Mili estaba desnutrida y encadenada, pero su suerte cambió gracias a un olvido
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Daniel no imaginó que esa mañana su "accidental" olvido iba a cambiar la vida de su familia. Y también la de la perra cachorra de estatura mediana, pelaje dorado, orejas a medio erguir, con una pata vendada y llorisqueando que entró a la veterinaria en el mismo momento en que estaban abriendo la puerta a los clientes. "Por un olvido, esa mañana había ido temprano a comprar alimento para nuestra gata. Mientras esperaba que abrieran el sector de ventas, entró una señora con una cachorra que enseguida vino hacia mí. La acaricié y ya no se fue de mi lado. La señora la retaba suavemente para que no me molestara, pero ella no le hacía mucho caso. Continuaba esperando y escuché como su dueña le contaba su historia a otros pacientes".
Liliana la había rescatado de un lugar de acopio de chatarra lindero a su casa. Allí Mili permanecía día y noche atada, a la intemperie. Estaba absolutamente desnutrida y evidenciaba signos de maltrato. Luego de advertencias y amenazas de denuncias varias, la señora la rescató una noche. La llevó a su casa y ahí notó que tenía una pata rota. Desde San Andrés, la cargó en su auto y se dirigió a la veterinaria de 24 hs en Villa Urquiza donde ocurrió el encuentro con Daniel (58).

Mili tuvo que ser operada y, por su debilidad y el riesgo de infección, estuvo internada varios días. Durante la internación la bautizaron "Milagros" en honor a la asomborsa recuperación que había tenido. "Mientras escuchaba esto como ajeno a la situación, Milagros estaba sentada a mi lado, atenta a lo que yo hacía. Llegó mi turno y mientras abonaba la compra, oí que la señora buscaba un hogar para la perra porque con sus cuatro caniches toy se le hacía imposible tenerla. Solo podía destinarle un pequeño pasillo hasta que encontrara un lugar más amplio, pero eso no era vida para el animal".
Con la bolsa del alimento en la mano, Daniel salió a la calle pero sintió que debía regresar. "Rita, mi amor, tenemos una situación acá", le dijo a su esposa por teléfono mientras le contaba todo lo que había presenciado minutos atrás. "Si es lo que sentís, hacelo. Tarde o temprano iba a pasar y quizás le podamos cambiar la vida a esta perrita", le dijo ella. Daniel siempre había tenido una conexión especial con los perros. Allí donde iba, alguno se acercaba y apoyaba su hocico en el regazo mientras recibía caricias y mimos.

Entonces entró decidido a la veterinaria y le pidió el teléfono a la señora. Le dijo que era para un amigo, que le contestaba a la tarde. Daniel estaba en bicicleta y necesitaba ir a su casa a buscar el auto para llevar a Mili a su hogar. Desde esa noche Mili tuvo una vida nueva. "El primer día en casa fue mágico. Corría de felicidad para todos lados y nosotros estábamos maravillados de verla así. Desborda cariño, es una perra amorosa. Los sábados sabe que llega el diario y lo espera ansiosa, como si fuera a atajar un penal. Sabe que va a llover el diario por el techo y se asegura de atraparlo, es divina".

Mili ya tiene 7 años. Tiene sus rutinas. Juega en el patio que tienen en la casa y espera las vacaciones en Córdoba para disfrutar de las sierras con el matrimonio que la adoptó. "Cabe mi reconocimiento y gratitud a Liliana que por su amor a los animales, rescató y costeó todo el tratamiento para su recuperación sin aceptar colaboración alguna de mi parte, mas que su adopción. La mirada de Mili me conmovió de tal manera que en el instante en que ella se acercó a mi, supe que íbamos a estar juntos. Mili es una integrante de nuestra familia y como tal, compartimos con ella nuestros espacios y momentos. La amamos".
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