
Los caminos de São João
Hacia el final del verano, en el Nordeste de Brasil ya comienzan a preparar su fiesta junina, un fenómeno que convoca a más de un millón y medio de personas. Música, baile, artesanías y comidas típicas
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RECIFE.- Poco después de las 8.30, la trafic se pone en marcha para recorrer los 75 kilómetros que separan esta ciudad -la capital de Pernambuco- del municipio de Gravatá, que junto con Caruarú y Campina Grande protagonizan lo mejor de las fiestas juninas en el Nordeste de Brasil: a fines de junio de cada año reciben al menos un millón y medio de personas durante tres días de celebración continua, la que en realidad ha comenzado a fines de mayo y que continuará hasta los primeros días de julio.
Es un día nublado y caluroso: unos 30 grados, bien húmedos, después de una lluvia torrencial, ayer, en Recife. La ruta BR 232 rumbo a Gravatá es la autopista Luiz Gonzaga, llamada así en honor a uno de los cantantes más populares del Brasil. Gonzaga (1912-1989), que nació en Exú, a más de 600 km de esta ciudad, reflejó a través del baião, la música que lo identificaba, y su sanfona, el acordeón que tocaba, el espíritu del sertão, la región más pobre del gigantesco país, árida y difícil para la supervivencia, y donde hoy, sin embargo, gracias a las bombas hidráulicas que obtienen agua del río San Francisco, se cultivan frutas y se produce vino (aseguran que del bueno).
Es una ruta de doble mano, con alta circulación de camiones y una estación de servicio tras otra, rodeada de suaves colinas con mucha vegetación que, por grietas abiertas natural o artificialmente, muestra la tierra colorada que forma el suelo del lugar. De a ratos pasamos bajo alguna gran nube y vuelve a llover. Así, dicen, es el clima de la época, lluvioso a partir del fin del verano. No son lluvias tropicales, fuertes pero breves, como las de la época de más calor, sino más persistentes. En esta región no se conoce el frío: la temperatura media anual es de 27°, por eso es posible ir en pleno invierno y disfrutar del sol.
A los 60 km termina el litoral y comienza la región agreste. Los carteles anuncian que subiremos las sierras Rusas (que en realidad, cuentan, evocan a un grupo de inmigrantes polacas, pero los idiomas serían demasiado difíciles de distinguir). Sobre el borde derecho de la ruta se abre un valle verde, amplísimo, de frondosa vegetación y casitas de techos de tejas rojas que parecen confundirse con el color de la tierra.
En medio de las sierras
Gravatá se ubica en la zona agreste de la región Nordeste de Brasil, el área de transición entre la floresta atlántica y la caatinga del sertão que comienza a unos 260 km del mar. Alguien dice (pero otro, inmediatamente, lo discute) que en lengua tupí Gravatá significa "lugar de difícil acceso", porque está en medio de las sierras.
Es época de fiesta en el Nordeste brasileño. "Cuando los portugueses estaban en Brasil crearon una fiesta para la elite y los pobres continuaron celebrándola", explica Aquiles Lopes de Oliveira, jefe de Comunicaciones de la Secretaría de Turismo de Pernambuco. Los carteles anuncian São João e invitan a consumir y a divertirse escuchando y bailando forró al compás de las bandas y sus sanfonas.
Forró es "la" música de la región, un ritmo de origen inglés que deriva de for all para todos. "A Brasil venían ingleses en la época del ferrocarril y promovían este baile abierto a todo el mundo y adaptado al estilo local", apunta ahora el informante.
En el camino pasamos por un pueblo que parece latir sobre la ruta. Su nombre nos resulta familiar: Bonanza. Desde la trafic se divisa todo como la seguidilla de los fotogramas de un film. Hay un mercado bajo techo del que pueden verse a vista de pájaro los primeros locales, puestos callejeros de comida, ropa y otros artículos de primera necesidad, caballos flacos, mansos y quietos, esperando seguir la jornada, además de muchos chicos y perros, como siempre, alrededor de la gente. También vemos fazendas novas (donde se cultivan hortalizas de huerta para consumo) y más puestos de comida y bebida.
En la fiesta de São João se anuncia mucho baile, música y alcohol, caipirinha, cerveza, whisky. Vamos escuchando a Mestre Ambrosio, una banda de Pernambuco. El grupo musical más popular del lugar es Nación Zumbí, cuyo nombre hace alusión a la rebelión de esclavos comandada por Zumbí, que fundó una "nación" negra conocida como Quilombo dos Palmares, la que resistió por más de un siglo a la dominación portuguesa.
