
Mar de las Pampas: un reino para los sentidos
A 8 kilómetros de Villa Gesell, este pequeño paraíso combina playa virgen con un imponente bosque. Se gestó en los años 50, y en 2003 fue la localidad turística que más creció. Según sus habitantes, constituye un proyecto filosófico: tranquilidad, calidad de vida y un desarrollo sostenible que no atente contra la naturaleza
1 minuto de lectura'

MAR DE LAS PAMPAS.- Al Tano Antonio le brillan los ojos.
-Dios me puso en la estación de Gonnet y me dijo: Tomate el tren. Así que nos vinimos, con Anna, hace cuatro años.
El Tano es calabrés, tiene 60 años y casi toda una vida como empleado metalúrgico en La Plata. Llegó a Mar de las Pampas buscando tranquilidad y algunas changas. Pero se puso a amasar y hoy, en Amorinda -su restaurante. Tutto pasta, claro- hay que pedir reserva para disfrutar de una cena casera.
En Mar de las Pampas, la naturaleza dibujó con precisión el paisaje: playa ancha -todavía virgen-, pretéritas dunas y un bosque que huele increíblemente cada vez que llueve. Son apenas 300 hectáreas y una franja costera de 1700 metros, a 8 kilómetros del centro cívico de Villa Gesell. Un pequeño paraíso donde se puede andar descalzo, disfrutar de una cabalgata, salir a comer a la noche en alguno de los refinados restaurantes y -al mismo tiempo- un lugar de ensueño que no puede entenderse sin espiar a su gente: unas 100 familias, dicen algunos datos poco precisos.
La imprecisión deriva, en parte, de un crecimiento que no dio respiro: en 2003 -datos de la Secretaría de Turismo de la Nación-, Mar de las Pampas fue la localidad turística que más se desarrolló en el país.
Su gente guarda algunas de las claves del fenónemo: la atención personalizada, la calidez del posadero, los restaurantes con un promedio de 40 cubiertos (y el chef acercándose a las mesas), las cabañas con pocas plazas en las que el desayuno -dulces caseros, siempre- es servido por sus dueños.
Nada, o casi nada para el turista, había hace unos cinco años.
-Crecimos basándonos en el desarrollo sostenible: explotar Mar de las Pampas sin agotar sus recursos naturales. Tenemos presente el concepto de propiedad común: el bosque es de todos y hay que cuidarlo. Este es un lugar turístico y un proyecto comercial, pero además es un proyecto filosófico.
El que habla es Pedro Lanteri, vicepresidente de la Asociación de Emprendedores Turísticos de Mar de las Pampas (AET). Es dueño de uno de los complejos de cabañas. Y actor. Vivía en Buenos Aires, pero eligió apostar a una vida más tranquila y le fue bien. Lo mismo que María Luisa Tochetto, secretaria de la AET, que dejó su trabajo como analista de sistemas y se vino pensando que se podía generar una actividad rentable, "respetando al hombre y la naturaleza".
La sociedad de fomento y la AET -que agrupa a gran parte de los constructores, dueños de cabañas, restaurantes y comerciantes- plantean batalla y dan enérgica pelea a los que propician las construcciones de más de dos pisos de altura. Rechazan los balnearios en la playa y los videojuegos en el centro comercial. No quieren bocas náuticas y -mucho menos- camionetas 4x4 a la orilla del mar.
"En todos los ámbitos, privilegiamos lo artesanal", resume Sandra Domínguez en su local de Corpo Telar, en el centro comercial donde ahora hay un nuevo paseo en el que se plantaron 350 rosas.
La Tana, que preside la AET, es visceral.
-Escuchamos una motosierra y salimos corriendo para que no tiren el árbol.
Ni una gota de asfalto hay en las calles. La piedra, la madera y el vidrio predominan en las construcciones, y el 80% de los lugares de alojamiento tiene entre cuatro y cinco cabañas, o no supera las 15 habitaciones.
-Son todos microemprendimientos, resume Hugo, contador, que en su complejo de cabañas está construyendo una pileta de natación. Susana, su esposa, prepara té de hierbas y trae a la mesa unas rodajas de pan tibio.
Así es todo para el turista: atendido por sus dueños. La mayoría, profesionales que eligieron invertir en su calidad de vida.
En la posada de los Campagnolle -Irene y Ezequiel-, la historia que se escucha es un buen ejemplo: ella es profesora de geografía; él, profesor de educación física. Vivían en Martínez, vendieron todo, se jugaron, les fue bien. Los chicos -tres- van a la escuela en Villa Gesell. Igual que los hijos de los Muñoz, Liliana y Osvaldo, que en Buenos Aires trabajaban en el free shop y ahora, en Mar de las Pampas, tienen un restaurante, Cabaña Huinca.
