Marta Sahagun de Fox: entre Evita y Hillary

La esposa del presidente mexicano ha puesto en el tapete internacional la conducta de la clase política de América latina: ocupa espacios en la prensa mundial porque, al parecer, su fundación maneja fondos non sanctos, mientras ella se postula como presidenciable para las elecciones de 2006
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29 de febrero de 2004  

Dicen de Marta Sahagún que entre sus libros de cabecera figura La razón de mi vida, en el que Eva Perón da cuenta del porqué de su amor hacia los pobres. Y dicen también que a la esposa del presidente mexicano, Vicente Fox, ninguna otra entre sus contemporáneas le despierta tanta admiración como la ex primera dama estadounidense y actual senadora Hillary Clinton. A Evita lleva emulándola varios años mediante la muy visible obra de caridad que promueve entre los desheredados de su país. Lo que le toca decidir a la Señora Marta –como la llaman sus compatriotas– es si también está dispuesta a secundar en la política los pasos de la segunda de sus admiradas.

No está decidido, pero la idea que parece rondarle a Marta Sahagún de postularse como presidenciable para las elecciones que, en 2006, deberían dictar el relevo de su esposo tiene alborotados los mentideros políticos de México. Sus detractores ya le han advertido que su eventual candidatura significaría una reelección encubierta y un manejo contrario al dictado constitucional, que limita la permanencia en la quinta presidencial de Los Pinos a un solo mandato. La objeción no viene tanto por el lado del vínculo matrimonial, sino más bien por el hecho de que Sahagún ejerza con la venia de su marido una suerte de vicepresidencia en la sombra.

La responsable de la Fundación Vamos México, una entidad privada que maneja un amplio espectro de acciones solidarias con ingentes aportes públicos y privados, presenta como principal asiento en el haber de su balance una popularidad que ya quisieran muchos políticos. En el pasivo le restan opciones las descalificaciones gruesas –la jefatura de una república no es una nominación del Gran Hermano, han venido a decir sus críticos–, las acusaciones de falta de competencia para desempeñar el cargo y el escaso apoyo que recibe de los correligionarios del partido de su marido, el oficialista Partido Acción Nacional (PAN).

Si el clima ya estaba de por sí enrarecido con las tribulaciones de Sahagún, un trabajo publicado por el solvente Financial Times a fines de enero ha puesto definitivamente en el ojo del huracán a la esposa del mandatario. En esa nota de investigación, el rotativo británico denunciaba la opacidad en el origen y destino de los fondos que maneja la Fundación Vamos México, una institución que –se encargaba de recordar el texto– muchos en el país azteca consideran una simple plataforma concebida por Sahagún para favorecer sus aspiraciones presidenciales.

La Señora Marta, de 49 años, se ha aprestado a señalar que los números de Vamos México están disponibles para quien quiera auditarlos. Mientras, y aupada por las encuestas que la sitúan como la segunda mejor posicionada en la carrera electoral, inmune a las críticas, deshoja la margarita... En su decisión última no tendría por qué pesar exclusivamente el augurio de los sondeos. No desde luego si se da pábulo a las biografías que pintan a Marta Sahagún como una adicta a la brujería, la new age y los libros de autoayuda.

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