En realidad, São João es una fiesta de tradición cristiana. "San Juan, por San Juan Bautista, el hijo de Isabel, primo de Cristo. Cuando nació Juan, María le pidió a su hermana que encendiera una fogata. Y así lo hizo para anunciar el nacimiento del primo de Cristo, el 24 de junio", explica Aquiles Lopes.
Las fiestas juninas también recuerdan a San Antonio y San Pedro, pero todas se identifican detrás de las grandes fogatas, el ícono de la celebración, que llegan a tener más de 10 metros de altura.
La fiesta de São João es un buen ejemplo del sincretismo cultural que suele hallarse en Brasil. En el hemisferio norte (de donde venían los conquistadores) evoca el inicio de la llegada del solsticio de invierno: la finalidad del rito de encender la fogata era "dar más fuerza al sol", que a partir de esos días iba haciéndose más débil. Metafóricamente, el fuego también tenía una función purificadora para las personas que lo contemplaban. En Brasil es São João, pero también es la sucesión de las fiestas de junio -juninas- y es al mismo tiempo el inicio del solsticio de invierno.
Héroes populares
En el Nordeste brasileño, los cangaçeiros, inmortalizados en llamativas artesanías, están en todas las vidrieras. Fueron un movimiento social de rebeldes -algunos los consideran bandidos; otros, revolucionarios- cuya lucha se extendió hasta casi la década del 60. Escondidos en el sertão pernambucano, peleaban contra los hacendados del azúcar, la llamada sacarocracia, que apoyaba al gobierno central a pesar de que la producción de la caña de azúcar se embarcaba a través del puerto de Recife. Se vestían como los vaqueros, con sombreros hechos con piel del buey y llevaban las municiones cruzadas al pecho, como el cangaço que tiran los bueyes: de ahí su nombre.
Parraxaxá. Era el grito de fuego de los cangaçeiros. "Fue-go" son solamente dos sílabas, y así, en una zona de ecos, se veía claramente de dónde venían los tiros. En cambio, parraxaxá tenía varias sílabas y no se podía percibir de dónde venía.
Gravatá tiene poco más de 70 mil habitantes, el quinto mejor clima del mundo según la Organización Mundial de la Salud y su principal atracción es el deporte aventura. Es una gran villa hípica, conocida también por sus caballos y cabalgatas. Situada a 440 metros sobre el nivel del mar, es una zona apta para hacer deportes de sierra, como el trekking y el rappel.
Todas las casas están adornadas con banderas de colores. Gravatá vive de la agricultura y de servicios tales como el turismo, la hotelería, las casas de comidas. Muchas familias de Recife vienen a descansar aquí; es una ciudad muy tranquila que también recibe al menos 300 mil visitantes por las fiestas de São João.
Y se cultivan flores, como crisantemos y margaritas. Se las ve en las calles.
En el camino rumbo a una vía de tren abandonada que antes unía Recife y Gravatá (también en Brasil buena parte de los trenes dejaron de funcionar gracias a la "modernización" de la década de 1990), donde algunos corajudos harán rappel invertido, encontramos una pequeña cobra. Pero las serpientes venenosas toman sus presas de noche. De día, si pican, han usado casi todo su veneno, así que "no le queda demasiado; aunque te piquen, es posible sobrevivir", dice nuestro guía para tranquilizarnos.
En estos terrenos se cultivan mandioca y ananás. Un tapiz de verde maravilloso.
Uno de los postres característicos de la zona es cartola, que se hace con queso manteiga (una especie de queso de barra argentino), banana, azúcar y canela. Una delicia... hipercalórica. Teresa y Vera, las cocineras de María Caseira, el restaurante de comidas regionales de Gravatá, lo prepararon especialmente para LN R . En estos días de fiesta se consumen también otros platos típicos: queso de coalho, maíz asado, canjica, pamonha, brigadeiro, pé-de-moleque, carne asada, carne-de-sol.
Cartola fue un músico brasileño nacido en Río de Janeiro. Y cartola es también un tipo de sombrero, una galera o sombrero de copa. Al músico le pusieron así porque en realidad su oficio era el de albañil y usaba un sombrero hecho con papel de diario, pero para diferenciarse tenía la forma de una copa, distinto del resto de los albañiles.
Una ceremonia única
Entre 1900 y 1910 nacieron en el estado de Pernambuco los Bacamarteiros, una especie de guardia civil no muy afortunada, "pobres armados por el gobierno contra los cangaçeiros", explica nuestro guía Aquiles Lopes, al tiempo que en otros registros se escribe que se trató de un cuerpo que actuó durante la guerra contra el Paraguay. Todos los años, artesanos, comerciantes, agricultores y otros habitantes del lugar se reúnen en una ceremonia que se celebra para las fiestas de São João en la que se recuerda a este cuerpo, que usaba un rifle muy especial y que todos los integrantes han mantenido en sus casas desde esa época.
