
¿Lo que mata es la humedad?
Como lo es el agua para los peces, la atmósfera es el medio natural del hombre y, por lo tanto, ningún cambio en el clima pasa inadvertido para el organismo. Desde la depresión estacional hasta los dolores de huesos, todo puede explicarse. Especialistas en biometeorología tienen la palabra.
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Me duele todo. Seguro va a llover." La frase es frecuente en los días húmedos, sobre todo en la gran urbe porteña, donde el clima da que hablar.
"Se sabe que en el trópico todos los días son cálidos y por las tardes siempre llueve en algunas regiones. En cambio, aquí, en cuestión de horas, la temperatura puede descender de 20 a 10 grados y, luego, registrarse precipitaciones seguidas por aumento de temperatura. La población de Buenos Aires está muy pendiente del tiempo, y no sale sin escuchar el pronóstico. Esto no ocurre en otros sitios de condiciones meteorológicas más estables, donde la televisión no brinda estos datos en forma permanente como acá", afirma la meteoróloga Matilde Rusticucci, profesora del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la UBA.
Ninguno de estos cambios pasa inadvertido al organismo. Sería imposible, dado que la atmósfera es el medio natural del hombre, como el agua para el pez. Lidiar con temperaturas extremas, niveles de humedad agobiantes y vientos que cortan el aliento no resulta inofensivo para elcuerpo, que se ve sometido Ûa una situación de estrés o de falta de confort. Como seres de sangre caliente, los humanos ponen permanentemente en juego delicados mecanismos fisiológicos y físicos que buscan mantener constante la temperatura interna. Si la compensación falla, no tardará en aparecer la hipotermia, la hipertermia o la deshidratación.
En los últimos años, los expertos en biometeorología han estudiado bien estos fenómenos.
"Cuanto menor sea el esfuerzo fisiológico para mantener la temperatura corporal en 37 grados, mayor será la sensación de bienestar", explica la doctora Alicia de Garín, docente de Bioclimatología de la FCEN.
En pos de averiguar cómo se relacionan algunos casos de mortalidad con la temperatura ambiental, Marín junto con Rubén Bejarán, también de FCEN, hallaron en Buenos Aires una situación llamativa para estas latitudes, porque en vez de un solo punto de neutralidad térmica –donde el cuerpo se regularía sin mayores esfuerzos ni contratiempos– detectaron dos. "Habría dos temperaturas óptimas en las cuales se registra un mínimo de mortalidad. Una sería de 15 grados para el invierno, y otra de 23 para el verano. Como esta zona presenta frentes cálidos y fríos que le dan una gran variabilidad meteorológica, el organismo parece mostrar una mayor plasticidad fisiológica para adaptarse a las habituales fluctuaciones", señala.
El cuerpo como barómetro
Los cambios bruscos de temperatura nunca parecen sentarle bien al hombre. "En general, el cuerpo va acostumbrándose de a poco a las variaciones térmicas. El impacto de la primera ola de calor registrada en diciembre mata más personas que la de febrero –aun si ésta registra mayores temperaturas, porque a esas alturas la mayoría de la gente está más adaptada al verano; el primer shock es el peor", destaca Rusticucci.
El calor y el frío extremos son menos amigables aún cuando peores resultan las situaciones sanitarias y socioeconómicas en las que viven las posibles víctimas. La edad también influye. "Los chicos y ancianos son los más afectados."
Pero los mitos populares dan cuenta del cuerpo como un barómetro. Uno de ellos afirma que si duelen los huesos, o ese molesto callito, es que lloverá.
"Lo que sí registra el cuerpo es el cambio de masas de aire, y cuando esto ocurre puede llover. Quizá por eso la gente asocia el malestar con el mal tiempo", desliza Garín.
Junto con la doctora María de los Angeles Harris y la licenciada Laura Bettolli, Rusticucci detectó que en los días cálidos tanto de invierno como de verano hay más fracturas o trastornos óseos. Su trabajo fue publicado en el International Journal of Biometeorology. "En general, los golpes o las caídas están relacionados con el aumento de temperatura. En verano, principalmente, luego de varios días de acumulación de calor, en especial cuando no da respiro durante la noche, aumentan los casos de fracturas, porque probablemente el estar mal dormido influye en los reflejos", sugiere Rusticucci.
Esta investigación, realizada con pacientes que llegaban a la guardia de la clínica La Sagrada Familia, mostró otro dato llamativo: el viento seco proveniente del Oeste está relacionado con un aumento de los desórdenes neurológicos y psicopatológicos. "Hasta dos días después de que ha soplado en forma persistente siguen llegando pacientes a las guardias con estos trastornos", señala Rusticucci.
A padecer las molestias relacionadas con el viento están acostumbrados los habitantes de la zona cuyana. Ellos saben del malhumor y malestar a los que se ven sometidos cuando el zonda, con su aire extremadamente cálido y seco, comienza a soplar en forma repentina. "Ese día hay más casos de violaciones, accidentes y homicidios", subraya Marín.
La última palabra
Así como ciertas condiciones meteorológicas predispondrían a algunas dolencias, también se hace hincapié en distintos puntos geográficos como destino saludable. Uno de ellos es Merlo, en la provincia de San Luis.
"Uno de los argumentos señalados indica que sus ventajas estarían en la ionización del aire. Pero es importante aclarar que científicamente aún no hay unanimidad de criterios para señalar si para el ser humano es más confortable el aire con más carga de iones positivos o más de negativos", indica Garín.
Con mucho por desandar en el intento de descifrar la relación entre el clima, el tiempo y la salud es que continúan sus estudios los investigadores dedicados a la biometeorología. "De a poco se está introduciendo el concepto del clima como una variable que influye en cuestiones de salud", coinciden las especialistas. El tiempo, esta vez no el meteorológico sino el cronológico, tendrá –por cierto– la última palabra.
La autora integra el Centro de Divulgación Científica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN-UBA).
Para saber más:
www.fcen.uba.arwww.weather.com/health
Depresión estacional
¿El clima influye en la depresión?
"Más que las variaciones del clima en sí, lo que está estudiado es la relación entre determinados episodios depresivos y ciertas épocas del año", afirma el psiquiatra Fernando Zan, del áreade Salud Mental del Hospital de Clínicas José de San Martín.
Si bien depende de cada persona en particular, "suelen presentarse más casos de depresión en otoño o en inviernoque en verano. Ciertas investigaciones dan cuenta de que, ante días más cortos y de baja intensidad de luz, existe mayor probabilidad de desencadenar cuadros depresivos en personas propensas", destaca el especialista.
La ciencia continúa ocupándose de las causas de estos fenómenos, pero hoy se sabe que "ciertos mecanismos neurofisiológicos varían según la intensidad y duración de la luz, conduciendo a episodios depresivos estacionales. Estos suelen desaparecer durante la primavera o el verano, cuando la duración del día se extiende y la intensidad de la luz es mayor que la de las épocas invernales".
Investigaciones indican que, como en la mayoría de los casos de depresión, los niveles de serotonina (un neurotransmisor cerebral) se alteran en estos pacientes.
Sensación térmica
En invierno, la sensación térmica se obtiene de la relación entre la temperatura y la velocidad del viento.
En verano surge de combinar la temperatura con la humedad. A mayor humedad, menos posibilidad tiene el cuerpo de transpirar o evaporar el sudor, que son mecanismos de enfriamiento





