Los cuarenta y pico y su extraña relación con el poder

Con Paul Ryan, por primera vez, un gen X, fan de Nirvana y ex empleado de Mc Donald’s, escala en la política de EE.UU.
Alex Williams
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1 de septiembre de 2012  

Al congresista Paul D. Ryan, candidato republicano a la vicepresidencia, le gusta la música grunge, las películas de los hermanos Cohen y la cerveza artesanal. Suele mechar la palabra "cool" en su lenguaje cotidiano y, cuando era adolescente, trabajó dando vuelta hamburguesas con una espátula en la cocina de un Mc Donald's.

Por lo tanto resulta lógico pensar que el ascenso de este político de 42 años, primer integrante de la llamada Generación X que llega a la boleta presidencial, logre inspirar un momento de unidad, incluso de orgullo más allá de la ideología política, a una generación que después de la muerte de Kurt Cobain no tuvo muchas otras razones para sentirse unida.

Pero, ¿es él un típico exponente de la Generación X? El asunto es un poco más complicado que eso. "Para un Gen X , la vicepresidencia es el empleo perfecto, ¿o no?", escribió Elizabeth Wurtzel, autora de Nación Prozac , una crónica de la indolencia que fue celebrada como la biblia de la Generación X. "Un cargo sin ninguna responsabilidad que se limita a recoger los beneficios van dejando las personas responsables".

La quintaesencia de esta generación sería la siguiente: un toque de ironía, una pizca de fatalismo y una gota de autodesprecio. Tal como lo señalan los innumerables perfiles que se han elaborado de esa generación, aquellos que ahora tienen entre 35 y 45 años, crecieron cuando el sueño norteamericano ya se había roto.

Hundidos por la recesión y enterrados en la brecha demográfica que separa a los hijos del baby boom (que ya rondan los 60 años) y sus sucesores de la Generación Y (los que hoy tienen entre 20 y 35), los X alcanzaron la mayoría edad escuchando el peor presagio: sería la primera generación de estadounidenses que no viviría mejor que la de sus padres. Nadie esperó nunca demasiado de ellos.

Así que, en los días que siguieron a la decisión de Mitt Romney de convocar al congresista Ryan, resultó natural que los ya encanecidos fanáticos del festival Lollapalooza reflexionaran sobre su propia crisis de identidad generacional. El recuerdo de esas multitudes que hacían pogo en los recitales de Soundgarden todavía está fresco, así que algunos se preguntan si realmente estamos listos para lo que nos espera.

"Mi respuesta instintiva es que no", dijo Jordan Kurland, de 40 años, manager de Death Cab for Cutie, una banda de rock alternativo que apunta a la Generación X. A Kurland le resulta difícil conciliar que una generación que alguna vez fue para los publicistas un sinónimo de "juventud incansable", esté lista para tomar las riendas del poder. "Esta es la generación que más se ha esforzado por mantener atrofiado el desarrollo", dijo Kurland. "¿Cómo llegamos a este punto en el que supuestamente somos adultos responsables?", agregó.

Esa inseguridad contrasta marcadamente con el orgullo que sintieron en 2002 los hijos del Baby Boom (que jamás subestiman su propia importancia) cuando Bill Clinton, con sus bemoles, fue elegido para la Casa Blanca a la edad de 46 años. Para muchos de ellos, llegar a ocupar el Salón Oval era una mera formalidad: con 76 millones de integrantes, ya hacía muchos años que estaban en el poder. "La generación de Clinton ya tuvo su oportunidad de hacer de sus gustos, los gustos de la nación", tal como lo expresó el periodista (y también hijo del Baby Boom) Nicholas Lemann en la revista Time después de aquella elección.

Por su parte, la Generación X parece poco dispuesta a celebrar su propia graduación generacional. Por el contrario, sigue a los tumbos con sus preguntas existenciales: ¿Qué significa ser un Gen X ? ¿Paul Ryan es un verdadero o un seudo Gen X ?