Es una tradición que se transmite de abuelos a padres y de padres a hijos. Primero era una fuerza y una fiesta de hombres. Ahora también se han integrado algunas mujeres, aunque ellas no hubieran formado parte del grupo en sus orígenes. La ceremonia es increíble. Hay hombres de todas las edades, de todos los colores de piel y de ojos, muchos de ellos desdentados, que sonríen y caminan despacito al compás de la música de una orquesta en vivo que actúa en el lugar.
Después de una marcha de movimientos muy simples, en el fondo del enorme patio donde se hace la ceremonia, cada Bacamarteiro dispara con su rifle contra un paredón.
La noche de São João está acercándose. Es una fiesta popularísima. Hasta hay de aquellos antiguos pirulines, esos caramelos largos que comíamos de chicos y que se vendían en las plazas. Y el concurso del baile más popular, el forró, bien sincopado y sensual, con un aire a la famosa lambada, que bailan parejas de todas las edades.
Todo transcurre en plena calle.
Se come carne de cabrito. Y se bebe, casi tanto como se transpira.
En Caruarú, la sede de la fiesta de São João en el Nordeste de Brasil, está la casa original del artesano en barro más importante del Brasil, Mestre Vitalino -que vivió allí hace 100 años y fue el fundador de esta tradición-; al fondo hay un horno donde cocía sus piezas. El mismo construyó la casa con sus manos, en el Alto do Moura, el barrio donde viven mil artesanos, el mayor polo de artesanía popular en barro de Brasil, reconocido por la Unesco como el Mayor Centro de Artes Figurativas de las Américas.
Vitalino tuvo 6 hijos con Joaninha. Uno de ellos, Severino, de 69 años, también es artesano; padre de 13 hijos, siete hombres y seis mujeres, todos son también artesanos.
Una obra de Vitalino puede costar 30 mil dólares. Algunos de sus trabajos se expusieron en el Louvre. El mayor acervo de piezas originales del artista se encuentra en museos de Río de Janeiro; el segundo, en museos de Caruarú.
"Vitalino era muy simple. No tenía estudios. Tampoco su familia. Vivían según una economía de subsistencia. Las obras que quedaron a la familia ya fueron vendidas; el resto es acervo del país", explica Hélio Junior, asesor de comunicaciones de la Fundación de Cultura y Turismo de Caruarú.
"En esta ciudad hay 10 circuitos de São João, porque se ha hecho una inversión especial en los últimos años con el objetivo de fomentar la cultura y el turismo a la vez -continúa Hélio Junior-. Por eso, por ejemplo, a la noche en las escuelas hay niños que van explicando el significado de esta fiesta popular. Y muchos vinieron a ver qué se hacía acá y luego empezaron a llevar la celebración a otros lugares del Brasil."
Ciudades, leyenda y mar
Recife es apodada "la Venecia de Brasil", porque es el resultado de la unión entre varias islas y está rodeada y recorrida por 6 ríos: Tejipió, Pina, Jiquiá, Jordão, Capibaribe y Beberibe. Y tan sólo a metros, detrás de un arrecife, el océano Atlántico.
Hay 12 puentes sólo en el circuito céntrico de la ciudad, pero más de 40 en toda la metrópoli.
Recife fue fundada, junto con Olinda, el 2 de marzo de 1537. Inicialmente era el puerto de esa antigua ciudad, considerada Patrimonio de la Humanidad y que, al igual que Roma y Lisboa, está construida sobre 7 colinas. Fundada por el capitán portugués Duarte Coelho, Olinda está ubicada a sólo 7 kilómetros de Recife y en su arquitectura y sus legendarias callecitas puede verse la influencia de distintas culturas. Recife y Olinda estuvieron también bajo el dominio de los holandeses, de 1630 a 1654, cuando fue gobernador Mauricio de Nassau. De Olinda es famoso su carnaval.
Pernambuco también tiene un largo litoral de playas. A 70 km está Porto de Galinhas, un lugar de ensueño, donde además de la convivencia con la naturaleza es posible alojarse en excelentes hoteles. Paseos en jangada (embarcación típica del Nordeste de Brasil), piscinas naturales, paseos en buggy, cabalgatas ecológicas, surf, buceo... Muchas propuestas, y para todas las edades.






