
Los restos de anoche: ¡no son sobras, es comida!
2020 nos enseñó que arrancar de cero todos los almuerzos y cenas no es lógico : aquí, consejos para reinventar platos en función de lo quedó del día anterior
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Hay mucha gente que se rehúsa a comer algo que considera que sobró de otra comida. Lo mira con menosprecio. Escuché muchas veces decir “sobras no como”. Y hay otro grupo que, en cambio, disfruta de darles nueva vida, que no lo ve como lo que sobró sino como lo que guardamos. Muchos aprendieron y vivieron por primera vez en 2020 lo que cuesta y el trabajo y planeamiento que requiere cocinar todos los días. Arrancar de cero todas las comidas, lo dijimos varias veces en esta columna, no es lógico ni viable, y mucho menos necesario.
Hablamos de las ventajas de planificar y preproducir. En este caso aprovechar el tiempo, dinero y esfuerzo que pusimos en una comida es central.
El placer de ir al mercado, elegir productos, inspirarnos para preparar algún plato especial es genial, pero no viable a diario. Normalmente el tiempo no sobra, y muchas veces estamos agotados. Por eso ser creativo y prevenido con lo que guardamos en la heladera para otro día nos cambia la vida. Si, así de exagerada soy.
En mi caso en particular, disfruto enormemente de abrir la heladera y sacar tuppers, bols con restos de platos, salsas, milanesas, etcétera. Y con eso en vista empezar a pensar qué podemos comer ese día. Reutilizar lo que encuentro, combinarlo con otras cosas me resulta mágico. Las variedad que quedó en la heladera, si somos constantes para guardarla, sirve perfectamente para hacer algo rico y volver la tarea creativa, fácil y divertida. La pregunta clave que tenés que hacerte es: ¿Cómo hago para comer con lo que hay?
Para eso también sirve pensar en fórmulas y en combinaciones: ingredientes que se llevan bien entre sí y que sabemos que con otros funcionan y se transforman en una comida.
A veces las proporciones de lo que quedó nos invitan a improvisar: poca pasta, mucha salsa, poca carne, mucho puré… Te fijás qué tenés y quizás te animás a invitar a un brócoli, una lata de atún, unas lentejas, lo que se te ocurra a la hora de entrar en juego.
Para los interesados en el tema, les dejo una lista de reglas que pueden resultar muy útiles para preservar la comida:
● Primero y principal, lavate las manos para manipularla.
● Es clave tener recipientes herméticos (“tuppers”) siempre limpios y secos, a mano.
● Los olores se transmiten en la heladera, no en el horno. Entonces, siempre tapemos bien la comida
● Cuando vayas a usar papel film, recordá que no es necesario envolver un bol para mandarlo a Alemania en barco, con un poco por arriba alcanza. O si no podés usar mis nuevos favoritos, las telas con cera de abeja, que sin lugar a dudas preservan mucho mejor.
● La comida lista para consumir (quesos, sobras, fiambres, etcétera) tiene que estar a mano, en los estantes de arriba y en los del medio de la heladera. Nunca en el fondo.
● Si lo que sobró está caliente , enfrialo antes (dato: en plato playo con más superficie enfría mas rápido).
● Dejalo destapado hasta que deja de humear. Recién ahí podés taparlo y llevarlo a la heladera.
● ¿Cuánto tiempo podés tener esas sobras ahí? Por dos o tres días máximo, dependiendo del producto.
● Si lo descongelás, comelo en el día. Ojo: se descongela siempre en la heladera, no bajo el agua.
● Si es algo líquido, como una salsa o un guiso, es importante que hierva al momento de recalentarlo.
● Lo que ya se ha recalentado una vez no se guarda.
● La fuerza del sabor importa. A qué me refiero: si sobraron 3 cucharadas de salsa, 2 de pesto, etcétera, meté todo a la cubetera y mandalo al freezer. Eso es lo que después le suma sabor a un salteado improvisado, por ejemplo.
● Por favor, respetemos los “tuppers”, guardémoslos siempre cada uno con su tapa. Tengamos diferentes tamaños pero repetidos, al menos dos o tres de cada uno.
Ideas de cosas para hacer
● La carne al horno de ayer, es el sándwich de hoy.
● Cuando hagamos arroz, hagamos de más para ensalada, croquetas, un salteado oriental o enriquecer una sopa.
● Los restos de asado del domingo: ensalada con pedacitos de vacío, una salsa con las cebollas bien dulces a las brasas, unas croquetas con las papas al plomo.
● Pan que ya está duro, con oliva y dorado para una panzanella.
● Budín de pan de facturas.
● La pizza: hecha en un sándwich en la selladora (recomiendo una de muzzarella y una de fugazza encimadas), al horno en cuadraditos para picar o sumar a una sopa de tomates.
● Fainá que quedó, bien dorada con ensalada de tomates y pimientos asados.
● El aceite de las berenjenas en escabeche para saltear pollo o pescado o condimentar ensaladas.
● Guardá siempre los huesos cocidos para darle gustito a sopas o caldos.
● Los fondos de carnes braseadas sirven para agregar a salteados, por ejemplo de brócoli con ajo, o jugo de carne y parmesano.