-Iniciamos una producción de cerveza artesanal- se enorgullece Liliana, tesorera de la AET.
Afuera, en el bosque, todo está impregnado por el olor del pino marítimo y el ciprés. Entre miles de especies nativas y las implantadas por quienes, en los años 50, creyeron que aquí se podía crear un centro turístico.
-Todo comenzó en 1958, cuando en Mar de las Pampas no había ni una hectárea quieta. El contador Manuel Rico, junto con sus socios Zelzman & Vázquez, fue el mentor -recuerda Mónica García, que se radicó aquí en 1996 y desde hace casi 10 años trabaja como guía en el Museo Histórico Municipal de Villa Gesell.
Durante dos décadas se sucedieron las campañas de forestación y fijación de médanos, a cargo de los ingenieros forestales Oscar Moretti y Esteban Takacs. Ahora hay más de 150 obras en construcción entre los árboles, mientras la fiesta de los sentidos se disfruta en la arena.
-Nuestra vedette es el mar. Y una playa agreste como casi no queda en el mundo.
Por ese privilegio y por el valor del cordón dunícola (ver recuadro) destaca Mónica, "si bien estamos creciendo, el progreso no puede ser igual a degradación del medio ambiente. A Carlos Gesell le decían el loco de los médanos cuando pedía que no se alterara la topografía porque eso iba a limitar la extensión de las playas, y después se comprobó que tenía razón".
Dardo Silvia, un cordobés que llegó en los años 80 después de dejar su trabajo como fotógrafo en la agencia Télam, tiene miedo de que se pierda un espíritu del que ya tiene nostalgia. Su mágica casa de té bien la nombra: se llama Viejos Tiempos.
-Al principio tenía que prender una vela para entrar porque no había luz. La casa la hice yo, y en la época de los australes me salió 3000 dólares.
Repite Dardo, varias veces, que cuando llegó a Mar de las Pampas, "los únicos ruidos, la única luz, eran los del bosque". Avisa Mónica que en cada metro cuadrado de ese bosque todavía hay 50 mil organismos vivos que cuidar. Y el Tano Antonio, con los ojos húmedos, anuncia:
-Voy a construir una capilla. Quiero agradecerle a Dios.
Es por haberlo traído aquí. A espiar, desde el bosque, la arena y el mar.
Montículos de arena
Parece increíble que las dunas guarden tanta riqueza en peligro de extinción. "La costa dunícola en la que se incluye Mar de las Pampas abarca 180 kilómetros, desde Mar Chiquita hasta la bahía de Samborombón. Como formación geológica, las dunas tienen unos 500 años, son ecosistemas con flora y fauna propias, y un importante reservorio de agua dulce", explica Mónica García. La duna pone límites. Preserva la playa, protege el bosque. "Gran parte del cordón dunícola de la costa ya ha sido alterada. Se comprobó que las calles que desembocan transversalmente en la playa son erosivas. Su trazado, igual que la construcción de balnearios, atenta contra las dunas. Es por eso que, aquí, en Mar de las Pampas, la mayoría se opone a esos proyectos."
Datos útiles
- Cómo llegar: desde Buenos Aires, lo más directo: ruta 2 hasta Dolores, ruta 63 hasta Esquina de Crotto, ruta 11 hasta General Conesa, ruta 56 hasta Madariaga. Tomar la 74, hasta Pinamar, y luego la Interbalnearia hasta el kilómetro 420.
- Hospedaje: las cabañas (para 4-6 personas) oscilan entre $ 250 y $ 350 diarios. Hay hasta $ 500, y de menor precio ($ 200 por día). Algunas cabañas: Abedul, Abvai, Aike Malem, Aquímequedo, Arame, Arcadia, Casas del Pino, Cuatrocasas, Elementos, El Ocio, Leyendas, Mapuche, Pilmayen, Rincón del Duende, Posada Piñen. Apart y spa: Miradores del Bosque, Barlovento. Apart: Pehuen, Indio Pampa, Avalon. Hotel y spa de salud: La Mansión del Bosque.
- Comidas: precio promedio, entre $ 20 y $ 25 por persona. Algunos lugares para comer: Amorinda, Casa del Sol, Cabaña Huinca, El Granero, Indio Pampa, Viejos Tiempos.
- Compras: hay ropa, artesanías, dulces caseros, casas de decoración. Entre otros: paseo de compras Los Rosales, Corpo (indumentaria y decoración), El Arcángel (regalos). Actividades: caminatas, cabalgatas, conciertos al aire libre, deportes en la playa.
- Para más datos y direcciones: www.mardelaspampas.info





