Louis Vuitton El tiempo en un baúl
Una curiosa exposición, en el Museo de los Inmigrantes, mostrará parte de los baúles antiguos de esta tradicional casa
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Desde el 27 hasta 30 de este mes se exhibirá en las salas del Museo de los Inmigrantes una parte de la exquisita colección de baúles antiguos que conserva la casa Louis Vuitton en su museo de las afueras de París.
Se trata de una muestra pequeña –son nueve piezas en total–, pero que alcanza para ilustrar la dimensión que tuvieron los viajes en el pasado, cuando desplazarse por el mundo significaba llevar algo más que una simple mochila a cuestas. Estos diseños son, además, algunos de los primeros que el mismo Vuitton presentó al comienzo de su meteórica carrera, y dan cuenta del ingenio de este carpintero francés que en 1854 fundó un poderoso imperio en torno de una de las actividades más placenteras que pueda practicar el ser humano: viajar. El origen de la iniciativa tuvo un sesgo visionario. Cuando Louis Vuitton abrió su taller en la Rue de Capucines, a metros de la Place Vendôme, en París, pocas personas imaginaban que los medios de transporte lograrían unir los cuatro puntos cardinales, y mucho menos que el turismo se convertiría en una industria tan rentable.
Consciente de todo ese potencial, reunió un equipo de artesanos y empezó por desarrollar una línea de baúles a la medida del espacio que dedicaban los barcos, trenes y automóviles al transporte de equipajes. Y para satisfacer las vanidades de sus clientela, gente paqueta que no salía de casa sin su batería de cremas y zapatos, tuvo la genial idea de acondicionar el interior de cada ejemplar con recovecos, cajones y cajoncitos capaces de contener prendas de distintos tamaños. Hacia 1860 ya era una marca registrada. Sus elegantes cofres recorrían Indochina, el Africa negra o cruzaban océanos sin sufrir una sola magulladura. La calidad de los materiales y la capacidad resolutiva del diseño estimularon los caprichos más insólitos: en 1869 un jedive (virrey) de Egipto le encargó un baúl para mantener frescas las frutas y las verduras; a otro aventurero hubo que hacerle bolsos especiales para una travesía en un elefante.
Claro, Louis Vuitton no era ningún improvisado. Había nacido en 1821, en un pueblito de Francia llamado D’Anchay, y descendía de una familia de expertos ebanistas. A los 14 años, abandonó su casa para probar fortuna en la capital, adonde llegó después de caminar durante un año, porque entonces no tenía ni un centavo para pagar un billete en carruaje.
Durante esa larga travesía aprendió lo que sería el fuerte de su oficio, su talento mayor: el tallado de maderas refinadas, como el álamo y la haya. En París, se empleó en el taller de un artesano que confeccionaba cajas para que las modistas embalaran los vestidos.
Así llegó al entorno de la emperatriz Eugenia, que lo adoptó como su embalador favorito. Y un empujoncito en la vida, a nadie le viene mal.
El resto es historia conocida.
- Para saber más: Museo de los Inmigrantes. Av. Antártida Argentina 1355. Capital Federal
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