Los chicos aprenden a cooperar

Más de 80 mil alumnos de escuelas de todo el país participan cada año en un concurso de dibujo cuyo objetivo es celebrar la integración, la tolerancia y el trabajo conjunto
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2 de diciembre de 2001  

Estimular la cooperación implica contribuir al desarrollo y la maduración. Ver al otro, comprender su punto de vista, dialogar, escuchar, esperar. Todo esto contribuye a la progresiva acción de superar posiciones centradas en sí mismo, egocéntricas.

La enseñanza de valores en la escuela no se propone como conocimiento intelectual. Lo importante es pasar del pensamiento a la acción. Traducir en actitudes, conductas, vivenciarlas y hacerlas conscientes.

La síntesis le corresponde a Mirta Goldberg, licenciada en Ciencias de la Educación, coautora del libro La aventura de la cooperación y organizadora, junto con el Banco Credicoop, de los concursos sobre cooperativismo que se vienen desarrollando, desde hace tres años, en las escuelas primarias públicas, privadas y especiales de todo el país, para alumnos de 5°, 6° y 7° grado, y que son auspiciados por el Ministerio de Educación de la Nación, la Secretaría de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la Dirección de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires.

Autora de ocho títulos de textos escolares para el Primer Ciclo (Editorial Aique), Goldberg fue asesora de Unicef en el proyecto Bibliotecas de Aula. Desde junio de 2000 conduce por Canal 7 el programa Caminos de tiza, que ella creó, y que es una extensión de la audición radial que lleva el mismo nombre y va por su noveno año.

-Nos pareció interesante organizar un concurso escolar tomando el tema de la cooperación -dice, al tiempo que despliega sobre su escritorio decenas de dibujos llegados de todo el país-. Vimos que, si bien en la currícula educativa aparece el cooperativismo, muchos de los maestros desconocen el tema. Entonces, le propusimos al Banco Credicoop llevar adelante juntos el proyecto. Este es el tercer concurso. Lo denominamos con el mismo nombre del libro, pero la consigna que recibieron los chicos fue Cooperando somos mejores, porque cooperando se es mejor en la escuela, en la familia, en el barrio, en todas partes.

Orquestas, equipos de fútbol, recolectores de frutas, gente limpiando una plaza, bomberos combatiendo un incendio, hombres y mujeres repartiendo bolsas con comida, comedores comunitarios, vecinos construyendo un hospital y levantando casas, peones rurales, inundados, manifestaciones de protesta, empleados de Aerolíneas y hasta un baile en la Puna fueron plasmados en láminas -algunas, a puro lápiz; otras, con técnicas más avanzadas- y enviados al jurado que, como en los concursos anteriores, está conformado por artistas plásticos, autoridades del Banco Credicoop y Caminos de tiza.

-¿Por qué dibujos y no textos?

-Porque un texto escrito, sobre todo literario, no admite una producción grupal como la que se logra con los dibujos. La lectura y la escritura son actos solitarios. Una monografía sí puede ser un trabajo colectivo, pero la escritura expresiva es individual. A los fines de hacer una experiencia de la cooperación, el concurso de plástica es más efectivo.

La idea es que en los concursos no se admiten trabajos individuales: nadie trabaja solo, trabajan en grupos de hasta cuatro chicos. Eso implica para ellos un aprendizaje en el sentido de ponerse de acuerdo, distribuir las tareas, organizarse, reconocer el aporte de cada uno y compartir materiales. En este tercer concurso, los maestros de muchísimas escuelas de Mendoza enviaron por su cuenta, porque no estaba dentro de los requisitos, textos explicativos sobre cómo trabajaron después con los chicos. Esos maestros no se quedaron con el concurso solamente, sino que ampliaron el tema preguntándoles a los alumnos cosas como: "¿Qué aprendiste trabajando en grupo?", o "¿te gustaría trabajar de este modo?", o "¿qué mensaje te deja el cooperativismo?" Esto es muy valioso porque los maestros buscaron que los chicos reflexionaran sobre el cooperativismo más allá de que lo expresaran con sus dibujos.

En el primer concurso se recibieron 30.000 trabajos, una cantidad similar en el segundo y algo más de 25.000 este año. Si se tiene en cuenta que en cada dibujo colaboraron hasta cuatro chicos, se deduce que este año el concurso movilizó alrededor de 80.000 chicos trabajando para un mismo objetivo.

