás de piernas y decís: soy un genio. El cigarrillo está siempre a tu disposición."
Sin embargo, Luisina Brando sabe que el cigarrillo vino de la mano, también, de muchas trampas.
"Así fue como una noche pude decirme: Qué suerte que tengo en la vida: un marido, un hijo, un jardín, dos o tres afectos importantes, una profesión… Entonces, ¿cómo yo voy a estar fumándome esas cosas? Esto, que parece de Disneylandia, fue voluntarismo puro, pero me abrió una grieta en la cabeza y me permitió tomar una determinación."
La actriz afirma que su decisión le genera un gran orgullo: "La adicción por el tabaco está dentro del mundo de la droga, así que lo que uno ha hecho dejando de fumar es realmente muy importante".
Recuerda que tuvo un largo período de abstinencia durante el cual la pasó muy mal, porque fumar y tomar mate era una combinación que parecía difícil de erradicar. "Pero cada día salía bien conmigo misma por algo por lo que nadie me daba premios. Era mi propia victoria. Había podido, como recomendaba Bernard Shaw, comenzar a vivir mi vida como vida, ya no simplemente como un ensayo general."
Rolando Hanglin: una costumbre "grasa"
Rolando Hanglin dejó de fumar hace 20 años, después de unos 15 de "fumar bien tupido". Para él ganaron el deporte y la vida sana, porque admite que aun en los momentos más críticos de su adicción tuvo conciencia de lo dañino del cigarrillo y siempre supo que algún día lo dejaría.
Hanglin recuerda que, pese a su firme decisión, tardó dos años en abandonar por completo el hábito. "Nunca me molestó el humo ajeno, pero lo que realmente hoy no entiendo es cómo alguna vez pude fumar –explica–. Porque lo que habitualmente no se dice es que hay que insistir para volverse un fumador. Es decir: los primeros cigarrillos siempre descomponen, te hacen sentir malísimo. Recién al cabo de muchos intentos uno logra adaptarse y disfrutarlos. En el libro Yunkie, de William S. Burroughs, leí que con la droga es exactamente igual: hay que desear ser heroinómano; el organismo al principio rechaza la droga, que le hace mal… Lo mismo pasa con el alcohol, con cualquier otra sustancia… Uno no se vuelve un adicto en forma automática."
En la casa de Rolando Hanglin no hay ceniceros y "es condición no fumar". Tampoco se fuma, dice, en la radio donde trabaja. "Hoy no hay que dar explicaciones acerca de por qué conviene dejar –recuerda–. En mi época era una lucha solitaria: todo el mundo fumaba. Pero nadie se metió conmigo ni me presionó. No fue fácil, pero entendí que si uno tiene ganas de embromarse la vida fumando, también tiene que tener ganas para sostener la decisión de dejar."
Para sobreponerse a la abstinencia, Rolando Hanglin le dio duro al deporte y a la actividad física en general y dice, además, que no engordó ni un gramo. Tomó la decisión solo y la mantuvo solo: "En esa época no había grupos ni consejeros ni nada de eso. Hoy es distinto. No doy recomendaciones a nadie; ¿qué consejo podría dar? Creo que hay que parar de golpe. No es el fin del mundo. La humanidad entera está dejando de fumar. ¿Es una moda abandonar el cigarrillo? No lo sé, es la tendencia. Y hay un principio muy simple que solucionaría para siempre el problema. Fumar es decididamente grasa. Si esta idea se difunde, nadie fumaría más".
Cortinas de humo
Por Elena Peton (*)
La Cámara de Senadores le dio la espalda. En cambio, fueron muchos los ciudadanos que apoyaron la ratificación del convenio marco para el control del tabaco en nuestro país. En Coronel Pringles, un municipio de casi 24.000 habitantes ubicado en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, se organizó una campaña a fin de recolectar firmas promoviendo su ratificación y, para nuestra sorpresa, no adhirieron únicamente los no fumadores: "Yo fumo, pero firmo porque estoy de acuerdo con prohibir la venta a menores y la publicidad", nos dijo una ciudadana mientras ponía su rúbrica, bien decidida. Y no fue el único caso.
El interés de los vecinos de Coronel Pringles fue tan notorio que el Poder Legislativo sancionó una ordenanza que establece la prohibición de fumar en todos los ámbitos municipales e invita a otras instituciones a sumarse a la propuesta de "municipio libre de humo". Sin embargo, es evidente que este logro no influyó en la toma de decisiones en el nivel central, como lo señala la ausencia de tratamiento que tuvo la ratificación del convenio en el Senado.
La participación de la gente en la construcción de salud es un derecho y una obligación. Así se la entiende desde la estrategia de Municipios y Comunidades Saludables que impulsan el Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación y la Organización Panamericana de la Salud, junto a más de 300 municipios del país y que Coronel Pringles integra desde 2002.
La indiferencia de algunos funcionarios y organismos del Estado produce un fuerte desaliento.
Sin embargo, los ciudadanos estamos en condiciones de diferenciar la verdadera participación de esa simple "ilusión de poder" que no cambia nada. Que las comunidades prioricen sus problemáticas, hagan oír su voz y transformen su realidad todavía es posible. Y bien vale la pena.
* La autora es periodista, coordinadora en Coronel Pringles del programa Municipios y Comunidades Saludables