"El estereotipo de la Generación X es el que no consigue trabajo y no le importa: lo que le importa es encontrarse a sí mismo", dijo Loe Levy, ex editor ejecutivo de la revista Rolling Stone, cronista de la Generación X y actual editor de Billboard. "Ryan es un tipo que siempre tuvo trabajo y nunca cambió de carril. En la época en que la mayoría de sus coetáneos luchaban para comprarse un departamento, Ryan era elegido para una banca en el Congreso. Esa no es la imagen que uno tiene de un Gen X".

Esto no implica que no se hayan visto algunos destellos de orgullo generacional. Los blogueros conservadores parecen interpretar la "política de la oferta" de Ryan como parte de un relato generacional más abarcador: para ellos, los recortes del gasto propuestos por el candidato en su proyecto Camino a la prosperidad son una clásica muestra de pragmatismo financiero Gen X, el esfuerzo postergado y necesario para deshacer los excesos de las generaciones anteriores.

"Es un orgullo saber que nuestro primer coetáneo que llega a una fórmula presidencial es un conservador inteligente y serio que conoce la realidad fiscal que ha llevado a nuestro país al borde del abismo", escribió Matthew May, del sitio web conservador American Thinker.

Sin embargo, los Gen X de la anarcoizquierda expresaron su desánimo por la elección de un ex rey de la fiesta de graduación como en ungido para llevar la antorcha de la generación de los fans de Jane's Addiction. "Lo primero que pensé fue ¡Bingo!, porque hace rato que estamos perfectamente listos", dijo Shane Smith, de 42 años y fundadora de la pretenciosa revista Vice, al recordar su reacción al enterarse. "Pero francamente desearía que el primero de los nuestros que llega a los grandes afiches no fuese un atleta de fraternidad admirador de Reagan y amigo del Tea Party", agregó.

La banda de rap metalero Rage Against de Machine, de la que el congresista Ryan se dice fan, también hizo saber su descontento. "Ryan es la encarnación de esa máquina que tratamos de destruir con nuestra música desde hace 20 años", dijo Tom Morello, guitarrista del grupo, en una columna de opinión que ya ha sido extensamente citada.

Pero, al fin y al cabo, ¿quién tiene derecho a decir que Ryan merece o no ser un ícono X, si se trata precisamente de una promoción carente de referentes generacionales que puedan fungir de árbitros? Kurt Cobain y River Phoenix están muertos. Los ejecutivos de MTV que impusieron el concepto de "alternativo" hoy se niegan a hablar del tema ya que, como explicó una vocera de la cadena, lo único que importa ahora es la Generación Y o millenials .

Muchas de las figuras de la cultura que fueron epítome de la sensibilidad X -como la banda R.E.M., los actores de "El club de los 5" y "El primer año del resto de nuestras vidas", y hasta Douglas Coupland, autor de la influyente novela de 1991 Generación X- no entran dentro de la definición clásica de ese colectivo generacional que abarca a los nacidos entre 1965 y 1980.

"Aunque los hijos del Boom e incluso los medios nunca hayan esperado demasiado de la Generación X, los Gen X siempre esperaron lo mejor de sí mismos", dice Jean Twenge, profesora de psicología de la Universidad Estatal de San Diego, autora de Generation Me e integrante de este grupo etáreo.

De hecho, algunos creen que la Generación X todavía puede dar el batacazo. Krist Novoselic, bajista de la banda Nirvana en la década de 1990, conserva la esperanza de que surgirá algún miembro de su generación (y no precisamente Paul Ryan, a quien considera un político al estilo siglo XX igual que cualquier otro) capaz de inaugurar una nueva raza de políticos, para "crear una estructura que resuelva los problemas del pueblo".

"Yo creo en el fenómeno de los Gen X, porque los he visto y porque soy parte de ellos, pero no creo que nada vaya a cambiar hasta que no tengamos una nueva clase de políticos", dijo Novoselic, de 47 años, que sigue haciendo música cerca de Seattle.

Hasta entonces, Novoselic prefiere desconectarse de todo, de Paul Ryan y de la elección en general. "Ni siquiera miro la televisión, así que no me hago problema", agregó. "¿Qué tal esa típica respuesta X?"

Traducción de Jaime Arrambide

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