
Mario Rotundo, el delfín de Zulema
Personaje misterioso, este empresario despreciado por el Gobierno y sospechado en ambientes políticos, es el hombre de mayor confianza de la señora Yoma. Sus vinculaciones van desdePerón hasta Menem y los carapintadas. Su notoriedad creció en los últimos tiempos, a raíz de las denuncias sobre la muerte del hijo del Presidente
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Yo me metí con alma y vida en el proyecto Menem, puse mucha plata de mi bolsillo, creía ciegamente en la revolución productiva. Estaba convencido de que Menem iba a cambiar la historia del país.
-¿Y qué pasó?
-Pasó que vino el desencanto. En la convivencia, me di cuenta de todo.
Mario Rotundo nació en Buenos Aires un 7 de octubre de 1950, el mismo día en que nació Juan Perón ("aunque a él lo anotaron el 8", aclara) y el mismo día y año en que fue institucionalizada la Congregación Hermanas de la Caridad, de la Madre Teresa de Calcuta.
Tanto Perón como la Madre Teresa iban a influir fuertemente en la vida de este ex empresario, que entre 1987 y los seis primeros meses de 1990 fue uno de los hombres de mayor confianza del doctor Carlos Menem ("De habérmelo propuesto, podría haber integrado su gabinete", dice) y ahora lo es de manera excluyente de Zulema Yoma.
Fue amigo personal del general, hasta el punto de que el ex presidente le confió muchas de sus pertenencias para su posterior entrega a instituciones y museos.
Divorciado y sin hijos, Antonio Mario Rotundo, con seguridad el personaje más enigmático del entorno de Zulema Yoma, puede ser tan indescifrable como en ocasiones transparente.
Estudió medicina y derecho, pero sólo las materias que a él le interesaban; algo así como un extraño pasatiempo. Su esplendor como empresario lo vivió hasta comienzos de los años 90. Incursionó en actividades tan dispares como turismo (Asesoría Turística y Mundelca Turismo fueron sus agencias), agro, construcción y exportación e importación.
En la calle, se lo podría confundir tranquilamente con un profesor universitario, un visitador médico o un abogado. En su oficina de Reconquista al 1000, en sus dominios, en cambio, se muestra y actúa como lo que es.
Obsesivo, hiperactivo a pesar de su apariencia franciscana, jamás se separa de su celular ni de sus cigarrillos. Amenazado varias veces por teléfono, en junio último tres balazos terminaron en la puerta del auto que conducía.
Rotundo no sólo ve por los ojos de Zulema, sino que cuando él habla es como si hablara Zulema. La llama Zule, y es uno de los pocos que se atreve a tutearla. Ella se fastidia por lo mucho que él fuma (Parisiennes, uno tras otro) y él se angustia si ella no se alimenta adecuadamente. Si fueran hermanos, serían hermanos ejemplares.
-¿A quién conoció primero, al Presidente o a Zulema?
-A los dos juntos, en 1987. Fue en Paso de los Libres, durante la inauguración de un ateneo que llevaba su nombre, cuando él era gobernador de La Rioja. Me vino a ver al hotel De la Amistad, uno de los hoteles de una sociedad que yo integraba.
-¿Y por qué razón lo visitó?
-Bueno, él había oído hablar bastante de mí... Yo era un empresario exitoso y por eso no dudó en pedirme apoyo para su campaña. Me dijo que estaba convencido de que iba a ser el futuro presidente y que necesitaba apoyo.
-¿Qué tipo de apoyo?
-Menem fue muy sincero conmigo. Me dijo que para su proyecto necesitaba apoyo económico y contactos con grupos empresarios e intelectuales del exterior.
En 1986, el Año Internacional de la Paz, Rotundo logró que se institucionalizara la fundación que lo sigue teniendo como presidente, Fundación por la Paz y la Amistad de los Pueblos. Entre quienes trabajaron con él, se encontraba el profesor Angel Battistessa. Gracias a esa fundación, se contactó con la Madre Teresa, primero en Roma y luego en Calcuta, en ocasión de un viaje que hizo con la condesa Eugenia Borgini.
