
Marcelo Figueras
El escritor y guionista presentó El espía del tiempo , su nueva novela. Y, después de Plata quemada , volvió a colaborar con Marcelo Piñeyro en el guión de Kamchatka
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1. El abecé de la vida se aprende en la infancia. Mi padre, dentista, me dio un ejemplo fundamental: para mí su trabajo era horrible, pero para él era una fuente de alegría diaria. Y mi mamá fue una puerta abierta por donde entraba la música, el cine y todo el arte.
2. Supe que no quería escribir una crónica liviana de la época. En 1992 estaba de moda la literatura sobre chicos cool, y me largué con El muchacho peronista, que transcurre en 1938 y tiene que ver con nuestra historia, el tango y el viejo cine argentino.
3. Veo que el periodismo se ha adocenado mucho. Por un lado, cumple una función de denuncia que es necesaria; pero no es la única que debe tener. Y va detrás de la revelación escandalosa del día, creando una carrera de denuncia sobre denuncia, donde las nuevas van lavando las anteriores.
4. Hoy, los padres ya no dan las seguridades de antes, más bien luchan a la par de sus hijos. Yo tengo tres hijas, y creo que les enseñé eso: a probar una y otra vez, sin darse por vencidas.
5. Quisiera mostrarles a mis hijas que es posible mantener un gran amor a través de los años, pero hasta ahora no pude. Tuve dos largas convivencias, pero todavía busco ese amor to-tal, en el que pongo muchas más expectativas de lograr la perfección que en cualquier otra cosa, incluyendo mi obra literaria.
6. No hay nada más complicado que ser sencillo al escribir. Al empezar uno tiende a ser barroco: intenta decir todo, y con un lenguaje lo más sofisticado posible, para ocultar sus inseguridades. El periodismo me ayudó; pero fundamental fue aprender a bancarme el riesgo de la exposición.
7. Escribir es una forma de descubrir verdades propias, que pueden valer para otros. Pero las grandes verdades fueron descubiertas por tipos como Herodoto. Sus preocupaciones son las nuestras; uno podría decirle: ¿Tomamos un café?, y sentarse a charlar con él durante horas.
8. Hace algunos años redescubrí la amistad, después de varios de mirar más para adentro. Ahí afiancé las amistades viejas y me abrí a otras nuevas, especialmente las femeninas. ¡Yo no sabía que las mujeres podían ser tan buenas amigas de un hombre!
9. El cine me enseñó a trabajar en equipo. Hasta que hice el guión de Plata quemada , creía que la creación era por fuerza algo individual. Pero aprendí que era capaz de crear de a dos, y vi cómo eso se enriquecía después con el aporte de todos.
10. Este país fue el último orejón del tarro desde antes de la Conquista: el oro, los brillos y la cultura estaban más arriba del Perú. Puede ser que eso nos haya hecho melancólicos. Pero nada más: no somos unos llorones que merecemos todo lo que nos pasa, como sostienen muchos.