-¿Qué fue lo que más impactó al jurado de los trabajos?

-Si bien el porcentaje más alto de dibujos está motivado por vivencias de su entorno, de su escuela y de su comunidad, este año lo más singular fue la recurrencia de temas relacionados con catástrofes o manifestaciones populares. Se recibieron muchos trabajos que tienen que ver con las inundaciones, con la entrega de alimentos y hasta con el conflicto de Aerolíneas Argentinas, sobre el cual llegaron más de treinta dibujos.

Llamó la atención, también, la desigualdad en distintos planos. La diferencia entre las escuelas con profesor de plástica, y las que no lo tienen. Hay una oferta desigual en la calidad de los trabajos. En muchos casos no hay docente de plástica. La desigualdad existe. Lo mismo pasa con la calidad educativa. En la oferta de materiales, también hubo desigualdades, por eso el jurado no debía estar condicionado por si un trabajo estaba hecho a lápiz o con témperas. El jurado trabajó un mes durante ocho horas diarias. Se cuidó en premiar sólo los trabajos que respondían a la consigna y, desde el lenguaje plástico, a aquellos que mostraban un buen tratamiento del color, una buena utilización del espacio, creatividad, originalidad, calidad estética, frescura e integración.

En esta tercera edición del concurso participaron alumnos de 3574 escuelas, por todo el país. Los primeros premios de cada categoría -una semana en Chapadmalal con todos los gastos pagos- correspondieron a 5° grado de la Escuela José M. Estrada, de la Capital Federal; 6° de la Escuela Nº 442 de Humahuaca, Jujuy, y 7° de la Escuela Daniel Elías, de Chañar, En-tre Ríos. El premio para Escuelas Especiales -una computadora con impresora- le correspondió al Centro de Formación Laboral Nº 1, de José Ingenieros, Buenos Aires.

Los libros dicen que una cooperativa es una asociación autónoma de personas que se unen voluntariamente para satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes, por medio de una empresa de propiedad conjunta democráticamente gestionada.

A los 80.000 chicos que trabajaron en este concurso, lo más probable es que no les haya llegado en estos términos el significado de la cooperación. Sus maestros habrán dicho lo mismo, con otras palabras. Por lo que se ve, la enseñanza de valores y el compartir proyectos les quedó bien claro.

Algo que apenas empieza

En la nueva ley federal de educación, los contenidos no se estructuran de la misma manera. Ya no se da la materia en sí misma como antes, sino que está ligada o relacionada con otras disciplinas. A esto se lo ha dado en llamar educación transversal.

Desde que en la currícula educativa se incorporó el cooperativismo, su estudio ingresa de dos maneras: por un lado, la cooperación como actitud, porque está emparentada con la tolerancia, con la no discriminación, con el respeto a las diferencias y a la diversidad. Por otro, dentro del área de Ciencias Sociales, el cooperativismo aparece como formas alternativas de producción y de agrupamiento de los individuos.

El diseño curricular en la Nación y en la Ciudad de Buenos Aires dice: "En las sociedades occidentales, la familia -como espacio de socialización primaria-, las iglesias, los sindicatos, las empresas, las cooperativas son algunas de las instituciones sociales más relevantes".

De este modo, en la currícula educativa el cooperativismo como forma de resolver las necesidades de la gente, comenzó a ser reconocido.

"El concurso fue una gran idea que nos acercó Mirta Goldberg -resumen Juan Carlos Fiocca, vicepresidente del Banco Credicoop, y Juan Carlos Junio, adscripto a la Gerencia General-. Y funcionó bien porque la propuesta de ella se relaciona con nosotros desde lo práctico. Al ser éste un banco cooperativo auténtico, que tiene comisiones de socios locales en una gran parte del país, estos concursos hacen que esas comisiones en cualquier lugar del país tomen contacto con los directores y maestras del lugar y les expliquen los fundamentos. Así, desde nuestras 215 sucursales tomamos contacto con varios miles de escuelas. La respuesta está a la vista. Se potenció un vínculo de contacto social e institucional con una iniciativa que es muy fecunda. En lugar de divulgar las bases de la cooperación desde lo teórico o doctrinario, la idea encierra un carácter vivo y práctico para los chicos, que es la de trabajar sobre la idea y aprovechar la creatividad de los chicos.

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