
LibrosLOS TRUCOS DE DON JUAN
Fundada en prácticas chamánicas mexicanas, la tensegridad, disciplina recreada por el antropólogo Carlos Castaneda, permitiría cambiar la distribución de la energía inmanente del hombre para situarlo en una realidad de espectro inimaginablemente amplio. Una gimnasia de pases mágicos al alcance de todos
1 minuto de lectura'
A principios de la década del 60, el antropólogo colombiano Carlos Castaneda intentaba esforzadamente aprender chamanismo con el nagual (brujo y maestro de brujos) don Juan Matus, indio yaqui sexagenario, misterioso y carismático.
Las asombrosas experiencias compartidas con éste en las soledades mexicanas habrían de constituir el material de nueve libros escritos a lo largo de casi tres décadas por Castaneda, persona más misteriosa aun que el mismo yaqui. Su identidad ha sido puesta en duda en diferentes ocasiones. Apenas si se conocen fotografías suyas, que sólo permiten adivinar las facciones de un rostro un tanto grueso, al que algunas personas le encuentran cierto parecido con el de Abimael Guzmán, líder del grupo de fanáticos maoístas Sendero Luminoso, actualmente encarcelado en el Perú por crímenes atroces.
Asistido por su mentor indígena, Castaneda experimentaba en los años 60 con alucinógenos del mezcal (Nahua mexcalli), planta oriunda de México. Aunque don Juan consideraba excesivo el uso que se hacía de las drogas de ese tipo, habría estado empeñado en que su discípulo las emplease para comprobar rápidamente la existencia de otras realidades concretas y paralelas a la del mundo sensible, todas las cuales, juntas, constituirían el universo en el que debería poder moverse naturalmente el ser humano.
Se sabe ahora que los alucinógenos no eran el único ni el más inocuo camino, aunque sí el más corto, para que Castaneda tuviese un atisbo de aquellos planos múltiples de la realidad y se viera alentado a perseverar en el intento de penetrarlos sin estimulantes y conocerlos bien, tal como podía hacerlo su maestro chamán.
Se sabe también que las experiencias de Castaneda con alucinógenos fueron prolongadas y que llegaron a afectarle seriamente el hígado antes de que alcanzara el dominio de los pases mágicos, camino gimnástico, sin la peligrosidad de las drogas, por donde llegar hasta diferentes realidades, que se superpondrían unas a otras como las capas de la cebolla, formando el universo total.
En una de tales capas, según la concepción transmitida por el brujo yaqui a su discípulo, estaría preso el hombre, impedido de acceder a los restantes estratos por razones culturales. Se podría conseguir, empero, superar tales impedimentos mediante la magia de aquellos pases, materia, precisamente, del último libro que se le conoce a Castaneda y que seguramente cautivará a sus numerosos seguidores en todo el mundo.
El famoso antropólogo y escritor ha bautizado con el nombre de tensegridad la sabiduría chamánica, eminentemente práctica, contenida en los pases mágicos que dan título a su nueva obra editada por Atlántida.
La primera vez que Castaneda tuvo noticia de ellos fue cuando era un simple aprendiz de brujo y don Juan le hizo notar que estaba un poco rechoncho, casi gordo, y que el desgaste físico pronto empezaría a notarse en él. Le dijo que, por lo pronto, ya estaba desarrollando en la base de la nunca "un bodoque de grasa propio de la raza blanca".
Es hora de que tomes en serio el hallazgo más importante de los brujos: los pases mágicos -recomendó don Juan a su discípulo.
Castaneda se mostró extrañado. Creía que nunca antes había oído de la existencia de tales pases. Pero don Juan le aseguró que le había hablado mucho de ellos y que incluso había conseguido que aprendiese unos cuantos.
Como Castaneda insistiera en su ignorancia sobre el particular, don Juan sostuvo que le había enseñado varios valiéndose del don imitativo naturalmente desarrollado por su discípulo. Por último, Castaneda comprendió que el brujo se refería a ciertos movimientos que ejecutaba habitualmente y con los que hacía sonar sus articulaciones para descontracturarse, según suponía el alumno. Castaneda halló que, ciertamente, era capaz de repetir unos cuantos de esos ejercicios.
Don Juan le explicó que, por su parte, en realidad no practicaba tales movimientos para que sonaran sus coyunturas, sino con el propósito de redistribuir su energía inmanente y así acceder a los otros planos de la realidad. Los ruidos de sus articulaciones eran una manera de llamar la atención de Castaneda sobre la gimnasia de los pases mágicos.
-Te enseñé diez formas diferentes de hacer sonar las articulaciones, como tú llamas a los pases mágicos -aseguró don Juan-. Cada una de esas formas constituye un pase que se adecua a la perfección a mi cuerpo y al tuyo. Podría decirse que esos pases mágicos son tuyos y míos. Nos pertenecen en forma individual, tal como pertenecieron a los otros brujos que eran exactamente como nosotros dos durante las 25 generaciones que nos preceden.
Castaneda le preguntó a don Juan cómo los chamanes habían inventado los pases mágicos, y su maestro le respondió que no habían sido inventados, sino descubiertos, porque cualquier invención hubiese implicado una intervención de la mente, y no era el caso de los pases mágicos.
Don Juan creía que estos pases constituían una herencia oculta de la humanidad, sólo revelable a quienes la buscaban deliberadamente.
El descubrimiento de los pases mágicos se había producido a causa de la extraordinaria sensación de bienestar que los chamanes experimentaban al hallarse en un estado de conciencia acrecentada, probablemente obtenido con alucinógenos, que les permitía ver el universo como un entramado de filamentos de energía, en el cual los hombres eran esferas luminosas. En ese estado de conciencia, los chamanes sentían un fascinante y enorme vigor físico y mental. Tanto les gustaba esa sensación que intentaban reproducirla cuando se hallaban en situación normal.
