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Bestiario

Misterio. Lo encontró en un bolso en un contenedor de basura y cambió su destino

Jimena Barrionuevo
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25 de marzo de 2020  • 00:55

Fue una mañana lluviosa de invierno, cuando los domingos se aprovechaban para descansar puertas adentro y despejarse de la rutina semanal. Agustina Coronel (27) volvía de hacer unas compras hasta que un maullido llamó su atención. Detuvo la marcha y se quedó parada, en silencio, para detectar de dónde provenía aquel sonido que le resultaba un tanto perturbador. Amante de los animales y con más de xxxx tránsitos en su departamento de Nuñez, en la ciudad de Buenos Aires, podía claramente diferenciar un maullido amigable de otro que pedía ayuda .

Buscó debajo de los autos que estaban estacionados, cerca de algunos árboles e incluso en una construcción que estaba a pocos metros de allí. Pero no pudo encontrar nada. Mientras, la lluvia se hacía cada vez más intensa y las nubes comenzaban a oscurecer aún más el cielo. Lo último que le quedaba por revisar, antes de darse por vencida, era un contenedor de basura que estaba justo en la esquina. Se acercó con poca esperanza pero cuando levantó la tapa no pudo creer lo que sus ojos estaban viendo. Allí dentro, en medio de varias bolsas de basura, había un bolso -de esos que se usan para trasladar a los animales pequeños- y un gato lloraba en su interior.

"Me metí como pude en el contenedor. Y ahí lo vi. Estaba en shock, muy asustado. Las pupilas, enormes, daban cuenta del miedo que tenía. Llamé a mi mamá y juntas lo llevamos a mi casa. Lo instalamos en mi cuarto y, una vez que chequeamos que no estuviera lastimado, comenzamos a difundirlo por las redes. Era macho y le calculamos un año aproximadamente. Evidentemente algo raro había. Pensamos que quizás lo habían robado, que estaba en celo y no lo aguantaron más o que había sido alguna suerte de venganza en una relación de pareja conflictiva y descartado en ese contenedor", recuerda Agustina.

Osher y Agustina, en el departamento donde ella lo transitó. "Estaba en shock y tenía las pupilas dilatadas del miedo".
Osher y Agustina, en el departamento donde ella lo transitó. "Estaba en shock y tenía las pupilas dilatadas del miedo".

Muchos interesados escribieron para saber más detalles del animal. Pero nadie resultó ser la familia que Agustina suponía había tenido. Pasaron unos días y Agustina decidió que era buen momento para castrar al joven gato que había bautizado Osher y ponerlo en adopción. Al cabo de una semana pudo concretar el traslado hacia el nuevo hogar: una familia con adolescentes se había mostrado interesada en darle una nueva oportunidad a Osher y recibirlo como un miembro más. "Cuando llegamos, todos lo recibieron con mucho entusiasmo, incluso la perrita que la familia tenía. Pero luego de dos semanas de adaptación, la mujer me escribió diciendo que les estaba costando integrarlo a las rutinas y que sentía que ese no era su lugar".

Agustina no perdió tiempo y lo fue a buscar. Desde el primer momento había sentido que el gato tenía algo especial. Creyó que quizás ella misma podía adoptarlo. Lo hizo revisar, una vez más, por su veterinario de confianza, chequeó que tuviera todas las vacunas y con paciencia se lo presentó a Bagheera, el gato negro que vivía con ella. "Quería hacer las cosas bien y evitar que Bagheera se estresara. Él había sido gato único por mucho tiempo".

Pero hubo un hecho especial que le indicó a Agustina que estaba eligiendo el camino correcto. "El día que decidimos que se iba a quedar en casa, llevé a Osher a mi cuarto, le hablé y le di como premio una cucharadita de queso untable, que a la mayoría de los gatos les gusta. No tengo una explicación para lo que pasó después, pero mientras yo lo acariciaba y él comía, unas lágrimas empezaron a rodar por su carita. Creo que fue una mezcla de alegría y emoción".

Osher, ¿lágrimas de alegría? Agustina no tiene una explicación científica pero quiere creer que sí.

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Una especialista en comportamiento felino visitó a Agustina y la asesoró con algunas ideas para que la convivencia resultara exitosa. Y así fue. Los gatos pronto hicieron buenas migas y llenaron la casa de alegría. "Siempre fue un gato súper cariñoso y tranquilo. Muchos me decían que lo tenía que adoptar. Me llevó un tiempo aceptarlo, no estaba en mis planes tener un segundo gatito, pero fue lo mejor que me pasó y ahora todos disfrutamos de su compañía".

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