
María Rojí, mujer soñada
Ella canta, baila y actúa. Fue la República Argentina en El infierno del Pinti, demonio en Pericon.com.ar y ahora es sirena en Sueño con sirenas, de Pablo Novak, en el Picadilly
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Se puede medir un metro con setenta y seis centímetros, cantar, bailar, actuar y ser sirena. Y qué sirena. La bella María Rojí no llegó desde las profundidades del mar ni confundió a los barcos de Ulises, pero con su longilínea figura y sus virtudes artísticas produce encantamientos, aunque menos peligrosos que los de sus míticas congéneres.
Para llegar a ser sirena (Rojí interpreta a este y otros personajes en la pieza de teatro musical de Pablo Novak, Sueño con sirenas, donde comparte el escenario del teatro Picadilly con Alejo García Pintos, Novak y Carlos Kaspar, con la dirección de Tony Lestingi) a María le llevó un largo camino. A los 32 años, la actriz puede vanagloriarse de haber trabajado con Pepe Cibrián Campoy en Aquí no podemos hacerlo, con el maestro Enrique Pinti en El infierno del Pinti –como República Argentina, personaje que le valió el Premio ACE Revelación– y en Pericon.com.ar –como tentador demonio–. Esos son los hitos que marcaron su destino hasta hoy.
Sin embargo, ella prefiere remontarse a su infancia, que encierra deseos capaces de justificarlo todo. “Con mi grupo de amigas –teníamos unos 10 años– solíamos armar cuadros de baile y canto para la familia. Le cambiábamos las letras a las canciones de moda y eso nos servía para nuestros shows. Llegamos a editar un cassette con esas canciones, que habíamos creado durante varios años, y le pusimos una introducción que ha quedado como testimonio de los sueños de ese entonces. Allí decíamos que nos gustaría llevar alegría donde hubiera tristeza, lograr que la gente que se sentía mal, se sintiera bien. Creo que no ha cambiado mi deseo –afirma–. Ser parte del espectáculo me permite llevarle algo a la gente. Y a veces pueden ser cosas más complejas que simple alegría.” De ese grupo de amigas soñadoras, sólo María siguió el camino del espectáculo. Las demás, convertidas en kinesiólogas o psicólogas, canalizaron su deseo por otros rumbos. Ella se ríe cuando lo cuenta, pero explica con detalle cómo cada una de ellas explota su creatividad con sus pacientes. “Respetar los juegos de niño es fundamental para la vida –remata–. En esos deseos primarios está tu esencia, aunque después la sociedad te vaya civilizando.” Ella, María, tuvo la suerte de haber logrado lo que quería en cada etapa. Cuando en la familia no alcanzaba el presupuesto para pagar sus clases de actuación, baile y canto, ella se las ingeniaba para ganar plata dando clases particulares. “Así que cuando realmente querés algo, lo hacés, no hay otro camino. No se le puede echar la culpa a las circunstancias o a los demás.” No obstante, la decisión de tomar su vocación artística como una profesión que le permitiera vivir de ella fue más tardía que sus juegos de infancia. “Cuando terminé el secundario –fui a una escuela bilingüe–, decidí que quería hacer una carrera artística. Y por el otro lado entendí que también iba a necesitar otra manera de subsistir económicamente para poder elegir mejor mis proyectos artísticos. Entonces estudié el traductorado de inglés, que me permite laburar en mi casa y manejar mis horarios, para poder hacer lo que me gusta.” Será por eso que hoy puede afirmar que nunca tomó decisiones artísticas especulando con lo que iba a ganar. En cambio, María elige siempre mirando meticulosamente qué cosas de las que le ofrecen la harán crecer.
Su primera experiencia fue como producto de haber ido a un casting al que se convocó por un aviso en el diario –se nota que eran otros tiempo–, y así llegó a integrar el elenco de Jesucristo Superstar. Después se paró frente a Pepe Cibrián Campoy, demostrándole cuánto era capaz de cantar, bailar y actuar para integrarse al elenco de Aquí no podemos hacerlo. Tenía apenas 18 años.
En una de las funciones de ese espectáculo estuvo Enrique Pinti, que quedó fascinado con ella y la llamó para hacer de vapuleada, ultrajada República Argentina en El infierno del Pinti.Y después llegó Payasos imperiales, de Cristina Moreira, y Pericon.com.ar, donde nuevamente se sumó a Enrique Pinti, alguien al que considera un grande, y al mismo tiempo, una persona generosa y especial.
“Su visión de aquella República Argentina –dice ella–, ultrajada por sus sucesivos amantes, fue como un presagio. Bah, en realidad hace tanto tiempo que viene pasando...” Como la mayoría de los argentinos, no puede evitar dejar caer unas lágrimas de angustia cuando roza el tema de la actualidad. “Quisiera poder aportar alegría”, vuelve al deseo de infancia.
Y entonces, la sirena que es hoy pugna por dejar un mensaje que sea escuchado por la gente: “Hay que trabajar con el de al lado, y quizá podamos volver a la Atlántida. Hay que dejarse llevar por la parte más femenina de la naturaleza humana: el amor, la generosidad, la tolerancia. La violencia no nos conduce a nada.”





