
Memorias de la 5ta. Avenida
En un viaje relámpago a Buenos Aires, la urbanista neoyorquina Ronda Wist -colaboradora del alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani- explicó por qué las ciudades necesitan un permiso para crecer
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Cuándo, cómo y de qué manera cambia la identidad de una ciudad? ¿Qué edificios, lugares, plazas y barrios deben conservarse y por qué? ¿Debe existir un plan previo? Estos fueron algunos de los interrogantes a los que respondió Ronda Wist durante su visita a Buenos Aires, adonde llegó invitada por la Subsecretaría de Desarrollo Cultural del Gobierno de la Ciudad. Arquitecta, graduada en la Universidad de Columbia, Wist es la directora ejecutiva de la New York Landmarks, la comisión responsable de preservar el carácter y buena parte de la identidad de la ciudad de Nueva York. Entre otras funciones, Landmarks tiene a su cargo la tutela de 50.000 edificios pertenecientes a barrios históticos y de otros 1000 edificios que están esparcidos por la ciudad.
Aunque los que vivimos en Buenos Aires podríamos aprender mucho de ella, en ninguna parte del planeta esta función resulta más pertinente que en la Gran Manzana, sometida a mutaciones constantes por la voracidad de los developpers inmobiliarios.
"Los developpers son en muchos casos nuestros principales enemigos, pero también nuestros socios. Si la ciudad mejora, el retorno de la inversión es mayor ", explica Ronda. Zonas casi abandonadas, como el Seaport o Battery Park, fueron recicladas e integradas a un entorno apetecible que las convirtió en la meca de proyectos millonarios. Pero, para Ronda, el mejor ejemplo es la Quinta Avenida, que define en cada uno de sus tramos el espíritu de una ciudad cosmopolita, capital del consumo universal.
A fines del siglo XIX fue la calle de los palacios. Allí estaban las mansiones de los Gould, los Vanderbilt, los Morgan y los Carnegie, que luego dejaron paso a las tiendas departamentales y al imponente Rockefeller Center. "El gran desafío para los urbanistas y, en tiempos más recientes, para los integrantes de Landmarks es cómo hacer para que la Quinta actualice su perfil sin dejar de ser el símbolo que es para la ciudad -opina Wist-. Cada edificio nuevo, cada permiso que se da, es importante para una zona que es el termómetro urbano. Los peores años fueron los 70, cuando las grandes casas cerraron sus puertas y se multiplicaron los locales de farmacias, negocios de fast foods, bancos y locales, donde se vendían desde imitaciones de Rolex hasta hot dogs."
En los años 80, la Quinta Avenida volvió a ser la avenida de los sueños, gracias a los millones del master building Donald Trump y de otros inversores dispuestos a devolverle su brillo original.
La Trump Tower, con sus pisos de mármol color damasco y sus puertas de bronce, marcó una etapa. Detrás de Trump y de Bonwitt Tellier desembarcaron las grandes marcas: Fendi, Versace, Ferragamo o Banana Republic reforzaron con sus locales de gran lujo la imagen institucional. Como en los tiempos de Tiffany, estar en la Quinta volvió a ser sinónimo de prestigio y calidad.
En los años 90, los pulpos económicos de Coca-Cola Co., Warner Brothers y Nike desembarcaron en las cinco cuadras más cotizadas, que van desde la calle 56 hasta la 60 para confirmar que allí estaba el mejor espejo del imperio.
Ronda Wist integra con 50 especialistas más la comisión de preservación del patrimonio, que responde a las órdenes del alcalde Rudolph Giuliani, responsable de la más espectacular transformación de la ciudad. Giuliani combatió, con éxito, la delincuencia y el abandono que pusieron en peligro el perfil turístico de la manzana del consumo.
No es casual que la gestión de Giuliani haya sido seguida con atención por el equipo que acompaña al jefe de Gobierno de la Ciudad, Fernando de la Rúa. La visita de Ronda Wist es la mejor prueba. "En muchos casos, la transformación de algunas zonas, la preservación de los edificios y la colaboración para conservarlos ha corrido por cuenta de los privados. El presupuesto anual de Landmarks es de 3 millones de dólares. No está en condiciones de financiar grandes proyectos, pero sí debe asesorar. También se ocupa de la preservación de los interiores, aunque en mucho casos se acepte el cambio de uso." Convertido en barrio de moda, el downtown, y más precisamente la zona de Wall Street, es un nuevo polo de desarrollo, con bancos convertidos en restaurantes que han transformado los viejos mostradores en una funcional barra. Para todo hace falta la supervisión de la comisión.
El primer gran cambio en la Quinta Avenida llegó en 1925, cuando Alice Vanderbilt, la viuda de Cornelius Vanderbilt, pidió autorización a la Suprema Corte para vender su château de 35 años de antigüedad en 7 millones de dólares al contado. Según la legislación, debía esperar que murieran sus hijos para vender la casa, pero la viuda argumentó que las tasas habían subido demasiado y que sería imposible adaptar ese palacete a los fines comerciales que caracterizaban al barrio. Cuando la casa se tiró abajo para construir Bergdorf Goodman, la gran tienda con interiores rococó que está todavía en pie, Alice salvó la chimena de mármol que integra las colecciones del Museo Metropolitano de Nueva York. Nada se pierde, todo se transforma, como los viejos edificios ladrilleros del Village, que fueron fábricas y son ahora espaciosos lofts.
La comisión del Landmarks está formada por tres arquitectos historiadores, un urbanista y un paisajista. Es condición sine qua non que los miembros sean residentes del distrito. Ronda Wist nació y creció a tres cuadras de la Quinta Avenida: "Es imposible preservar lo que no se conoce", afirma.
Texto: Alicia De Arteaga
Fotos: Ruben Digilio
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