El hombre detrás de los antihéroes más delirantes dice que por fin conquisto la soltería y que prefiere a las mujeres porque los hombres le parecen "estúpidos".
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Por Agustina Rabaini / Fotos de Eugenio Mazzinghi / Estilismo de Pía Rey.
Cuando actúa, canta o escribe, Mex compone o imagina personajes que tienen características más o menos similares: son siempre antihéroes, galanes de historias de amor fallidas, tipos vulnerables que esconden espíritus libres y que son siempre salvados por el humor. Esos rasgos son los del propio Mex, un hombre de 48 años que, retratando estos perdedores, logró el mayor éxito al que puede aspirar un artista: ser reconocido y llegar a otros poniendo sobre escena la propia sensibilidad.
BRANDO ¿Por qué sentís que dependés tanto de las palabras, la gracia o el humor? ¿Sos uno de esos antihéroes que hacés?
MEX Bueno, yo soy petiso, tengo muchas cosas en contra y durante toda mi vida, hasta dedicarme a esto, lo sufrí. En el colegio no era de salir mucho. Me quedaba en casa con un amigo jugando a los naipes. También era gracioso, y siempre me reí de mí mismo, me divierte mucho eso. Lo que no me gusta nada es reírme del otro, no me gusta que se rían de otros ni que se burlen. El humor del canchero no me va. En Los Pells hice a un tipo que era canchero, pero también un perdedor, un tarado.
BRANDO ¿Siempre fuiste gracioso?
MEX Toda mi familia es graciosa: mis viejos y mis hermanos. Somos de San Isidro y ahí estaba esa cosa de burlarse del otro, pero sobre todo se contaban anécdotas e historias muy divertidas. Mi tío Cofla –como flaco al revés– era tremendo. Tenía ese manejo de la estructura del chiste que hace que todo tenga una anécdota y un cierre. Yo al humor lo tengo puesto desde chico, eso estuvo en casa desde siempre.
En su casa de la infancia en zona norte, Mex aprendió a hacer chistes con remate. Por aquellos años, cuando todavía se llamaba Ignacio y era chico, también nació su veta artística, empezó a hacer música, aprendió a tocar instrumentos, y en aquellas primeras zapadas empezó a dejar fluir una espontaneidad y una desfachatez que lo moldearon para ser quien es hoy: un tipo versátil que cambia de actividad y de traje a cada rato, pero sin abandonar jamás ese aire delirante y un poco ingenuo, la margarita en el ojal, el cigarro y los anteojos de marco grueso.
BRANDO ¿Y las mujeres? ¿Te dieron bola por fín?
MEX Sí, nunca tuve problemas con eso (se ríe). Las mujeres me encantan; me parecen personas maravillosas. Aprendo más de ellas que de los tipos. Los hombres me parecen estúpidos. Me divierte más la forma de pensar de las chicas. Tuve cerca mujeres hermosas: mi mamá, Carmen; mi amiga Lucrecia Martel y varias ex mujeres, parejas fantásticas, como Nora Moseinco y Carito Santos; ellas me ayudaron a pensar y a resolver cosas de una manera que un hombre no hubiese logrado.
BRANDO Y con los hombres, ¿qué te pasa?
MEX Los hombres son pares, con ellos es otra cosa. La mujer, en cambio, te para la pelota y a veces te desconcierta. Pero, sobre todo, te guía. Siempre doy el ejemplo del hombre que va a caballo con su espada y le dice a la mujer: "Voy a conquistar Bernal". "Ah, ¿sí? –le contesta ella–. Andá, pero antes dejame que te ajuste la cincha." Las mujeres te ponen en tu lugar, te llevan por senderos maravillosos. Son complicadas, y también me gustan por eso.
BRANDO Vos ahora no estás en pareja, ¿no?
MEX Estoy soltero. Gustavo Cordera dice que conquisté la soltería, y escuchar eso es maravilloso. Conquistar la soltería debe ser una de las cosas más difíciles de la vida. El amor es más fácil.
BRANDO ¿Más fácil? Lo de conquistar la soltería después de una separación suena a que quedaste bien parado. ¿Cuándo dejaste de llorar por los rincones? MEX Bueno, he sufrido mucho y todo eso. Pero va pasando el tiempo y me doy cuenta de que ahora no tengo ganas de vivir en pareja. Disfruto mucho estando solo. Tengo una casa divina y estoy deseando llegar ahí y estar con mis cosas, o leer el diario al sol y en bolas. Es la primera vez que estoy soltero. Mi hija, Violeta (Urtizberea, protagonista de Enseñame a vivir, la tira de Canal 13), nació cuando yo tenía 24 años, y ahí empecé a vivir con mi primera mujer. Siempre tuve un nido, siempre estuve en pareja. Me casé dos veces y conviví otras dos.
BRANDO ¿Violeta pasó muchos papelones? ¿La hacías sufrir mucho?
MEX Bueno, yo en esa época usaba pantalones de colores, bailaba y hacía mis gracias delante de sus amigos, debe haber sufrido. Viole quería tener un papá normal y me tenía a mí, que no era un padre común en muchas cosas. Por suerte pasó el tiempo y ahora está feliz conmigo.