Como un resorte, Rotundo se levanta de su silla y va en busca de una caja. De ella saca fotos donde aparece con la Madre Teresa. Algunas están dedicadas y firmadas. "Me acuerdo que una vez, en Calcuta, ella me dijo que tuviera cuidado, no con Menem, sino con todos los políticos y, sobre todo, con los gobiernos... que me mantuviera limpio y lejos de los políticos... Qué paradoja ¿no?", murmura mientras arremete contra un sándwich de milanesa, pero sin soltar el cigarrillo que se consume implacablemente entre sus dedos.
-Sí, flor de paradoja...
-¿Sabés? Mi padre, que era empresario maderero y murió en 1962, era un socialista de aquéllos, bien puro. Nunca simpatizó con los curas ni con los militares. Mirá las vueltas de la vida: su propio hijo terminó siendo amigo de Perón y rival de Menem.
-¿Rival?
-Bueno, yo tengo dos querellas contra Menem. En realidad, una demanda y una querella.
-La querella creo que es por calumnias e injurias. Lo que no me acuerdo es por qué lo demandó.
-Lo demandé porque durante la campaña para presidente yo puse dinero de mi bolsillo y nunca me lo devolvió. En total son doce millones de dólares, de los cuales sólo rescaté un millón, a fines de 1991.
-¿A Menem le prestó doce millones de dólares?
-En realidad, al Partido Justicialista, y la hice extensiva a Menem como corresponsable, y también a Eduardo Bauzá y a Armando Gostanian, porque ellos siempre dijeron que eran los responsables del manejo de los fondos de la campaña presidencial de 1989.
-Yo tenía idea de que era usted el que manejaba esos fondos.
-No, no era tanto así. Durante la campaña había muchos grupos trabajando... y el descontrol con la plata era terrible, terrible. Lo que sí hice fue poner mucha plata de mi bolsillo para crear una mesa de dinero que tenía como propósito solventar gastos de la campaña. Pero todo terminó yéndose de madre, para decirlo bien castizo, cuando alquilamos una casa en Corrientes 1070, en Olivos, a dos cuadras de la entrada de Villate, después que Menem ganó las elecciones. En ese lugar funcionaba lo que se conoció con el nombre de Olivos Dos. Ahí se reunía la mesa nacional, con todos sus personajes: Mario Caserta, Rousselot, qué sé yo, todos esos. En realidad, Olivos Dos fue una gran caja sin fondo... desaparecieron fortunas de allí.
-¿Y entonces?
-Mirá, en la vida tenés tres opciones: adaptarte, emigrar o morir. Y yo decidí emigrar.
-¿Así de simple fue?
-No, yo hablé mucho con Menem al respecto. Le contaba lo que yo veía que estaba pasando, que había cosas que no me gustaban, que recibía muchas denuncias...
-¿Qué tipo de denuncias?
-Y, algunas eran muy serias. Por ejemplo, cuando venían a verme algunos empresarios y me decían que los obligaban a pagar cierta cantidad de dinero para poder entrevistarse con el Presidente. Recuerdo que un funcionario de la Aduana me dijo que le estaban pidiendo mil dólares diarios hasta que llegue su nombramiento. Recuerdo también que una vez me vino a ver Raúl Portal. Me dijo que en ATC, para que pudiera trabajar, tenía que entregar el cincuenta por ciento de su sueldo. Yo le dije: ¿Usted se atreve a decirle esto mismo a Menem? Me dijo que sí. Le arreglé una entrevista en la residencia de Olivos. Cuando se encontró con el Presidente, Portal sacó de un maletín una Biblia, una foto de sus abuelos, otra de su familia y un crucifijo. Y entonces le dijo a Menem, que no entendía nada de lo que estaba ocurriendo: Presidente, le juro por todo esto que en ATC me quieren coimear para que yo pueda trabajar.
-¿Y Menem qué hizo?
-Escuchó.
-Por lo que cuenta, usted fue algo así como un hermano para él.
-Es que así era la cosa. Menem se apoyaba mucho en mí. Hasta tal punto que me pedía cosas sumamente importantes, muy delicadas.
-¿Por ejemplo?
-El me pidió que buscara una forma de acercamiento con los montoneros y con los carapintadas, que trabajara de nexo entre el Gobierno y esos grupos.
-¿Cuál era exactamente el propósito?
-El acercamiento. A Menem le preocupaba mucho todo eso.
-A usted se lo vincula con los grupos carapintadas. Igual que al doctor Alejandro Vázquez y la propia Zulema.
-Zulema es auténtica. En un país donde todo el mundo baja la cabeza con facilidad, Zulema siempre se ha mostrado transparente. Ella jamás ha ocultado sus amistades.
