
Mariana Arias: cambio de rumbo
Brilló como modelo en las mejores pasarelas del mundo. Ahora, devenida actriz, protagoniza un corto –en el que juega seis personajes distintos– y una película
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Cambia. Todo cambia.
Pero ella está rabiosamente concentrada, más que en el cambio, en el olvido.
El sol de las 4 de la tarde entra, dulcísimo, por las ventanas. Allí, en uno de los cuartos de una casa vieja, Mariana Arias toma mates lavados y mordisquea una barrita de cereal.
Tan lujosa. En el pasado, avanzaba por las pasarelas “armoniosamente, feliz de vivir y sonriendo con blanca sonrisa, como si divisase a lo lejos, en el espacio, un espejo que reflejara su caminar y su belleza”, parafraseando a Baudelaire en Pequeños poemas en prosa.
Ahora, sólo el recuerdo de ese mundo en el que vivió parece espantarla.
En el cuarto contiguo, como fieles guardianas, esperan a que la entrevista termine la diseñadora Sylvie Geronimi y la psicoanalista Susana Hoffmann. Estas dos mujeres, además de la señora Arias, del psicoanalista Tomás Hoffman, la cineasta Fabiana Castaño y el director de fotografía Daniel Sotelo, fundaron en marzo de 2002 el grupo de cine independiente Manifiesto I, en el marco del Estudio de las Artes y los Oficios, un sitio formado en marzo de 2001 por las personas mencionadas, excepto Mariana Arias y Daniel Sotelo, en el que se hacían distintos tipos de actividades, muchas de ellas centradas en los enlaces del psicoanálisis con los diversos campos del arte. De esa unión de diseñadora de zapatos, actriz, psicoanalistas, iluminadores y directores, salieron los dos primeros proyectos que llevan la firma de Manifiesto I: un corto que se estrenó en mayo, llamado Futbolhadas, y un largometraje que está en preproducción y que lleva el título de Velada. La noticia es que Mariana Arias interpreta a los seis personajes femeninos de Futbolhadas y a uno de Velada. El corto, con guión de Tomás Hoffman y dirección de Fabiana Castaño, plantea la relación de seis mujeres con el fútbol a través de distintas situaciones: La Bati es una futbolista, Teresa está internada en un hospicio, Gabriela es actriz y videasta, Norma es una psicóloga social. Paloma Cepeda, la hija de Mariana Arias y Marcelo Cepeda, también participa. En cuanto a Velada, el largometraje en cuestión, es una historia que transcurre durante la fiesta de 15 años de una de las protagonistas, y que tiene que ver con la hipocresía y los ritos de pasaje. Aquí Mariana Arias interpreta a Mónica, una asistente social que no está demasiado enamorada de su marido.
Ahora son estas cosas –Manifiesto I, el corto, el largo y el Grupo– las cosas más importantes de la vida de la señora Arias. Cuando sonríe, en el rostro le juega una cierta inocencia de tul, una suavidad perfecta. Pero para ella la belleza, más que un don, parece ser su condición de nacimiento para bien y para mal. Una condición dolorosa, por cierto, puesto que modelo, modelaje, pasarela, son todas palabras que, al menos durante esta entrevista, evitó con cautela.
–Me interesan el arte, el cine, la actuación. Sé que tengo mucho para dar en ese sentido. Estuve mucho tiempo desviando la ruta de mi verdadero deseo. Tuve una opción muy atractiva y una gran libertad para elegir a los 17 años... demasiada libertad para mi gusto. Ahora se dice: “No, los chicos tienen que hacer lo que ellos quieren”. Y la verdad es que a los 17 uno no sabe lo que quiere. Tus padres tiene más herramientas para saber qué es lo bueno y lo malo. No es un reproche, es una reflexión. Pero puesta en aquel momento, no volvería a elegir lo mismo. No, no. Definitivamente, no. En ese momento tenía muchas ganas de hacer algo que tuviera que ver con la psicología y no lo hice. Fue más cómodo no hacerlo. Más atractivo. Las luces, los brillos, me tentaron mucho.