La charla con Mex va a seguir un rato más. Con lluvia y frío de fondo, él preparó un par de tazas de mate cocido humeantes que a mí me hicieron acordar a algún campamento de la infancia, y a él, ups, a la colimba en 1979, al servicio militar con el coronel Camps.
BRANDO ¡Con Camps!
MEX Sí. Hice la colimba en esa época y al menos no me tocó ir al Sur, pero sí, mi jefe era Camps. Y tenía guardia día por medio. Aquello era una locura. Pero ¿viste cuando vivís dentro de un terremoto? En esos momentos ya no sabés bien qué pasa. Era raro porque había cosas que no sabías y, aun así, vivías situaciones feas.
Para Mex, pasada la colimba, la vida siguió y el sueño de la infancia de dedicarse por completo a la música empezó a tomar formas diversas.
BRANDO En los 80 te fuiste a Francia, ¿no?
MEX Sí. En 1985 me fui a Francia con Violeta, que tenía seis meses, y su mamá. Yo hacía free jazz, una música muy rara para la época; acá no había un mercado para eso. Tenía que irme a Europa, pero cuando llegué a París, había 200 mil tipos que estaban en la misma que yo e iba a necesitar mucho tiempo para entrar. Durante ese tiempo, trabajé de lo que podía. Hice de todo, incluido pegar carteles para la campaña de Le Pen, un tipo que perseguía a inmigrantes como yo. Al año pegué la vuelta.
BRANDO Y vino la época del Parakultural, ahí conociste a Alfredo Casero y nacieron De la cabeza y Cha Cha Cha.
MEX Sí. Casero me vio actuando en el Parakultural, y yo lo vi a él. Empezó a venir a casa y me parecía un genio, siempre fue un tipo intenso. Ahí empezamos con De la cabeza, a veces se quedaba a dormir en casa y ensayábamos con Verónica Llinás, los tres, para hacer un espectáculo de teatro. Siempre terminábamos comiendo y chupando; a veces venía Fabio Alberti. En el programa, Casero hacía un personaje italiano y yo lo acompañaba en el piano. Éramos totalmente anárquicos, no nos importaba nada, jamás mirábamos una planilla de rating e íbamos al choque con los productores. Por ahí pasábamos a la clandestinidad, éramos la resistencia (se ríe), pero en un programa que medía sólo dos o tres puntos de rating.
BRANDO ¿Cuánto incidió en vos tener un padre que trabajaba en el medio?
MEX Mi viejo siempre fue un tipo brillante, genial, muy respetado por sus compañeros, y era un gran referente para mí. Pero él también tenía una visión muy fatalista del medio, y yo de chico pensaba que nunca iba a trabajar en un lugar así. Con el tiempo empecé a hacer cosas, me fui metiendo de a poco y todo me fue llevando. A mi viejo lo admiro mucho, lo quiero con todas las dificultades afectivas que tiene la gente de esa generación y las dificultades que yo también tengo. Ahora sé que está chocho con Violeta, la nieta actriz. Y está chocho conmigo también.
BRANDO ¿Qué otros tipos te marcaron?, ¿quiénes fueron tus compañeros de viaje?
MEX Alfredo Casero fue un gran compañero. Y mi hermano Alvaro, Emilio Cartoy Díaz, Alejandro Agresti, Lalo Mir, Ernesto Tenembaum, Gillespie o Gastón Portal. Yo siempre hice cosas a partir de las relaciones afectivas que se iban armando. Con las mujeres, por ejemplo, viendo a Nora Moseinco, que fue mi pareja, se me ocurrió hacer Magazine For Fai (un programa de humor delirante y con niños actores que se emitió a mediados de los 90 por la señal infantil Cablín). La veía trabajar con los chicos en sus talleres de actuación y así nació todo un mundo.
BRANDO Si el humor te salvó y te ayudó a conseguir chicas y a encontrar un lugar, ¿también fue tu lugar de resistencia?
MEX Sí, lo que pasa es que antes yo era muy irónico y por ahí contestaba mal, era más doliente. Ahora uso la ironía para decir cosas, pero trato de hacerlo siempre desde el humor. Por ahí me salen cosas que al otro lo dejan descolocado. Hoy estaba en el supermercado y vienen una madre y una hija. La mujer me dice: "Ay, Mex, no puedo creer que te vemos acá, sos maravilloso. Nos volvemos locas con vos". "Sáquese la ropa", le dije, y al principio se quedaron duras las dos, pero después se empezaron a reír. Me gusta eso, aprovecho que la gente me conozca y me dejo ir.
BRANDO ¿Sobre qué no harías humor?
MEX No hago humor negro. No hago chistes sobre los judíos o los musulmanes porque es gente que tiene su fe y no me gusta reírme con eso. Tampoco me meto con un discapacitado. Eso de burlarte del otro es muy argentino. Tinelli es un ejemplo de ese humor misógino, machista, que discrimina. Son actitudes tan argentinas que al tipo le va bárbaro, pero yo estoy más bien luchando contra eso, o luchando contra otras cosas. Cuando veo alguien que se cae en la calle y se lastima, me hace mal, lo siento en el pecho. Hoy pensaba, mientras leía una noticia del diario, que yo también hago humor político. Lo mío no es imitar a Aníbal Fernández, pero le busco la vuelta. Intento transmitir cierta ideología. Ya estoy más grande, más comprometido, y entonces sale así.
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