
Magdalena Aicega, pura garra
Desde hace diez años que juega como titular en el seleccionado nacional de hockey, más conocido por el apodo de las Leonas. Además de bonita es nutricionista y tiene una columna propia en un programa de televisión
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Magdalena Aicega empezó a jugar al hockey a los 7 años, cuando sus padres –dos deportistas fanáticos y deseosos de evitarles a sus hijos un futuro sedentario– decidieron inscribirla en un club del barrio de Belgrano, a pocas cuadras de la casa que todavía comparte con ellos, sus hermanos y dos perros.Desde que ingresó en las divisiones inferiores su carrera fue meteórica. Participó en intercolegiales, torneos de provincia y Juegos Panamericanos, hasta que a los 19 años alcanzó el sueño de jugar como titular en la selección nacional, el equipo que hace muy poco tiempo pasó a la fama con el apodo de las Leonas. “Creo que todo fue a partir del campeonato en Sydney –cuenta, mientras acaricia el lomo de Nana, su labradora negra que acaba de volver del paseo matutino por la plaza–. En principio, nos destacamos porque no fue el fútbol a los Juegos Olímpicos, y más tarde, porque los juegos de equipo duran todo el torneo. En Sydney pensábamos que pasábamos con un punto a la rueda, y finalmente pasamos con cero punto. Por eso, y ahí, surgió el apodo las Leonas. Buscábamos algo que nos identificara, por toda la garra que le estábamos poniendo al equipo. Los entrenadores nos preguntaron y todas coincidimos en la figura de la leona, porque cuidamos la camiseta como si fuera un hijo.”Ahora que las Leonas pasaron al estrellato, y después de haber debutado en un programa de la cadena TyC Sports, tiene una columna sobre temas de salud en el ciclo que conduce por las tardes Mariana Fabiani, porque a Magdalena le quedó tiempo para estudiar nutrición en la Universidad. Aunque, salvo un novio que juega al rugby, y un sobrinito que acaba de nacer, no hay nada más importante para ella que la selección.“Para el europeo, el deporte tiene más rigor. Es pura competencia. Ellos ganando o perdiendo siempre juegan igual. Yo no puedo entender el caso de una de las jugadoras australianas, que es una de las mejores del mundo y que trabaja en Holanda. Dijo que no iba a participar en el torneo de Macao porque tenía compromisos de trabajo. Si a mí me pasa una cosa así, lo siento mucho: dejo cualquier cosa por la selección. Creo que lo que nos distingue tal vez sea eso, ese amor enorme por la camiseta. Tal vez porque acá todo te cuesta el doble. Las holandesas esta vez se quejaban de que la cancha no era de un poligrás sintético, y nosotras nos mirábamos. ¡Si supieran que entrenamos en cada cancha de porquería! Es increíble, pero entrenamos como profesionales siendo que en realidad somos amateur. ”El futuro son las Olimpíadas de Atenas, en 2004. Y Magdalena se proyecta en el tiempo: “Según como esté mi vida en ese momento, decidiré cómo seguirá mi carrera fuera de la cancha. Amo el hockey y me gustaría seguir, pero haciendo algo que marque un camino para las generaciones nuevas. Fundamentalmente, me interesa transmitir lo que sé para que el hockey argentino no desaparezca del escenario internacional”.