Así descubrieron que el bienestar provenía de los movimientos involuntarios que realizaban en aquel estado chamánico.
A partir de ese descubrimiento fueron recordando los movimientos y al repetirlos obtuvieron los efectos buscados.
Castaneda inquirió acerca del significado de conciencia acrecentada y su mentor le explicó que es la que permite al cuerpo humano percibir el fluir de la energía universal como una corriente, como una vibración similar a la del viento. La visión del flujo de energía a través del universo, decía don Juan, es el producto de una detención momentánea del limitado sistema de interpretación de la realidad que está acostumbrado a emplear el ser humano.
Los brujos del antiguo México habían conseguido recomponer todos aquellos movimientos automáticos, cuyos efectos placenteros y mágicos serían obra de una inefable fuerza directriz que actuaba sin intervención de la voluntad.
Don Juan le explicó a Castaneda que al practicar los pases mágicos, el chamán era transportado, en términos de percepción, a otros estados del ser, en los cuales podía percibir el mundo de manera indescriptible. Castaneda sabría luego describir esas percepciones con gran elocuencia literaria en sus libros.
Castaneda había querido saber por qué una persona querría tomar contacto con otra realidad que no fuera la conocida y cotidiana.
-Porque es un mandato ineludible de la condición humana -había respondido Don Juan-. Estamos obsesionados por romper los parámetros de la realidad en la que nos hallamos inmersos y fracasamos lamentablemente en el intento. De ahí la profusión de drogas y estimulantes, rituales religiosos y ceremonias de todo tipo que observamos en nuestro mundo moderno.
Don Juan había dicho también que el hombre fracasaba en su respuesta a aquel mandato ineludible porque no empleaba las herramientas adecuadas para acatarlo. Los brujos, en cambio, habían hallado en los pases mágicos el medio idóneo para redistribuir la energía inmanente y así ingresar en los otros planos de la realidad.
Ante la palmaria evidencia de que los pases mágicos tenían un carácter gimnástico, Castaneda interrogó a don Juan sobre el particular y éste le aseguró entonces que la audacia necesaria para ingresar en los otros planos de la realidad, en los que también, decía, es posible morir, requiere verse complementada por un adecuado vigor físico. Castaneda envidiaba el hecho de que su mentor sexagenario exhibiese una juventud física mucho mayor que la suya, a mitad de camino entre los 20 y los 30 años. Sin duda, los pases mágicos mantenían en forma a don Juan. Castaneda le había preguntado cómo lograba semejante juventud, y aquél había respondido: "He vencido a mi mente. No tengo una mente que me diga que es hora de ser viejo".
-Pero, ¿los pases mágicos pueden ser tomados como movimientos físicos aunque jamás se los considere como tales? -había preguntado enseguida Castaneda.
-Los puedes practicar como quieras -fue entonces la respuesta del nagual-. Los pases mágicos incrementan la conciencia, no importa cómo los consideres. Lo más inteligente sería tomarlos como lo que son: pases mágicos que, al ser practicados, inducen al practicante a dejar caer la máscara de la socialización.
Don Juan le explicó a su discípulo que la máscara de la socialización es la apariencia superficial y falaz que cada quien adquiere en el mundo y que le impide desarrollar su máximo potencial.
Hasta ese momento, el conocimiento de los pases mágicos había sido transmitido de generación en generación de brujo. Don Juan Matus, por su parte, le había transmitido a Castaneda no sólo sus conocimientos, sino también, al decir de este último, "la certeza de que yo era el último eslabón de su linaje". Aceptar esa realidad implicaba automáticamente que le cabía la responsabilidad de encontrar nuevas formas de difundir el conocimiento del linaje de don Juan, "dado que la continuidad ya no era un tema en discusión".
"Decidí enseñar los pases mágicos a todo aquel que deseara aprenderlos -prosigue Castaneda al explicar cómo los pases mágicos se convirtieron en tensegridad y esta novedosa disciplina en un libro-. Mi decisión de poner punto final al secreto que los había rodeado (a los pases) durante un tiempo indefinido fue, por supuesto, el corolario de mi total convicción de que yo soy, en efecto, el último eslabón del linaje de don Juan. Me resultaba inconcebible pensar en guardar secretos que ni siquiera eran míos. Envolver los pases mágicos en un manto de ocultamiento no había sido decisión mía. Pero sí lo era develarlos."
En el último párrafo introductorio a la materia de su nuevo libro, Castaneda precisa cuál es el contexto donde las prácticas chamánicas verían consagrado cuanto pudieren tener de veraces, y ofrece también su interpretación del fenómeno humano: "Me ha llevado treinta años de dura disciplina llegar al nivel cognitivo en el cual las afirmaciones de don Juan son reconocibles como verdaderas y su validez queda establecida sin lugar a duda. Ahora sé que el ser humano es una criatura de conciencia, implicado evolutivamente en un viaje de la conciencia, un ser que no se conoce a sí mismo y desbordante de recursos increíbles que jamás utiliza".
Texto: Mario Perez Colman Ilustraciones: Jorge Sanzol
1
2Se conocieron cuando ella tenía 12 y él 17 y llevan juntos ocho décadas: “Solo puedo hablar de ella con letras mayúsculas”
3Llamó a su esposa y le propuso hacer un viaje que cambió sus vidas para siempre: “Nos vamos a Alaska tres o cuatro meses”
4Efemérides del 20 de febrero: ¿qué pasó un día como hoy?



