
Manhattan: salir del ground zero
A pocos meses de los atentados y aún en medio del dolor, arquitectos, políticos y familiares de las víctimas debaten sobre el futuro de la zona en donde se erigían las Torres
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NUEVA YORK.– El agudo silbido del viento es por momentos insoportable. Las frías ráfagas corren, impiadosas, por entre los rascacielos del sur de Manhattan. Parecen perforar los oídos, cortan la piel de la cara y traen lágrimas. Sin embargo, decenas de miles de personas aguardan pacientes, en fila, sobre la avenida Broadway, en una gélida mañana de enero. Armados de grandes vasos de café o chocolate humeante esperan, en colas de ocho cuadras de largo, su turno para poder pasar a la plataforma de observación recientemente construida sobre la calle Fulton, entre Church y Broadway. Desde allí, a un costado del antiguo cementerio de la capilla Saint Paul, y frente a las torres del World Financial Center diseñadas por el argentino César Pelli, se tiene una vista completa de ground zero, el lugar donde se erigía el World Trade Center, y que hoy es una virtual tumba masiva para las 2256 personas que al día de hoy aún permanecen desaparecidas tras los ataques terroristas del 11 de septiembre.
Mientras avanza lentamente, la gente lee o escribe mensajes sobre las rejas de Saint Paul. Hay ositos de peluche cubiertos de escarcha, rosas marchitas, velas consumidas, cartas, estampitas de la Virgen de Guadalupe, carteles de God bless America (Dios bendiga a Estados Unidos), medallas, cintas y banderas norteamericanas, mexicanas, canadienses, británicas y hasta una argentina. Tal es la cantidad de gente que se acerca diariamente –de 9 a 20– para ver los restos de las Torres Gemelas, que el flamante alcalde Michael Bloomberg decidió expedir boletos gratuitos para acceder a la plataforma a una hora determinada y no tener que esperar largas horas de pie, soportando el frío invernal y bajo el acoso de los vendedores ambulantes que ofrecen remeras, buzos y sombreros con las siglas NYPD y FDNY, de los departamentos de Policía y de Bomberos de Nueva York, respectivamente.
Muchos se sorprenden al ver por primera vez el gigantesco espacio que queda expuesto delante de sus ojos. Siete hectáreas devastadas que hoy parecen ser una enorme cantera de construcción. Trabajando sin descanso, las 24 horas, un verdadero ejército de maquinistas, obreros, arquitectos y bomberos con topadoras, grúas y cientos de camiones ha logrado despejar casi por completo y en tiempo récord (apenas cuatro meses después del desastre) la zona de la superficie donde se levantaban las dos torres de 110 pisos más otros cinco edificios más pequeños. Se estima que los trabajos de remoción de escombros y limpieza estarán acabados para junio; tareas que se creía al principio tomarían dos años, finalizarían tras nueve meses. Ya se puso plazo para que las nuevas vías de trenes subterráneos estén funcionando para mediados de noviembre, y las empresas de construcción creen que para fines del año próximo ya podría estar en pie el primer edificio que reemplace a los caídos en aquella soleada mañana de septiembre.
Pero a medida que avanzan las labores de limpieza se vuelve más imperioso encontrar una respuesta a la pregunta que hoy gira por la mayoría de los estudios de arquitectura de la ciudad: ¿qué debería construirse en ground zero?
Dos altas torres de 70 pisos, similares a las originalmente creadas por Minoru Yamasaki, en 1973; un gran parque en memoria de los fallecidos en el atentado; un alto edificio que albergue a la Bolsa y al Nasdaq; un complejo edilicio con oficinas, escuelas, una plaza, negocios y viviendas; dos torres de luz que iluminen el cielo de Manhattan y le devuelvan a la ciudad su famoso skyline en la noche. Los proyectos son cientos, de los más variados, y se discuten acaloradamente en estos momentos entre diseñadores, planificadores urbanos, arquitectos, políticos y familiares de las víctimas. Ninguno tiene todavía aprobación oficial, la mayoría está en su etapa de desarrollo; solamente dos proyectos completos han sido presentados: uno para crear un sitio memorial temporario, el otro para un complejo edilicio permanente.
“Todo el mundo tiene una idea”, dijo el arquitecto Bruce Fowle, que junto con un grupo de colegas y diseñadores publicó un par de semanas atrás el informe New York, New Visions, que señala que es prematuro discutir diseños particulares para el lugar cuando todavía no se desarrolló un plan maestro para toda la zona de Lower Manhattan que se vio afectada por la tragedia. “La idea es que se establezcan parámetros para la decisión sin que nos estemos peleando sobre el mapa de la ciudad”, agregó Fowle, de la firma Fox & Fowle Architects, que se unió en esta iniciativa a estudios habitualmente competidores.
Eventualmente, sin embargo, serán los políticos los que decidan. Para eso, en noviembre último, el entonces alcalde Rudolph Giuliani creó la Lower Manhattan Development Corporation, una junta de 11 miembros directivos (siete de ellos nombrados por el gobernador del Estado, George Pataki, y cuatro por Giuliani) que ya estableció varias comisiones para tratar los diferentes asuntos relacionados con la reconstrucción y la reinvención de la proa financiera de Nueva York. Con un presupuesto de ayuda federal de 40.000 millones de dólares, allí se agrupan representantes de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey (la agencia oficial dueña del complejo del World Trade Center), agentes inmobiliarios, banqueros, familiares de las víctimas, comerciantes y habitantes de la zona, y el empresario Larry Silverstein, que pocas semanas antes de los ataques suicidas había ganado la concesión del World Trade Center por 99 años. A mediados de enero tuvieron su segunda reunión y pronto empezarán a realizarse audiencias públicas para discutir la mejor manera de aprovechar el lugar.
“No queremos que ese gigantesco agujero permanezca vacío por mucho tiempo. Eso sería lo peor –dijo John C. Whitehead, presidente de la Lower Manhattan Corporation–. Así que vamos a escuchar los proyectos y unificar los planes rápidamente para permitir que se comience a construir cuanto antes sea posible”, agregó, temeroso de que en el entretiempo más empresas de la zona decidan trasladar sus oficinas a Nueva Jersey, en la otra orilla del río Hudson, como viene ocurriendo desde que la nube de polvo cubrió el downtown neoyorquino.
Unificar criterios será la tarea más difícil. Ni siquiera en el nivel político hay una sola voz cantante. Mientras Giuliani respaldaba la idea de un parque recordatorio de las víctimas sin ningún tipo de edificio comercial, su sucesor, el multimillonario Bloomberg, está a favor de un conjunto de oficinas, escuelas, departamentos y tiendas. Y básicamente en esas dos corrientes –memorial o más edificios– es que se dividen los proyectos en danza.





