Los diez años del bar 878 y una fiesta inolvidable

El gran referente de los speakeasies celebró su primera década con un evento que duró desde las 19 hasta las 5 AM
Rodolfo Reich
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14 de junio de 2014  

Anteayer, el mítico bar 878 cumplió sus diez años de vida, con una gran fiesta aniversario. Ni la lluvia que amenazaba con ráfagas torrenciales, ni el penal regalado a Brasil en la inauguración del Mundial 2014 pudieron opacar los festejos. En la puerta, el mantra se repetía una y otra vez. "Feliz cumpleaños, Flor." "Felicidades, Julián." Saludos a Florencia Capella y Julián Díaz, la dupla societaria y romántica que una década atrás inauguró este ícono de la noche porteña.

Argentina 2004. Un país intentando asomar tras la crisis económica y social iniciada dos años antes. Fue en ese momento cuando se abrió esta puerta anónima, inaugurando la hoy tan actual moda de los bares secretos. En ese momento, fue un guiño a los speakeasies neoyorquinos de 1920, los bares clandestinos de la ley seca. Un espacio amplio pero austero, que recibía con una estética simple. "Era una Argentina muy distinta a la actual. Empezamos con muy poco presupuesto, las paredes estaban descascaradas, la barra casi vacía de botellas. Hoy sería imposible empezar un proyecto de esa manera. Pero el espíritu era el mismo que hoy. Ya en ese entonces sabíamos dónde apuntábamos. Si bien no teníamos la diversidad de bebidas que tenemos hoy, siempre había un bourbon, un gin, algún ron añejo", cuenta Julián Díaz, rememorando aquellos días.

La puerta sin cartel a la calle fue la manera que encontró 878 para escribir su propia leyenda, buscando un cliente activo que debía enterarse de la existencia del bar por el boca en boca y animarse a dejar los barrios de moda para dirigirse a Villa Crespo.

En estos diez años de vida, 878 creció hasta convertirse en un referente, duplicando su tamaño y sus barras. La fiesta funcionó como un resumen de la década, pero también como fotografía del momento actual que vive la coctelería porteña. De esos primeros lugares que apostaron por la calidad (el propio 878, Gran Bar Danzón y Mundo Bizarro) hoy el panorama se renueva año tras año, engrosando una lista que incluye grandes nombres como Florería Atlántico, BASA, Victoria Brown, Frank's, Nicky Harrison, Doppel, Verne Club, Duarte, Isabel, The Sensi y otros. De aquellos jugos concentrados y licores fluorescentes de los años 90 se pasó a propuestas de autor, con vermuts y bitters caseros, con ahumadores portátiles, con maceraciones e infusiones. Todo esto pudo verse en la noche del jueves. Allí, desde la barra, un nutrido grupo de bartenders comandados por Mariano Ramírez despachó miles de cócteles. Estuvieron presentes los grandes clásicos de la historia, esos cócteles eternizados en películas y libros, que recuerdan los años de Truman Capote y Ernest Hemingway, como el Manhattan, el Old Fashioned y el Negroni. También, los best sellers locales, tragos frescos y de menor contenido alcohólico, como el Cynar Julep y el Aperol Spritz.

La fiesta contó con pequeñas escenas y situaciones diseñadas a lo largo y ancho de los dos salones que forman el bar. En una mesa vintage, un escritor ocasional escribía poemas a pedido en máquina de escribir: algunos le pedían declaraciones de amor; otros, reflexiones sobre la noche; los más terrenales, augurios para el Mundial. En la otra punta, una improvisada cabina de DJ recibió a Clemente Cancela, Anita Pauls y Ale Lacroix, entre otros musicalizadores que apostaron por los sonidos funk más modernos y bailables. Muchos aprovecharon la cabina de fotos instantáneas auspiciada por Campari para llevarse un recuerdo en papel a su casa, mientras que otros jugaban en una mesa al truco para ganarse un cóctel como premio.

La fiesta comenzó a las 19, y ya a las 20 horas era difícil caminar adentro. Fueron 10 horas de festejo, una hora por año, y los últimos trasnochadores se fueron pasadas las cinco de la mañana.

Entre los grandes protagonistas y responsables del cambio en la coctelería nacional, se destacan los bartenders, jóvenes entusiastas que se dedican al estudio de las bebidas y las mezclas. En estos años, los bartenders armaron una verdadera comunidad de profesionales, y entre ellos se conocen y respetan, se pasan recetas y proveedores. En la fiesta esta amistad se evidenció con muchos de ellos pasando a la barra para invitar con sus propios cócteles. Por allí estuvieron, entre muchos otros, Federico Cuco (de Verne Bar), Agustín Bertero (de Duarte) y Pablo Pignatta (de Mundo Bizarro). Para comer, estacionado en la puerta, estaba el food truck de Nómade, sirviendo sus deliciosos Min Pao (panes al vapor rellenos de cerdo y hongos) hasta entrada la madrugada.

En gastronomía, diez años es mucho tiempo. Las modas cambian y la gente busca constantemente novedades. Son pocos los lugares que logran mantenerse vigentes, sin caer en la postal nostálgica de un pasado mejor. El bar 878 lo logró. Y lo celebró con este aniversario. Un festejo merecido.

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