-¿Es amiga personal de Seineldín, verdad?
-Se conocen desde hace mucho. Es amiga de Seineldín como de tantísimas otras personas. Ella no lo negó jamás. Con Seineldín suele hablar mucho por teléfono, pero ya no se ven tan seguido como antes.
-Y también es muy amiga del ex ministro Cavallo.
-Sí, con el Mingo, claro. Y con Sonia Cavallo, también.
-¿En qué momento se cortó su relación con el presidente Menem?
-Fue cuando entró a tallar el entorno presidencial. Ahora, vos sabés que los entornos no existen, sino que uno los crea a su medida. Yo molestaba a una cantidad de gente que había encontrado la oportunidad del oportunismo. Yo era algo así como una mani pulite fuera de tiempo. Mirá, cuando Zulema dice que muchos de los que se acercaron a Menem en aquellos años no tenían ni para comprar un matacucarachas, es cierto, es muy gráfico. Hubo unos cuantos a quienes les tuvimos que comprar ropa, relojes, el auto. Muchos son los mismos personajes que hoy se pavonean por ahí. Aquellos que no tenían ni para un sánguche hoy aparecen en la revista Caras.
-¿Por ejemplo?
-Hay casos que son conocidos. Gostanián, por ejemplo, si bien tenía la camisería Rigars, estaba con un quebranto institucional. Nora Alí, asesora presidencial, alquilaba un departamento en Belgrano y tuvimos que darle nosotros los fondos para que se lo pudiera comprar. Eduardo Menem tenía un departamento de 30.000 dólares y de un día para el otro compró uno en Alvear y Montevideo por 120.000, y de ahí pasó a la casona que tiene hoy en Núñez.
-Pasó ya bastante tiempo. ¿Qué otros casos recuerda?
-Mirá, hubo gente que tuvo una evolución extraordinaria en su patrimonio. Ibrahim era una persona modestísima... Horacio Frega le alquilaba un departamento a Lorenzo Miguel y llegó a deberle dos meses completos... Si uno hace memoria y ve cómo surgieron y cómo terminaron Manzano, Grosso y tantos otros, bueno, qué más se puede decir, ¿no?
-Y usted, Rotundo, ¿de qué vive ahora?
-Yo hice mucha plata con mis empresas, aunque ya no las tenga, porque en algunas tuvimos que presentar quiebra. Vivo de lo mío, asesoramientos, pequeños emprendimientos.
-¿Zulema le paga un sueldo o algo parecido?
-Zulema no me paga ningún sueldo ni algo parecido.
-¿Tuvo oportunidad de hablar con el presidente Menem últimamente?
-La última vez que lo vi fue el 22 de octubre de 1996, en la Nunciatura. Fue un encuentro formal.
-¿Lo miró torcido el Presidente?
-No, en absoluto. Nos saludamos bien y cruzamos un par de palabras.
-Palabras de circunstancias, cómo le va, qué tal, cosas así...
-No tanto así. Me transmitió su ánimo de que se resuelva el diferendo nuestro.
-¿Lo dijo por lo de Carlitos?
-No, no, por la demanda.
-De usted, en algunos ambientes, se dicen cosas fuertes. Por ejemplo, que negocia con el narcotráfico. Habrá escuchado eso, supongo.
-Mirá, me han caratulado de tantas cosas. Sí, algo escuché por ahí. También se dice que soy drogadicto porque duermo cuatro horas por día y como salteado porque me falta tiempo. Y de eso pueden dar fe los dos policías que me pusieron de custodia. Y lo de narco, bueno, me hace gracia porque para los narcotraficantes tener un colega tan pobre...
-¿Quiénes son sus enemigos?
-Yo te digo esto, nada más: quienes me acusan hoy son los mismos que estuvieron a mi lado en aquella época, junto a Menem, y jamás de los jamases me cuestionaron nada.
Sobre el caso de Menem Jr., la opinión de la gente está dividida. Se sostiene tanto la teoría del accidente como la del atentado. ¿Qué persiguen ustedes?
-La verdad, simplemente eso. No pretendemos tener la razón, no es que uno quiera imaginar una situación. Nos manejamos con hechos... tenemos una serie de pruebas, de testimonios... Mire, el tiempo transcurre y es muy lamentable que hasta ahora no haya algunos aspectos de la causa definidos. Hay muchos puntos oscuros.