La tentación, dice esta hija única –colegio privado de monjas en Las Esclavas de Maure y Luis María Campos– ocurrió cuando estudiaba francés en la Alianza, y eso es todo lo que dirá al respecto.
–Yo era muy alta, y cualquier persona que esté en este medio está como a la pesca. Alguien me vio en la Alianza, me lo propusieron y empecé a trabajar. Cada vez me iba mejor. Lo que pasa es que la altura física, a los 17 años, es mucho más imponente que lo que uno puede tener como consistencia. Vos aparecés, y aparece una figura grande. Que no sé si es tan grande por dentro. Si tiene esa misma altura por dentro. A mí me pasaba eso. A veces, ahora también me pasa. Hay que tener contenido para esa altura. Pero me dediqué a eso, y estudiar me quedó pendiente, pero ahora lo estoy haciendo. Estudio una tecnicatura en periodismo en la Universidad Católica. Estudio psicoanálisis y cine, con Tomás Hoffman, y con Susana hago técnicas expresivas, análisis de personajes, y estudio actuación con Raúl Serrano.
La señorita Arias fue estrella en Buenos Aires, Milán, París y Nueva York desde los 17 hasta los 30 años. Desfiló para De la Renta y Valentino. Supo lo que es tener al mundo en un puño, cosechar admiración por un meneo de caderas. A los 26 años tuvo a Paloma con Marcelo Cepeda y fue entonces, dice, cuando se vio en ese mundo de tinturas y baños de crema y vestidos de miles de dólares y se preguntó qué hago acá. –Cuando nació Paloma tuve una claridad mucho más certera de que no me sentía cómoda en ese lugar, de que quería transmitirle a mi hija otra cosa, porque no sabía qué le iba a transmitir. Yo había perdido muchas cosas. Muchas.
Y de pronto, como un chubasco de verano, lágrimas en los ojos. –Mirá, te lo digo y me pone... mal. Hay una vacuidad considerable en ese lugar. No hay nada que tenga contenido, riqueza, amor, que esté ligado a la evolución, al pensamiento, al análisis. A los 26, cuando la tuve a Paloma, empecé a separarme de ese mundo. Hoy tengo una claridad muy grande de que no quería eso. Esa exposición es violenta. Yo puedo decirte que es violenta. Hace cinco años que no hago nada como modelo. Estoy encauzando mi vida por un lugar que tiene que ver con mi naturaleza, más feliz.
Se estira, larga como una gata larga, un brazo de manteca sobre la madera de la mesa, y dice: “Bueno, pero a ver... qué puedo contarte de ahora, así no pensamos siempre en el pasado...
La actuación es lo suyo, ahora y desde hace unos cuantos años. Se separó de Marcelo Cepeda en 1997. Pero, insiste, en aquel momento ella era diferente. Alguien que veraneaba en Cabo Polonio, Uruguay. Una modelo con aura hippie. Algo que quedaba muy bien. En 1994 empezó a estudiar actuación con Julio Chávez y ese mismo año Eliseo Subiela la convocó para actuar en la película No te mueras sin decirme adónde vas, junto a Darío Grandinetti. Durante un año y medio, casi dos, condujo el programa Poderes terrenales por Infinito, hizo dos espectáculos teatrales, y participó en la tira de Telefé Muñeca Brava, protagonizada por Natalia Oreiro. En estos días graba un episodio de Tiempo Final, a las órdenes de Sebastián Borensztein.
–¿Te sentís actriz? –Sí, absolutamente.
–¿Sentís que tenés talento?
–Sí, siento que tengo talento, que tengo que desarrollar un montón de cosas, pero que tengo talento. Estuve frívola muchos años. Más comprometida con la peluquería. Ahora, la verdad, es que no sé si tengo un costado frívolo.
Maquilló: Regina Kuligousky Peinó: Otto Betge para Terapia. Agradecimientos: Reserva Ecológica Costanera Sur/ Varanase/ Allo Martínez






