
Los shar pei, una raza con historia
Por Eduardo Tarnassi Para LA NACION
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Por lo general, los pueblos orientales trataban con bastante dureza a los perros callejeros. Incluso se afirma que en muchas oportunidades terminaban en las ollas de alguna casa. Sin embargo, no ocurría lo mismo en los palacios: allí eran tratados como deidades.
La veneración por ciertos perros en la China imperial se ilustra con la leyenda del tigre rojo o ch´ ih hu . Según esta historia, en el año 565 el emperador dio a un can el rango de chun-chun, algo así como un duque occidental. Para los historiadores, esta adoración resultaba de la creencia que sostenía que los perros eranantepasados del hombre.
La mitología oriental señala que esa idea fue consecuencia de una decisión que tomó el emperador Kaoshin. Este, entre el 2435 y el 2366 a.C., temió que su imperio fuera invadido y por eso puso precio a la cabeza del general Wu, jefe de sus enemigos. El que acabara con el militar sería recompensado con grandes tesoros y la mano de la princesa.
¿Quién le dio muerte? Pan Hu, el perro de Kaoshin. Por eso, según la mitología, el animalito pudo desposar a la muchacha. En la leyenda tuvieron 12 hijos, que dieron origen a las tribus bárbaras del sur de China.
A pesar de que en la actualidad los perros son poco numerosos en esas latitudes, tuvieron una importancia superlativa.
Ahora bien, ¿cómo es posible que muchos de ellos subsistan en Occidente? Eso se debe a que mercaderes ingleses y norteamericanos se apoderaron de ellos en los siglos XVIII y XIX para solaz de los nobles europeos.
Un caso típico es el del shar pei. Es el más antiguo de los perros de guardia chinos pese a su pequeño tamaño. Este can, cuya característica saliente es la de tener piel sobrante por todos lados (algo así como cuatro talles más grandes que su esqueleto), fue considerado durante mucho tiempo como exótico.
¿Cuál era la ventaja con la que contaba el baticola? En una pelea, esa piel de más era su mejor defensa. El tesón de los norteamericanos rescató esta antigua raza y hoy es común verlos caminando por nuestras calles.
Hoy, mitigada su ferocidad mediante cruzas seleccionadas, se convirtió en un perro apacible, seguro de sí, cauto con los desconocidos y querendón con su familia humana.
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