-¿Cuáles son los principales, los que sustentan la creencia del atentado?
-El primero y principal es que todavía no se sabe si el cráneo que está en la Morgue Judicial es el de Carlitos. El día de la autopsia, el 12 de julio de 1996, se encontró tierra colorada en el féretro, pero en la bóveda del cementerio de San Justo no sólo no hay tierra sino que, además, no hay tierra colorada. Esa tierra fue colocada en frascos para su posterior análisis en la misma Morgue Judicial... y resulta que los frascos desaparecieron. Queda la incógnita de cuánto del cuerpo quedó en el ataúd y cuánto desapareció. Por último, la descomposición que presentó el cuerpo de Carlitos al efectuarse la autopsia no guarda relación con el tiempo transcurrido entre su muerte y la exhumación del cadáver.
-El doctor Carreto, codirector del hospital de San Nicolás, dijo que ese dato no es relevante, porque son muchos los factores que influyen para la descomposición de un cuerpo, que algunos tardan menos que otros.
-Sí, pero acá hay una cosa sugestiva: el deterioro del cuerpo coincide con el estado del cajón, que también presenta un deterioro increíble, sospechoso. El cajón está prácticamente destruido. Zulema cree que el féretro estuvo en otro lugar, enterrado en otro sitio.
-¿Hay más dudas o más certezas que antes?
-No sé, pero cuanto más tiempo pasa más pruebas se pierden. Es insólito que el juez Villafuerte todavía no haya ordenado peritar la ropa que Zulema tiene guardada en paquetes para determinar si la sangre que aparece allí es de Carlitos, de Oltra o de una tercera persona.
-El testimonio del testigo de Puerto Madryn, Miguel Garro Ortega, ¿hasta qué punto es valioso?
-Es valiosísimo, porque aportó datos fundamentales. El fue quien escuchó la conversación que mantuvo un grupo de hombres al costado de la ruta, un día después de la caída del helicóptero. Eso fue un hecho fortuito porque Garro había estacionado su camioneta en la banquina para arreglar un desperfecto. Esa gente no lo vio porque Garro estaba debajo de su vehículo y pudo escuchar todo.
-Ese grupo, según usted, estaba integrado, entre otras personas, por cuatro extranjeros...
-Dos eran venezolanos... Tenemos otros testigos que suscriben el testimonio de Garro.
-Si fuera cierto que un grupo de cuatro hombres fue el que atacó el helicóptero, es de suponer que habría participado más gente en lo logístico. ¿No cree que hablar de alrededor de cuarenta personas para llevar adelante un operativo semejante implica una red de encubrimiento extraordinaria?
-Yo creo que actuaron como célula. Creemos que contaron con el apoyo de otro helicóptero que les iba marcando la ruta que seguía Carlitos. No se olvide que hubo una comunicación entre Carlitos y un torrero de Ezeiza, advirtiendo que le estaban disparando.
-Ese episodio nunca se aclaró debidamente. Es más, hasta se duda de la veracidad de esa conversación grabada entre Jr. y el torrero de Ezeiza.
-Eso fue real. Tan real como que ese hombre de la torre de Ezeiza ha sido amenazado de muerte. Hay muchas personas con miedo alrededor de este caso.
-Lo que pasa, Rotundo, es que muchas de las pruebas que ustedes dicen tener aún no pueden demostrarse.
-Esto es como el caso Cabezas, como el caso de María Soledad Morales. Todavía, en esos casos, no se sabe a ciencia cierta cuánta gente participó. Cabezas lleva ocho meses, María Soledad siete años y todavía no se llegó a la verdad.
-¿Zulema recibe algún tipo de apoyo de algún sector del Gobierno? ¿Un apoyo, digamos, que no trasciende públicamente?
-Que yo sepa, no.
-¿Por qué ustedes asocian a Ramón Hernández con la muerte de Jr.?
-Porque creemos que tiene mucha información para aportar, especialmente sobre los últimos momentos de Carlitos en la Casa de Gobierno. Tanto Hernández como Corach y Kohan son gente que está muy estrechamente ligada al Presidente y ha estado también en estrecho contacto con Carlitos. Ellos están al tanto de un montón de cosas y sabrán por qué las callan.
Texto: Jorge Palomar
Fotos: Ruben Digilio





