Más sobre residuos: la buena educación

Impulsados por la Fundación Manos Verdes, alumnos y maestros expusieron artesanías realizadas en un programa de conciencia ambiental
Florencia Vidal
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14 de abril de 2013  

Podrían haber terminado compactados por algún camión de recolección y arrojados a la Ceamse como las 17 mil toneladas de residuos, originados en la ciudad de Buenos Aires y en 28 municipios de la provincia, que llegan a diario a ese relleno sanitario para ser enterrados. Hasta ahí hubiera llegado su vida útil. Pero no. Botellas, tapitas y vasos plásticos, diarios, cartones y envases de leche o jugos fueron la materia prima de artesanía como una mesa de tresillo estilo pop art, macetas, móviles, portarretratos y coloridas bandejas que se expusieron en la última Fiesta del Reciclado, en la que la Fundación Manos Verdes y los alumnos de una decena de escuelas expusieron el trabajo de todo un año.

Esta ONG se creó hace poco más de dos años por jóvenes alemanes residentes en el país con objeto de llevar adelante el proyecto Usá la basura, un programa de educación ambiental destinado a estudiantes y docentes que promueve la gestión de reciclado de los residuos sólidos urbanos (papeles y cartones, plásticos, vidrio, metales y orgánicos) e impulsa la toma de conciencia hacia un consumo responsable y racional de los recursos naturales. "Instalamos en cada institución un sistema permanente de separación de basura y promovemos la reducción en la producción de residuos. Al mismo tiempo impulsamos la concientización de toda la población escolar, los padres, el barrio donde está la escuela, y conectamos a la comunidad con las organizaciones que se encargan de la recolección diferenciada para que los residuos reciclables lleguen al lugar donde son procesados", explica Verena Bohme, directora de Manos Verdes.

Si se aplica el principio de las tres erres, reducir, reciclar y reutilizar, se concluye que todo es un recurso que proviene a su vez de recursos naturales. Por lo tanto, dice Bohme, la basura sirve para volver a ser un recurso para elaborar nuevos productos.

En el caso del papel, el reciclado de una tonelada de este material, que integra el 25 por ciento de los residuos domiciliarios, evita la tala de 17 árboles y un ahorro de 376 m3 de agua. El metal y el vidrio pueden reciclarse casi en su totalidad. En este sentido, los números que aportan las organizaciones ambientalistas son contundentes e insoslayables. De los 20 millones de toneladas de residuos urbanos que se generan cada año en el mundo, más del 65 por ciento puede ser reciclable.

"En la Argentina, el gran problema es que el crecimiento económico trajo aparejado un aumento en la cantidad de residuos. Cada habitante de la ciudad de Buenos Aires produce entre 1 y 1,5 kg de basura por día. Fuera de las grandes ciudades, el problema también es que los residuos llegan a basurales a cielo abierto, sin control ambiental e ilegales, que contaminan la tierra, el aire y finalmente llegan a las napas de agua", sostienen desde la fundación. El desafío que hoy enfrentan las grandes ciudades de países como Brasil y la Argentina es, según Bohme, la aplicación de una gestión ambientalmente amigable que aporte una infraestructura acorde con el crecimiento demográfico.

Hoy ya no hay ningún kilómetro cuadrado en el mar libre de plástico. Cada año, los océanos reciben 7 toneladas de este material. El plástico pesado cae al fondo, pero el resto está ahí, como islas, flotando en la superficie. Y es comido por los peces que lo confunden con el alimento. Al consumir ese pescado, los humanos incorporan tóxicos y químicos que producen cambios hormonales. Hay estudios que dicen que esas sustancias pueden causar infertilidad. "Al final puede ser que los humanos nos estemos eliminando a nosotros mismos sin la necesidad de una catástrofe natural. Pero este escenario tan oscuro no es el que queremos transmitir. Nosotros queremos inculcarles a los chicos la idea de que podemos cambiar algo. Se trata de fomentar un cambio de actitud para que todos y cada uno seamos responsables del lugar que habitamos", concluye Bohme.

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