Literatura para teens, un foco de debate

Juana Libedinsky
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28 de junio de 2014  

NUEVA YORK.- Después de un invierno durísimo y una primavera inexistente, finalmente salió el sol. Todo el mundo tiene listo las ojotas, anteojos oscuros y camisetas de surf con protección antisolar incorporada en la lycra ("el" elemento del verano para cuidar la piel, sobre todo desde que salió a la venta con florcitas o rayas marineras).

A esto hay que sumar el libro de playa en el bolso. Siempre hay quienes se decantan por poner a Dostoievski, Kierkegaard y Sartre junto al iPhone y el monedero. Pero para quienes están saboreando con antelación cómo se van a adentrar en el último best seller mientras sorben una piña colada, Slate, una respetada revista online conocida por sus posiciones "contreras", salió a aguarles la fiesta. O, en las palabras del Washington Post, a "tirar pirañas a la pileta en el primer día que está lindo para nadar".

Resulta que el libro que todo el mundo está leyendo en este momento es The Fault is in our Stars (traducida como Bajo la misma estrella), de John Green, sobre el cuál se basó el film de éxito mundial. Es una historia de dos jóvenes con cáncer que se enamoran, y está catalogado como "YA (Young Adult) Literature", o literatura para adolescentes. Lo que Slate salió a decir es que los adultos deberían sentirse avergonzados de leer éste o cualquier otro libro de esta categoría (de las más poderosas dentro del mercado editorial). "Por supuesto-sostiene Ruth Graham, la periodista de Slate- que no hay vergüenza en escribir sobre adolescentes. Shakespeare o las hermanas Brontë lo hicieron. Pero la diferencia crucial es que los libros que se colocan en la categoría YA muestran la perspectiva del adolescente de una manera que no es crítica en absoluto. No es simplemente que a los lectores de YA se les pida que queden inmersos en la vida emocional de un personaje: se les pide que abandonen la perspectiva y los tonos de gris de su visión, que es lo que supuestamente adquirieron como adultos. Más importante, Graham señala que estos libros presentan finales que pueden dar satisfacción a los adolescentes, pero que la gente adulta debería rechazar como elementales. Faltos de la ambigüedad moral y sentimental de la ficción de adultos y de la vida real.

El debate respecto a la YA Literature se volvió el tema de rigor. Tanto que si uno abre el último suplemento de libros de The New York Times, la primera nota publicada es una serie de reflexiones sobre la mencionada columna de Slate.

A.O. Scott, especialista de cine del matutino, salió en apoyo de la posición de Graham diciendo que refleja un problema de fondo que es "la devaluación cultural de la madurez".

Pero la mayor parte de los críticos le dieron la espalda. Muchos sintieron, como Hillary Kelly, editora de The New Republic, que es mejor aconsejar a la audiencia con un tuit (la forma en la que una buena parte de las luchas intelectuales se libran ahora) como éste: "Lean lo que les haga felices o infelices. O despierte su curiosidad. O los haga sentirse incómodos. Es su propia vida literaria y de nadie más". Y esto, en el verano y en cualquier otra época del año, también.

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